jueves, 16 de septiembre de 2010

El cuento erótico en México, recopilación de Enrique Jaramillo Levi

Encontré éste libro en una librería de viejo en un sótano del centro de mi ciudad. Me pareció tan extraño el título y tan conocida la lista de autores, que hubiera sido imperdonable no comprarlo.

Se trata de un libro del año de 1975, plena revolución sexual en México, así que uno se esperaría algo más loco. Este libro puede resumir la literatura erótica en México, un erotismo velado, culto que frecuentemente se queda en el deseo, abajo de la piel, que se queda vivo por falta de puntería. Mucho juego y pocos goles.

En México el cuento es casi una tradición, y no me hagan desviarme a la política porque pierdo gacho la cordura. Tenemos una colección de 50 autores, algunos de ellos nóveles en aquel entonces y hoy orgullosos pavorreales de las pasarelas políticas (les dije, no me dejen hablar) otros viejos consagrados en aquel entonces y hoy héroes nacionales.

Indice:
José Revueltas - Noche de epifanía
Edmundo Valadés - La cortapisa
Juan José Arreola - Epitalamio
Juan Rulfo - Talpa
Guadalupe Dueñas - Pasos en la escalera
Emilio Carballido - Las flores blancas
Sergio Fernández - Historia de una tentación
Sergio Galindo - Retrato de Anabella
Amparo Dávila - Arboles pertificados
Jorge Ibargüengoitia - La mujer que no
Inés Arredondo - Estío
Carlos Fuentes - Vieja Moralidad
Salvador Elizondo - El ángel azul
Uluame González de León - Mon dieu, carnap, queso y ciruelas
Julieta Campos - Celina o los gatos
Juan García Ponce - El gato
Sergio Pitol - En familia
Elena Poniatowska - La felicidad
Oscar Zorrilla - Aquella virgen loca, Jamás prudente
Fernando del Paso - El estudiante y la reina
Alberto Dallal - El aprendiz
Delfina Careaga - El exilio
Gerardo de la Torre - El vengador
René Avilés Fabila - Casa del silencio
Andrés González Pagés - Una caverna húmeda y verde
Roberto Páramo - Stardust
Agustín Monsreal - Amanda
Esther Seligson - Tampoco diré que llovía
Juan Tovar - Mediodía
Ulises Carrión - La francesa
Antonio Delgado - La muerte de la Osa Mayor
Riccardo Diazmuñoz - De las agujas y de cómo los colores y el bordado
Héctor Gally - Fiesta I: Gonzalo
José Antonio Aguilar - Visita nocturna
Jorge Arturo Ojeda - Flavio
Alejando Aura - Los baños de Celeste
Juan Ortuño Mora - Aniversario
José Agustín - Lluvia
Héctor Manjarrez - Johnny
Manuel Farrill Guzmán - Mariposa
Orlando Ortiz - La duda
Mario Enrique Figueroa - Ocaso
Agustín Cortés Gaviño - Infinito
Israel castellanos - La mujer esa
Xorge del Campo - El espejo
Humberto Guzmán - Ella
Angeles Mastretta - Tu silencio en pedazos
Oscar Mata - Conclusión
Jesús Luis Benítez - Y uno pregunta siempre
Emiliano González - Memorias de un caracol





EPITALAMIO
La amada y el amado dejaron la habitación hecha un asco, toda llena de residuos amorosos. Adornos y pétalos marchitos, restos de vino y esencias derramadas. Sobre el lecho revuelto, encima de la profunda alteración de las almohadas, como una nube de moscas flotan palabras más densas y cargadas que el áloe y el incienso. El aire está lleno de te adoro y de paloma mía. Mientras aseo y pongo en orden la alcoba, la brisa matinal orea con su lengua ligera pesadas masas de caramelo. Sin darme cuenta he puesto el pie sobre la rosa en botón que ella llevaba entre sus pechos. Doncella melindrosa, me parece que la oigo cómo pide mimos y caricias, desfalleciente de amor. Pero ya vendrán otros días en que se quedará sola en el nido, mientras su amado va a buscar la novedad de otros aleros. Lo conozco. Me asaltó no hace mucho en el bosque, y sin hacer frases ni rodeos me arrojó al suelo y me hizo suya. Como un leñador divertido que pasa cantando una canción obscena y siega de un tajo el tallo de la joven palmera.


No voy a mentir, no he terminado de leer el libro, pero es variado y de buen gusto. Jorge Ibargüengoitia es de lo más cómico y Juan Rulfo extraño, oscuro y algo siniestro. El libro es buenísimo.

Si lo encuentran sería un milagro, pero la mayor parte de los cuentos están publicados aquí y allá en el infernet, así que a hacer la tarea. También, gran parte de los cuentos, sobre todo los más antiguos, están en otras antologías y recopilaciones.

Nota: No voy a poner pilingas ni cochinitos, porque no sería correcto,  pero el libro es bueno, poco excitante en lo general, y con poca cochinada. Literatura pura.




El cuento erótico en México
Enrique Jaramillo Levi
1975Editorial Diana, México. (Antología)

martes, 14 de septiembre de 2010

El canto de las mujeres de Chalco de Aquiahuatzin de Ayapanco

Vamos hasta el principio de la nación:

Es 1464 DC, estamos a medio siglo del encuentro entre los dos mundos, España está en formación y el imperio azteca está en su apogeo. Moctezuma extiende el imperio Azteca por todos lados, Chalco Amecameca es conquistado por éste brutal pueblo.

El imperio Azteca no es fácil para empezar un artículo sobre erotismo, se trata de una brutal cultura con un obsceno gusto por la sangre. Las fotografías que acompañan éste artículo no son Aztecas, son Mayas y Colimas, porque no los quiero asquear con el arte Azteca.

Bueno, Moctezuma muere y lo sucede Axayácatl, la situación de los chalcas es mejor, pero siguen siendo un pueblo sometido.  Aquiauhatzin tiene una genial idea: ganarse la benevolencia y simpatías del gobernante mediante un regalo: el poema "Canto de primores, burlas y cosquilleos". Se trata de un poema erótico al estilo de Lisístrata: la idea central es que la guerra la hagan las mujeres chalcas y no sus hombres, y que el campo de batalla sea más suave, cálido y mullido, que al final las mujeres ganarán (Y el emperador también)


El canto gusta, y permanece gracias a los cronistas, principalmente Chimalpahin, cronista nahua.



EL CANTO DE LAS MUJERES GUERRERAS
Levantáos, levantáos, hermanitas mías,
vayamos, vayamos, buscaremos flores,
vayamos, vayamos, cortaremos flores.
Aquí se extienden, aquí se extienden
las flores del agua y del fuego, flores del escudo,
las que antojan a los hombres,
las que son placenteras:
flores de guerra.

Son flores hermosas,
¡con las flores que están sobre mi,
yo me adormo,
son mis flores, soy una de Chalco,
soy mujer!
Deseo y deseo las flores,
deseo y deseo los cantos,
estoy con anhelo, aquí donde hilamos,
en el sitio donde se va nuestra vida.

Yo entono su canto,
al señor, pequeño Axayácatl,
lo entretejo con flores,
con ellas lo circundo.
Como una pintura es su hermoso canto,
como flores olorosas que dan alegría,
mi corazón las estima en la tierra.

