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jueves, 11 de abril de 2013

La educación sentimental de la señorita Sonia, de Susana Constante


Susana constante es una escritora bastante particular: sus relatos son, a mi modo de ver, caoticos y algo oníricos.  En una ocasión comenté que Luis G. Berlanga, fundador de Tusquets, inició la colección erótica "la sonrisa vertical" para editar todas aquellas obras que la represión franquista condenó al armario y que seguramente la gente tendría en sus casas.

Aparentemente este es uno (¿el único?) de esos libros: impreso en 1979, ganadora del premio de la portada rosa, parece ser que éste es un libro escrito en 1976.

Una muchacha, acompañada por un capitan del ejército viajan en tren. Se encuentran a un joven que se ha equivocado de tren, pero que los comienza a seguir sumisamente; aparentemente por amor platónico de la bella jovencita.

Ellos van a visitar a una Condesa, antigua amante del padre de la chica y quien tiene un hijo al que tramposamente llama sobrino y al cual ama absolutamente. El muchacho de 14 años es inteligente, soñador y está decidido a entrar al seminario y a renunciar al mundo. La condesa, mujer de placeres quiere que conozca el sexo (no el amor) para tratar de convencerlo de renunciar a sus planes.

El capitán, por su parte, hombre libertino y de placeres, está enamorado de la condesa, quien no le hace el menor caso y se ríe de su cursilería. Sonia, por otro lado, se enamora del muchacho, un par de años menor que ella pero más maduro intelectualmente. El muchacho simplemente ignora a Sonia.

Sonia era una chica rica con la impresión eterna de haber perdido una oportunidad. Iniciada por su padre y por un extraño violador de menores, quiere conocer el amor, aunque no lo persigue como un fin.

El libro refleja una filosofía muy interesante; desde ese punto de vista, el libro rescata elementos del erotismo clásico del siglo XVII y XVIII, con aquellas novelas que unían filosofía, anticlericalismo, perversión de una chica (chico en este caso) virgen y erotismo.

Olvidas, creo, que todo puede hacerse, a condición de mantener la compostura.
Apoyándose en el brazo del niño, la condesa suavizó la reprimenda con una sonrisa:
—Ten en cuenta, Sebastián, que es preciso guardar las formas, única manera de servirnos de ellas de acuerdo a nuestros deseos.
Sebastián la escuchaba frunciendo el entrecejo.
—¡Pero entonces —adujo pensativo— es necesario doblegarse, esclavizarse! —e hizo una mueca de desdén.
—Naturalmente —respondió Luisa, con un encogimiento de hombros—. ¿Contra qué, si no, irías a construir tus caprichos?
—¿Pero por qué —insistió el niño— obedecer para desobedecer? No te comprendo.
—¡Ah! —la condesa agitó la mano enjoyada— debes obedecer para sobrevivir, Sebastián; y desobedecer para vivir, esto es, para buscar tu placer. Es tal vez complicado, pero exacto. Todavía eres un niño — murmuró, mirando con ternura la carita afilada y morena—. Ya tendrás tiempo y ocasión de pensar en estas cosas.

Es un libro muy complejo, elegantemente escrito y de una sensualidad poco expresada:


Sonia lo miró, tendiéndole la mano derecha, y acariciando con la izquierda el cuello enrojecido de Alexei, mientras emitía sonidos consoladores, tales como:
—Ya, ya, ya. Vamos, vamos, vamos, etcétera.
Tomó, entonces, su mano y le dijo:
—Ven Nicolás —acomodándolo sobre su pecho libre.
Fascinado, Nicolás permaneció tendido allí, temeroso de decir algo que pudiera arruinarlo todo y mirando con un resto de prevención la cabeza abatida del Capitán de húsares que, no obstante, ya no le parecía tan terrible como cuando la miraba de abajo, esto es, hallándose Alexei bien plantado sobre sus pies. Se quedó allí, decía, hasta que captó un casi imperceptible cambio de ritmo en la respiración de la señorita, que acariciaba ahora su espalda y la del Capitán con los ojos cerrados y la boca anhelante. Alexei se inclinó sobre esa boca, lamiéndola dulcemente y deslizando una mano por la comba del vientre de Sonia, hasta apoyarla sobre el sexo con una presión exigente. Sonia apretó la cabeza de Nicolás contra su pecho y desatando los lazos del vestido le ofreció un pezón sonrosado y erecto.
—Chúpalo —le pidió, muy seria.
La mirada de Nicolás se encontró con los ojos atentos y algo espantados del Capitán que, al parecer, acababa de notar su presencia. Por un momento, el hombrecito sintió una contracción de miedo, pero sostuvo —inmóvil— la mirada de Alexei, y acabó por tranquilizarse pensando que siempre estaba a tiempo de matarlo, si la ocasión lo exigía, aunque rogando, también, que eso ocurriera —acaso debiera ocurrir— un poco más tarde.
Se encontraban, los tres, en una situación a un tiempo comprometida y lejana, como si sus gestos —cuerpos y palabras— les sucedieran, en cierta forma, por procuración. Pero también había — cada vez más a medida que pasaban los minutos— una suerte de concentrada colaboración. Cada uno de ellos (¿pero quiénes eran ellos?) procuraba adivinar, adelantarse al deseo de los otros, satisfacerlo satisfaciéndose. Atrapados en un mareo casi ensordecedor, sabían que actuaban, pero no sabían (no sabían) el nombre exacto de quienes llevaban adelante la acción. Y lo que en un principio había sido una situación en cierta forma clara —dos hombres y una mujer— se transformó imperceptiblemente en un sofocante e intenso vacío de placer, donde se movían tres cuerpos sin precisa y definitiva identidad. Este embudo amenazaba tragárselos (o al menos esto es lo que pensaba cada uno, perdido en su activa soledad), lo cual no hacía más que lanzarlos frenéticamente por encima de sus bordes, reclamando, tentando ese olvido pavoroso. Y es así cómo, al amanecer, estirada sobre la alfombra, desnuda, fresca y como recién lavada, Sonia murmuró:
—¡Oh, quisiera morirme! —y lo dijo con una sonrisa distendida y abierta, muy joven y sin ulterioridades.
El hombrecito, sin ropas, era casi hermoso. Delgado y enjuto.
—Yo también —dijo— quisiera morirme.
Y de todos ellos él era, tal vez, quien lo deseaba más ardientemente. Alexei, en cambio, se puso de pie con un gesto brusco.
—Yo —aseveró— hubiera preferido morir un poco antes de ahora.
Volvían, de pronto, a ser tres gestos precisos. La luz mezquina de un amanecer lluvioso no restituía los rostros, sino las funciones; no bautizaba, condenaba: una señorita, un caballero, un esclavo.
Retirándose a lo más oscuro de la habitación, Nicolás sufrió el golpe de este conocimiento, que lo sumió en una desesperación infinita. Permaneció acurrucado largo rato, con los ojos fuertemente apretados, sin ver (sin querer ver) nada, hasta que, como un relámpago, una idea se abrió paso en el lodazal de su padecimiento: «Yo, se dijo, soy el único que ha elegido. Yo sé de ellos todo lo necesario, mientras que ellos nada conocen. ¡Yo tenía una vida distinta, yo era otro, antes de ser éste!», y entonces abrió los ojos.

La condesa ofrece a su propio hijo a Sonia, a condición de que no le permita enamorarse. Ella está intentando salvar a su hijo de la religión, porque de no hacerlo, deberá resignarse a hacerse vieja y a renunciar ella misma al mundo.

