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jueves, 11 de abril de 2013

La educación sentimental de la señorita Sonia, de Susana Constante


Susana constante es una escritora bastante particular: sus relatos son, a mi modo de ver, caoticos y algo oníricos.  En una ocasión comenté que Luis G. Berlanga, fundador de Tusquets, inició la colección erótica "la sonrisa vertical" para editar todas aquellas obras que la represión franquista condenó al armario y que seguramente la gente tendría en sus casas.

Aparentemente este es uno (¿el único?) de esos libros: impreso en 1979, ganadora del premio de la portada rosa, parece ser que éste es un libro escrito en 1976.

Una muchacha, acompañada por un capitan del ejército viajan en tren. Se encuentran a un joven que se ha equivocado de tren, pero que los comienza a seguir sumisamente; aparentemente por amor platónico de la bella jovencita.

Ellos van a visitar a una Condesa, antigua amante del padre de la chica y quien tiene un hijo al que tramposamente llama sobrino y al cual ama absolutamente. El muchacho de 14 años es inteligente, soñador y está decidido a entrar al seminario y a renunciar al mundo. La condesa, mujer de placeres quiere que conozca el sexo (no el amor) para tratar de convencerlo de renunciar a sus planes.

El capitán, por su parte, hombre libertino y de placeres, está enamorado de la condesa, quien no le hace el menor caso y se ríe de su cursilería. Sonia, por otro lado, se enamora del muchacho, un par de años menor que ella pero más maduro intelectualmente. El muchacho simplemente ignora a Sonia.

Sonia era una chica rica con la impresión eterna de haber perdido una oportunidad. Iniciada por su padre y por un extraño violador de menores, quiere conocer el amor, aunque no lo persigue como un fin.

El libro refleja una filosofía muy interesante; desde ese punto de vista, el libro rescata elementos del erotismo clásico del siglo XVII y XVIII, con aquellas novelas que unían filosofía, anticlericalismo, perversión de una chica (chico en este caso) virgen y erotismo.

Olvidas, creo, que todo puede hacerse, a condición de mantener la compostura.
Apoyándose en el brazo del niño, la condesa suavizó la reprimenda con una sonrisa:
—Ten en cuenta, Sebastián, que es preciso guardar las formas, única manera de servirnos de ellas de acuerdo a nuestros deseos.
Sebastián la escuchaba frunciendo el entrecejo.
—¡Pero entonces —adujo pensativo— es necesario doblegarse, esclavizarse! —e hizo una mueca de desdén.
—Naturalmente —respondió Luisa, con un encogimiento de hombros—. ¿Contra qué, si no, irías a construir tus caprichos?
—¿Pero por qué —insistió el niño— obedecer para desobedecer? No te comprendo.
—¡Ah! —la condesa agitó la mano enjoyada— debes obedecer para sobrevivir, Sebastián; y desobedecer para vivir, esto es, para buscar tu placer. Es tal vez complicado, pero exacto. Todavía eres un niño — murmuró, mirando con ternura la carita afilada y morena—. Ya tendrás tiempo y ocasión de pensar en estas cosas.

Es un libro muy complejo, elegantemente escrito y de una sensualidad poco expresada:


Sonia lo miró, tendiéndole la mano derecha, y acariciando con la izquierda el cuello enrojecido de Alexei, mientras emitía sonidos consoladores, tales como:
—Ya, ya, ya. Vamos, vamos, vamos, etcétera.
Tomó, entonces, su mano y le dijo:
—Ven Nicolás —acomodándolo sobre su pecho libre.
Fascinado, Nicolás permaneció tendido allí, temeroso de decir algo que pudiera arruinarlo todo y mirando con un resto de prevención la cabeza abatida del Capitán de húsares que, no obstante, ya no le parecía tan terrible como cuando la miraba de abajo, esto es, hallándose Alexei bien plantado sobre sus pies. Se quedó allí, decía, hasta que captó un casi imperceptible cambio de ritmo en la respiración de la señorita, que acariciaba ahora su espalda y la del Capitán con los ojos cerrados y la boca anhelante. Alexei se inclinó sobre esa boca, lamiéndola dulcemente y deslizando una mano por la comba del vientre de Sonia, hasta apoyarla sobre el sexo con una presión exigente. Sonia apretó la cabeza de Nicolás contra su pecho y desatando los lazos del vestido le ofreció un pezón sonrosado y erecto.
—Chúpalo —le pidió, muy seria.
La mirada de Nicolás se encontró con los ojos atentos y algo espantados del Capitán que, al parecer, acababa de notar su presencia. Por un momento, el hombrecito sintió una contracción de miedo, pero sostuvo —inmóvil— la mirada de Alexei, y acabó por tranquilizarse pensando que siempre estaba a tiempo de matarlo, si la ocasión lo exigía, aunque rogando, también, que eso ocurriera —acaso debiera ocurrir— un poco más tarde.
Se encontraban, los tres, en una situación a un tiempo comprometida y lejana, como si sus gestos —cuerpos y palabras— les sucedieran, en cierta forma, por procuración. Pero también había — cada vez más a medida que pasaban los minutos— una suerte de concentrada colaboración. Cada uno de ellos (¿pero quiénes eran ellos?) procuraba adivinar, adelantarse al deseo de los otros, satisfacerlo satisfaciéndose. Atrapados en un mareo casi ensordecedor, sabían que actuaban, pero no sabían (no sabían) el nombre exacto de quienes llevaban adelante la acción. Y lo que en un principio había sido una situación en cierta forma clara —dos hombres y una mujer— se transformó imperceptiblemente en un sofocante e intenso vacío de placer, donde se movían tres cuerpos sin precisa y definitiva identidad. Este embudo amenazaba tragárselos (o al menos esto es lo que pensaba cada uno, perdido en su activa soledad), lo cual no hacía más que lanzarlos frenéticamente por encima de sus bordes, reclamando, tentando ese olvido pavoroso. Y es así cómo, al amanecer, estirada sobre la alfombra, desnuda, fresca y como recién lavada, Sonia murmuró:
—¡Oh, quisiera morirme! —y lo dijo con una sonrisa distendida y abierta, muy joven y sin ulterioridades.
El hombrecito, sin ropas, era casi hermoso. Delgado y enjuto.
—Yo también —dijo— quisiera morirme.
Y de todos ellos él era, tal vez, quien lo deseaba más ardientemente. Alexei, en cambio, se puso de pie con un gesto brusco.
—Yo —aseveró— hubiera preferido morir un poco antes de ahora.
Volvían, de pronto, a ser tres gestos precisos. La luz mezquina de un amanecer lluvioso no restituía los rostros, sino las funciones; no bautizaba, condenaba: una señorita, un caballero, un esclavo.
Retirándose a lo más oscuro de la habitación, Nicolás sufrió el golpe de este conocimiento, que lo sumió en una desesperación infinita. Permaneció acurrucado largo rato, con los ojos fuertemente apretados, sin ver (sin querer ver) nada, hasta que, como un relámpago, una idea se abrió paso en el lodazal de su padecimiento: «Yo, se dijo, soy el único que ha elegido. Yo sé de ellos todo lo necesario, mientras que ellos nada conocen. ¡Yo tenía una vida distinta, yo era otro, antes de ser éste!», y entonces abrió los ojos.

La condesa ofrece a su propio hijo a Sonia, a condición de que no le permita enamorarse. Ella está intentando salvar a su hijo de la religión, porque de no hacerlo, deberá resignarse a hacerse vieja y a renunciar ella misma al mundo.

—¡Amas a Luisa! —le dijo riendo, afeada por el dolor y la cólera—. ¡Amas a tu madre, querrías estar a su lado desnudo, como ahora conmigo! No eres hombre —le decía, acariciando frenéticamente el
sexo de Sebastián y tironeándose a veces del cabello en un intento desesperado por no ser arrancada de ese lugar, por recuperarse sana y salva, con el orgullo intacto.
Sebastián la miraba, incapaz de apartar los ojos de su cara, sometido a la violencia de esta verdad que ella le ponía por delante y repetía una y otra vez con la exacta pasión de un látigo manejado por una voluntad impersonal y justiciera. Su sexo erguido temblaba y, sin advertirlo siquiera, la golpeó, derribándola de espaldas sobre el lecho y arrojándose sobre su cuerpo con la misma precisión maniática con que la había golpeado.
Mudo, pálido y furioso, se abrió paso entre sus piernas, penetrándola con violencia y sintiéndose llegar a un lugar desconocido, que lo atraía y rechazaba a la vez en un movimiento pendular oscuramente presentido y deseado.



Perversógrafo: Sexo oral, sumisión, fetichismo, incesto.









La educación sentimental de la señorita Sonia
Susana Constante
La Sonrisa Vertical SV 13, Tusquets Editores
España, 1979
ISBN: 978-84-7223-313-3
136 pág.



lunes, 18 de febrero de 2013

¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor de José Pierre


Este libro me gustó mucho. Quizás porque necesito en este momento algo de pasión o quizás porque este libro no es lo que aparenta. Este libro tiene dos tonos distintos: en un principio es un libro que habla sobre el amor libre y la educación sexual de un joven. Después se convierte en algo más banal......pero no menos entretenido.