¿Qué significa todo esto?
Así estimo tu palabra,
compañero de lecho,tú pequeño Axayácatl.
Con flores lo entretejo,
con flores lo circundo,
lo que nos une levanto,
lo hago despertarse.
Así daré placer
a mi compañero en el lecho,
a ti pequeño Axayácatl.

Acompañante, acompañante pequeño,
tú señor Azayácatl.
Si en verdad eres hombre,
aquí tienes donde afanarte.
¿Acaso ya no seguirás, seguirás con fuerza?

Hazlo en mi vasito caliente,
consigue luego que mucho de veras se encienda.
Ven a unirte, ven a unirte:
es mi alegría,
Dame ya al pequeñín, déjalo ya colocarse.

Habremos de reir, nos alegraremos,
habrá deleite,
yo tendré gloria,
pero no,no, todavía no desflores,
compañerito, tú, señor, pequeño Axayácatl.

Yo, yo soy atrapada,
mi manita da vueltas,
ven ya, ven ya.
Quieres tocar mis pechos,
casi mi corazón.

Quiza tú mismo estropearás
lo que es mi riqueza.
la acabarás;
yo, con flores de ave de fuego,
para ti haré resonar mi vientre,
Aquí está: a ti hago ofrenda.

La preciosa flor de maíz tostado,
la del ave del cuello de hule,
la flor del cuervo, tu manto de flores,
están ya extendidos.
Sobre la estera preciosa tú yaces,
en casa que es cueva de plumas preciosas,
en la mansión de las pinturas.

Así en su casa me afijo,
tú, madre mía, quizás ya no puedo hilar.
Tal vez no puedo tejer, sólo en vano soy una niña.
Soy muchachita
de mi se dice que tengo varón.

Hay sufrimiento,
lugar de tristeza en la tierra.
Así tristemente cavilo,
deseo la maldad,
la deseperación ha venido a ser mía.
Me digo, ven niña,
aun cuando del todo he de morir.

Madre mía, yo sufro,
aquí tengo yo a mi hombre,
no puede ya hacer bailar el huso,
no puedo meter el palo del telar:
niñito mío,
de mi te burlas.
¿Qué me queda?
¡Lo haré!

¿Como se embaraza el escudo
en el interior de la llanura?
Yo me ofreceré, me ofreceré,
niñito mío, de mi te burlas.

Compañerito, niñito mío,
tú señor, pequeño Axayácatl,
vamos a estar juntos,
a mi lado acomódate,
haz hablar tu ser de hombre.
¿Acaso no conozco,
no tengo experiencia 
de tus enemigos, niñito mío?

Pero ahora abandónate a mi lado.
Aunque seamos mujeres,
tal vez nada logres como hombre.
Flores y canto
de la compañera de placer,
niñito mío.

Hombre y niño, mi señor, tú, gran señor,
tú pequeño Axayácatl;
todavía no empiezas
ya estás disgustado, compañero paqueño.
Ya me voy a mi casa,
niñito mío.
Tal vez tú aquí me has embrujado,
has pronunciado hermosas palabras.
Aquí hay ahora embriaguez,
tú embriagate ya.
¿Acaso hay alegría en nuestra casa?

¿Acaso tú me has comprado,
tú para ti me adquiriste, niñito mío?
¿Tal vez cambiarás mi placer, mi embriaguez?
Acaso desprecias, te has disgustado,
pequeño compañero, ya me voy a mi casa,
niñito mio.

Tú, amiga mía, tú mujer ofrendadora,
mira como permanece el canto,
en Cohuatepec, en Cuauhtenanpan,
sobre nosotros de extiende, luego pasa.
Tal vez mi ser de mujer hace locuras,
mi pequeño corazón se aflige.
¿Cómo habré de hacerlo,
a aquel que tengo por hombre,
aunque sean mías falda y camisa?
¡Los que son nuestros hombres,
son nuestra hechura!

Revuélveme como masa de maíz,
tú, señor pequeño Axayácatl,
yo a ti por completo me ofrezco,
soy yo, niñito mío, soy yo niñito mío.
Alegrate, que nuestro gusano se yerga.
¿Acaso no eres un águila, un ocelote,
tú no te nombras así, niñito mío?
¿Tal vez con tus enemigos de guerra no
harás travesuras?
Ya así, niñito mío, entregate al placer.

Nada es mi falda, nada mi camisa,
yo, mujercita, estoy aquí,
viene él a entregar su armonioso canto,
viene aquí a entregar la flor del escudo.
¿Acaso de algún modo somos dos,
yo mujer de Chalco, yo Ayocuan?
Quiero que haya mujeres como yo,
de allá de Acolhuacan,
quiero que haya mujeres como yo,
que sean tecpanecas.
¿Acaso de algún modo somos dos,
yo mujer de Chalco, yo Ayocuan?

Están avergonzados: yo me hago concubina.
Niñito mío,
¿Acaso no me lo haras
como se lo hiciste a la pobre Cuauhtlatohua
Poco a poco desatad la falda,
abrid las piernas, vosotros tlatelolcas,
los que lanzáis flechas,
mirad aquí a Chalco.
Que yo me atavíe con plumas,
madrecita mía,
que me pinte yo la cara,
¿como habrá de verme
mi compañero de placer?

Ante su rostro saldremos,
quizás habrá de irritarse
allá en huexotzinco Xayacamachan,
en tetzmolocan.
Yo mujer me unté las manos con ungüentos,
me acerco con mi falda de fruto espinoso.
Los veré a todos perecer.

Deseo en Xaltepetlapan a los huexotxincas,
al cautivo de Cuetlaxtan,
a los traviesos cuetlaxtecas,
los veré a todos perecer.
¿De qué modo se sabe?
Me llama el niño, el señor, el pequeño Axayácatl
quiere conmigo lograr su placer.
Por mi causa
a dos tendrás que cuidar
niñito mío.

Tal vez así lo quiere tu corazón,
así, poco a poco,
cansémonos.
Tal vez no de corazón, niñito mío,
entras a la que es placer,
a tu casa.
Tal vez así lo quiere tu corazón,
así, poco a poco, cansémonos.

¿De qué modo me lo haces, compañero de placer?
Hagámoslo así juntos,
¿acaso no eres hombre?
¿qué es lo que te confunde?
Mi corazón con flores circundas,
son tu palabra.
Te digo el lugar donde yo tejo,
el lugar donde hilo,
te hago recordar, compañero pequeño.
¿Qué es lo que te turba, corazón mío?

Soy vieja mujer de placer,
soy vuestra madre,
soy anciana abandonada,
soy vieja sin jugo,
es esto lo que yo hago, yo mujer de Chalco.
He venido a dar placer
a mi vulva florida,
mi boca pequeña.
Deseo al señor,
al pequeño Axayácatl.
Mira mi pintura florida,
mira mi pintura florida:
mis pechos.
¿Acaso caerá en vano
tu corazón,
pequeño Axayácatl?
He aquí tus manitas,
ya con tus manos tómame a mí.
Tengamos placer.
En tu estera de flores
en donde tu existes, compañero pequeño,
poco a poco entrégate al sueño,
queda tranquilo, niñito mío,
tú, señor Axayácatl.

Traductor y recopilador Miguel León-Portilla


Perversógrafo: seducción, deseo y sexo normalito. Alusión a la oralidad, pero probablemente sea un recurso literario.