—¡Amas a Luisa! —le dijo riendo, afeada por el dolor y la cólera—. ¡Amas a tu madre, querrías estar a su lado desnudo, como ahora conmigo! No eres hombre —le decía, acariciando frenéticamente el
sexo de Sebastián y tironeándose a veces del cabello en un intento desesperado por no ser arrancada de ese lugar, por recuperarse sana y salva, con el orgullo intacto.
Sebastián la miraba, incapaz de apartar los ojos de su cara, sometido a la violencia de esta verdad que ella le ponía por delante y repetía una y otra vez con la exacta pasión de un látigo manejado por una voluntad impersonal y justiciera. Su sexo erguido temblaba y, sin advertirlo siquiera, la golpeó, derribándola de espaldas sobre el lecho y arrojándose sobre su cuerpo con la misma precisión maniática con que la había golpeado.
Mudo, pálido y furioso, se abrió paso entre sus piernas, penetrándola con violencia y sintiéndose llegar a un lugar desconocido, que lo atraía y rechazaba a la vez en un movimiento pendular oscuramente presentido y deseado.



Perversógrafo: Sexo oral, sumisión, fetichismo, incesto.









La educación sentimental de la señorita Sonia
Susana Constante
La Sonrisa Vertical SV 13, Tusquets Editores
España, 1979
ISBN: 978-84-7223-313-3
136 pág.



lunes, 25 de febrero de 2013

¿Y el plumero para qué?


Existen momentos en los que a uno se le antoja tener un intercambio erótico-romántico; pero también existen momentos en los que uno lo que necesita es.........sexo.

Así en la literatura, existe la buena literatura y existe la pornografía. Aquí un ejemplo de lo segundo:

El erótico espectáculo estimuló las inclinaciones lesbianas de Pearl, que se dejó caer al suelo, relamiéndose, y serpeó hasta deslizarse debajo de Connie, con las piernas extendidas entre los brazos de su amiga y la cara justo debajo de su coño.
 —Yo, de momento, me retiro —anunció John Gibson. Se levantó y fue en busca de la botella de coñac.
 —Intenta no moverte, querida —gruñó Pearl, porque Connie, al sentir la insinuación de la lengua femenina entre los labios fruncidos de su coño, había comenzado a agitar las caderas.
  Los dos caballeros contemplaban extasiados la escena. Tenían delante la cabeza de Pearl y las rollizas nalgas de Connie. Sus vergas se alzaron al unísono al ver cómo la lengua de Pearl besaba y acariciaba delicadamente la blanda vulva de Connie, moviéndose como una serpiente, cada vez más deprisa en torno a la dulce raja.
 —¡Oooh! ¡Oooh! ¡Aaahh! —exclamó Connie—. ¡Chúpame el clítoris, me muero por correrme! ¡Aaaahhh, qué bien! ¡Sí! ¡Sí! ¡Así! —Recorrida por un fuerte estremecimiento, entrelazó las piernas en torno al cuello de Pearl, con las rodillas dobla das sobre sus hombros y le vertió en la boca su cálido tributo en forma de fina lluvia salada. Corcoveó un poco y luego suspiró y relajó las piernas, mientras Pearl seguía besando su almizcleña gruta.
  La herramienta de Bruce, de roja cabeza, despertó con una sacudida. Él se la sobó hasta tenerla tiesa como el mármol. Pearl, como presintiendo su necesidad, se puso a gatas para exponer los espléndidos globos de su culo, sin dejar de besuquear el coño saciado de Connie, y se abrió las nalgas para invitar a uno de los caballeros a satisfacerla.
  Bruce McGraw no tardó ni un instante en colocarse tras la apetecible muchacha. Se humedeció el glande con champán e introdujo la verga entre las voluptuosas nalgas, hasta encontrar el fruncido rosetón que se ocultaba entre ellas. Atacó su objetivo con vigor pero no con demasiada rapidez, para no hacer daño a la joven. Entraba y se retiraba con cuidado del suculento túnel, y le alegró comprobar, por el modo en que ella agitaba el trasero, lo mucho que Pearl disfrutaba de la penetración. Una vez que estuvo firmemente asentado, le rodeó la cintura con los brazos y le acarició el coño con los dedos para proporcionarle un placer adicional.
  Pearl seguía agitando la lengua en torno a la empapada vulva de su amiga, pero John Gibson encontró la forma de convertir el trío en cuarteto anodinándose sobre un cojín junto a Connie, que de inmediato tomó con los labios su gruesa polla y se puso a lamerla, besarla y chuparla con tal energía que pronto tuvo la boca llena de una copiosa eyaculación. Tan deprisa tragó el semen que no pudo evitar un pequeño eructo.
 —Calma, calma —dijo Bruce McGraw—. Recuerda lo que nos decían de pequeños: hay que masticar bien cada bocado antes de tragar.
 —No hay tiempo —replicó Connie—, ¡Además, me voy a correr otra vez!
  Hizo honor a su palabra, y Bruce y Pearl se unieron a ella en un triple grito de éxtasis. Los cálidos fluidos de Connie manaron por segunda vez en la boca de Pearl. Bruce McGraw inundó el orificio menor de Pearl con un chorro de cremoso semen, mientras los jugos de la joven le empapaban los dedos que él tenía hundidos en su coño.
  John Gibson sugirió entonces una variación de un luego muy popular entre las clases altas de Kirkudbrightshire, para el que era necesaria la presencia de dos muchachas, un hombre, un consolador y un plumero. Pero en la casa no contaban con los complementos requeridos, y además las jóvenes objetaron que el tiempo apremiaba y que estaban preocupadas por la vuelta a casa.
La pasión del conde, Anónimo.

Bueno........me gustaría saber para qué era el plumero. Definitivamente uno aprende muchas cosas en estos libros.




lunes, 18 de febrero de 2013

¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor de José Pierre


Este libro me gustó mucho. Quizás porque necesito en este momento algo de pasión o quizás porque este libro no es lo que aparenta. Este libro tiene dos tonos distintos: en un principio es un libro que habla sobre el amor libre y la educación sexual de un joven. Después se convierte en algo más banal......pero no menos entretenido.

La historia está ambientada en los años 50 (probablemente). Francis es un chico que está por cumplir 17 años, es el hermano menor de una familia tradicional, pero de ideas algo liberales. El hermano mayor, Philippe, esta por terminar su carrera de ingeniería cuando anuncia que en cuanto se gradúe se casará con su novia, Teresa.

Para no descuidar sus estudios, Philippe se concentra en sus estudios y deja de cachondearse con Teresa. Utilizan a Francis de chaperón para todas sus citas. Francis cae enamorado de una Teresa encantadora, que seduce a quien la trata.

Un día, Teresa aprovecha el descuido del hermano mayor y mete un dedo en la boca de Francis. El le responde pellizcándole un pezón y ella se deja hacer. Un buen día ya los tenemos encamados en el departamento de ella. Hasta aquí la historia es tierna y excitante. El autor no había metido el sexo explícito en todo esto, pero los textos son impresionantes.

Y, en un momento dado, jugando, me puso entre los labios una cereza en orujo. Lo que siguió se produjo con tal rapidez y precisión que nos quedamos un instante como heridos por un rayo: en el mismo momento en que mis dientes se cerraban sobre la cereza, el pulgar y el índice de mi mano derecha llegaban a la punta del seno izquierdo de Teresa con una seguridad tanto más sorprendente cuanto que ella, de espaldas a la chimenea, única fuente de luz, era para mí sólo una silueta a contraluz de trazos indiscernibles en la oscuridad. Y como el gesto de la recolección hizo madurar repentinamente el fruto, la cereza que tenía en el extremo de mis dedos tenía casi el mismo tamaño que la que mordía. Este episodio puede parecer grotesco o inventado, pero me imagino que lo mismo pasa con tantas de las cosas que sin embargo se producen efectivamente todos los días. He de confesar que este doble gesto no ha dejado de emocionarme y sorprenderme, tanto por su simetría perfecta como por su vertiginosa exactitud. Teresa, que podía leer en mi rostro iluminado por la luz del fuego las señales de una alegría tan intensa como fugitiva (mientras el suyo permanecía en la sombra), se puso a reír suavemente.