La historia está ambientada en los años 50 (probablemente). Francis es un chico que está por cumplir 17 años, es el hermano menor de una familia tradicional, pero de ideas algo liberales. El hermano mayor, Philippe, esta por terminar su carrera de ingeniería cuando anuncia que en cuanto se gradúe se casará con su novia, Teresa.

Para no descuidar sus estudios, Philippe se concentra en sus estudios y deja de cachondearse con Teresa. Utilizan a Francis de chaperón para todas sus citas. Francis cae enamorado de una Teresa encantadora, que seduce a quien la trata.

Un día, Teresa aprovecha el descuido del hermano mayor y mete un dedo en la boca de Francis. El le responde pellizcándole un pezón y ella se deja hacer. Un buen día ya los tenemos encamados en el departamento de ella. Hasta aquí la historia es tierna y excitante. El autor no había metido el sexo explícito en todo esto, pero los textos son impresionantes.

Y, en un momento dado, jugando, me puso entre los labios una cereza en orujo. Lo que siguió se produjo con tal rapidez y precisión que nos quedamos un instante como heridos por un rayo: en el mismo momento en que mis dientes se cerraban sobre la cereza, el pulgar y el índice de mi mano derecha llegaban a la punta del seno izquierdo de Teresa con una seguridad tanto más sorprendente cuanto que ella, de espaldas a la chimenea, única fuente de luz, era para mí sólo una silueta a contraluz de trazos indiscernibles en la oscuridad. Y como el gesto de la recolección hizo madurar repentinamente el fruto, la cereza que tenía en el extremo de mis dedos tenía casi el mismo tamaño que la que mordía. Este episodio puede parecer grotesco o inventado, pero me imagino que lo mismo pasa con tantas de las cosas que sin embargo se producen efectivamente todos los días. He de confesar que este doble gesto no ha dejado de emocionarme y sorprenderme, tanto por su simetría perfecta como por su vertiginosa exactitud. Teresa, que podía leer en mi rostro iluminado por la luz del fuego las señales de una alegría tan intensa como fugitiva (mientras el suyo permanecía en la sombra), se puso a reír suavemente.


Unos días después, borrachos en la casa de ellos, se les desnuda y los excita bailando. Los desnuda a ellos y baila restregando su cuerpo al de ellos. Se exhiben ante Francis teniendo sexo. Teresa llega a proponerles un trío. Francis está celoso de su hermano, pero Philippe no parece tener vergüenza ni celos.

Entre los tres, se hace una amistad muy bonita, donde Francis es el protegido y el iniciado, al que se le trata con cariño. Un día que Philippe los deja solos 10 minutos, Francis la masturba violentamente y le mete los dedos por cuanto agujero le encuentra. Ella parece no tener remordimientos.

Aquí es donde el relato se comienza a descomponer. Teresa los invita a una orgía en un castillo, orgía marcadiablo que se llevará a cabo en unas semanas. Para enseñar a Francis a bailar, lo lleva a un bar de lesbianas en el que Teresa era asidua. Para enseñarlo a chupar como una lesbiana se lo lleva a su departamento. El se vuelve un pornográfico.......uno muy bien escrito, por cierto.

Teresa le presenta a Francis una "novia" lesbiana,  les promete a ambos que el día de la orgía serán "matrimonio". Luego se lo lleva a su departamento y tienen sexo anal violento.


 —¡Esta vez te voy a convertir en marica! ¡Tu regalo de cumpleaños será mi culo!
Nos desnudamos y colocó de un modo especial sobre la cama, almohada, cuadrantes y cojines (tras quitar el patchwork, naturalmente, y abrir las sábanas). Luego fue hasta lo que constituía su especie de cuarto de baño y volvió provista de un tarrito de loza blanco. Para mi instrucción, y sin duda también para demostrarme que estaba dispuesta a que sus actos fuesen acordes con sus palabras, me anunció:
—¡Ensayo de la gran escena del palacio de V...!
Como jugando, revistió el extremo de mi verga erecta con un ungüento fresco y untuoso con el que ungió también, con dedo vivaz, el surco entre sus nalgas. Luego se arrodilló sobre los cojines con el culo en pompa al borde del lecho, de tal manera que, agarrándome a sus caderas, bastaba con flexionar las rodillas para mantenerme a su nivel.
El exceso de lubrificante tuvo un efecto idéntico al de una capa de hielo: derrapé varias veces, tanto al norte como al sur del objetivo. Aquello nos hizo reír, pero noté que se ponía nerviosa: no debía continuar con mi torpeza mucho tiempo. Me eché hacia atrás primero y acaricié ligeramente su sexo, luego hice circular un dedo por el estrecho pasadizo que me estaba destinado. Los temblores que le recorrieron el espinazo preludiaban una suavización adecuada: a despecho de la aparente desproporción, conseguiría cruzar el umbral. De hecho, me interné por allí como una piedra se hunde en un pozo, mientras ella lanzaba una especie de rugido sordo cuya única motivación no estaba, evidentemente, en el dolor. Mi deseo, incierto por un momento, se hacía más y más imperioso, y una a modo de televisión interior destellaba en mi cráneo, permitiéndome suponer con breves intermitencias de luz, que ponía en función todos los órganos internos de Teresa hasta el punto de florecer ya en los labios (¿traspasada?) al extremo de mi crecimiento subterráneo. Nunca más he vuelto a experimentar la novedad de las sensaciones que me proporcionaba aquella unión.
Por su parte, Teresa rugía más y más fuerte, y nos entrechocábamos con empellones brutales, de una bestialidad total, yo esforzándome por sumergirme aún más profundamente en su culo, y ella tornándose (o así me parecía) más y más abisal. La fatiga se presentó antes que el éxtasis. Perdí pie y me derrumbé sobre la cintura de Teresa. La liberación se presentó en aquel momento en que la inmovilidad nos tenía fijos en península desconocida, lejos de las tierras exploradas: oímos largo rato, entre el fragor tempestuoso de nuestras respiraciones encabalgadas, algo como el cabrilleo de una fuente entre la arena.


Después de mucho cachondeo, llega el momento de la orgía; orgía que durará la mayor parte del libro. Se trata de una especie de culto amoroso para el descenso de la lujuria sobre los concurrentes; una idea de Teresa y uno de sus ex-amantes; un castillo alejado del mundo, bastante sadeano (aunque nada sádico).

Los tres invitados de Teresa están enamorados de ella y no le pueden negar nada. La orgía aparenta estar perfectamente organizada y con itinerarios qué cumplir, aunque lego al autor se contradice un poco. Bueno, para  no entrar en detalles, todos se comparten las novias, nadie se encela de nada y el autor parece tener una fijación por el sexo anal que se refleja en enculadas y gritos de dolor y pasión por muchas páginas y se repite con cada protagonista. Por alguna razón, esta parte de la historia me recordó la novela "La rosa del amor", que algún día comentaré.

Cuando Philippe y Teresa se casan, los padres de ellos les dejan el departamento unos días mientras ellos se van a vacacionar a Canarias. Aquí llega el intercambio total; las siguientes semanas serán un revoltijo de cuerpos y fluidos que al final ya no entiende uno nada.

Teresa comienza a platicar la historia de cómo su padre la sedujo y la inició en los placeres refinados del sexo. Varios otros protagonistas cuentan sus historias........la novela se muere de falta de oxígeno.

Al final el autor decide terminar el relato. Los casados se van a Camboya y so cojen a todo el país, dejando el departamento con una pila de sábanas almidonadas de semen, manchas de la regla, vino, esperma, colillas y rayas de mierda.

¿Quién es el autor? Eso es lo más increíble; me entero que José Pierre fue un artista del movimiento surrealista, alguien famoso y que el libro es un halago a Sade y una pieza admirable de surrealismo leve, como El inglés descrito en el castillo cerrado, pero sin violencia.

El libro fue escrito en los 60´s, pero clandestino por 10 años. Los temas son recurrentes en el trabajo de Pierre: chicas núbiles sin pecado o culpa; la transgresión y el eterno problema de la frontera entre el libertinaje y el amor, que para el autor no tienen relación.


Una maravilla que Tusquets no supo vender adecuadamente.




Perversógrafo: Sexo oral, vaginal, anal, exhibicionismo, masturbación, dedos en los agujeros, lesbianismo, felación, cunilinguo, beso negro, homosexualidad, pornografía, , voyeurismo, exhibicionismo, bisexualidad, virginidad, cuartetos, tríos, 69, desvirgamientos, sandwich, juguetes sexuales, incesto, ¿Qué mas?


¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor
José Pierre
Tusquets editores, La Sonrisa Vertical 120
España, Diciembre 2002
ISBN: 978-84-8310-846-8
200 pág.


jueves, 17 de enero de 2013

Alevosías de Ana Rossetti

Hay libros eróticos, sobre todo los clásicos, que tratan temas recurrentes: la pobre muchacha que pierde su virginidad y se mete al mundo de la prostitución, y comienza un relato muy típico de época. Este libro no es así.

Alevosías ganó el premio "La sonrisa vertical" en el año de 1991, lo cual nos da una idea de que no se trata de un libro típico. Lo que no encontraremos en este libro es sexo consensual entre adultos maduros. No vamos a encontrar encuentros eróticos amorosos. El título del libro describe a la perfección lo que encontraremos en ocho cuentos: sexo con alevosía (y la mayor parte de las veces sin premeditación).

Lo que me queda muy claro es que no me gustaría tener como enemiga a alguien con una imaginación tan despierta, y con tal acierto para planear venganzas como la autora hace gala en este libro.

En los cuentos hay temas recurrentes: la confusión que una incipiente homosexualidad puede causar; la fiereza con que un ser despechado puede urdir una venganza; la confusión del despertar sexual y las consecuencias desagradables del desamor.

Las descripciones de las sensaciones eróticas son muy femeninas, novedosas, elegantes: los pezones como centro del placer, las orejas como punto para seducir a una pareja y el sexo anal como una imagen erotizante recurrente. Ojo, no el sexo anal como una práctica sexual especialmente agradable o desagradable, sino como imagen o idea que despierta la lascivia.

Las alevosías a las que hace referencia la autora no son necesariamente sexuales (violaciones), se trata más bien de cómo nuestras pasiones o sentimientos nos sucitan reacciones inesperadas.

En Del diablo y sus hazañas, tenemos el típico cuento de iniciación de un niño a los deseos y a la sexualidad adolescente. Un niño tan poco informado que pronto confunde la pasión con el diablo y se tira sobre cualquier persona que le despierte deseos. En el cuento  Et ne nos inducas, tenemos algo parecido, entre los novicios de un convento y el padre confesor, quienes sienten una violenta atracción por un bello compañero. Mientras en el primer cuento, la pasión sexual es atribuida al demonio, en el segundo cuento es atribuida a la falta de modestia. Ambos cuentos proponen soluciones opuestas e igualmente equivocadas.

En La noche de aquel día, una mujer recuerda sus infantiles escarceos sexuales con su hermanita, quien acaba de contraer matrimonio. Recuerda cómo la desvirgó para  tenerla siempre para sí, pero se da cuenta que ella, al haber permanecido virgen, es quien ha llevado una vida de soledad en la ciudad, mientras la hermana ha disfrutado con la mitad del pueblo. Allí mismo decide fornicar con el primer hombre que encuentre.

En Siempre malquerida, tenemos el caso de una mujer sin suerte para el amor, y con más deseos que posibilidades de cumplirlos. Ella urde toda clase de planes de venganza, aunque la venganza no le quita las ansias sexuales. La abandonan, o tiene maridos célibes o le tienen asco a su cuerpo. Siempre hay una venganza posible.

En La cara oculta del amor tenemos un cuento que si no fuera tan siniestro, sería de humor negro: un hombre viola a su novia por culpa del ex-maestro y mejor amigo de ambos, quien, despechado, está empeñado en destruirle la vida. ¿o no?

 Pronto, entre sus muslos, la blancura de una vaina, al agitarse, hacía relampaguear la apretada violeta que descubría y ocultaba. Marcos, susurraba la cinta, Marcos... voy a correrme, voy a vaciar mi leche sobre ti, voy a ahogarte. Y los labios de Marcos se entreabrían y, al igual que un animal estira inútilmente la cadena que lo atrapa, su lengua oteaba, succionaba el aire para arrancarle alguna gota del denso aluvión garantizado. Una gasa transparente y resbaladiza relucía en su boca. Marcos, continuaba la cinta, Marcos... voy a encularte, voy a romperte el culo con mi polla. Y la saliva de Marcos, como el aceite sobre una herramienta, inundaba la mano inactiva que, al instante, comenzaba su labor. Llegaba a los aledaños de la grieta que dividía sus nalgas y se deslizaba hasta el fondo del valle. Allí sus dedos presionaban con sabiduría hasta que la carne cedía al fin, alisaba el borde arrugado de su hermético agujero, distendía su conducto acolchado para, una vez absorbida su presa, estrecharse, ajustarse en torno a ella como un molde. Marcos, Marcos... tengo aquí lo que quieres, lo que te mereces, Marcos. Tengo un látigo con nudos, con púas para destrozarte. La espalda de Marcos se arqueaba, se tensaba impulsando su vientre en un espasmódico vaivén. Y su cuerpo se crispaba como horadado por uñas de diamantes y aceleraba su ritmo como sacudido por invisibles lenguas de cuero. Marcos... voy a reventarte, voy a clavarte el mango de mi fusta, voy a hincarte el cañón de mi revólver, Marcos. Y un, dos, tres dedos de Marcos desaparecían en el elástico túnel y volvían a emerger con la precisión de un pistón bien lubricado. Voy a dispararte el chorro de mis cojones, a orinarme en tu boca. Marcos. El aro que formaban el pulgar y el índice sobre la húmeda ciruela del glande se ocupaban frenéticamente de que fuera eyaculando todo el nácar, abatida la altivez, la dureza amansada, mientras la cinta exhalaba un penetrante pitido señalando el final de la ceremonia.


Los ultimos tres cuentos,  La castigadora,  La vengadora y  La presa son el realidad una trilogía; un cuento engarzado desde el punto de vista de tres personas. Una mulata, creyéndose despreciada por un hombre impotente, busca a una modelo para hacerle unas  fotografías falsas para que al imprimirlas piense que le fué infiel a su mujer. Su mujer, al descubrirlo, molesta porque piensa que esa es la razón de la falta de sexo, no reclama, pero le hace llegar señas y cartas de esa noche que él no recuerda. Pronto comienza a ponerle cartas insistentes donde le recuerda su impotencia, pero le dice que ponga empeño con su mujer. El se obsesiona por la inexistente chica que le escribe, despertándole a la bestia que dormía, pero a la vez haciéndolo cambiar.

 »Y no te apures, baby. Estuviste magnífico, en serio. Fuiste como una ola: llegaste a donde pudiste y cuando pudiste llegar. Así son las cosas y hay que tomarlas como son. Sólo siento no haber tenido ocasión de lucirme a conciencia, no haberte hecho una verdadera demostración de lo bien que puedo desenvolverme. Tú hiciste toda la faena. O casi toda, no digas que no, no seas modesto, pero los demás también querríamos presumir de habilidades. Pero puedo ponerte un ejemplo de ellas, baby, me siento inspirada.
 »Verás: te imagino aquí, conmigo, tendido a mi lado y deseo con todas mis fuerzas emplearme a gusto en disfrutar de ti. Y por eso voy a quitarte el pijama, suave, muy suave, preparándote, baby. Te acaricio: los costados primero, mientras mi boca bebe de tu boca y mis muslos atenazan los tuyos. Van subiendo mis dedos hasta tus hombros, van desabrochando la chaqueta... Y desciende mi boca marcando por tu pecho su sendero de saliva. También se mojan tus piernas entre mis muslos... ¿no lo notas? Di.»
....
«Practica esto con tu mujer. Es mejor ensayar con alguien que no espera de ti grandes prodigios, para no correr el peligro de quedarse cortos en otras circunstancias más comprometidas. Chao, baby. Por cierto, ¿cómo salieron las fotos?»

Me recuerda levemente el libro "Patrañas de Self Will", pero sin el elemento del sexo extraño. Este es un libro excepcional.



Perversógrafo: Masturbación, sexo oral, vaginal, anal, homosexualidad, sueños húmedos, infidelidad, virginidad, seducción, flagelación, violación.



Alevosías
Ana Rossetti
Tusquets, Editores
España, Marzo 1991
ISBN: 978-84-7223-300-3
208 pág.



miércoles, 26 de diciembre de 2012

A los pies de Omphalos de Henri Raynal

Una vez, llegué a casa y mi padre estaba viendo una película en la que un monstruo perseguía a una muchacha. Cuando la chica se encerraba en el baño, el monstruo caía al suelo y se "quebraba" en cientos y cientos de pequeños demonios que pasaban por debajo de la puerta.
Después de reír un buen rato, pregunté a mi padre porqué veía una película tan mala.
--Sólo quiero ver cómo le van a hacer para ponerle un final.

Bueno.........hay historias así y esta es una de ellas. ¿Qué tenemos aquí?

Un libro erótico, sobre un sumiso y una mujer a la que le gusta humillar a los hombres. Una historia donde no hay sexo. ¿Puede un libro llamarse erótico si no tiene sexo? Si, si se puede.

Cuando un anciano caballero muere, deja su herencia a la criada en lugar de heredar a su sobrino (el sobrino del carcamal, no el de ustedes.....vamos a llamarlo Luc) La criada, Matilde, es joven y bella, pero bastante huraña con los hombres, casi indiferente a ellos. El desheredado sobrino, más joven que ella, la ama en secreto desde hace años.