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lunes, 13 de septiembre de 2010

Semana del erotismo mexicano

Esta semana iba a publicar otro de los clásicos franceses del siglo 18, pero creo que hay material suficiente para hacer una semana del erotismo mexicano en conmemoración de 200 años de vida independiente.

Y sé que no cumplimos 200 años de vida independiente,  nos faltan 11 años para eso, y que en todo caso celebramos el cumpleaños de Don Porfirio, pero los mexicanos celebramos cuando se nos hinchan los huevos, así que qué mejor que unos días para acordarnos que también en mi pobre país que tanto quiero y en el que estamos viviendo momentos negros, tenemos esa marca especial del erotismo.

México tiene la dualidad de ser una nación profundamente católica y culturalmente laica, así que nuestra literatura se desarrolló en una relativa libertad en lo legal, pero con pudores y prejuicios en la práctica. El erotismo mexicano es muy escaso en los tiempos precolombinos, Sir Richard Burton se asombraba de la falta de sexualidad en el arte precolombino mexicano. La época de la Colonia no mejoró demasiado, al ser prohibidas las obras de ficción, se desarrolló un erotismo marginal de gran calidad en la poesía.

Es en el siglo XX, cuando el movimiento surrealista llega a México, cuando comienzan a traducirse e imprimirse obras de carácter erótico cuando nuestros escritores comienzan a incursionar en el género. Aún así, nunca hubo propiamente una literatura erótica, sino que el erotismo se filtró en la literatura en general.

El realismo, el naturalismo, el modernismo y al final del siglo el realismo mágico le dieron a la literatura mexicana un aire cachondón. Tenemos un erotismo culto, alejado de los extremos de la pornografía y del puritanismo. Mucho de nuestro erotismo está escrito por mujeres, en él, predomina la fantasía, los símbolos y las sensaciones, el deseo como promotor, en demérito del acto como fin del placer.

En éste erotismo, no encontraremos casi lesbianismo, no encontraremos mucha genitalidad, después de todo hablamos de una cultura que rinde culto a la maternidad en todos sus aspectos. Tengo la impresión de que el erotismo en la literatura mexicana es una forma culta de trasgresión, es decir ¿Hasta dónde puedo forzar el límite sin dejar de ser culto?

Disfruten el paseo.


El canto de las mujeres de Chalco de Aquiahuatzin
El cuento erótico en México, recopilación de Enrique Jaramillo Levi
Kama Nostra de Rius
Como agua para chocolate de Laura Esquivel
Miscelánea los Tarascos de Alberto Vargas Iturbe
El kamasutra, colección del Santos de JIS y Trino

sábado, 11 de septiembre de 2010

El hijo del burdel de Pigault-Lebrun

Pigault Lebrun no es ningún Shakespeare, si en algo podemos decir que se distingue su obra es en la sencillez de la lectura y en su desvergüenza al tratar temas espinosos, aún dentro del siglo de la literatura de temas espinosos. Es por ésta sencillez y desparpajo que Pigault Lebrun tuvo algo de éxito en su tiempo, aunque hoy sea casi desconocido.

La historia a reseñar me recuerda un poco a la segunda parte de la vida del Lazarillo, de Juan de Luna (1620) por el realismo y la picaresca, pero en lugar de tener un aire pesimista y moralizante, es desvergonzado y optimista (una buena lectura de fin de semana, pues)

La historia no tiene inicio, final ni trama decente y su protagonista pasa de una aventura a la otra sin rumbo fijo, sin oficio ni beneficio, en donde quiera encuentra mujeres (y hombres) que quieren tener intercambios carnales y él no se niega a nadie, en todos lados se divierte y en todos lados saca una ganancia monetaria sin embaucar demasiado a sus conocidos...Esto es el atractivo de su relato, como bien dice el supuesto autor autobiográfico, sólo se dispone a dar un par de tomos al editor con una historia de sus aventuras más divertidas, minimizando los males y las enfermedades.

Así, su historia comienza unos meses antes de su nacimiento, cuando su padre, de buena cuna, estaba sirviendo con los pajes de rey a la tierna edad de 16 años. Un día que estaba franco, mientras caminaba con un amigo ve a una linda chica de 15 años, vendedora de modas y la apuesta al amigo que puede seducirla. Pronto ya lo tenemos como en la ilustración, revisando con la lengua la parte carnosa de su amiguita. La tía cegatona llega y toma su turbación por éxtasis místico mientras él continúa su trabajo bajo la falda.

Así, con la ayuda de una alcahueta, comienzan a verse y a conocerse, al cabo del tiempo ella se embaraza, así que alegremente deciden casarse.

El amigo del padre, se encapricha con la linda muchachita, y la engaña con la ayuda de una alcahueta, le lleva hasta una posada donde la viola. Nuestro héroe jura venganza, usa a la misma alcahueta para atraer al amigo, lo asesina y hiere a la malvada mujer, con lo que se ve obligado a huir. La chica queda embarazada, sola y desamparada, la corren de su casa y le dan asilo en un burdel (previendo que después del parto podrían venderla) ella muere en el parto y allí termina la historia de sus padres.

El bello chico que nace, es criado en el burdel con cariño y con una falta absoluta de escrúpulos. A los 14 años la dueña del burdel lo toma como amante, seduciéndolo a base de amor y buenos tratos.

Una de las putas del burdel, llamada Felicité, se encapricha con el chico, en una singular aventura, decide tirárselo frente a la jefa, así que mientras tienen un encuentro lésbico, ella saca la pompa del pabellón de la cama y ofrece los cuartos traseros al Querubín.

La siguiente travesura les costaría más caro, Felicité decide tirarse a Querubín el día que estaba citado con la jefa, así que le consiguen un zapatero feo feo que lo sustituya mientras ellos tienen su loco encuentro. Al quedarse los cuatro dormidos, la jefa capta el engaño y los corre de la casa.

Se van a vivir juntos a la calle de las putas, y como hay que ganar el sustento a como dé lugar, y él es bello y lampiño, lo disfrazan de mujer y salen de cacería de hombres a los que les gusten las ninfetas. Sucede que entre los dos calientan al cliente, pero él (ella) siempre está "indispuesta"

Un día consiguen un cliente "especial", que le gusta que le pongan un consolador en el trasero para tener una erección, allí tiene una oportunidad única de probar la sodomía activa, así que hacen un trenecito, diciéndole al caballero que se trata de un hermafrodita.

Luego Felicité urde una nueva travesura, y consigue una lesbiana para que Querubín la desvirgue, diciéndole que lo que sentía era un clítoris super-desarrollado. Aquí asistimos a una variada sesión de sexo oral y vaginal en un amasijo muy divertido de leer.

En la siguiente orgía los embosca la policía y los mandan a la carcel de las prostitutas. Allí sortea las dificultades e inspecciones gracias a su amiga, quien también le ayuda a que lo rescate un barón distinguido y "decente".

Resulta que éste barón, salvaba chicas de la cárcel, los vestía de muchachos y los tomaba como cocheros, para tener amantes de ocasión a la mano y que su infiel esposa no sospechara (aunque todos en la casa sabían) Al resistir a los ataques, la baronesa lo toma por una mujer decente, y la oculta en su cuarto....el resto ya lo imaginan.....sexo, chaca-chaca y mángachepacá.