Unos días después, borrachos en la casa de ellos, se les desnuda y los excita bailando. Los desnuda a ellos y baila restregando su cuerpo al de ellos. Se exhiben ante Francis teniendo sexo. Teresa llega a proponerles un trío. Francis está celoso de su hermano, pero Philippe no parece tener vergüenza ni celos.

Entre los tres, se hace una amistad muy bonita, donde Francis es el protegido y el iniciado, al que se le trata con cariño. Un día que Philippe los deja solos 10 minutos, Francis la masturba violentamente y le mete los dedos por cuanto agujero le encuentra. Ella parece no tener remordimientos.

Aquí es donde el relato se comienza a descomponer. Teresa los invita a una orgía en un castillo, orgía marcadiablo que se llevará a cabo en unas semanas. Para enseñar a Francis a bailar, lo lleva a un bar de lesbianas en el que Teresa era asidua. Para enseñarlo a chupar como una lesbiana se lo lleva a su departamento. El se vuelve un pornográfico.......uno muy bien escrito, por cierto.

Teresa le presenta a Francis una "novia" lesbiana,  les promete a ambos que el día de la orgía serán "matrimonio". Luego se lo lleva a su departamento y tienen sexo anal violento.


 —¡Esta vez te voy a convertir en marica! ¡Tu regalo de cumpleaños será mi culo!
Nos desnudamos y colocó de un modo especial sobre la cama, almohada, cuadrantes y cojines (tras quitar el patchwork, naturalmente, y abrir las sábanas). Luego fue hasta lo que constituía su especie de cuarto de baño y volvió provista de un tarrito de loza blanco. Para mi instrucción, y sin duda también para demostrarme que estaba dispuesta a que sus actos fuesen acordes con sus palabras, me anunció:
—¡Ensayo de la gran escena del palacio de V...!
Como jugando, revistió el extremo de mi verga erecta con un ungüento fresco y untuoso con el que ungió también, con dedo vivaz, el surco entre sus nalgas. Luego se arrodilló sobre los cojines con el culo en pompa al borde del lecho, de tal manera que, agarrándome a sus caderas, bastaba con flexionar las rodillas para mantenerme a su nivel.
El exceso de lubrificante tuvo un efecto idéntico al de una capa de hielo: derrapé varias veces, tanto al norte como al sur del objetivo. Aquello nos hizo reír, pero noté que se ponía nerviosa: no debía continuar con mi torpeza mucho tiempo. Me eché hacia atrás primero y acaricié ligeramente su sexo, luego hice circular un dedo por el estrecho pasadizo que me estaba destinado. Los temblores que le recorrieron el espinazo preludiaban una suavización adecuada: a despecho de la aparente desproporción, conseguiría cruzar el umbral. De hecho, me interné por allí como una piedra se hunde en un pozo, mientras ella lanzaba una especie de rugido sordo cuya única motivación no estaba, evidentemente, en el dolor. Mi deseo, incierto por un momento, se hacía más y más imperioso, y una a modo de televisión interior destellaba en mi cráneo, permitiéndome suponer con breves intermitencias de luz, que ponía en función todos los órganos internos de Teresa hasta el punto de florecer ya en los labios (¿traspasada?) al extremo de mi crecimiento subterráneo. Nunca más he vuelto a experimentar la novedad de las sensaciones que me proporcionaba aquella unión.
Por su parte, Teresa rugía más y más fuerte, y nos entrechocábamos con empellones brutales, de una bestialidad total, yo esforzándome por sumergirme aún más profundamente en su culo, y ella tornándose (o así me parecía) más y más abisal. La fatiga se presentó antes que el éxtasis. Perdí pie y me derrumbé sobre la cintura de Teresa. La liberación se presentó en aquel momento en que la inmovilidad nos tenía fijos en península desconocida, lejos de las tierras exploradas: oímos largo rato, entre el fragor tempestuoso de nuestras respiraciones encabalgadas, algo como el cabrilleo de una fuente entre la arena.


Después de mucho cachondeo, llega el momento de la orgía; orgía que durará la mayor parte del libro. Se trata de una especie de culto amoroso para el descenso de la lujuria sobre los concurrentes; una idea de Teresa y uno de sus ex-amantes; un castillo alejado del mundo, bastante sadeano (aunque nada sádico).

Los tres invitados de Teresa están enamorados de ella y no le pueden negar nada. La orgía aparenta estar perfectamente organizada y con itinerarios qué cumplir, aunque lego al autor se contradice un poco. Bueno, para  no entrar en detalles, todos se comparten las novias, nadie se encela de nada y el autor parece tener una fijación por el sexo anal que se refleja en enculadas y gritos de dolor y pasión por muchas páginas y se repite con cada protagonista. Por alguna razón, esta parte de la historia me recordó la novela "La rosa del amor", que algún día comentaré.

Cuando Philippe y Teresa se casan, los padres de ellos les dejan el departamento unos días mientras ellos se van a vacacionar a Canarias. Aquí llega el intercambio total; las siguientes semanas serán un revoltijo de cuerpos y fluidos que al final ya no entiende uno nada.

Teresa comienza a platicar la historia de cómo su padre la sedujo y la inició en los placeres refinados del sexo. Varios otros protagonistas cuentan sus historias........la novela se muere de falta de oxígeno.

Al final el autor decide terminar el relato. Los casados se van a Camboya y so cojen a todo el país, dejando el departamento con una pila de sábanas almidonadas de semen, manchas de la regla, vino, esperma, colillas y rayas de mierda.

¿Quién es el autor? Eso es lo más increíble; me entero que José Pierre fue un artista del movimiento surrealista, alguien famoso y que el libro es un halago a Sade y una pieza admirable de surrealismo leve, como El inglés descrito en el castillo cerrado, pero sin violencia.

El libro fue escrito en los 60´s, pero clandestino por 10 años. Los temas son recurrentes en el trabajo de Pierre: chicas núbiles sin pecado o culpa; la transgresión y el eterno problema de la frontera entre el libertinaje y el amor, que para el autor no tienen relación.


Una maravilla que Tusquets no supo vender adecuadamente.




Perversógrafo: Sexo oral, vaginal, anal, exhibicionismo, masturbación, dedos en los agujeros, lesbianismo, felación, cunilinguo, beso negro, homosexualidad, pornografía, , voyeurismo, exhibicionismo, bisexualidad, virginidad, cuartetos, tríos, 69, desvirgamientos, sandwich, juguetes sexuales, incesto, ¿Qué mas?


¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor
José Pierre
Tusquets editores, La Sonrisa Vertical 120
España, Diciembre 2002
ISBN: 978-84-8310-846-8
200 pág.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Duende Nocturno de Arnaud Delacomte

Aquí estamos ante un libro muy singular en varios aspectos: Por un lado, de estilo; se trata de extractos de un diario íntimo de un enfermo de tuberculosis.

No es el diario de un escritor profesional; ni siquiera la edición es tan cuidadosa para darle una continuidad al relato. Habiendo yo mismo escrito un diario durante tantos años, puedo reconocer el estilo de escritura que hace uno para sí mismo.