En unas cuantas páginas, Luc pasa de quedarse un par de noches en la casa del tío a ser el sirviente de la antigua sirvienta. Matilde pasa de ser la sencilla criada a la malévola ama del muchacho, a quien golpea y esclaviza como una venganza contra todos los hombres que la han deseado (Que han deseado a Matilde, no a usted......bueno, ya van entendiendo).

Primero te piden una les lleves el desayuno, luego ya te golpean por cualquier cosa, y al último terminan por prohibirte la salida de casa. Suena como cualquier matrimonio, pero la historia apenas comienza, porque resulta que Matilda, ahora rica y sofisticada, contrata a Lina, una malvada criada a quien Luc debe obedecer ciegamente.

Lina, inicialmente se asusta del trato tan indigno que le dan a Luc, pero pronto aprende a sacar placer de la situación, y participa activamente en los castigos. Un día Luc se atreve a besar a Matilde, quien monta en cólera y lo ata desnudo en el desván. Lo deja suspendido toda la noche.



La voz breve de Matilde lo sacó de su contemplación.
—Tráigame una cuerda, rápido —ordenó a Lina.
Y en cuanto la criada regresó:
—Ven aquí, esclavo mío —dijo, quitándose los guantes.
Luc se levantó. Ella cogió la cuerda que le tendía Lina, hizo que Luc pusiera las manos a la espalda, las tomó y las ató. En el momento de ese contacto, de esa apropiación un estremecimiento recorrió a Luc de la cabeza a los pies.
Matilde le volvió a exigir que se pusiera de rodillas.
—Vamos —le ordenó a Lina—, pero no se aleje.
Se separó de Luc, lentamente, retrocediendo. Una extraña sonrisa, segura, amplia y contenida al mismo tiempo, flotaba en sus labios.
Luc la vio descalzarse, levantarse, llevarse las manos a la espalda, desabrocharse el vestido, liberar los brazos. Se lo arremangó y se lo quitó deslizándolo por encima de la cabeza. Su sonrisa se volvió más cruel, sino soberbia, lasciva, tiernamente incitante, despectiva.
«¡Mira!» parecía decir, «aquí tienes al despojo de la muñeca, ahora se convierte en mujer y se emancipa, ¡conténtate con ese trapo!» Con un gesto negligente, Matilde tiró su vestido a la cabeza de Luc.
……
Hela aquí desnuda, con esa desnudez integral, de una sola pieza
que ya nada eclipsa, recipiente de luz oculto, y surgido de pronto del apagador. ¡Desnuda, pero nada friolera ni timorata; acompañada, revestida de la majestad adormecedora y belicosa de su éxito total!
Baila.
Luc olvida hasta qué punto fue humillado. Y también el fracaso de su prematuro impulso, que reventó como un cohete demasiado breve e inútil.
Sigue con la mirada a esta Eva nacida en su presencia, parida en su presencia, extraída de su ganga, aún más hermosa de lo que suponía, con ese pecho a la vez levantado y zambulléndose hacia él, esa ternura densa y maliciosa, ese mármol viviente y luminoso bajo la lluvia y las llameantes lenguas de los cabellos, esa blancura sabrosa en la que bebe, arrodillado, encorvado, como bebería de un astro, de una fuente.
Matilde se detiene, se le acerca de puntillas, lo hace levantar. Lo
empuja en dirección al cuarto de baño. En el centro de la habitación, sobre el embaldosado, coloca una cuba; se mete en ella, y, tras haber desatado las manos de Luc, le indica con el dedo el calentador de agua, la jarra, el jabón y la esponja.
Temblando de emoción y de deseo, Luc se le acerca. Cubre de agua el cuerpo de su ama, oprime la esponja sobre las curvas principescas, esparcidas, sobre la tibieza de su carne hostil; modela su cuerpo, su pecho melodioso, lo pule como un escultor vencido por su obra, ya impotente ante ella.


Una vez que Matilde vende la casa en la ciudad, se mudan al campo. Luc ya es un esclavo, que tiene obligación de limpiar, una bestia a la que se le puede ofender porque no tiene dignidad, se le puede pedir que se quite la camisa para ser azotado, se le puede encadenar o suspender de cadenas por el gusto de hacerlo. Luc sólo es hombre cuando escribe, escribe sus sueños llenos de poesía

Ya en este momento, no se le golpea como un castigo, se le azota solo para matar el tiempo. Lina resulta una perra peligrosa, una mujer cruel a la que le gusta mentir para provocar el castigo. Matilde está tan ocupada en su nueva vida social que le traspasa la custodia a Lina, quien lo maltrata sin darle siquiera un aliciente erótico.

Un masoquismo extraño, porque él mismo sabe que sin el amor de Matilda, la sumisión a Lina no tiene ningún sentido, pero aún así "aguanta vara"......y es aquí donde uno se pregunta: ¿Bueno y cómo le va a hacer este cabrón para terminar el libro?

Matilde ve el masoquismo como dignidad de Luc, Lina lo quiere suplicante....lo quiere destruir.

El libro termina. Termina aceptablemente bien y con un argumento psicológicamente creíble.






POST: efectivamente el que no terminó bien la descripción fui yo, no Raynal ni la película de los pequeños demonios.

El libro es bastante interesante, aunque creo que imposible de encontrar;  tal vez haya por allí alguna versión en electrónico.....no se si completa.

Para Matilde, la dignidad con que Luc lleva su esclavitud es de admirarse. Lina quiere destruir incluso aquello que todavía lo identifica como un humano: sus diarios (Los de Luc.....bueno, ya entienden ;) Luc ya no está contento con que Lina sea quien se responsabilice de él sin siquiera darle algo a cambio.

En el desenlace, Lina le propone a Matilde que venda a Luc a una vecina que lo desea. Matilde se siente ofendida por la propuesta, y Lina le explica que ella se siente así porque en el fondo tiene sentimientos por el esclavo.

Luc escucha que lo quieren vender y, aunque aterrorizado, decide que no reaccionará.

Entonces....¿Lo venden a la vecina o Matilde reconocerá que lo ama?

¿Si te digo que el libro contiene ambos finales aún así suena extraño? Bueno, pues los tiene, un final resulta ser un un sueño y otro.......aparentemente también.



Perversógrafo: Sumisión, dominación, esclavitud, bondage, castigos, masoquismo.




A los pies de Omphalos
Henri Raynal
Tusquets, Editores
La Sonrisa Vertical SV 6
España, Mayo 1978
ISBN: 978-84-7223-306-5
178 págs.





domingo, 25 de noviembre de 2012

Duende Nocturno de Arnaud Delacomte

Aquí estamos ante un libro muy singular en varios aspectos: Por un lado, de estilo; se trata de extractos de un diario íntimo de un enfermo de tuberculosis.

No es el diario de un escritor profesional; ni siquiera la edición es tan cuidadosa para darle una continuidad al relato. Habiendo yo mismo escrito un diario durante tantos años, puedo reconocer el estilo de escritura que hace uno para sí mismo.

Por tanto, no es una novela, no es una historia, no es un relato.......es.....una vivencia o una fantasía; es la plática cotidiana de alguien consigo mismo, mezclado con datos irrelevantes.

Por otro lado, lo que hace tan particular este libro es que se trata de una historia de amor. Si bien ello no es raro en la literatura; el amor y las cosas de enamorados no son comunes en la literatura erótica. Pero no hay que confundirse; no se trata de novela rosa ni de romántica-soft-erótica. Aquí hablamos de sexo duro y sin florituras......lo que me indica que es bastante posible que sí sea un diario real.

Un enfermo de tuberculosis convalece en un hospital de reposo en las montañas del sur de Francia, cerca de un pueblo. Aparentemente tiene una cultura y una inteligencia superior, pero está solo y necesita compañía. Tiene una enfermera Noemia, que es fea (y peluda) en el plano físico, pero que tiene una sencillez extraordinaria: ella es una montañesa cuya cultura parece preceder a los celtas y los romanos; una raza en extinción que vive de manera salvaje incontaminado por la civilización.

Ella, como todo su pueblo, ve en los fluidos sexuales una fuente de poder y magia, por lo que cada semana transita por todo el hospital, limpiando a los enfermos y haciéndoles algún favor.