Lo descubren y lo corren (como en todo el libro) dándole un poco de dinero por su silencio. Vuelve a la casa que tenía con Felicité y tiene un pleito con su casera, quien lo manda arrestar. Al tratar que el barón lo defienda, es hundido en una cárcel, de la que pronto escapa por una chimenea, aterrizando sobre el perro.

Una linda chica, bailarina de ópera lo rescata hacia su casa, y cuando llega la policía, ella está en la cama, cubriéndolo con su cuerpo mientras se finge indispuesta; se repite la escena de la lengua mientras está escondido bajo las sábanas a la vista de todos.

¿Qué puedo decir? De uno en otro me apoderé sucesivamente de la boca, de los senos, de la pierna, del muslo y del culo; la recliné sobre su butaca y, colocando sus piernas debajo de mis brazos, la ensarté con todo el ardor de mis quince años y medio.
¡Oh!, vosotros que habéis follado, vosotros no conocéis el placer si no habeis gozado de Mlle. S...
Era en la cama sobre todo donde no tenía precio el temperamento fogoso, caricias seductoras, atractivos, una lozanía realmente sorprendente para una bailarina de la Opera. En esa noche bienaventurada agotamos todo lo que tiene de voluptuoso y más variado el código libertino.

La chica lo viste, le da una carta de recomendación y le da dinero para que huya de París. Mientras va por el campo helado, rescata a unas mujeres de un carruaje desbocado, con lo que se gana los favores de la señora y su chichona criada, quienes lo llevan a su castillo.

La dama tiene una rajada del tamaño del gran cañón, así que pronto ya está la criada poniéndose un consolador marcadiablo y ella montándola. Lo invitan a encular a la señora, cosa que él hace diligentemente mientras le ve las tetas a la linda criada. La encula un par de horas, pero se cuida de no terminar mas que una vez. Al final, recibe un besito en el pito y el permiso de retirarse.

Unas horas después ya está cepillándose a la criadita, que resulta ser virgen como gran parte de las chicas de la historia. Vive con ellas 5 meses.

En su camino a Lyon,  se encuentra tres chicas desnudas en el bosque, bañándose en un arroyo, las espía y las escucha contar historias sucias, termina desnudo persiguiéndolas por el bosque y cepillándoselas. En el pueblo encuentra a Felicité, mientras toca el violín en una fiesta.

Resulta que Felicité se había casado con un vizconde gracias a algunos engaños y verdades a medias. El se hace pasar por príncipe y va a vivir con ellos. Allí tiene nuevos encuentros con Felicité, quien le cuenta que terminó de prostituta por seguir a Angel, un capuchino, a la edad de 12 años, disfrazándose de monaguillo, después de ser brutalmente desflorada y usada para satisfacción del amable padre, es  descubierta en el convento y huye al burdel donde conoce a Querubín.

Durante algunos meses, se dan la revolcada de su vida, hasta que en una borrachera se mete al cuarto del cornudo vizconde y tiene que salir huyendo desnudo. Llega a un convento de capuchinos donde se encuentra al padre Angel quien lo ayuda.

Así, cubierto sólo con una capa, sale de nuevo al bosque y continúa su camino. Llega a un pueblo donde hay una casa magnífica. Una linda chica semidesnuda lo ve y lo pasa a su habitación para ayudarlo. La chica del seno indiscreto iba a ser desposada contra su voluntad con un hombre amigo de su padre. Ella lo viste con ropas de su padre y cuando están por empiernarse, llega el padre y él es encerrado para que no huya.

Resulta que el futuro marido era el padre de Querubín, quien lo reconoce y lo ayuda al darle un alto puesto en el ejército...un final idiota para una historia ridícula, pero es una lectura divertida.

Las fechas de las historias no coinciden nunca, los personajes parecen conservar siempre su juventud, fuerzas y virginidades, todos ayudan al pobre en desgracia y todos perdonan los cuernos. Todo mundo está ávido de tener relaciones sexuales de las formas más extravagantes, sin compromisos de por medio. No hay moraleja, es entretenimiento puro de tono optimista y despreocupado.

Lo recomiendo.......Si fuera una película sería algo así como "american pie" con mucho más sexo.





Perversógrafo: Sexo oral, anal, vaginal, homosexualidad masculina y femenina, masturbación, juguetes sexuales, tríos, anticlericalismo,  infidelidad, voyeurismo, exhibicionismo, violación, pederastía, sueños húmedos.

martes, 7 de septiembre de 2010

Justina o los Infortunios de la virtud del Marqués de Sade

El libro más escandaloso del Marqués de Sade no es el que tiene ideas más radicales, no es el más violento ni el más pornográfico, se trata de una comparativamente inocente novelita "anónima" escrita en prisión en un lapso de 15 días, y reescrita para el impresor unos años después.

Con muchas reimpresiones y al menos  dos versiones distintas, fué un libro que circuló ampliamente en la sociedad Francesa del siglo XVIII, y aunque oficialmente el libro está ausente de los impresores en el siglo XIX, tiene una influencia tan grande entre los escritores que seguramente no era raro encontrarlo en bibliotecas.

La primera versión de la obra se llamaba simplemente "Los infortunios de la virtud" y fué escrita en 1787 durante el tiempo que estuvo en La Bastilla. Este manuscrito nunca fué publicado hasta que Apollinaire lo rescatara e imprimiera. Hoy es uno de los libros más fácilmente accesibles en español.

Una segunda versión, "Justina o las desgracias de la virtud" llena de violencia, sexo y obscenidad fué dada a la imprenta en 1791, de manera anónima, ya que Sade nunca reconoció la autoría por obvias razones de censura: sus escritos están llenos de referencias políticas, que en tiempos tan inestables del régimen no era sano apadrinar.

Entre 1797 y 1801 se publica una tercer versión de 10 tomos de extensión en total, cuyo primer título era: "La nueva Justina o las desgracias de la virtud" y le seguía "Julieta o las prosperidades del vicio". Esta versión se puede reconocer de las anteriores porque no está escrita en primera persona.

Y es que Sade se cocina aparte entre la literatura erótica, los dos elementos que Sade combina son el sexo violento, donde una parte es dominante y la otra es preferentemente sumisa y descartable (un objeto) y la filosofía y apología a la maldad de los personajes, la explicación de sus procederes y su justificación.

El elemento central de la novela es que la virtud no trae beneficios, que el mal triunfa sobre el bien y prospera, que la tradición aceptada no es la que practican los poderosos, que el vicio y la virtud no son valores absolutos, sino subjetivos. Que la naturaleza es la única regidora de los hombres; que las inequidades de clases son buenas, deseables y aprovechables para mantener el status quo, que los sistemas los corrompen las personas, que el vicio y la virtud tienen ambas el aliciente egoísta de alcanzar el placer.

Justina, de 12 años, y Juliette, de 14, quedan en la horfandad y sus familiares les dan la espalda; incluso el convento en el que se educaron las echa a la calle, así que a su tierna edad, ambas deciden el camino a seguir en su vida: La morena Julietta decide dedicarse al vicio y a la prostitución, mientras la linda rubia Justina decide tomar el camino de la virtud y la rectitud.

Justina se emplea al servicio de la casa de un avaro estafador, quien la quiere corromper física y moralmente al tratar de que acceda a sus acosos y a ser su cómplice en un fraude. Al negarse, es acusada de robo y enviada a la cárcel.