Por tanto, no es una novela, no es una historia, no es un relato.......es.....una vivencia o una fantasía; es la plática cotidiana de alguien consigo mismo, mezclado con datos irrelevantes.

Por otro lado, lo que hace tan particular este libro es que se trata de una historia de amor. Si bien ello no es raro en la literatura; el amor y las cosas de enamorados no son comunes en la literatura erótica. Pero no hay que confundirse; no se trata de novela rosa ni de romántica-soft-erótica. Aquí hablamos de sexo duro y sin florituras......lo que me indica que es bastante posible que sí sea un diario real.

Un enfermo de tuberculosis convalece en un hospital de reposo en las montañas del sur de Francia, cerca de un pueblo. Aparentemente tiene una cultura y una inteligencia superior, pero está solo y necesita compañía. Tiene una enfermera Noemia, que es fea (y peluda) en el plano físico, pero que tiene una sencillez extraordinaria: ella es una montañesa cuya cultura parece preceder a los celtas y los romanos; una raza en extinción que vive de manera salvaje incontaminado por la civilización.

Ella, como todo su pueblo, ve en los fluidos sexuales una fuente de poder y magia, por lo que cada semana transita por todo el hospital, limpiando a los enfermos y haciéndoles algún favor.


De vez en cuando, entra en una habitación con sus probetas en la mano y anuncia: «Muestra de orina». Entonces te levantas sin comentarios, pasas al cuarto de baño, te quitas ritualmente el pijama y la dejas hacer. Es ella quien efectúa las operaciones, sola. Toda palabra sería considerada una insolencia. Se apodera del interesado, lo hace orinar uno o dos segundos en la taza del wáter, después en el tubo de vidrio y una vez más en la taza, manejando el chorro con habilidad;  espera a que hayas terminado, sacude con suavidad y, después, sin soltarte, te gira hacia el lavabo. Adora el contacto de los órganos masculinos, sabe manipularlos con firme delicadeza, con tan serenas competencia y autoridad que te abandonas desde el principio. Entonces, te la moja y empieza a enjabonártela con la ciencia de la masturbación, con una intuición de la sensibilidad masculina y una adivinación que jamás había conocido. En efecto, cualquier consejo sería inútil. De las diversas tareas del oficio de enfermera, ésta es, según ella, con mucho la más importante, la única revestida de una especie de carácter trascendente. Deposita en ella toda la imaginación y el esmero de los que es capaz. Al principio, la mano derecha manosea con bastante firmeza hasta obtener la consistencia deseada, dedos por encima, dedos por abajo, alisando o enroscando en toda la longitud, primero la base sola, luego el glande, por momentos con las uñas. A su vez, la mano izquierda se desliza entre los muslos, enjabona las bolsitas, palpa las almendras, las sostiene, las separa, las acaricia, las estira, se adentra por las entrepiernas, presiona con suavidad, introduce un dedo, lo mueve, mete otro… Se empieza a no ver claro. El movimiento de ambas manos está tan perfectamente coordinado que la intensidad de las sensaciones crece en vertiginosas oleadas, que ella percibe de inmediato, reduciendo o acelerando, cambiando de mano o de ritmo sin siquiera levantar los ojos, con misteriosa intuición. Sólo algunos favoritos están autorizados a acariciarle durante la acción el lomo o los hombros por encima del vestido. En calidad de Número uno, puedo permitirme levantarle silenciosamente la blusa, colocar una mano sobre la piel y acariciarle la espalda, desde la braga hasta el sostén.

Noemia es un personaje interesante; al grado que uno desearía que ella hubiera escrito el libro, aunque no fuera erótico: delgada y con 35 años, ella misma había sido una enferma de tuberculosis, aún está en recuperación y es extremadamente delgada; y se ve obligada a trabajar en el hospital para recuperar la salud.

Ella es hosca y huraña con todos, pero pronto se enamora del autor. Pronto sabemos que ella ha jurado no tener coito con ningún hombre antes del matrimonio, debido a un juramento a su abuelo. Y ese es el nudo de la historia: dos enamorados; uno casado y enfermo y la otra enferma, pobre y célibe.


Ella era creyente en las cosas del bosque, cosas antiguas, de la montaña y no estaba contaminada por la ciudad o la sociedad; no veía en la sexualidad nada malo, sólo había jurado no tener coito. Arnaud parece aprovecharse de esta situación, y le explica que si ella usa su semen para curarse, lo mejor es tomarlo "directo de la botella", y la entrena en el arte del sexo oral. De un modo asombroso, la salud de él empeora, mientras ella se recupera.

Y allí comienza el idilio, buscando momentos para estar juntos, para dormir un rato abrazados o para escapar del hospital y pasar un fin de semana en el pueblo, en el cuarto de ella; o para irse de día de campo a las montañas. Mientras a Noemia el amor parece hacerla recuperarse, él tiene varias recaídas.

El punto es que, imposibilitados para tener coito vaginal, ellos se ven obligados a ingeniárselas para hacer otras cosas mientras ella consulta a su pueblo si sobre ella recae un juramento inviolable o una promesa de una adolescente a un muerto, por tanto, sin valor.

Ya hacia el final, descubrimos que Noemia tiene una vena masoquista, y pide ser flagelada, para disgusto del narrador. Juntos descubren los juegos anales y aprenden a "jugar en la entrada sin meterlo". Lo asombroso es que, aunque al principio uno piense que él se aprovecha de la ignorancia de ella, junto con la mejoría física, ella deja de ser ese conejillo asustado, esa bestiecilla del campo, y pasa a ser una mujer, inteligente, pensante, con planes y proyectos, que disfruta la sexualidad y tiene ansias de aprender para hacerse una enfermera de verdad.


Pase lo que pase ahora, nunca me quejaré porque en pocos meses habré tenido más de lo que tienen las mujeres en toda una vida. ¿No te parece que, de cuerpo, corazón y espíritu, estoy convirtiéndome en toda una mujer? La trasformación no es completa. Todavía no tengo un hijo ni un verdadero oficio. Pero tal vez tendré pronto todo esto, gracias a ti. Me he hecho mujer por ti, ¡de arriba abajo -y su mirada ríe- y de adelante para atrás!


Todavía el sexo anal es creíble, pero en el último tercio del diario, comienzan practicas que ya se antojan invenciones o al menos exageraciones o fantasías: sesiones de fotografía pornográfica, tríos, lesbianismo, Noemia se dice casada con él y comienza a conseguirle amantes, deja de usar ropa interior para excitar a los otros enfermos....no sé.....alucinaciones de un tuberculoso. Pasa de descripciones de mimos a orgías.


Quito la polla, la refresco dos segundos y vuelvo a deslizarla en el chocho; después , rozo el botón que se hincha enseguida. ¿Todo bien, gatita? Muy bien, querido. No me has hecho ningún daño. Puedes volver a hacerlo, ¡pero no dejes de frotar! Salgo del conejo y vuelvo a abrir el ojete. Esta vez la penetración se hace sin problemas. Impresión de succión. Aumenta el placer. Suculento deslizar. Entro y salgo con facilidad. Perfecta flexibilidad del ojete. Noemia también empieza a gozar; me aprieta la mano y gime. Termino antes que ella, pero sigo entrando y saliendo sin dejar un segundo de frotarla. Goza. Caemos de lado. 

...