De vez en cuando, entra en una habitación con sus probetas en la mano y anuncia: «Muestra de orina». Entonces te levantas sin comentarios, pasas al cuarto de baño, te quitas ritualmente el pijama y la dejas hacer. Es ella quien efectúa las operaciones, sola. Toda palabra sería considerada una insolencia. Se apodera del interesado, lo hace orinar uno o dos segundos en la taza del wáter, después en el tubo de vidrio y una vez más en la taza, manejando el chorro con habilidad;  espera a que hayas terminado, sacude con suavidad y, después, sin soltarte, te gira hacia el lavabo. Adora el contacto de los órganos masculinos, sabe manipularlos con firme delicadeza, con tan serenas competencia y autoridad que te abandonas desde el principio. Entonces, te la moja y empieza a enjabonártela con la ciencia de la masturbación, con una intuición de la sensibilidad masculina y una adivinación que jamás había conocido. En efecto, cualquier consejo sería inútil. De las diversas tareas del oficio de enfermera, ésta es, según ella, con mucho la más importante, la única revestida de una especie de carácter trascendente. Deposita en ella toda la imaginación y el esmero de los que es capaz. Al principio, la mano derecha manosea con bastante firmeza hasta obtener la consistencia deseada, dedos por encima, dedos por abajo, alisando o enroscando en toda la longitud, primero la base sola, luego el glande, por momentos con las uñas. A su vez, la mano izquierda se desliza entre los muslos, enjabona las bolsitas, palpa las almendras, las sostiene, las separa, las acaricia, las estira, se adentra por las entrepiernas, presiona con suavidad, introduce un dedo, lo mueve, mete otro… Se empieza a no ver claro. El movimiento de ambas manos está tan perfectamente coordinado que la intensidad de las sensaciones crece en vertiginosas oleadas, que ella percibe de inmediato, reduciendo o acelerando, cambiando de mano o de ritmo sin siquiera levantar los ojos, con misteriosa intuición. Sólo algunos favoritos están autorizados a acariciarle durante la acción el lomo o los hombros por encima del vestido. En calidad de Número uno, puedo permitirme levantarle silenciosamente la blusa, colocar una mano sobre la piel y acariciarle la espalda, desde la braga hasta el sostén.

Noemia es un personaje interesante; al grado que uno desearía que ella hubiera escrito el libro, aunque no fuera erótico: delgada y con 35 años, ella misma había sido una enferma de tuberculosis, aún está en recuperación y es extremadamente delgada; y se ve obligada a trabajar en el hospital para recuperar la salud.

Ella es hosca y huraña con todos, pero pronto se enamora del autor. Pronto sabemos que ella ha jurado no tener coito con ningún hombre antes del matrimonio, debido a un juramento a su abuelo. Y ese es el nudo de la historia: dos enamorados; uno casado y enfermo y la otra enferma, pobre y célibe.


Ella era creyente en las cosas del bosque, cosas antiguas, de la montaña y no estaba contaminada por la ciudad o la sociedad; no veía en la sexualidad nada malo, sólo había jurado no tener coito. Arnaud parece aprovecharse de esta situación, y le explica que si ella usa su semen para curarse, lo mejor es tomarlo "directo de la botella", y la entrena en el arte del sexo oral. De un modo asombroso, la salud de él empeora, mientras ella se recupera.

Y allí comienza el idilio, buscando momentos para estar juntos, para dormir un rato abrazados o para escapar del hospital y pasar un fin de semana en el pueblo, en el cuarto de ella; o para irse de día de campo a las montañas. Mientras a Noemia el amor parece hacerla recuperarse, él tiene varias recaídas.

El punto es que, imposibilitados para tener coito vaginal, ellos se ven obligados a ingeniárselas para hacer otras cosas mientras ella consulta a su pueblo si sobre ella recae un juramento inviolable o una promesa de una adolescente a un muerto, por tanto, sin valor.

Ya hacia el final, descubrimos que Noemia tiene una vena masoquista, y pide ser flagelada, para disgusto del narrador. Juntos descubren los juegos anales y aprenden a "jugar en la entrada sin meterlo". Lo asombroso es que, aunque al principio uno piense que él se aprovecha de la ignorancia de ella, junto con la mejoría física, ella deja de ser ese conejillo asustado, esa bestiecilla del campo, y pasa a ser una mujer, inteligente, pensante, con planes y proyectos, que disfruta la sexualidad y tiene ansias de aprender para hacerse una enfermera de verdad.


Pase lo que pase ahora, nunca me quejaré porque en pocos meses habré tenido más de lo que tienen las mujeres en toda una vida. ¿No te parece que, de cuerpo, corazón y espíritu, estoy convirtiéndome en toda una mujer? La trasformación no es completa. Todavía no tengo un hijo ni un verdadero oficio. Pero tal vez tendré pronto todo esto, gracias a ti. Me he hecho mujer por ti, ¡de arriba abajo -y su mirada ríe- y de adelante para atrás!


Todavía el sexo anal es creíble, pero en el último tercio del diario, comienzan practicas que ya se antojan invenciones o al menos exageraciones o fantasías: sesiones de fotografía pornográfica, tríos, lesbianismo, Noemia se dice casada con él y comienza a conseguirle amantes, deja de usar ropa interior para excitar a los otros enfermos....no sé.....alucinaciones de un tuberculoso. Pasa de descripciones de mimos a orgías.


Quito la polla, la refresco dos segundos y vuelvo a deslizarla en el chocho; después , rozo el botón que se hincha enseguida. ¿Todo bien, gatita? Muy bien, querido. No me has hecho ningún daño. Puedes volver a hacerlo, ¡pero no dejes de frotar! Salgo del conejo y vuelvo a abrir el ojete. Esta vez la penetración se hace sin problemas. Impresión de succión. Aumenta el placer. Suculento deslizar. Entro y salgo con facilidad. Perfecta flexibilidad del ojete. Noemia también empieza a gozar; me aprieta la mano y gime. Termino antes que ella, pero sigo entrando y saliendo sin dejar un segundo de frotarla. Goza. Caemos de lado. 

...


Acaricia con un dedo la polla y los huevos, y pone mala cara: Míralos, pobrecitos, ya ni me reconocen. Míralos, enroscaditos. ¿Qué deducir de esto? Que deben estar muertos. Ella levanta el pito por la piel del dorso y da un lengüetazo a los huevos. Nada… Creo que nunca más se recuperarán. Succiona el nódulo: ningún efecto.

Como toda historia de amor que se precie, el final es muy, muy triste. El autor dice ser un industrial de París y su vivencia parece real (aunque aderezada al final).



Mi impresión: la selección del título del libro es pésima; aunque Noemia pensaba que los espíritus del bosque eran sus antepasados, ni vivos ni muertos sino espíritus milenarios de la tierra, ella nunca se consideró a sí misma un duende. Este libro es bien diferente, vale mucho la pena, aunque es difícil de conseguir.






Perversógrafo: Sexo oral, anal, masturbación, azotes, 69, lesbianismo, tríos, exhibicionismo,




Duende nocturno
Arnaud Delacompté
Tusquets Editores,
La Sonrisa Vertical 36
España, Noviembre 1983
ISBN: 978-84-7223-338-6
216 págs.


martes, 3 de julio de 2012

El ama, memorias de una dominadora de Annick Foucault

Trabajar entre 16 y 20 horas al día es lo que yo llamo masoquismo.....este mes ha estado bastante masoquista para mí. Después de caer a la mitad en número de visitantes y en entradas en un mes, creo que ya toca que les hable un poco de masoquismo ajeno, el de la literatura.

Casi todos los libros que conozco sobre el mundo de la dominación y el bondage y el sadomaso están escritos desde la perspectiva del dominado. También muchos suelen ser autobiográficos o al menos fantasías eróticas de sumisos.

Desde esa perspectiva, este libro es bastante distinto: sí es autobiográfico, pero está escrito desde la óptica de una mujer dominadora. Yo no se porqué en la mayor parte de estos libros, la frialdad del padre es el culpable de las aficiones masoquistas de las protagonistas, que suelen ser mujeres que buscan llenar el vacío con dolor.

Annick Foucault es en la vida real una dominatrix profesional que se hace llamar  "Maîtresse Françoise". Por profesional me refiero a que cobra por sus servicios y tiene su propio calabozo abierto al público en París. Este libro abre el mundo de la dominación al gran público, con relatos cortos y de buen gusto, sobre situaciones presuntamente reales, aunque algunas veces el relato parece una venganza comercial contra algún cliente.

Creo que la autora trata de cuidar su reputación presentándose desde muy pequeña como una aficionada a la flagelación activa; situación que si bien sucede en niños, no es muy creíble. Después de una infancia miserable, cae en un internado donde una loca monja sádica la convierte en sumisa. Situación que se repite cuando ella encuentra a un marido sádico que la golpea. Yo tengo para mí que esa historia no es real, el marido debe haber sido un patán y no un sádico.

Ella se reconoce con una dualidad: Francoise, su lado dominador, y Marianne, su lado sumiso; pero también reconoce que después de su divorcio no volvió a amar.

Ya en su rol de profesional, ella cuenta historias de importantes ejecutivos casados con aficiones masoquistas, con o sin intenciones eróticas, cintas adhesivas, negros violados, hombres-perro y humillaciones. Hombres prostituidos como mujerzuelas; todo tipo de clientes extraños. Para ella, la humillación es física, no psíquica. Incluso de habla de las relaciones virtuales como una manera de conseguir clientes.