Allí conoce a la Dubois, la jefa de un grupo de bandidos que tienen un plan para rescatarla de la cárcel. Provocan un incendio y se la llevan con ellos. En la guarida de los ladrones, cuando Justina trata de defender su virginidad, es golpeada cruelmente hasta dejarla casi muerta. En la versión de 1787 no aparece un detalle, pero en la de 1791, es violada por un rico caballero al que Justina salvó de la muerte.

Mientras está tirada en el bosque, ve a un par de homosexuales tener relaciones, quienes al ser descubiertos deciden divertirse golpeándola y torturándola. La persona, quien resulta ser un conde, la toma a su servicio con amenazas y la pone a las ordenes de su tía. Como Justina se negase a envenenar a la Marquesa, es nuevamente golpeada y mordida por la hambrienta jauría de perros del Conde.

Nuevamente abandonada en el bosque, es ayudada por un doctor bastante enfermo, quien mataba muchachas para hacer disecciones. Al tratar de ayudar a escapar a una niña, es capturada y marcada con la marca de los ladrones en un brazo con un fierro ardiente, para que no pueda denunciarlos a las autoridades.

Una vez más abandonada en el bosque, toma el camino a París, pero decide hacer una parada en un monasterio para rezar un poco. El sacerdote la invita a pasar la noche allí, pero en un instante se da cuenta que ha sido secuestrada por cuatro lascivos sacerdotes que tienen un serrallo de esclavas sexuales en un calabozo inaccesible del bosque, protegido por setos, fosos y murallas y semi-subterráneo, al que sólo se accede por un túnel escondido en los sótanos del monasterio.



Raphaël ve que es hora de pensar en cosas mas serias, no está en situación de esperar, se apodera de la víctima, la coloca según sus deseos, y como aquella no se pliega a sus deseos, ruega a Clément que la sujete. Octavie llora, no la oyen; el fuego brilla en las miradas de este execrable italiano; dueño de la plaza que tomará por asalto, se diría que no considera sus avenidas sino para prevenir todas las resistencias; ningún ardid, ningún preparativo es empleado. Por mucha desproporción que exista entre el asaltante y la rebelde, aquel no deja de lanzarse a la conquista; un grito conmovedor de la víctima nos anuncia al fin su derrota.
Pero nada enternece a su orgulloso vencedor; cuanto más pide gracia la muchacha, con más ferocidad la estruja él, y la desgraciada, siguiendo mi ejemplo, es ignominiosamente infamada sin dejar de ser virgen.
– Jamás laurel alguno me resultó más difícil, dijo Raphaël mientras se reponía, creí que por primera vez en mi vida iba a fracasar al intentar obtenerlo.
– Yo la tomaré por ahí, dijo Antonin sin dejarla levantarse, hay más de una brecha en la muralla y vos no habéis tornado más que una. Así dijo, y se lanzó fieramente al combate, en un minuto era dueño de la plaza; se oyen nuevos gemidos...
– Alabado sea Dios, dijo aquel monstruo horrible, sin las quejas de la vencida habría dudado de la derrota, y no aprecio mi triunfo más que cuando cuesta lágrimas
de la versión de 1787


Severino ve que ya es hora de pensar en cosas más serias: absolutamente incapaz de esperar, se apodera de la infortunada, y la coloca de acuerdo con sus deseos. Sin confiar todavía demasiado en sus capacidades, reclama la ayuda de Clément. Octavie llora y nadie la escucha; el fuego reluce en las miradas del impúdico monje, señor de la plaza, diríase que sólo examina las entradas para atacar con mayor seguridad; no utiliza ningún truco, ningún preparativo; ¿se cogerían las rosas con tanto gusto, si se apartaran las espinas? Por enorme que sea la desproporción entre la conquista y el asaltante, éste emprende inmediatamente el combate; un grito desgarrador anuncia la victoria, pero nada enternece al enemigo.
Cuanta más gracia implora la cautiva, con mayor fuerza la empuja, y por mucho que la desdichada se debata, no tarda en ser sacrificada.
––Jamás hubo laurel más difícil ––dice Severino al retirarse––; por vez primera en mi vida he llegado a pensar que zozobraría cerca del puerto... ¡Ah, qué angosto y qué caluroso! Es el Ganímedes de los dioses.
––Tengo que devolverla al sexo que tú acabas de manchar ––dijo Antonin, cogiéndola por allí, y sin dejar que se levantara––. Hay más de una brecha en la muralla. Y acercándose con fiereza, en un instante llega al santuario. Se escuchan nuevos gritos.
––¡Dios sea loado! ––dijo el libertino––. Habría dudado de mi éxito sin los gemidos de la víctima, pero mi triunfo está asegurado, pues veo sangre y lágrimas.
de la versión de 1791


En éste calabozo hay mujeres de todas las edades, y para los gustos más depravados, desde niñas hasta ancianas, hay mujeres que pasan años abducidas y hay mujeres que sólo duran unos días, la dotación de mujeres siempre es la misma (cuatro en una sala y cuatro en otra en la versión de 1787, ocho en una sala, ocho en otra y cuatro más en un sótano en la versión de 1791). El caso es que las mujeres que desaparecen nunca vuelven a ser vistas, por lo que se supone que son torturadas hasta la muerte cuando consiguen una nueva secuestrada.


 Estos sí que son hermosos preparativos, dijo Antonin apoderándose de mí, venid, paloma, venid para que os vengue de la irregularidad de mis colegas, para que al fin coseche las halagadoras primicias que sus intemperancias dejan para mí...
Pero qué detalles... Dios bendito... me es imposible pintároslo; se hubiera dicho que aquel monje, el más libertino de los cuatro aunque pareciera el menos distante de los designios de la naturaleza, no consentía en acercarse a ella, en poner un poco menos de inconformismo en su culto, sino resarciéndose de aquella apariencia de menor depravación por todo lo que más podía ultrajarme...
de la versión de 1787


Aparece Antonin.
––Vamos a ver ––dice–– esta virtud tan pura; estropeada por un solo asalto, ya no debe notarse. Sus armas están en ristre, se serviría gustosamente de los procedimientos de Clément. Ya os he dicho que la fustigación activa le gusta tanto como al otro monje, pero como está apresurado le parece suficiente el estado en que me ha dejado su compañero. Me examina, disfruta, y dejándome en la postura que todos ellos prefieren, manosea un instante las dos medias lunas que impiden la entrada. Zarandea furiosamente los pórticos del templo, no tarda en llegar al santuario: el asalto, aunque tan violento como el de Severino, realizado en un sendero menos estrecho, no es sin embargo tan rudo de soportar. El vigoroso atleta coge mis dos caderas, y supliendo los movimientos que yo no puedo hacer me sacude contra su cuerpo con vigor; diríase, por los esfuerzos redoblados de ese Hércules, que, no contento con ser dueño de la plaza, quiere reducirla a polvo. Unos ataques tan terribles, y tan nuevos para mí, me hacen sucumbir; pero, sin inquietarse por mis penas, el cruel vencedor sólo piensa en aumentar sus placeres; todo le circunda, todo le excita, todo contribuye a sus voluptuosidades. Frente a él, subida a mis caderas, la joven de quince años, con las piernas abiertas, ofrece a su boca el mismo altar en el que realiza su sacrificio conmigo, sorbe gustosamente el precioso jugo de la naturaleza cuya emisión acaba ésta de conceder a la chiquilla. Una de las viejas, arrodillada delante de las caderas de mi vencedor, las mueve, y avivando sus deseos con su lengua impura, consigue su éxtasis, mientras que para calentarse aún más el libertino excita a una mujer con cada una de sus manos. No hay uno de sus sentidos que no sea provocado, ni uno que no contribuya a la perfección de su delirio; lo alcanza, pero mi constante horror por todas sus infamias me impide compartirlo... Lo consigue solo, sus gestos, sus gritos, todo lo anuncia, y me siento inundada, a pesar mío, por las pruebas de una llama que sólo contribuyo a encender en una sexta parte. Me desplomo finalmente sobre el trono donde acabo de ser inmolada, sintiendo únicamente mi existencia a través del dolor y de las lágrimas... de la desesperación y de los remordimientos...
de la versión de 1791