Acaricia con un dedo la polla y los huevos, y pone mala cara: Míralos, pobrecitos, ya ni me reconocen. Míralos, enroscaditos. ¿Qué deducir de esto? Que deben estar muertos. Ella levanta el pito por la piel del dorso y da un lengüetazo a los huevos. Nada… Creo que nunca más se recuperarán. Succiona el nódulo: ningún efecto.

Como toda historia de amor que se precie, el final es muy, muy triste. El autor dice ser un industrial de París y su vivencia parece real (aunque aderezada al final).



Mi impresión: la selección del título del libro es pésima; aunque Noemia pensaba que los espíritus del bosque eran sus antepasados, ni vivos ni muertos sino espíritus milenarios de la tierra, ella nunca se consideró a sí misma un duende. Este libro es bien diferente, vale mucho la pena, aunque es difícil de conseguir.






Perversógrafo: Sexo oral, anal, masturbación, azotes, 69, lesbianismo, tríos, exhibicionismo,




Duende nocturno
Arnaud Delacompté
Tusquets Editores,
La Sonrisa Vertical 36
España, Noviembre 1983
ISBN: 978-84-7223-338-6
216 págs.


martes, 4 de septiembre de 2012

En los salones del placer de Jacques Cellard

Este es uno de mis libros favoritos. Se trata de la segunda parte de las Confesiones de una Desvergonzada, una típica historia de una jovencita caliente que se mete al mundo de la prostitución y que hace una divertida reseña desde dentro de ese mundo.

Aunque la historia aparenta ser victoriana, y apenas tiene algún ligero error en la escritura, cuadra más en  la pornografía de los locos años 70. Es una historia que recupera el estilo y los temas clásicos de las novelas de prostitución antiguas, pero escota por alguien muy erudito en el tema, que además de ser un profesional de la pluma tiene un sentido del humor finísimo.

En este libro no hay sufrimientos; ellas llevan una vida difícil, pero se divierten. Parece que el autor no pretende moralizar sino entretener en un estilo jocoso y positivo. No hay pedofilia, ni violencia, ni prostitutas fracasadas que sufren, es un libro cómico con un erotismo de buen gusto y con unos eufemismos que son de risa loca:


  • Los pintores: la menstruación
  • La entrada de los artistas: El ano
  • Potajero: El que le gusta el sexo oral con una mujer que ya ha tenido sexo vaginal
  • As de picas: el ano
  • Lluvia, viento y granizo: Orinar, peer y defecar
  • El Cascanueces: Una contracción vaginal
  • La corbata del notario: sexo entre las tetas
  • La enfermería: Un cuarto donde se fustiga a los clientes que no pueden tener erecciones sin una zurra
  • Jugar a dos palos: Trío de dos hombres y una mujer.




Resulta que nuestra querida niña de la novela anterior, después de ser camarera en un bar de mala muerte, vendiendo encuentros furtivos y mal pagados;  decide dedicarse al tacón de una manera profesional, así que se convierte en "Lulú la complaciente" y se inscribe en el burdel "Las Odaliscas". Con sus grandes dotes de felatriz, falotriz y sus cualidades para gozar por "la entrada de los artistas", pronto tiene éxito.

El relato no tiene desperdicio; a pesar de estar fuertemente basado en escenas de novelas eróticas de todos los tiempos, de describir a detalle el mundo de las prostitutas de mediano pelo, también relata  muchos relatos divertidos de hombres extravagantes y mujeres singulares: Malou la Peluda, La Judía, Irma la Enamoradiza, Mélie la Tres Bocas....y sus clientes:


El que sólo quiere verla desnuda porque su mujercita no se deja ver.
El que le gusta ver culos de mujer, aunque le repugnen por  delante
El que tiene un agujero en el bolsillo para sorprender a las chicas, pero que es incapaz de hacer nada.
La que es prostituta por ninfómana, anteriormente era casada infiel.
El que está obsesionado con los caballos.
El de la mujer católica que descubrió un álbum con posiciones “extrañas”.
El que le pega, el que le gusta que le peguen
El tahúr encantador que habla en idioma de póker.
Los estudiantes que la embriagan.
El gimnasta-contorsionista.


Todo un cuadro cómico de personajes que desfilan entre sus piernas, escenas sacadas de Cora Pearl y de otros libros, pero con un toque de humor y buen gusto. Llegado el momento, ella comparte su miedo al embarazo, sus pensamientos y su filosofía:


"Lo que ocurre es que piensa en mi placer, me habla, me sonríe. Con él, al igual que con el señor Raoul o el señor Gimnasta, dejo de ser un animal de labor que se pasa días enteros dando vueltas al mismo ritmo. Con él soy una mujer"

Un día, mientras la jodían en el baño:
"Se acerca a mí, me levanta la bata, palpa. Yo paso la mano entre mis piernas, se la coloco en el sitio adecuado, ¡y adelante! No resulta más desagradable aquí que en otra parte; ni tampoco menos placentero, pues el sacristán en cuestión me jode como los mismísimos ángeles. ¿Que tengo la nariz metida en el asunto? ¿Y qué? No huelo a nada. El dinero no tiene olor."

"Si he decirlo todo, esperaba la llegada de la sanguina de un momento a otro (soy más puntual que un reloj), y el señor Vajilla era mi último hombre del día. Guarrada por guarrada, prefería sentirlo chapotear en los restos de mi digestión que en la sangre de los pintores"

"No somos niños de Jesús ni de María, eso no, pero, de todas formas, vivir del culo no es impedimento para tener buen corazón, ¿no? Ni vivir de rentas tampoco."


Y nos comparte sus cochinadas:


—¡A lo perrita, Lulu, a lo perrita! ¡De cara a mí! Julien, hyo mío, a ti corresponde el honor. ¡Ya verás qué caliente lo tíene esta pequeña! Y usted, querida amiga, empezará a mamarme cuando él haya entrado.
Dado que la tiene muy tiesa, más bien larga que gruesa, y que yo vuelvo a estar mojada, Julien entra arrancándome sólo gemidos de satisfacción.
—¿Ya está, Lulu? —pregunta el señor—. ¿Te gusta su minga?
YO (sincera). —¡Oooh, oooh, aaah! ¿Sí, me encanta! Ahora dame la tuya para que la mame.
¡El muy lascivo lo ha calculado todo al milímetro! A cuatro patas, estoy justo a la altura precisa para que la introduzca entre mis labios y yo la devore, mientras Julien realiza su faena al otro lado.
—¡Esta criatura chupa como una diosa! —le confía el señor por encima de mi hombro—. ¡Una maravilla de lengua, querido, una maravilla de lengua!
—Pero, señor —se permite decir Julien—, ¿la señorita Lucienne se comportará tan correctamente en el momento de la crisis del señor?
Porque el señor le ha pedido claramente a la señora Armand una chica que no le haga ascos a tragarse los hijos del señor que el señor no quiere...
—Cuando llegue el momento, tragará, respondo de ello —replica el señor—. ¿No es cierto, Lucienne? —me pregunta, apartándome la cabeza.
Yo me contento con murmurar:
—Sí, por supuesto, querido, con sumo placer.
Porque no faltaría más que eso, que no me tragara el humo de un hombre tan generoso, cosa que por otra parte no resulta desagradable cuando no hay en exceso. Lo principal es aprender a percibir como asciende la savia, para respirar a fondo antes de que empiece a manar y no asfixiarse.
Aspiro, pues, sin perder tiempo, y sin preocuparme de vigilar el momento en que el otro tendrá «su crisis», como él dice. De hecho, le viene un instante después, ya que tiene los cojones llenos, y yo parto al mismo tiempo que él.
—¡Aaah, hijos míos! —gruñe el señor—. Veo que habéis gozado. Julien..., ese conejo... ¿Cuál es tu opinión?
—¡Delicioso, señor, delicioso! —suspira el interesado—, ¡Terciopelo puro! ¡Y qué calidez! ¡Ah, el señor ha tenido un ojo clínico al invitar a la señorita Lucienne!
—Ya lo creo..., amigo mío... —replica jadeando el rajá—. La he probado... antes que tú... Y su boca... vale tanto... como su coño... ¡Aaah, aaah, me está mamando..., la zorra...!
¿Que estoy mamándolo? Para eso me paga, y no poco bien, me digo mientras ellos intercambian tales cumplidos. Ello, sin embargo, no impide que comience a fatigarme. Permanecer apoyada en rodillas y manos no es en absoluto una postura de reposo. Y si, además, hay que estar atenta para no dejar escapar ni la minga que te atraviesa la cotorrita, ni la que te atraviesa el gaznate, ¡la cosa resulta dura!
No digo «desagradable», no. Entre las golosinas, el vino dulce y el calor, cualquier mujer de constitución normal encontraría placentero dejarse acariciar por dos hombres como los míos: bien provistos, divertidos y nada brutales. Sin embargo, yo ya tenía la entrepierna irritada cuando Julien se añadió al señor para trabajarme la alcancía, y, a decir verdad, ahora preferiría repantigarme en esta estupenda cama sin pensar en nada.
Por tal motivo, una vez medio libre del sirviente, que, aliviado de lo más urgente, va y viene indolentemente entre mis nalgas, precipito la maniobra que atañe al amo. Para decidirlo a descargar, confío mi equilibrio a la mano derecha y, con la izquierda, le acaricio los zurrones. No es ninguna novedad, pero los efectos son espléndidos.
—¡Aaah, oooh, los cojones, los cojones...! —gime—. ¡Sí, rasca, preciosa, rasca! Yo..., yo... ¡Ah, Lulu!
¡Lulu ha ganado! Lulu no le ha hecho ascos a tragarse los hijos del señor que el señor no quiere, como dice tan elegantemente Julien. ¡Lulu se lo ha engullido todo! ¿Aún tiene la boca llena? ¡Glups! ¡Adentro! Llevo mi conciencia profesional y el deseo de hacer las cosas bien hasta el extremo de apretársela con los dedos para extraer las últimas gotas. Todo esto se une, sin ningún problema, con los patés trufados, las tetas de monja y el vino dorado. Y yo, por fin, me dejo caer en la cama como un fardo.
Mis héroes se han ablandado. Les sucede a todos, una vez que han derramado el veneno... Son como bebés enormes... Julien, no sé cómo, ha logrado permanecer en la cama. Su señor se reúne con nosotros, y me duermo entre ambos, con la nariz contra el bigote de uno y las nalgas contra el vientre del otro.



Ya hacia el final, ella se da cuenta que aunque ha ganado una fortuna,  no tiene tiempo para disfrutar por haberla pasado cogiendo seis días a la semana doce horas diarias.

Pronto se deja mimar por un hombre mayor que le recuerda a su padre (al de ella, no al de ustedes) Encuentra a sus mentores en la cochinada, los Bresles, quienes la ignoran de mala manera.

Ella descubre que ya no es la jovencita cachonda, sólo es la prostituta que vende el cuerpo. Pronto hereda una pequeña fortuna del viejo, con lo que logra su sueño de independizarse y de pasarse nuevamente a medio París por “el arco del triunfo”

¡Viva Francia!

Un buen libro.....necesitan leerlo para saber de qué hablo.




Perversógrafo: Sexo oral, anal, vaginal, entre las tetas, tríos, orgías, lesbianismo, homosexualidad,  voyerismo, trasvestismo, 69, rapidín, impotencia, froterismo, ninfomanía, beso negro, churro con chocolate,  lluvia dorada, masturbación, fetichismo,  coprolalia, afrodisiacos, gordas,  azotainas, nalgadas, posiciones, seducción, dos en la boca, dos en el culo.


En los salones del Placer
Jacques Cellard
RobinBook
1991
ISBN 9788479270278
272 págs.

miércoles, 18 de julio de 2012

Deliciosamente Libertinas de Georges Bernard

Maldita censura
Voy a celebrar que el día de hoy trabajé menos de 16 horas regalándole a mi blog, y a ustedes, queridos lectores (si alguno queda), un par de párrafos sobre un libro que si bien no es una maravillosa obra de arte, tiene un punto interesante.

Un par de muchachas en 1890, piden a su tutor que les permita participar en las fiestas de sociedad a las que él asiste. Ellas eran demasiado jóvenes para participar en una tertulia, pero él acepta llevarlas por un par de razones:

Por un lado, todo mundo sabe que esas fiestas eran de dos tipos solamente: las que terminan en un montón de parejas besándose y las que terminan en orgías increíbles. Las fiestas a las que asistía el viejo eran las segundas, y su esposa jamás lo acompañaba.

Por otro lado, el viejo era cochinón, y tenía una extraña fijación por la sodomización incestuosa de jovencitas, y como era tutor de su sobrina y su hija......Las chicas ya sospechaban que las fiestas no eran tan victorianas, así que como sentían extrañas picazones en sus entrepiernas, convencen al viejón.

Después de asistir a orgías cada vez "más órale", el tío decide que es hora de ponerles una institutriz, Perla, quien las inicia en el mundo del placer: las lleva a pasear a París, las enseña a vestir, a peinarse, a maquillarse y las lleva a un lugar donde se les enseña a las señoritas a dejarse sodomizar mientras las atan a extraños artefactos o las encadenan a columnas para que enormes sirvientes con enormes miembros las penetraran en los más insólitos recovecos corporales.

Con una especie de gruñido de satisfacción, mi tío se incorporó. Yo doblé las rodillas, giré sobre un costado y me recliné en una esquina del sofá. La gruesa polla de mi tío vertió la última gota de su rocío. Ambos volvimos un instante la mirada hacia Elaine, que ahora yacía con la cabeza y los hombros sobre una larga mesa, apoyada en un segundo semental cuyos testículos sobresalían bajo el trasero de ella. Con las piernas levantadas, los tobillos de Elaine abrazaban la cintura de él.
-Lo está cabalgando realmente muy bien-Murmuró Davina, sentándose al otro lado de mi tío, de modo que él quedara en medio de nosotras.
Tomó su pene entre las manos, con una exquisita delicadeza.Los ojos de él aparecían vidriosos. Arrodillado junto a Elaine se encontraba el joven que la había besado antes y que ahora introducía un rígido miembro en su trasero. Unos metros más lejos, alguien estaba follando a nuestra anfitriona.

Una vez que todos logran sus respectivos propósitos, habrá que ir por más para poder darle sustancia al libro: hacer que un padre encule a su hija, propiciar violaciones para que las amigas despierten al deseo sexual y toda clase de estupideces machistas que nos encantan a los lectores de cochinadas.

Hay despedidas de soltero y extrañas tradiciones familiares donde el padre de la novia desvirga y encula a todas las mujeres de la familia, con la ayuda de los hijos varones.

El caso es.........¿Se trata realmente de erótica victoriana?

Parece que no. El libro está organizado como si fuera una novela por entregas, el lenguaje y la vestimenta es consistente con la época victoriana, y el estilo es bastante de época. Sin embargo, en inglés está editada como "Arabella", y la referencia más antigua que encuentro es de los ochentas, aunque quizás haya pasado por alto alguna referencia de los setentas, época en la que cabe mejor. En casi todas las referencias aparece el autor como anónimo.