Llega un momento en el libro en que ella se pone a explicar que no existe una sola clase de BDSM, que cada quien busca distintos fines y desde esa óptica una profesional cumple con las distintas fantasías de los distintos tipos de BDSM. También explica que la relación entre sádicos y masoquistas no es posible, que ha sido muy incomprendido el tema porque el sádico no gustará de un sumiso porque el dolor no sería real.


Bastó con que le rozara el trasero para que se convirtiera en la cochina puta que íntimamente deseaba ser. Obligarle a ponerse un cinturón de castidad fue un juego. Tuvo que separarse las nalgas para que yo le introdujera el grueso consolador. No quedaba sino cerrar el cinturón, sin olvidar meterle la polla entre los anillos destinados a impedirle que se empalmara. Después vino el corsé, ceñido como es debido. Las medias completaron la panoplia. Una hembra. Ya no era un hombre, sino una mujer, abierta a todo, con el culo en venta. Sólo faltaba azotarla y someterla. Le hice ponerse encima su atuendo de hombre para salir a cenar. Esa basura ni siquiera podía correr en libertad: una correa atada a los cojones salía de su bragueta abierta.

Un libro interesante sobre verdugos, amos y esclavos. Pero como toda novela (este libro no es novela) sobre prostitutas, hacia el final ella se pone algo presuntuosa y pesada. Algunas vivencias parecen estar de relleno y ni siquiera son suyas.

Resumiendo: Un libro de especialidad. Divertido pero no excitante.



Perversógrafo: sadismo, masoquismo, humillaciñon, anal, flagelación, bondage, trasvestismo, fetichismo, juguetes sexuales, esclavos, lluvia dorada, coprofagia, zoofilia, masturbación, exhibicionismo, homosexualidad, trasvestismo, fetichismo de goma, asfixia erótica, orgías, calabozos, violaciones, sexo a medias.



El Ama: Memorias de una Dominadora
Annick Foucault
Tusquets Editores
ISBN: 9788472237872 
2008


domingo, 6 de mayo de 2012

Diosa de Juan Abreu

Juan Abreu es un escritor excelente, de eso no hay duda. Pero lo que distingue a este libro es que el autor dice no ser el autor del relato original, sino que la protagonista, Laura Valero, se lo hizo llegar en forma de un manuscrito y que él sólo le dio forma.

El autor (o no) tiene un punto que le da credibilidad a su afirmación: La mayor parte de las historias serias sobre dominación y sumisión son escritas por personas que han vivido lo que escriben o que inventan una historia que les gustaría vivir porque gozan de dichas prácticas: "Historia de O" fue escrita por una sumisa para agradar a su amante; En "El ama", Maîtresse Francoise expone una vivencias no demasiado increíbles;  Vanessa Duriés nos regala sus vivencias en "La atadura", etc.

Además, el autor alude a una práctica japonesa, el shibari, que consiste en el arte de atar a un enemigo de manera artística para impedirle que huya. El autor describe con bastante exactitud las prácticas, pero con suficiente ignorancia para no pretender explicarlo. Como si efectivamente alguien le hubiera contado una  experiencia real sin explicarle el significado de lo que escribía.

Pero nuevamente, Abreu es un escritor magnífico y le creo capaz de hacer creer eso al lector.

Laura Valero es una mujer casada y fiel a su esposo (aunque le avergüence ser "normal") que un día decide iniciarse en una relación de sumisión con su marido. Su curiosidad efectivamente inicia cuando observa en internet imágenes de mujeres japonesas atadas artísticamente, que ella equivocadamente toma por sesiones de bondage.

Sus primeras sesiones, bastante inocentes, son someterse a su marido, vestida de sirvienta y recibiendo un par de nalgadas.......nada extraordinario. Pero su esposo (al que comienza a llamar "Amo") le recomienda que ponga un anuncio clasificado buscando un maestro que la inicie en la sumisión. Así encuentran al maestro Yuko, un amable japonés radicado en Barcelona que acepta iniciarla, con miras a utilizar su cuerpo un día en una sesión de Shibari, si ella accede.

En el curso de su entrenamiento, él la convencerá de comer bichos, permitirá ser atada, golpeada, maltratada y robará para complacer al maestro y mantener el interés de Amo. Ella le contará a Yuko sus fantasías de tríos, de ser humillada, de ser un Australopiteco primitivo, de posesiones tipo animal.

Yuko a cambio la ve como una obra de arte, y le comparte su gusto por la literatura y el arte japonés en general, desde la comida hasta la acuarela y el ukiyo-e. El trata de decirle que quiere convertirla en una diosa que se entrega sumisamente (un concepto del shibari).

Considero la experiencia como Sumisa parte fundamental de mi desarrollo vital. La atesoro en mi alma. A ella debo los momentos de éxtasis sexual y humano (¿debo agregar estéticos, religiosos?) más profundos y enriquecedores de mi vida. Ha servido para unirme más a Rodrigo, para amarlo más, para fortalecer nuestro amor.

Un día, Laura accede a ser convertida en diosa (algo que aparentemente sucede en las sesiones de shibari) y la llevan vendada al piso donde vive el maestro. Allí sucederá el momento más extraño del libro: una sesión pública donde la atan en silencio ante un público selecto y conocedor; la abofetearán para que esté sumisa; la azotarán para ablandarla y la bañarán....porque su cuerpo será el lienzo de la creación viva de Yuko.

Ella será atada desnuda: tobillos, lengua, ano, piernas, cabello...la colgarán de una viga para admirarla....ella tendrá un orgasmo allí. Después pintan una obra de arte con cera caliente sobre su cuerpo. Le ponen una vela en el ano y la usan para prender los puros. La sesión termina en una orgía en la que ella no participa.....ella está en otro plano ante los presentes....ella ahora será reconocida como la mujer que fue diosa por una noche.

Yo no gusto de la lectura de sumisas; pero en este caso debo reconocer que todo es de muy buen gusto. Es difícil sentirse ofendido con esta lectura tan amable y corta. Laura goza, disfruta, se extasía y sublima describiendo cómo la maltratan. Lo que siente es una especie de exaltación mística.

Algunos pasajes de esta historia parecerán brutales. Lo son. Los rituales del sexo suelen serlo. El sexo es un territorio regido por la violencia y el abandono de las reglas. Pero en esa violencia suele habitar una indescifrable ternura. Muchos pensarán en términos de perversidad y depravación; yo respondo que donde hay amor, aprendizaje, superación y autenticidad no hay suciedad ni pecado.
No tengo nada de qué avergonzarme.
A los que vean en lo que describo un mero ejercicio de exhibicionismo, les recomiendo aproximarse a este relato como a una curiosa pieza antropológica.

A mi me gustó el libro, a pesar de que est tema es "de especialidad" y de que yo personalmente no guste de leer de una mujer teniendo un "Amo", el relato es bueno y el autor es muy respetuoso. El personaje mejor logrado es el maestro Yuko, quien es un maestro gentil con una gran apreciación por la belleza.




Perversógrafo: Masturbación, sexo oral, anal, vaginal, sumisión, spanking, bondage, dominación, humillación, fetichismo.

Diosa
Juan Abreu
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 128
España, Febrero 2006
ISBN: 978-84-8310-457-6
168 pág.




lunes, 9 de abril de 2012

Llámalo deseo de José Luis Rodríguez del Corral

Hay una enfermedad gravísima que se llama "El mal del zopilote estreñido", que se dice afecta a aquellas personas que "se la pasan toda la vida planeando y nunca obran", como hace el constipado buitre. Hay libros completos sobre estas personas que me traen tan malos recuerdos que en general me causan repulsión.

Este es uno de esos libros....y no. La diferencia es que en este libro, todo les sale bien a los protagonistas en el largo plazo, por lo que también me debería traer buenos recuerdos.....pero no estamos aquí para hablar de mis historias sino de las historias de OTROS tipos raros.

Aquí uno de los ganadores del concurso La Sonrisa Vertical, el último premio, a decir verdad, el del 2003. Un libro simple de leer, en cuanto a que sólo tiene cuatro personajes. Cuatro personajes con una visión distinta del erotismo, una historia de cómo desarrollan ese erotismo-embrionario y lo convierten en un erotismo vivo a través de compartirlo entre ellos.

La historia juega todo el tiempo con los conceptos de sumisión, cacería, seducción, bondage, dominación y entrega; pero no se puede considerar que sea una novela de especialidad. Tampoco se puede decir que se explote el sexo como una manera de llamar la atención, ya que apenas se cuentan unos cuantos encuentros sexuales en el libro.

Héctor es un burócrata joven y poco atractivo, con fantasías sexuales de mujeres atadas y en un estado de inconsciencia. La mayor parte del tiempo libre se la pasa buceando en el fondo de la piscina como un escape a la realidad. Es virgen, adepto a lo cómics, a la pornografía y a la masturbación.

Belén es una chica que se siente poco agraciada físicamente. Tiene un amante de ocasión con el que tiene sexo maquinal y aburrido para ambos. Aunque se siente muy madura, sexualmente hablando; en realidad es una mujer en tránsito hacia la edad adulta. Ella trabaja de dependienta en una boutique, desde donde había visto a Héctor y a otra mujer (Claudia) entrar y salir del sex-shop frente a su trabajo. Ella decide conocer a ambos y ayudarlos a salir de sus demonios sexuales.