Allí pasa Julieta un tiempo hasta que el prior es ascendido y el serrallo es descubierto y disuelto por las autoridades eclesiásticas (1787) o hasta que Justina huye cortando unos barrotes y huyendo por el foso, descubriendo un pantano lleno de cráneos y restos humanos (1791)

Apenas unas horas después de escapar, es tomada presa por unos hombres que la llevan con un sádico al que le gustaba la sangre y el dolor. Huye de milagro, pero la esposa del sádico pierde la vida en el intento. Después de huir es robada por una mendiga. Encuentra a un hombre a quien estaban golpeando y lo rescata, en agradecimiento él la lleva a su castillo, que resulta ser la guarida de una banda de falsificadores, donde es secuestrada y obligada a trabajar como burro (literalmente, dando vueltas a una rueda y siendo golpeada si paraba).....ahora, se preguntarán porqué no mejor robaba burros en lugar de lindas chicas....porque en el mundo de Sade el humor es muy tortuoso y porque al falsificador le gustaba refocilarse con sus esclavas. Un tiempo después es arrestada por falsificación.

En los siguientes capítulos del libro, encontramos a todas las basuras libertinas convertidos en personas exitosas, tratando de hacer entrar a Justina en la depravación, y ella aún negándose y cada vez más hundida. Al fin uno de los jueces consulta con su amante el caso, lo que hace que se vuelvan a juntar las hermanas: Justina, la mujer condenada a muerte por ser virtuosa y Julieta, la próspera viciosa. En la segunda versión, Julieta se hace llamar Thérese para no ser descubierta, pero la trama es muy similar.

Justina es liberada, y en un cierre de humor negro, es fulminada por un rayo mientras su hermana se arrepiente y toma el camino de la virtud.

La continuación del libro son seis tomos más de la historia de Julieta, donde desmiente haberse convertido, pero esa es una histroria para otra ocasión.







Perversógrafo: Sexo oral, vaginal, anal, desvirgamientos, sadismo, exhibicionismo, flagelación, tortura, incesto, violación, pederastía, homosexualidad, bisexualidad, orgías, coprofagia, infidelidad, anticlericalismo, sacrilegio.

La primera imagen aparece en una edición antigua de Justine que no he localizado, la segunda es del comic homónimo de Guido Crepax.

sábado, 4 de septiembre de 2010

El Marqués de Sade (introducción a Justina)

Voy a cometer una herejía: vamos a tratar de ver la persona atrás del Marqués de Sade, aunque le quitemos su principal atractivo; al final descubriremos que hay algo más en sus escritos, y podremos entender y hasta compadecer a la persona (no al monstruo) que murió hace 200 años.

Sade no era un monstruo, Sade no era un Maestro Divino, Sade fué un hombre con pasiones y pensamientos, que pagó con cárcel algunos de sus delitos.

Donatien Alphonse François de Sade (1740-1814), un hombre que se hacía llamar Marqués (aunque sólo le correspondía un título de Conde) y que irónicamente hacía escritos contra la monarquía. Fué encarcelado por igual antes y después de la Revolución Francesa, pasó la mitad de su vida en cárceles y manicomios por haberse atrevido a retar al orden establecido

Sade escribió muchas novelas y obras de teatro, hizo escritos políticos y algunas novelas históricas, sin embargo se le recuerda por lo más escatológico de sus trabajos, asesinatos horribles, flagelaciones, violaciones, muerte, mierda y sangre. Sade salió a la luz de los infiernos de las bibliotecas gracias a los literatos del movimiento surrealista francés: Apollinaire, Rimbaud, Breton, Bataille, Simone de Beauvoir. Antes de eso, Sade era un escritor maldito a quien pocos habían leído. Creo que aún hoy, tanto entre sus adoradores como entre sus enemigos, hay pocos que lo hayan leído ampliamente. Casi todo lo que la gente sabe de él se debe a la layenda negra de los siglos XVIII y XIX.

Si alguien es un monstruo, su historia debe ser la de un monstruo. Donatien no fué así. Donatien era el hijo de un conde, estudió, fué a la guerra por su país y se casó "casi por amor" en un matrimonio arreglado con una mujer a quien seguramente aprendió a amar y quien lo amó a él. Tuvieron tres hijos y a pesar de las frecuentes infidelidades y escándalos del jóven Donatien, estuvieron unidos muchos años en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, en lo prófugo y en lo preso.

Ser cortés, honrado, orgulloso sin arrogancia, solícito sin palabras insulsas; satisfacer con frecuencia las pequeñas voluntades cuando no nos perjudican, ni a nosotros ni a nadie; vivir bien, divertirse sin arruinarse ni perder la cabeza; pocos amigos, quizá porque no existe ninguno verdaderamente sincero y que no me sacrificara veinte veces si entrara en juego el más ligero interés por su parte.
Sade, Carta a su padre, 12 de agosto de 1760, en el campamento de Obertestein

Un día, el Marqués fué acusado de haber secuestrado a una pobre limosnera, haberla atado, golpeado, apuñalado y vertido cera ardiente en su espalda, luego la violó y la amenazó, le dió un ungüento que la curaría y la encerró. El dictamen médico no fué claro, porque no se encontraron marcas de sogas, ni heridas profundas ni quemaduras, aunque sí había golpes y moretones, aparentemente la chica era una prostituta descontenta con el trato. Por éste crimen pasó siete meses en prisión y su leyenda comenzó. Del incidente se decía que la había torturado, que había introducido hostias consagradas en su coño mientras la violaba, y mil cosas más que no constan en las actas.

En 1772, cuando Donatien tenía 32 años, ocurre la intoxicación de las dos prostitutas con comida (o cantáridas, aunque los síntomas eran de fiebre y diarrea, no de follar y peerse) Fué sentenciado a muerte por sodomía y envenenamiento. Es liberado por su familia política tras pasar 5 meses encarcelado.

En 1777 es arrestado nuevamente, aparentemente por la malquerencia de su suegra, y encarcelado en una espantosa soledad sin sentencia ni acusación.

En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones, durante no más de una hora cada vez, en una especie de cementerio de unos cuatro metros cuadrados rodeado de murallas de más de quince metros de altura. [...] El hombre que me trae la comida me hace compañía unos diez o doce minutos al día. El resto del tiempo lo paso en la más absoluta de las soledades, llorando. [...] Así es mi vida.
Carta de Sade a Renèe, su esposa.