Simplemente, una novela pornográfica muy larga. Si te gustan las novelas pornográficas muy largas........especialmente si te gustan los autores que tienen fijación por la sodomía incestuosa.


Perversógrafo: Sexo vaginal, anal, oral, incesto, violaciones, persversión, prostitución, flagelación, bondage, lesbianismo, adulterio, voyeurismo, orgías, tríos, tíos, lluvia dorada, beso negro.




Deliciosamente Libertinas
Bernard, Georges
Mr Ediciones, Colección: Sileno
1992
ISBN: 8427015836 ISBN-13: 9788427015838
192 páginas


domingo, 13 de mayo de 2012

Confesiones de una desvergonzada de ¿Anónimo?

Cuando uno comienza a leer este libro, tiene la impresión de que no está escrito por ningún ignorante. Es un libro erótico (muy erótico) con una línea cómica muy marcada. Un libro de los años 70's que quiere pasar por victoriano de 1880.

Comparativamente, este es un libro muy bien escrito para la basura pornográfica que solía publicarse en esas fechas. Adicionalmente, una historia intencionalmente trillada; intencionalmente basada en obras eróticas clásicas (recupera un estilo desaparecido), pero mejorada con un humor fino.

Una chica cuya familia empobrece, una chica a la que su tía toma a cargo, descubre la sensualidad a manos de una sirvienta que la masturba y la induce al sexo anal con su hermano.......sexo anal que la marca toda su vida porque le fascina

Después de estrenarse con su hermano, comienza a ofrecer su agujerito a los amigos de su hermano, y al vecino del departamento de abajo, un doctor a quien le gustaban las niñas. Pronto descubre que puede cobrar por chupar a los viejos e incluso es violada por un cochero (una razón más para aborrecer el sexo vaginal).

Después de quedar huérfanos de madre y ser abandonados por el padre, va a vivir al campo, donde encuentra a una amiga con quien milita en la onda lesbiana. Posteriormente se encapricha con el jardinero, quien es el novio hipersexual de la sirvienta que la inició, y se repasa al primo, a quien intenta quitarle lo lerdo. Mientras tanto, el hermano parece gallito, pisando todo lo que se le pone enfrente.


Yo había comenzado a gemir desde que él comenzara a empujar, y lo hacía cada vez con más violencia a medida qua iba avanzando, de manera que, sin detenerse e incluso arrimándome mas a él para que sintiera que había llegado al fondo, me dijo:
-Intente contenerse, señorita Lucienne, porque ahora es cuando va a empezar lo bueno….Parece que le gusta, ¿No es cierto?
-¿Oh, sí!, ¿Oooh…..sí! ¡Qué grande es! ¡Qué grande!
Lucas había practicado con calma y suavidad el mete-saca mientras había temido hacerme daño, sin duda porque pensaba que volvería a buscarlo de mucho mejor grado si conservaba un buen recuerdo de la primera vez. Sin embargo, al ver que todo iba sobre ruedas, ya no dudó en poseerme como el buen coracero que era, dando impetuosos empujones al tiempo que tiraba de mis caderas para que acudieran al encuentro de su picha. Yo no podía evitar gemir al ritmo de sus acometidas, ya sin ninguna conciencia de lo que me sucedía, aparte de que sentía mi vientre íntimamente  acoplado a su cuerpo de un modo cada vez más acogedor. Ya no necesitaba tirar de mí, pues yo buscaba su picha levantando el culo cada vez que ésta salía, con un jadeo violento y ansioso.. Lucas también se enardeció, y en medio de nuestros suspiros, le oí decir:
-¡Tú también eres una guarra! Eres muy guarra ¿eh? Te gusta mi pepino, ¿verdad? ¡Ah!, para ser tan joven, mueves muy bien el culo.
-¡Sí, si! ¡Soy una guarra! – logré decir entre dos  gemidos- No lo puedo evitar…..Siegue, sigue….¡Oh!, está ardiendo….¡Qué gusto da!
Hubiera debido estar en guardia, pues sabía que cuando se le pone la picha tan caliente a un hombre es porque se va a correr. Pero no se le puede exigir demasiado a una principiante alocada. La fiebre del culo siempre ataca a las mujeres en dos tiempos: el primero es cuando de pronto sienten deseos de un hombre al verlo; el segundo, cuando sienten llegar al goce con dicho hombre, con otro o….. con otra. Yo me encontraba en la segunda situación, y no poseía aún la suficiente experiencia para conservar un ápice de sangre fría en medio de la tormenta, y ejecutar justo a tiempo el retroceso necesario para que el hombre se corra en la puerta de la gruta, en lugar de hacerlo al fondo. Por fortuna, existe un Dios para proteger a las imprudentes, pues con lo que Lucas metió aquel día en mi vientre, al cabo de nueve meses hubiera debido dar a luz una buena camada de bebés jardineros o jardineras.
Se corrió pues, copiosamente, con acompañamiento de unos bramidos dignos de un caballo de tiro, hasta que a mi vez solté la mantequilla de auténtica novilla normanda. No les he pedido opinión a tan bravos animales, pero supongo que, cada uno por su lado, deben sentir lo mismo que un hombre que se corre casi con la misma abundancia de orina, o que una mujer que recibe semejante manguerazo.



Ella se pasa por las piernas y las nalgas a todo hombre que se le atraviesa (y con quien no arriesgue su reputación). Poco después entra al servicio de una pareja de "nobles" de la región. Ella resulta ser una ex-prostituta lesbiana y él un degenerado con quien disfruta una sesiones académicas de lujuria.

Bueno........esto es un historia trillada, una novela erótica típica.....¿qué tiene de especial? Que además de estar bien escrita, hace gala de un sentido del humor muy fino y de buen gusto, tiene reminiscencias de obras eróticas clásicas:

Yo había visto este libro atribuido a Rousseau, lo cual es absurdo dado que tiene errores históricos muy obvios para ser una novela antigua. Por casualidad me entero hoy que la secuela de esta historia sí está firmada: es una obra de Jacques Cellard, un experto en novela erótica francesa y escritor ocasional de novela erótica en los 70's.





Perversógrafo: Sexo anal, vaginal, oral, masturbación, pederastia, prostitución, facial, lesbianismo, violación, tríos,  sandwichitos, frutas, flores, magreo, 69, beso negro, exhibicionismo, dedo-culo, orines, corpolalia.






Confesiones de una desvergonzada
Anónimo (Jacques Cellard)
Robinbook
España, 2006
ISBN 9788479278458
272 págs.






martes, 17 de abril de 2012

Diario de burdel de Josep Lluís Seguí


Una chica de 15 años masturbándose en misa no me erotiza en absoluto.....quizás es lo que el autor pretendía. No tengo la menor idea de quién sea Josep Lluís Seguí, pero estoy seguro que no es Georges Bataille, así que una mímica de Madame Edwarda no me hace admirarlo demasiado tampoco.

En 1978, el autor envía su manuscrito a la primera convocatoria del premio La sonrisa vertical. Originalmente escrita en catalán, quedó finalista y finalmente se imprimió tanto en catalán como en español, con la traducción original del autor.

Seguí dice dedicar su libro a Georges Bataille y definitivamente su escrito (no novela) es bastante "Bataillesco"; la escena pasa de la biblioteca al burdel, del burdel a sus libros y cuadernos, de allí a la biblioteca de nuevo.

Un hombre, estudioso de literatura erótica del siglo XVII, trabajador de una biblioteca, se obsesiona por la diaria presencia de una inocente jovencita que cada día visita la biblioteca para hojear el mismo libro. Entre sus estudios sobre el erotismo y sus casi diarias visitas a las prostitutas, su vida transcurre y su obsesión crece.

