Del primer siglo de nuestra era, nos llega el magnífico libro "El Satiricón", un libro que rescata una tradición literaria llamada "el cuento milesio", el equivalente romano de nuestra narrativa picaresca; cuentos cortos de trasfondo pícaro sexual que se escribían para divertir al lector.
Siglos mas tarde, Margarita de Navarra y Boccaccio, rescatan muchos de los cuentos milenios romanos y los ponen en sus obras maestras respectivas.
De los capítulos 111 y 112 de esta incompleta obra, tenemos el cuento de La matrona de Efeso:
En Efeso había una matrona con tal fama de honesta que hasta venían las mujeres a conocerla desde países vecinos. Esta matrona perdió a su esposo y no se contentó entonces con ir detrás del cuerpo con los cabellos en desorden, como es costumbre entre el vulgo, ni con golpearse el pecho desnudo ante los ojos de todos, sino que fue detrás de su finado marido hasta su tumba y luego de depositarlo, según la usanza de los griegos, en el hipogeo, se consagró a velar el cuerpo y a llorarlo día y noche. Sus padres y familiares no pudieron hacerla cejar en esa actitud que, llevada a la desesperación, la haría morir de hambre. Hasta los magistrados desistieron del intento al verse rechazados por ella. Todos lloraban casi como muerta a esa mujer que daba ejemplo sin igual consumiéndose desde hacía ya cinco días sin probar bocado. La acompañaba una sirvienta muy fiel que compartía su llanto y renovaba la llama de la lamparilla que alumbraba el sepulcro cuando comenzaba a apagarse. En la ciudad no se hablaba de otra cosa que no fuera de esta abnegación, y hombres de toda condición social la daban como ejemplo único de castidad y amor conyugal.
En ese tiempo el gobernador de la provincia ordenó crucificar a varios ladrones cerca de la cripta donde la matrona lloraba sin interrupción la reciente muerte de su marido. Durante la noche siguiente a la crucifixión, un soldado que vigilaba las cruces para impedir que alguno desclavase los cuerpos de los ladrones para sepultarlos, notó una lucecita que titilaba entre las tumbas y oyó los lamentos de alguien que lloraba. Llevado por la natural curiosidad humana, quiso saber quién estaba allí y qué hacía. Bajó a la cripta y, descubriendo a una mujer de extraordinaria belleza, quedó paralizado de miedo, creyendo hallarse frente a un fantasma o una aparición. Pero cuando vio el cadáver tendido y las lágrimas de la mujer, su rostro rasguñado, se fue desvaneciendo su propia impresión, dándose cuenta de que estaba ante una viuda que no hallaba consuelo. Llevó a la cripta, su magra cena de soldado y comenzó a exhortar a la afligida mujer para que no se dejase dominar por aquel dolor inútil ni llenase su pecho con lamentos sin sentido.
-La muerte -dijo- es el fin de todo lo que vive: el sepulcro es la íntima morada de todos.
Acudió a todo lo que suele decirse para consolar las almas transitadas de dolor. Pero esos consejos de un desconocido la exacerbaban en su padecer y se golpeaba más duramente el pecho, se arrancaba mechones de cabellos y los arrojaba sobre el cadáver. El soldado, sin desanimarse, insistió, tratando de hacerle probar su cena. Al fin la sirvienta, tentada por el olorcito del vino, no pudo resistir la invitación y alargó la mano a lo que les ofrecía, y cuando recobró las fuerzas con el alimento y la bebida, comenzó á atacar la terquedad de su ama:
-¿De qué te servirá todo esto? -le decía-. ¿Qué ganas con dejarte morir de hambre o enterrada, entregando tu alma antes que el destino la pida? Los despojos de los muertos no piden locuras semejantes. Vuelve a la vida. Deja de lado tu error de mujer y goza, mientras sea posible, de la luz del cielo. El mismo cadáver que está allí tiene que bastarte para que veas lo bella que es la vida. ¿Por qué no escuchas los consejos de un amigo que te invita a comer algo y no dejarte morir? .
Al fin la viuda, agotada por los días de ayuno, depuso su obstinación y comió y bebió con la misma ansiedad con que lo había hecho antes la sirvienta.
Se sabe que un apetito satisfecho produce otros. El soldado, entusiasmado con su primer éxito, cargó contra su virtud con argumentos semejantes.