Durante éste tiempo, hubo años que ni siquiera le permitían a su esposa visitarlo. El  encarcelamiento le hizo perder dinero, contactos, amigos, familia, a sus hijos, a su esposa, terminó enfermo, mórbidamente obeso y casi ciego. Tiene tanto tiempo libre y tal desolación, que se obsesiona con los números y trata de encontrar mensajes secretos con la información de su próxima liberación.


Desde el instante terrible en que me arrancaron tan ignominiosamente de tu lado, mi querida amiga, he sido víctima del sufrimiento más cruel. Me han prohibido darte detalles sobre esto, y todo lo que puedo decirte es que es imposible ser más desgraciado de lo que soy. Ya he pasado diecisiete días en este horrible lugar. Pero las órdenes que han dado ahora deben de ser muy diferentes de las de mi reclusión anterior, porque la manera de tratarme no se parece nada a la de entonces. Siento que me es totalmente imposible soportar más tiempo un estado tan cruel. La desesperación se apodera de mí. Hay momentos en que no me reconozco. Siento que estoy perdiendo la razón. La sangre me hierve demasiado para soportar una situación tan terrible. Quiero volver mi furor contra mí mismo y si no estoy fuera dentro de cuatro días, estoy seguro de que me romperé la cabeza contra los muros.

Carte de Sade a Renèe fechada el 8 de marzo de 1777, Lever, 1994, pág. 263.



Al salir, en 1790, fué abandonado por su esposa, quien había caído en la ruina económica, había sido rechazada por su familia y era vista como la esposa del monstruo en prisión. Solo y en la ruina, demandado por pensiones para su esposa e hijos, se va a vivir con Constance, una mujer a quien su esposo abandonó con un pequeño hijo. Constance y Sade permanecerían juntos hasta la muerte.

En un curioso golpe de la historia, comienza una carrera en la política, y le toca hacer una defensa de sus antiguos suegros (quienes lo mandaron 13 años a prisión y le arrebataron su vida), los defiende de un abuso todo el tiempo que tiene el poder. Un día, asqueado por las trapicerías de los poderosos, Donatien deja la política:

"Estoy rendido, exhausto, escupiendo sangre. Os dije que era presidente de mi sección; pues bien, ¡mi función ha sido tan borrascosa que no puedo más! Ayer, entre otras cosas, después de haberme visto obligado a retirarme dos veces, no tuve más remedio que dejar mi sillón al vicepresidente. Querían que sometiera a voto un horror, una inhumanidad. Me negué en redondo. ¡Gracias a Dios, ya me he librado!”.

En 1793 lo vuelven a encerrar, probablemente por su paso por la política y los enemigos hechos allí. Pasa un par de años en las peores cárceles y letrinas, amenazado frecuentemente con la guillotina, y salvado aparentemente por Constance, quien al igual que Reneé siempre lo defendieron del abuso de los poderosos. en 1794, queda en libertad.

En 1801 es detenido nuevamente por "demencia libertina" mientras llevaba unos manuscritos al editor, y es enviado a un manicomio de donde es rescatado por Constance, Reneé y sus hijos hacia un manicomio mejor, Charenton, con un carcelero (ex-sacerdote) bueno y consecuente, que le permite vivir con su amante hasta su muerte, tener libros, escribir obras de teatro, etc.

Murió en 1814, y fué enterrado según el rito católico (a pesar de su última voluntad de ser olvidado en un bosque), donde unos años después se exhumaría su cráneo para hacer análisis de frenología. Sade vivió 30 años en la cárcel.

¿Dónde está el monstruo?
Imaginémonos que hoy se me ocurriera escribir una historia sobre una banda de maleantes ¿Eso me hace un maleante?, obviamente no. Ahora, si yo explorara la psicología del maleante, y lograra explicarla de una manera tan simple y convincente que pareciera una apología del maleante ¿Soy un buen escritor, soy un buen cabezólogo o soy un adora-maleantes? sin duda no sería un delincuente ni un genio ni un enfermo.

Donatien fué ante todo una persona que siempre preguntó si el orden establecido (social, cultural y religioso) era correcto, pero ni en sus escritos ni en sus actos se puede ver en él un golpista o un anarquista. En Sade hay una filosofía que indica que al hombre lo mueven sus deseos (pasiones) y sus necesidades, no el amor, la ley, el orden público o divino.

Sade era un charlatán hedonista, pero no un monstruo. No era tampoco el gran filósofo que se pretende, Francia pasó por una serie de regímenes diversos cuando Sade estaba vivo, y todos ellos lo consideraron un delincuente, alguien peligroso, inmoral, depravado y desafiante. Sus mujeres lo amaron y lo defendieron. Perdonó una ofensa que le costó 13 años de encarcelamiento.

¿Qué escribió Sade? pornografía sensacionalista para subsistir económicamente, pornografía para llenar la soledad de su celda. Escribió que la maldad paga siempre, que la rectitud es castigada ¿Es Justine una caricatura de su autobiografía?

Escribió sobre el poder corruptor de los poderosos, de su indecencia y de su falsedad.

La obra de Sade debe leerse con humor e ironía, detrás de los golpes y torturas, detrás de los discursos políticos, hay comicidad, hay situaciones ridículas.

Creo que Sade fué ante todo un provocador, un sensacionalista que empujaba sus escritos un poco más allá de lo que es posible aceptar como humano. En el sexo, son los escritos de una persona que ha pasado años en prisión lejos de otras personas, así que difícilmente podemos esperar cordura. En cuanto a la violencia, un hombre acostumbrado a los lujos fué humillado y hacinado para que se pudriera en cárceles, algunos de sus escritos son venganzas que urdía para sus enemigos, a quienes perdonó y aún defendió cuando tuvo el poder de hacerlo.

Después de todo debemos reconocer que Donatien fué un gran hombre.


Un gran hombre con algunos de los más espantosos escritos que ya iremos desgranando con los días y las semanas.

Un día hablaré de Restif de la Bretonne, enemigo de Sade con escritos libertinos (supuestamente) para promover el casto deseo dentro del matrimonio, y con redacciones contra el crimen y a favor de la virtud, la familia y la vida bucólica. Ese sí fué un monstruo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Lisístrata de Aristófanes


Vamos a ubicarnos por unos momentos en la Grecia clásica: Atenas tiene 350 mil habitantes, es una gran ciudad. Las mujeres son consideradas seres incompletos apenas racionales, sin derechos, sometidas al hombre, tienen prohibido adquirir bienes, hacer un trabajo, beber vino o mostrarse en público.

Ante una población tan grande, el control de la natalidad (proto-anticoncepción, sexo anal y coitus interruptus) y la homosexualidad no es escape suficiente para evitar el hambre en una región de pocas tierras fértiles, la guerra es el gran controlador del crecimiento poblacional, Atenas tiene 20 años en guerra con la liga Espartana, y no se ve el fin.

Aristófanes propone un método alterno de solucionar los conflictos: la sinergia, la unión y la negociación pacífica como arma poderosa.

Lisístrata, una mujer y por lo tanto un ser incompleto, está casada con un soldado en campaña al que nunca ve y con el que nunca se acuesta. La guerra ha hecho que hasta los consoladores sean escasos y la situación se torna desesperada por toda la Antigua Grecia. Esta gran lideresa, reúne a las representantes de las mujeres de toda Grecia y les propone una huelga sexual para obligar a sus hombres a firmar la paz.