Un día, Belén está nadando en la piscina a la que Héctor va a bucear. Héctor la ve en un traje de neopreno que le inhabilita las manos, por lo que su fantasía se despierta. Ella decide seducirlo.

Al mismo tiempo, tenemos el caso de otra pareja; un joven matrimonio de buen ver y buena posición económica, quienes están distanciados sexual y emocionalmente. El acaba de perder los pies en un accidente de motocicleta, deprimido y  muerto en vida. Ella (Claudia), conservadora, apenas se da cuenta de la afición de su marido a la pornografía de especialidad.

En este punto de la historia, Claudia hace algo para "volver a su marido a la vida", en lugar de reclamarle el que tenga fantasías de dóminas BDSM teniendo sexo lésbico, decide rentar películas y dejarlas a su alcance para que deje de sufrir. En el momento (para mí) más emotivo del libro, esto causa que la pareja vuelva a amarse y que él despierte a la vida.

Claudia dice que cuando la gente se enamora o se encapricha se siente hermosa.

Belén cree en el sexo como un algo mecánico, no como una pasión, y ve en la sumisión de Héctor algo humillante. Después de intimar con Héctor, un buen día se emborrachan y decide visitarlo en su departamento, que previamente él había limpiado preparándose por si se daba la ocasión. Héctor se puede masturbar, o puede tener sexo oral, pero no puede tener sexo con ella.

Durante la noche, al encontrarla desnuda, inmóvil e inofensiva, cumple una fantasía con ella y al fin puede completar la faena. Belén comprende sus gustos al fin, al recordar el libro "La casa de las bellas durmientes" de Kawabata aunque no los comparte. Rompe con el amante al ver que el sexo es algo más. Belén se veía a si misma como maestra, y terminó siendo alumna.


Sentía el glande inflamado, grueso, sobre mi vulva, que se abría como una boca insaciable, y con un movimiento hacia arriba me lo introduje y ya no lo dejé escapar. Poco a poco la fui metiendo entera, con ondulantes movimientos naturales, no aprendidos, deslizándola dentro de mi coño suave como la seda, mientras él permanecía tenso y quieto, como si no pudiera creer lo que le estaba pasando, exhalando maravillados quejidos hasta que, incapaz de soportarlo, la clavó hasta el fondo una y otra y otra vez, con brutales acometidas que me zarandeaban entera. Se corrió de inmediato bramando 
como un toro, anonadándome con la potencia brutal de su orgasmo, gratificándome de modo inesperado con un éxtasis que iba más allá del placer físico, colmando un atávico anhelo de posesión y plenitud. No me corrí, quizás con el alcohol no hubiera podido aun de haberlo intentado, pero yo no tenía ganas de tocarme y él no me tocó. 



Desde ese momento Belén comienza a distanciarse de Héctor, que vuelve a la masturbación, pero que ya ha cambiado por dentro.

Desde que Claudia vio a Belén, tan poco agraciada y tan menuda, se le antoja como un buen regalo sumiso para su esposo, con quien las relaciones iban viento en popa gracias a la ayuda externa de los vídeos.

Un día Claudia hace contacto con Belén y le propone hacer un trío. Antes que Belén buscara a Claudia, ella es seducida en lugar de ser la cazadora.


"¡Fóllatela, fóllatela!", rugió salvaje mientras con una mano azotaba mis nalgas enfebrecidas, que no podían dejar de moverse. "Pero bésame a mí, a mí", le dijo entregándole la boca. Su otra mano bajó entonces compasiva y malvada, apoderándose de mi clítoris, atrapándolo entre sus dedos cubiertos de negro satén. "Puta", me dijo, mientras me masturbaba acompañando el movimiento con que entraba y salía de mi coño la polla de su marido. "Puta", repitió, intensificando el ritmo para acabar cuanto antes, cogiéndome a manos llenas el culo. Su cara junto a la mía ante el espejo de los ojos de Luis, que nos miraban desorbitados. Quería aguantar más tiempo, mucho más, pero mi deseo se volvió incontrolable y un latigazo surgido de la misma base de la columna vertebral agitó mi cuerpo, mi coño se contrajo espasmódico apretando el falo, que no lo soportó y se empinó violento para después derramarse en un paroxismo. Un fogonazo de placer deslumbró mis sentidos y me derrumbó, gimoteante, sobre su pecho. Él bramaba como si fuera algo más que un hombre, un monstruo semihumano. Claudia nos contemplaba horrorizada y fascinadaa un tiempo. Había llevado el juego hasta sus últimas consecuencias, implícitas desde el principio.


Para no hacer el cuento largo, en el trío las cosas se salen de control y terminan mal; sin embargo, poco tiempo después Claudia y su marido se van a dar la vuelta al mundo, felices de haber trascendido, y Belén descubre que fue utilizada e ingresada al mundo del sexo adulto.

Sin embargo, los cuatro trascienden y son felices al final.

Las mujeres tratando de hacer que el mundo sea mejor para alguien a través del cumplimiento de sus fantasías; hombres raros o muertos en vida que les dan a ellas algo que no tienen: Fantasía.

También de planear se vive, como los zopilotes, pero si tenemos alguien con quien obrar, la cosa está redonda. Entiendo porqué ganó el prestigiado premio.




Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, masturbación, Sadomasoquismo, vouyerismo, pornografía, bondage, lesbianismo, sumisión, dominación.



Llámalo deseo
José Luis Rodríguez del Corral
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical
España, Marzo 2003
ISBN: 978-84-8310-872-7
192 pág.

sábado, 21 de enero de 2012

Venus en India de "Charles Devereaux"

Esculturas eróticas del templo de Khajuraho, en la India 
Entre tanta basura porno-victoriana producida a finales del antepasado siglo, creo que podemos rescatar este libro. Un diario de viaje (erótico) de un oficial inglés enviado a Afganistán. El libro es francamente pornográfico, con detalladas descripciones de los actos sexuales del narrador, si bien de bastante "buen gusto" (si eso existe en la pornografía) y sin demasiados cochinitos en su narración.

El autor abiertamente admite que está escribiendo unas memorias para un público femenino....toda una curiosidad victoriana, de consumidor habitualmente masculino. El primer tomo del libro salió de la imprenta en Amsterdam en el año de 1889, por el impresor de novelas de "ese tipo" August Brancart, quien también "parió" Mi vida secreta, el gran anónimo victoriano. El segundo tomo es ligeramente distinto en estilo, más del tipo de novela romántica, y creo que se imprimió en 1905.

No se necesita demasiada imaginación para suponer que el tal "Charles Devereaux", si bien parece haber existido, no es el autor del libro en cuestión. Venus en India o "Avernturas amorosas en el Indostán" trata, en boca de su autor de "Cándidas memorias de un oficial del Ejército hindú, más aficionado a las artes del amor que a las de la guerra". El autor parece haber sido un tal Mayor Crommelin Henry Ricketts, official retirado del ejército  en 1871 tras 21 años de servicio en el quinto batallón de caballería. La novela está bien escrita, por una persona culta y quien definitivamente conoce de lo que habla (el frente de guerra, no sean mal pensados)

El título en cambio, es una mera estrategia comercial; a la novela se le puede exprimir el racismo y se reduce a los tratos entre ingleses en la frontera con Afganistán (entre ingles inglesas). Si se trata del frente de guerra, no lo sabemos, ya que la mayor parte de las descripciones que el tal Devereaux hace son de sus días francos, que parecen ser casi todos.

Charles Devereaux, un joven supersexual, deja a su esposa y a su bebé en casa para ir al frente de batalla. En unas barracas donde se ve obligado a hacer una parada de varias semanas, se consuela entre las piernas de Lizzie Wilson, una mujer  que viene a ser la contraparte hipersexual del caballero en cuestión y quien está sola, esperando para ir junto a su cornudo marido.

En su vida en la barraca, lleva sus relaciones con toda discreción, teniendo oportunidad de enterarse de los  chismes de su superior, cuya mujer se hizo prostituta a causa de que casi fue sodomizada por el superior.

Esculturas eróticas del templo de Chitragupta,
en la India
Algo que me parece muy interesante, es el trato que el tal Devereaux le da a ese superior en particular, ridiculizándolo, haciéndolo ver como violador demente, como aficionado a los muchachitos, como cornudo de una ramera, como un vergüenza para el ejército y como un loco desquiciado. Ese personaje debe estar basado en alguien a quien el autor despreciaba malamente.

Lizzie convalece después de casi ser violada por dicho energúmeno; y en su convalecencia narra la historia de cómo fue seducida por un soldado a la edad de trece años. Ellos dos parecen estar enamorados, pero deben separarse para seguir sus caminos.

En el segundo libro, Charles Devereaux viaja a las montañas colindantes con Afganistán, prácticamente el frente de guerra. Allí se enamora de las tres hijas de su superior. Especialmente de una de ellas, Fanny, quien es la imagen juvenil de Lizzie.