-No es mal parecido ni odioso este joven- se decía la matrona, que además era acuciada por la sirvienta que le repetía:
-¿Te resistirás a un amor tan dulce? ¿Perderás los años de juventud? ¿A qué esperar más tiempo?
La mujer, después de haber satisfecho las necesidades de su estómago, no dejó de satisfacer este apetito... y el soldado tuvo dos triunfos. Se acostaron juntos no sólo esa noche sino también el día siguiente y el otro, cerrando bien las puertas de la cripta de modo que si pasase por allí tanto un familiar como un desconocido, creyeran que la fiel mujer había muerto sobre el cadáver de su esposo. El soldado, fascinado por la hermosura de la mujer y por lo misterioso de estos amores, compraba de todo lo mejor que su bolsa le permitía y al caer la noche lo llevaba al sepulcro.
Pero he aquí que los parientes de uno de los ladrones, notando la falta de vigilancia nocturna, descolgaron su cadáver y lo sepultaron. El soldado, al hallar al otro día una de las cruces sin muerto, temeroso del suplicio que le aguardaría, contó lo ocurrido a la viuda:
-No, no -le dijo- no esperaré la condena. Mi propia espada, adelantándose á la sentencia del juez, castigará mi descuido. Te pido, mi amada, que una vez muerto me dejes en esta tumba. Pon a tu amante junto a tu marido.
Pero la mujer, tan compasiva como virtuosa, le respondió:
-¡Que los dioses me libren de llorar la muerte de los dos hombres que más he amado! ¡Antes crucificar al muerto que dejar morir al vivo!
Una vez dichas estas palabras, le hizo sacar el cuerpo de su esposo del sepulcro y colgarlo en la cruz vacía. El soldado usó el ingenioso recurso y al día siguiente el pueblo admirado se preguntaba cómo un muerto había podido subir hasta la cruz.
Confía tu barco a los vientos
pero jamás tu corazón a una mujer
porque las olas son más firmes
que la fidelidad de la mujer.
No hay ninguna mujer buena
o si alguna vez lo ha sido
No comprendo cómo algo malo
pudo ser bueno alguna vez.
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sábado, 17 de marzo de 2012
sábado, 14 de agosto de 2010
Diálogos de cortesanas de Luciano de Samósata
Sólo en un sentido puede decirse que es una obra pornográfica, porque escribe sobre las prostitutas, pero no se trata en realidad de una obra hecha para excitar al lector, por el contrario, pone voz a una de las instituciones más silenciadas de la literatura: las heteras. Aunque en tiempos de Luciano, se trataba ya de unos seres legendarios que no existían más en su forma clásica, tenemos 15 escritos que nos hablan de las preocupaciones de las prostitutas de la antigüedad, de sus intereses y de sus charlas.......las humaniza en lugar de erotizarlas.
Luciano de Samósata vivió en el siglo II, no existían más las heteras, lo que él hizo fué una obra jocosa, un divertimento donde vemos madres dando consejos a sus hijas, y a las prostitutas hablando de celos y de hechicería. Incluso se refleja cómo el amor es posible en ésta institución, entendiendo que se trata de una forma de ganarse la vida, el amor a un hombre puede encontrarse como agradecimiento al buen nivel de vida que le da a la mujer.
CLONARION Y LEENA
CLONARION. — No paramos de oír, Leena, cosas realmente nuevas acerca de ti, a saber, que Megila la lesbia, la ricachona está enamorada de ti como un hombre, que vivís juntas y que no sé qué cosas os hacéis la una a la otra. ¿Qué me dices de eso? ¿Te sonrojas? Vamos, dime si es verdad.
LEENA. — Es verdad, Clonarion, y estoy abochornada pues es algo... antinatural.
CLONARION. — Por Afrodita*, ¿de qué se trata? O ¿qué pretende la mujer? ¿Y qué hacéis cuando estáis juntas? ¿Estás viendo? No me quieres, pues no me ocultarías asuntos de tal índole.
LEENA. — Te quiero más que a cualquier otra, es que la mujer en cuestión es terriblemente varonil.
CLONARION. — No entiendo lo que dices a no ser que se trate de una «hetera para mujeres»*. Cuentan que en Lesbos hay mujeres de esa índole, con pinta de hombres, que no quieren trato con hombres sino que son ellas las que acechan a las mujeres como si de hombres se tratara.
LEENA. — Se trata de algo así.