A media noche, muy cerca ya de mi casa, en la esquina de donde yo vivo, me cruzo con una mujer, de unos cuarenta años, bastante atractiva, que va sola, caminando lentamente, como si no fuese a lugar determinado alguno, o como si estuviese buscando compañía, aunque no parece demasiado ser una prostituta.

Nuestras miradas se encuentran -porque deben haberse buscado primero- al pasar el uno junto al otro, y ambos nos volvemos y nos detenemos al mismo tiempo, mirándonos fijamente, directamente a los ojos. Ella me hace un gesto con la cabeza, una llamada con la mirada, entre interrogante e incitadora, de invitación y demanda, a la que yo, sin dudarlo siquiera un momento, hago un silencioso signo de asentimiento.
Sonriéndome con coquetería, guiñándome el ojo y dándome un beso fugaz -mostrando así que se trata de una profesional-, me coge de la mano y me lleva, no lejos, a su propio apartamento.
Allí pasamos más de dos horas de desenfreno sexual. Me ofrece, ella misma, sin que le diga nada, todos los deleites de la sexualidad; me hace sentir todos los sabores de su cuerpo; utiliza en mí y para mí todos los artificios de su oficio de experta meretriz.
Primero, aún en combinación y con los zapatos de altos y finos tacones puestos, haciéndome toda clase de posturas obscenas, quitándose la ropa poco a poco, haciendo muecas provocativas, sacando y moviendo la lengua impúdicamente.
Después, descalza, medio desnuda ya, sólo con las medias y el sujetador, mostrándome al abrirse de muslos su vulva, y separándose con las dos manos, la raja del culo para exhibirla plenamente a mis ojos.
Nos besamos, y yo meto mi lengua dentro de su boca, mientras le acaricio el amplio mechón de su robusto pubis, llevando después mi dedo índice por debajo de los rizados pelos, entre sus muslos calientes, hasta encontrar la ranura del sexo, que empieza a estar mojada.
Jugamos ambos con nuestras bocas y nuestros sexos; nuestros dos cuerpos se bañan de saliva con la caricia de las lenguas. Mi falo penetra hasta el fondo de su boca, y mi lengua se pierde en los labios húmedos de su vulva y entre sus nalgas.
Copulo con ella en diferentes posturas: tendida debajo de mí; cabalgándome; arrodillados como los perros, y el último billete de mil me sirve para metérsela por el culo.


El hombre todos los días busca una prostituta diferente, sin detenerse a pensar si es bella o no; lo que quiere es variedad. Pero la niña representa lo contrario que las prostitutas; ella es la pureza y la frescura, ella es la virginidad y su carne deseable es inaccesible. Un día descubre al fin lo que la chica va a buscar a la biblioteca: un libro de estampas eróticas. Desde ese momento la imagina masturbándose frente a todos, huyendo del colegio religioso para quitarse la ropa interior en la biblioteca.

Un día, después de ser contagiado de gonorrea con una prostituta vieja con la que ni siquiera disfrutó, se encuentra con la niña en una procesión religiosa y la sigue hasta la iglesia donde tienen una especie de relación sexual.

El libro tiene muchas referencias a Bataille, el autor se aseguró de este modo que yo no entendiera este libro. Un relato corto con sus buenos detalles. Especial para seguidores de Bataille.




Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, anal, pederastia, masturbación, prostitución, sacrilegio, trios, lesbianismo.



Diario de burdel
Josep Lluís Seguí
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical 14
España, Marzo 1979
ISBN: 978-84-7223-314-0
96 pág.


martes, 3 de abril de 2012

La colección de Grupo Editorial Posada

Serie Amor y Paz.......a mí me parecen unas nalgas
Vamos a hablar de los años 70. En mi México lindo y querido, como en otros lugares, los cambios, destapes y revoluciones sexuales se vieron en los locos años 70s y no en los sesentas, como con nuestros gabachos vecinos del norte. Para un país de leyes liberales con costumbres conservadoras, esto significó una gran oportunidad para nuestras editoriales.

Por aquellos años México era el lugar ideal para editar libros de corte erótico; con suficientes traductores para escribir en un español estándar, con leyes laxas (mientras no te metieras contra el gobierno o el ejército) que permitían editar cualquier cochinada, lo que faltaban eran consumidores. La generación de jóvenes que creció en los 70s eran rebeldes que querían romper esquemas conservadores (aunque luego no supieron qué hacer con los pedazos), así que allí se abrió una oportunidad que varias editoriales pudieron aprovechar.

El Grupo Editorial Posada, comenzó a editar en 1970 la "Colección Duda", una revista en formato de bolsilibro "de puras letritas", a diferencia de otros bolsilibros en formato "de dibujitos"; la revista duda, si bien contenía algunos dibujos, el tema principal lo conformaban los textos.....quizás una excepción fueron los libros de Rius.

Los temas eran variados e interesantes; se trataba de ir a la moda y explotar temas escandalosos para una sociedad en transición hacia un liberalismo (que no sucedió fuera de la Ciudad de México), temas tan interesantes como:

"¿Quien Fue Usted En Su Vida Anterior?",  "Sacerdotes o cosmonautas",  "La lujuria, el diablo y las brujas",  "Virginidad y machismo en México", "Sacerdotes, ¿verdugos del catolicismo?",  "El "Che" Guevara en México", "La revolución sexual de la mujer"


Temas esotéricos, comunistas, anticlericales, naturistas y............eróticos.


Resulta que en la colección, existía una serie dedicada exclusivamente a temas "eróticos", se llamaba la "Serie Amor y Paz", que en un formato muy resumido, imprimía obras eróticas clásicas. Dentro de esa serie tenemos:
2. Amor y sexo en la India. Ananga Ranga. El manual del amor del célebre poeta hindú Kalyanamalla. Un libro sobre el juego altísimo y estético del sexo. 7. Lo más audaz de Casanova. El más grande Playboy de todos los tiempos. Una selección original de las célebres Memorias, de Jacobo Casanova. 9. El divino libro de los amantes. Kama Sutra. El más antiguo y sabio texto hindú sobre el amor físico. Vatsyayana, su autor, es el padre de los modernos manuales de amor. 15. Cartas a mi esposa sobre la pornografía. La más completa información sobre la vida erótica moderna. Un libro escrito para los jóvenes y los adultos. 16. El erotismo en los poetas. Seis siglos de erotismo en la poesía de la lengua española. Los textos de los más grandes poetas de España, América Latina y México. 20. El manual chino de la recámara. De este les hablo más adelante. 27. La lujuria, el diablo y las brujas. Jacobo Tornero, 30. Virginidad y machismo en México. Roberto Rodríguez Baños. 35. Historia del dulce amor dado a los indios por los yanquis. Mariana Valenzuela. 38. Historia de la sexualidad. Gabriel Christian. 42. La vida erótica y criminal de los Borgia. Hannerl Goessler. (2a. Edición) 45. El libro del yoga y el sexo. Kari Meagh (3a. Edición) 49. La revolución sexual de la mujer. Renata Galindo. (2a. Edición)
La verdad, una colección erótica casi casi PG-13, pero de todas maneras es digno de mencionarse, ya que tenemos una de las primeras impresiones en español de las memorias de Casanova, así como el Jin Ping Mei "en versión turbo".

Husmeando por la red, me encontré con el número 16 de la colección, que si no es una maravilla, pues da un buen ejemplo de lo que les hablo.

Montaño, Alejandro - El erotismo en los poetas (antología)