CLEOLICE. ¿De qué se trata, querida Lisístrata, el asunto por el que nos convocas a nosotras las mujeres? ¿En qué consiste, de qué tamaño es?
LISÍSTRATA. Grande.
CLEONICE. ¿Es también grueso?
LISÍSTRATA. Sí, por Zeus, muy grueso.
CLEONICE. Entonces, ¿cómo es que no hemos venido?
LISÍSTRATA. No es eso que piensas: si no, ya nos habríamos reunido rápidamente. 

LISÍSTRATA. ¿No echáis de menos a los padres de vuestros hijitos, que están lejos, de servicio? Pues bien sé que todas vosotras tenéis al marido lejos de casa.
CLEONICE. Mi marido, por lo menos, cinco meses lleva fuera, pobre de mí, vigilando a Éucrates en Traria. 
MÍRRINA. Pues el mío, siete meses completos en Pilos. 
LAMPITO. Y el mío, si alguna vez viene del frente, coge el escudo y desaparece volando.
LISÍSTRATA. Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos de largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?
CLEONICE. Yo sí, por las dos diosas, desde luego, aunque tuviera que empeñar el vestido este curvilíneo y... bebérmelo el mismo día.
MÍRRINA. Pues yo, me dejaría cortar en dos y daría la mitad de mi persona, aunque pareciera un rodaballo.
LAMPITO. y yo, hasta me subiría a lo alto del Taigeto, allí donde pudiera ver la paz.
LISÍSTRATA. Voy a decíroslo, pues no tiene ya que seguir oculto el asunto. Mujeres, si vamos a obligar a los hombres a hacer la paz, tenemos que abstenernos...
CLEONICE. ¿De qué? Di.
LISÍSTRATA. ¿Lo vais a hacer?
CLEONICE. Lo haremos, aunque tengamos que morirnos.
LISÍSTRATA. Pues bien, tenemos que abstenernos del cipote. ¿Por qué os dais la vuelta? ¿Adónde vais? Oye, ¿por qué hacéis muecas con la boca y negáis con la cabeza? ¿Por qué se os cambia el color? ¿Por qué lloráis? ¿Lo vais a hacer o no? ¿Por qué vaciláis?
CLEONICE. Yo no puedo hacerlo: que siga la guerra.
MÍRRINA. Ni yo tampoco, por Zeus: que siga la guerra.
LISÍSTRATA. Y, ¿tú eres la que dices eso, rodaballo? ¡Si hace un momento decías que te dejarías cortar por la mitad!
CLEONICE. Otra cosa, cualquier otra cosa que quieras. Incluso, si hace falta, estoy dispuesta a andar por fuego. Eso antes que el cipote, que no hay nada comparable, Lisístrata, guapa.
LISÍSTRATA. Y tú, ¿qué? (A MÍRRINA.)
MÍRRINA. También yo prefiero andar por fuego. 
LISÍSTRATA. Jodidísima ralea nuestra, toda entera. No sin razón las tragedias se hacen a costa nuestra, pues no somos nada más que follar y parir. (A LAMPITO.) Pero tú, querida laconia -pues con que tú sola estés a mi lado, aún podríamos salvar el asunto-, ponte de mi parte.

CLEONICE. Pero mujer, ¿qué pasará si nuestros maridos nos abandonan?
LISÍSTRATA. Lo de Ferécrates, «descapullar a un perro descapullado» (en México, hubiéramos dicho “pelársela” lo que significa a la vez masturbarse y aguantarse un mal momento).
CLEONICE. Esos sucedáneos son pamplina. ¿Y si nos cogen y nos arrastran por la fuerza a la alcoba? 
LISÍSTRATA. Tú agárrate a la puerta.
CLEONICE. ¿Y si nos pegan?
LISÍSTRATA. Hay que dejarse hacer poniéndoselo muy difícil, que no hay placer en esas cosas cuando se hacen por la fuerza. Además hay que causarles dolor. Y pierde cuidado, en seguida renunciarán. Pues nunca jamás disfrutará el hombre si no va de acuerdo con la mujer.
CLEONICE. Si eso es lo que os parece bien a vosotras dos, también nos lo parece a nosotras.
LAMPITO A nuestros maridos nosotras los convenceremos de que hagan una paz justa y sin engaño en todos los aspectos. Pero a la inestable multitud de los atenienses, ¿cómo se les puede convencer de que no digan tonterías?
LISÍSTRATA. Pierde cuidado, nosotras convenceremos a la parte que nos toca.
LAMPITO ». No, al menos mientras sus trirremes tengan patas y haya dinero incontable en la casa de la diosa.
LISÍSTRATA. También eso está bien preparado, ya que nos apoderaremos de la Acrópolis hoy mismo….


Toman el control de la ciudad, toman funciones religiosas “degollando” un jarro de vino sobre una copa y “beben la sangre” del sacrificio.

«Ningún hombre, ni amante, ni marido»... 
«se acercará a mí descapullado».
«En casa pasaré el tiempo sin mi toro» 
«con mi vestido azafranado y muy bien arreglada»...
«para que mi marido se ponga al rojo vivo»...
«y nunca le seguiré la corriente a mi marido de buena gana».
«Pero si me obliga por la fuerza contra mi voluntad»...
«me dejaré de mala gana y no le seguiré en sus meneos».
«No levantaré hacia el techo mis zapatillas persas».
«No me pondré a cuatro patas como una leona encima del rallador de queso»
«Si mantengo firmemente estas cosas, que beba yo de aquí»...
«Pero si las violo, que se llene de agua la copa».

Ya envalentonadas por el vino, toman la Acrópolis, cortando el acceso al tesoro de la ciudad, y por tanto parando el ciclo de la guerra.

Los hombres las sitian y tratan de sacarlas con fuego, ellas se defienden mojándolos con agua y otros fluidos. Las mujeres están en gran peligro porque en sus calenturas quieren dejar pasar a los hombres, pero Lisístrata les infunde ánimos como un general sabe hacer.

Los hombres son humillados por sus propias mujeres, en una alusión a cómo el pueblo, si se une,  puede derrotar a un gobierno demagogo y derrochador.

Al final, los hombres llegan desde Esparta con sus penes levantados (en referencia a marchar con las lanzas en alto) para firmar la paz a cambio de sexo, así acaba la huelga, así acaba la obra y ojalá así hubiera acabado la guerra del Peloponeso, pero 6 años después, Atenas caería ante Esparta; terminando con la época dorada de Grecia y dando comienzo a la transición hacia la Grecia Helenística y el control de los Macedonios.

Volviendo a la obra, yo tengo una versión ilustrada por Beardsley que puedo recomendar ampliamente. Lisístrata era una obra cómica porque un grupo de mujeres vencía a los hombres y los ridiculizaba. No se me ocurre porqué, pero 2400 años después, Lisísitrata sigue siendo una obra cómica por las mismas razones.

Como nota interesante, en Colombia, un grupo de mujeres, parejas sexuales de los pandilleros, han decidido llevar a cabo una huelga de piernas cruzadas para detener la espiral de violencia de las calles. Espero que tengan éxito.




Perversógrafo: Sexo normalito, con algunas alusiones a los juguetes sexuales.



Lisistrata
Aristófanes
2007
DISTRIBUCIONES FONTAMARA
ISBN: 9684766157
94 pág.