CLONARION. — Entonces, Leena, explícame estos detalles, cómo se te insinuó la primera vez, cómo te dejaste persuadir y todo lo que vino después.
LEENA. — Ella y Demonasa, la corintia, mujer también rica y de las mismas costumbres que Megila, habían organizado un guateque, y me habían contratado para que les tocara la cítara. Una vez que terminé de tocar, como ya era una hora intempestiva y había que acostarse, y ellas estaban aún borrachas, va Megila y me dice: vamos, Leena, es un momento estupendo para acostarse; así que métete en la cama con nosotras, en medio de las dos.
CLONARION. — ¿Y dormías? ¿Qué sucedió después?
LEENA. — Me besaban al principio como los hombres, no limitándose a adaptar sus labios a los míos, sino entreabriendo la boca, y me abrazaban al tiempo que me apretaban los pechos. Demonasa me daba mordiscos a la vez que me colmaba de besos. Yo no podía hacerme una idea de lo que era aquello. Al cabo de un rato, Megila que estaba ya un poco caliente se quitó la peluca de la cabeza —llevaba una que daba el pego perfectamente acoplada— y se dejó ver a pelo, como los atletas más varoniles, rasurada. Al verla quedé impresionada. Pero ella va y me dice: Leena, ¿has visto ya antes a un jovencito tan guapo? Yo no veo aquí, Megila, a ningún jovencito, le dije. No me tomes por mujer, me dijo, que me llamo Megilo y hace tiempo que casé con Demonasa, ahí presente, que es mi esposa. Ante eso, Clonarion, yo me eché a reír y dije: ¿Así pues, Megilo, nos has estado ocultando que eres un hombre exactamente igual que dicen que Aquiles se ocultaba entre las doncellas y tienes lo que los hombres tienen y actúas con Demonasa como los hombres? No lo tengo, Leena, replicó, ni puñetera la falta que me hace; tengo yo una manera muy especial y mucho más gratificante de hacer el amor; lo vas a ver. ¿No serás un hermafrodito, dije yo, como los muchos que se dice que hay que tienen ambos sexos? pues yo, Clonarion, desconocía todavía el tema. ¡Qué va! respondió, soy un hombre de cabo a rabo. Oí contar, decía yo, a la flautista beocia Ismenodora historias locales, que según dicen en Tebas alguien se convirtió de mujer en hombre, y que se trata de un excelente adivino, Tiresias se llama, creo; ¿acaso te ha ocurrido a ti algo así?*.
No Leena, dijo; yo fui engendrada igual que todas vosotras las demás mujeres, pero mi forma de pensar, mis deseos y todo lo demás lo tengo de hombre. ¿Y tienes suficiente con los deseos, dije? Si desconfías, Leena, dijo, dame una oportunidad y comprenderás que no necesito para nada a los hombres, pues tengo algo a cambio de la virilidad; ya lo vas a ver.
Se la di, Clonarion, pues me suplicaba con insistencia y me regaló un collar de los caros y unos vestidos de los finos. Después yo le iba dando abrazos como a un hombre en tanto que ella no dejaba de actuar y besarme y de jadear y me parecía que su placer era superior al normal.
CLONARION. — ¿Y qué hacía, Leena, y de qué manera? Dímelo antes que nada, que eso es lo que más deseo saber.
LEENA. — No preguntes tan minuciosamente, pues se trata de cosas vergonzosas; así que, por Afrodita, no te lo podría decir.
* Clonarion y Leena, literalmente Leona, protagonizan un diálogo subido de tono sobre un amor lesbiano que roza en lo que hoy llaman algunos «travestismo», aludiendo a «mujeres hombrunas». El hecho es considerado algo allókoton, esto es, sorprendente, llamativo, chocante, en oposición a las relaciones homosexuales entre varones que eran consideradas algo mucho más natural.
* Clonarion jura por «la criadora de muchachos», kourotróphos, antiguo epíteto de la Tierra, que se aplica en ocasiones a Ártemis y a Afrodita, a quien conviene en este pasaje.
* Fina manera de llamarla «lesbiana» o «invertida».
* El pasaje es atrevido pero fino, recurriendo las heteras de turno a eufemismos como el que se alude en estas líneas.