Aunque este segundo libro es más extenso, toda la historia es más lenta, al tipo de novela romántica más que de escrito pornográfico. En una escena, repitiendo la historia del primer tomo, salva a Fanny de ser violada por un gigante afgano, no así a su hermana Amy, quien es terriblemente enculada (pero conservada virgen para fortuna de Charles)

Al final, termina teniendo relaciones con las tres chicas, se supone que la criada, versada en el Kamasutra, las había inducido precozmente al sexo. Aunque el título alude a los recientemente descubiertos manuales hindúes, no encontramos sexo hindú en el libro, lo que tenemos es un sexo muy victoriano.

¡Dioses! Me lancé sobre la encantadora criatura y al momento estaba sobre ella, entre sus muslos abiertos de par en par, descansando en su hermoso busto. ¡Qué elásticos parecían sus bellos senos apretados contra mi pecho! Y qué suave, qué inexpresablemente deliciosa era su caverna mientras enterraba pulgada a pulgada mi Juanito allí, hasta que mis pelos se mezclaron con los suyos y mis huevos colgaban o más bien se apretaban contra su encantador trasero blanco. ¡Y qué mujer para poseerla! Cada uno de mis movimientos provocaba en ella una exclamación de deleite. Oyéndola pensaría uno que era la primera vez que sus sentidos habían sido poderosamente excitados desde sus cimientos mismos. Sus manos no quedaban quietas jamás; paseaban sobre mí, desde la nuca hasta los íntimos límites de mi cuerpo donde lograban llegar. Era simplemente perfecta en el arte de dar y recibir placer. Cada transporte mío era devuelto con interés, cada loco empellón encontraba la correspondiente sacudida, cuyo efecto era hundir mi máquina hasta su última raíz.


Un punto muy curioso es el cariño que muestra por las mujeres de las que se enamora, cuidándolas y protegiéndolas al extremo y con gran ternura. Lo feo del caso es la atracción pedófila por una niña de 12 años. Lo bonito es que las mujeres se entregan con ternura, buscando su propio placer.

Curiosa la atención que da a la descripción de los anticonceptivos, la insistencia en la importancia de la virginidad; el repudio a la "sodomía" y a la violación, la desnudez como un recurso erótico insólito en la Inglaterra victoriana, y el racismo siempre presente.

Al final hay referencias al tercer volumen, uno que nunca parece haber sido editado.




Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, anal, masturbación, violación, pedofilia, infidelidad, prostitución, 69, desnudez, voyeurismo, exhibicionismo.

Mi edición es de Bruguera, de "circulo de lectores", pero hay otra en español:


Venus en India
Charles Devereaux
Septiembre 1979
La Sonrisa Vertical SV 17
ISBN: 978-84-7223-317-1
288 pág.

martes, 22 de noviembre de 2011

Púrpura profundo de Mayra Montero

Leda de Lukas Kandl 
¿Qué vas a hacer con tu vida el día que llegue tu jubilación? Es muy fácil decir que tomarás las pantuflas, el chocolate y la bata y te irás al sillón a terminar de leer todo lo que no has leído en estos años.

Mayra Montero tiene otra respuesta para Agustín, su personaje: un escritor de reseñas musicales de un periódico, en mi opinión un desagradable tipo que nunca ha amado a su mujer y no soporta a sus nietos: se dedicará, al menos por un tiempo a darle gusto a un ex-compañero Sebastian, y redactar las memorias de su intensa vida erótica, con especial cuidado en la descripción de sus encuentros homosexuales.


El protagonista y narrador pocas veces estaba en su casa, su esposa sabía de sus continuas infidelidades pero parece no importarles, su relación no se basa en el enamoramiento, ellos se apoyan mutuamente de manera incondicional; mientras él busca el erotismo en otras piernas, bocas y caderas.

Agustín entiende el amor como entiende la música; sabe que uno es inseparable del otro y se enamora de una manera intensa y física; hasta que duele emocionalmente. En su repertorio hay variedad: la violinista Virginia Tuten, mulata caribeña con quien lleva una relación tormentosa, como si fueran un par de adolescentes con sus problemas estúpidos y su casi sadomasoquismo.

Está una bonita relación con Clint Verret, uno de los pocos personajes del libro a quienes se les puede tener aprecio. En mi opinión Agustín se aprovecha sexualmente de Verret, al menos en un principio, para caer después locamente enamorado de él y terminar como buenos amigos.

Agustín se enamora de músicos, principalmente mujeres, y llega a comparar al sexo con ese compás que debe seguir cualquier músico, conquistar al músico equivale a dominar la música y poseerla.


      Me arrodillé frente a ella y le pedí que extendiera las manos; sólo quería saber si alcanzaba con ellas el teclado.
      –Ahora –sollocé–, ¿puedes tocar?
      Echó su cuerpo hacia delante, sólo las puntas de sus nalgas descansaban en la banqueta, y yo, sentado ya en el suelo, hundí la cabeza entre sus muslos.
      –La danza... –suspiró–, ¿vuelvo a tocarla?
      El confite, toda la miel del mundo, estaban allí, bajo mi lengua, y las manos de Alejandrina Sanromá tocaban a despecho de mi voracidad, pero también a despecho de su locura. Se había vuelto loca y de Chaikovski saltó a alguna otra pieza que no fui capaz de identificar. El ruido de sus gemidos se entremezclaba con las campanitas de la celesta, y en el momento en que la sentí venir, la oí golpear el instrumento, lo aporreó con furia. Alejandrina dejó de tocar y sollozó largamente, puso sus manos sobre mi cabeza –sobre mi rostro de duende confitado– y fue calmándose poquito a poco.
      Me incorporé y le chupé los pezones. Ya no me importaba que en aquel estudio no hubiese un sofá, ni siquiera una butaca. La empujé suavemente hacia el suelo y me tendí sobre ella. Nunca había tenido bajo mi cuerpo un cuerpo tan delgado, pensé que no me gustaban las huesudas. Pero me equivocaba. Los huesos de Alejandrina empujaban mis propios huesos, sobre todo a la altura de las caderas, y la sensación que me produjo aquel duelo me llenó de un regocijo macabro: éramos dos esqueletos batiéndonos a muerte, tratando de rompernos el uno contra el otro, trozándonos a ver cuál de los dos se deshacía primero.
      Levanté las piernas de Alejandrina y las retuve en alto con mis manos antes de adentrarme brutalmente en ella. Ésa iba a ser la estocada final, el golpe de gracia para un montoncito de carne que, tocado por la varita de un hada, estaba a punto de convertirse en polvo luminoso. Alejandrina chilló, y si yo no lo hice con la misma intensidad fue porque me abrumó en ese momento la dicha de haber recuperado la pasión, que no es otra cosa que la sensación de nacer y morir en un segundo, y renacer sabiendo que ya nada te podrá matar.
      Yo era inmortal, prácticamente invencible cuando me retiré del cuerpo de Alejandrina Sanromá. Tropecé con la celesta antes de poder llegar a la mesa para encender la lamparita. Alejandrina estaba inmóvil, tendida en el suelo, y yo busqué entre mi ropa un pañuelo. Volví a su lado y le enjugué la entrepierna como si le enjugara unas lágrimas.
      Nos vestimos y fuimos a cenar. Alejandrina no bebió una gota de licor, nunca bebía, pero parecía borracha. Me rogó que fuéramos a su casa y le advertí que lo iba a lamentar. Se lo advertí con malicia y me respondió que no le importaba. Que lo único que deseaba esa noche era lamentarlo todo, impacientarse por todo, llorar de ganas de llorar. Quería que la tomara al derecho y al revés, a la buena y a la mala, de golpe y sin aviso y sin misericordia. Enrojecí, nunca había conocido a una pianista, virtuosa o no, tan deslenguada. Alejandrina deliraba en voz baja, pero pensé que, aun así, desde alguna mesa cercana la podían oír. Tomábamos el postre y le confesé que me gustaba mucho. Ella tembló dentro de su vestido negro: una cerrazón tan anegada y bruja como el sendero de su propia sangre.


Con Manuela Suggia tiene una relación abusiva, con Alejandrina tiene sexo rápido y a lo loco y así se va todo el libro, entre descripciones de lo que la música significa para él y relaciones dominantes con extrañas mujeres que amamantan murciélagos.

Lo interesante de este libro es que no es erótico por su carnalidad, sino que la carnalidad surge de una historia, que a su vez es el medio para adentrarse en el mundo melómano del narrador. Sin embargo, para Agustín, sus memorias son lo único que le queda.

Púrpura profundo obtuvo en febrero de 2000 el XXII Premio La sonrisa vertical.


Sexo vaginal, oral, anal, lesbianismo, homosexualidad, sadismo, masoquismo, lesbianismo,




Púrpura profundo
Mayra Montero
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 112
España, Marzo 2000
ISBN: 978-84-8310-681-5
176 pág.