Debemos tener en cuenta que en la Grecia clásica en donde está ambientada la obra, las mujeres eran poco más que un mueble o un animal doméstico. No se les reconocía inteligencia ni racionalidad, es por ésto que Lisístrata es una obra cómica....sería tan cómico como la Orwelliana "Rebelión en la granja"
Las prostitutas venían en tres sabores: las pornei, esclavas en renta; las prostitutas independientes, quienes trabajaban en las calles, y las heteras, mujeres con cierta instrucción, habilidades para la música, etc (como una geisha), frecuentemente contratadas para fiestas y banquetes. Los dos últimos tipos de prostitutas eran las únicas mujeres realmente independientes, que podían acumular bienes y que tenían libertad.
Por lo tanto, las prostitutas eran mal vistas, una mujer que tiene dinero no entra en la cosmovisión Griega, es una anomalía y las anomalías no son civilizadas. Lo que vemos en la obra más fielmente plasmado son los celos; unos celos que es difícil entender si es celo comercial o algo más. Es un documento muy interesante, aunque por estar desfasado 700 años en el tiempo, quizás no sea un documento muy fiel.
Debemos tener en cuenta que en la Grecia clásica en donde está ambientada la obra, las mujeres eran poco más que un mueble o un animal doméstico. No se les reconocía inteligencia ni racionalidad, es por ésto que Lisístrata es una obra cómica....sería tan cómico como la Orwelliana "Rebelión en la granja"
Las prostitutas venían en tres sabores: las pornei, esclavas en renta; las prostitutas independientes, quienes trabajaban en las calles, y las heteras, mujeres con cierta instrucción, habilidades para la música, etc (como una geisha), frecuentemente contratadas para fiestas y banquetes. Los dos últimos tipos de prostitutas eran las únicas mujeres realmente independientes, que podían acumular bienes y que tenían libertad.
Por lo tanto, las prostitutas eran mal vistas, una mujer que tiene dinero no entra en la cosmovisión Griega, es una anomalía y las anomalías no son civilizadas. Lo que vemos en la obra más fielmente plasmado son los celos; unos celos que es difícil entender si es celo comercial o algo más. Es un documento muy interesante, aunque por estar desfasado 700 años en el tiempo, quizás no sea un documento muy fiel.
Perversógrafo: Sexo normalito, referencias a la homosexualidad masculina y femenina, celos y engaños, prostitución.
Diálogos
Samosata, Luciano de
1992
ED. PORRÚA, MÉXICO
Sepan Cuantos 393
ISBN: 968-432-814-1
217 pags.
Samosata, Luciano de
1992
ED. PORRÚA, MÉXICO
Sepan Cuantos 393
ISBN: 968-432-814-1
217 pags.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Biblioteca clásica Gredos, No. 41

Priapeos
Grafitos amatorios pompeyanos
La velada de la fiesta de Venus
El concúbito de Marte y Venus, de Reposiano
Centón Nupcial, de Ausonio
En una primer entrada, voy a comenzar por un trabajo más intelectual que erótico; quizás para tratar de impresionar y parecer más "leído y escribido" y menos calentorro, cachondo y "meneagánsico" que si comenzara con un título como "La secretaria anal"..........al grano.
Un día estaba buscando algún clásico que se me escapa ahora, y me tropecé con éste librito de bolsillo, emocionantemente empastado en color azul sin chiste con dorados tristes, en un cartón corriente y con pastas que crujen de lo fino.
Se trata de una colección de obras eróticas latinas poco conocidas y que consta de cinco partes, muy distintas todas, pero todas con excelentes comentarios y explicaciones al pie.
El libro comienza con los priapeos. Los priapeos eran pequeñas composiciones en verso, se trata de poemas erótico-festivos que se apuntaban al pie de las esculturas del simpático y mundano dios Priapo.
En algún tiempo, Priapo tuvo un culto serio, pero para la época en que los priapeos fueron escritos, ya el dios se había degradado a ser una divinidad menor, protector de los huertos y objeto de chanzas. En los priapeos, el dios se nos presenta como celoso "espantapájaros" de los huertos

11
Ten cuidado no te coja. No te castigaré, si te cojo, a garrotazos, ni te produciré crueles heridas con la curva hoz: atravesado con mi percha descomunal, quedarás tan estirado que no creerás que tu culo tenga rugosidad alguna
22
Si a robar vienen una mujer, un hombre o un muchacho, que aquella presente su coño, aquel su boca, éste sus nalgas.
23
Para quien cortase aquí una violeta, una rosa o robase unas hortalizas o alguna fruta sin pagarla, pido que, falto de mancebo o de mujer, reviente de una erección, como la que en mi veis, y que golpee en vano su ombligo sin cesar su méntula insatisfecha.
30
!Oh Priapo¡, amenazador por la hoz y esa otra parte todavía mayor, indícame por favor, el camino a la fuente. Vete forastero, por esas viñas, pero si coges una sola uva, tendrás agua para tomar de otro modo.
31
Mientras no me robes nada con atrevida mano, te será permitido ser mas casto que la mismísima Vesta. De lo contrario, ésta arma de mi vientre te abrirá de tal manera que tú mismo, todo entero, podrás salirte por tu propio trasero.
69
Cuando la dulzura de los higos te invada y ya vayas a extender tu mano, mírame ladrón, y piensa en el peso del cipote que has de cargar después.
Y es que, contrario a lo que podamos creer, para un ciudadano romano, el ser penetrado vaginalmente fuera del matrimonio es degradante, ser penetrado analmente también lo es, y ser irrumado (violado por la boca, no confundir con la mamada) es ser violado en la parte más importante de un ciudadano, su boca que lo distingue del infante, el animal o el esclavo.
Pasamos a la siguiente parte, los grafitos. Entre los grafitos de cualquier ciudad, los de Pompeya no se distinguen especialmente. Podemos encontrar grafitos tan comunes como en cualquiera de nuestros baños, pero además tenemos una especie de anuncios clasificados en las calles:

34
Felícula, esclava de buena crianza. dos ases.
41
Félix chupa por un as.
Según se puede ver en los escritos de Luciano, el grafito desde tiempo atrás tenía una connotación informativa y mágica a la vez, lo que escribías podía convertirse en realidad:
69 grafito de Capúa
Turtur Climene, caga para que podamos dormir a gusto ***** y pedicar esas blancas nalgas y esos hoyuelos en ellas. Yo me encargaré de refregarte el coño. Los dedos me ayudarán a calentarlo.
109 en la pared de una casa
Cuando el pensamiento de Venus me abrase con ardor insoportable, daré que hacer a mis manos removiendo las aguas.
En la Velada de la fiesta de Venus, tenemos un canto que ensalza el amor romántico y erótico. No me puedo extender en la explicación, el poema requiere leerse completo para apreciar la poesía:
Mañana ame quien nunca ha amado; quien ya ha amado, mañana ame.
En el Concúbito de Marte y Venus, la traducción nos ha dejado un relato erótico de exquisito gusto y gran cachondez:

Apretaba Marte con la diestra el seno de la pafia y, al pasar su izquierda bajo el cuello, para no dañarla con el peso, pone bajo ella cándidos lirios y ramos de rosas. Una y otra vez rozando suavemente sus piernas incendió a la amante en un sueño que la diosa avivaba.
Para mí, la parte mejor lograda de la obra, es el Centón nupcial. Curiosamente quien escribe las notas le resta valor literario contra las dos obras anteriores porque un Centón no está escrito por su autor......no propiamente.
Un centón era una capa hecha de remiendos de varias partes. En el tema literario, se trata de tomar los versos de una autor clásico, y ponerlos en un orden distinto para escribir una obra jocosa o pícara. En éste caso tenemos que el autor toma de su memoria unos inocentes versos de Virgilio, y en un día escribe para el emperador éste divertido batidillo.
Ya están casi al final de su carrera y, agotados, se acercaban a la meta| entonces una agitada respiración sacude sus miembros y seca sus bocas; ríos de sudor corren por todo su cuerpo. | El se desploma exánime | mientras de su miembro el semen gotea.
Si mi opinión importara, éste es un gran libro para aparentar cultura mientras uno se divierte en la literatura casi-erótica


Perversógrafo:
Sexo vaginal, anal, irrumación y una demostración que el tamaño sí importa.
Priapeos Grafitos Amatorios Pompeyanos La Velada De La Fiesta De Venus El Concubito De Marte Y Venus (Biblioteca Clasica Gredos)
by Ausonio Reposiano
Gredos · 1981
ISBN: 978-84-249-0120-2
ISBN-10: 84-249-0120-7
by Ausonio Reposiano
Gredos · 1981
ISBN: 978-84-249-0120-2
ISBN-10: 84-249-0120-7
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