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miércoles, 20 de marzo de 2013

El condón asesino de Ralf König

¡Uy que feo!
......de la película inspirada en el cómic.

He de confesar que nunca he usado un condón. Lejos de mí la temeraria idea de estar en contra de su uso, pero simplemente………bueno……..no los he usado y ya.

Este comic me da una buena (es decir, falsa) excusa si ustedes tratan de indagar el porqué de mi peculiar  conducta: nunca sabes cuándo un cachivache de esos se va a comer tu “parte de varón”. En un momento estás poniéndote el “hulito” y dispuesto a saciar tus urentes instintos de pasional libídine (te preparas a coger) y el siguiente estás persiguiendo un extraño ente condoniforme que bufa como gato y huye despavorido con tu pene en su interior.

Aquí tenemos un comic muy divertido de Ralf König. König es un dibujante de comics de temática gay. Sus personajes suelen ser despreocupados gays que viven la vida loca; casi siempre encontramos un tipo grande, peludo, y de aspecto de hombre mediterráneo. Köning suele dibujarnos muy mal a hombres heterosexuales, travestis y mujeres de la elección sexual que sean; sin embargo en este comic en particular no se ensaña con nadie….o mejor dicho, nadie sale bien librado.

En el “hotel revolcón”, hotel de “pago por evento”, en un cuarto en particular ocurren cosas extrañas: las mujeres atacan a los hombres y les arrancan el pene de un mordisco, mientras gritan como locas.
Cuando el inspector de la policía va a investigar, y de pasada a fornicar con un desconocido que conoce en la calle (bueno, no lo conoce, nomás se encueran sin hablar) descubren con horror que el condón de la mesita se mueve y sale huyendo.

En la persecución, el inspector pierde un huevo de una dentellada……..pero el condón no olvidará su enorme pene de mandril.

Resulta que el inspector busca el amor (aunque no es nada romántico) y comienza una relación con el extraño del cuatro de hotel que le lleva flores al hospital……me da mucha risa que para König, hablar de sexo gay es natural y llano…….violento y de urgencia; pero el amor es algo que hace ruborizarse al gran inspector y su amante.

Allí comienzan una serie de aventuras aderezadas con sexo extraño y amor gay.

No soy aficionado al erotismo gay, pero la picardía cómica me gusta mucho, y el absurdo me hace gracia. Creo que este libro es bueno.

Y ya, léanlo, es gracioso. Y no metan la pilinga donde sea.



Perversógrafo: Sexo oral, homosexual, bisexualidad, travestismo, voyeurismo, lluvia dorada, bondage, estupro, prostitución, violación.........qué se yo, cosas muy raras.



El condón asesino
Ranf König
Ediciones la cúpula
Víbora Comix
Barcelona, 1991
ISBN: 84 7833 055







lunes, 13 de agosto de 2012

Homofobia. ¿Homofobia?

Seguimos con "el mes de la cochinada" después de unos días de cochinadas menos blogueras.

John Cleland escribe entre 1748 y 1749 "Fanny Hill: Memorias de una mujer de placer" sobre un tema que ha sido repetido hasta el hartazgo en subsecuentes novelas eróticas.

 A Cleland nunca se le conocieron  parejas, ni hombres ni mujeres. No por ello pienso en una posible homosexualidad, sino por un fragmento de su libro en donde critica ese delito, pero que lo describe en gran detalle, lo cual me indica que no parecía desagradarle tanto como decía:



Yo observé que no podía concebir cómo era posible que los hombres tuvieran un gusto universalmente considerado odioso y que además era absurdo e imposible de gratificar ya que, según mis ideas y la experiencia que tenía de las cosas, la naturaleza no podía forzar una desproporción tan grande. La señora Cole se limitó a sonreír ante mi ignorancia y no dijo nada para desengañarme, cosa que sucedió ante una demostración ocular que me proporcionó un singular accidente pocos meses después, y que os relataré aquí para no tener que volver sobre un asunto tan desagradable.
Con el plan de visitar a Harriet, que había alquilado una casa en Hampton-court, había contratado una carroza para ir hasta allí. La señora Cole había prometido acompañarme, pero algún negocio impostergable intervino para retenerla y tuve que partir sola; apenas había recorrido un tercio del camino cuando el eje de las ruedas se rompió y yo me consideré afortunada cuando entré, sana y salva, en una posada de bastante buena apariencia que había allí. Allí me dijeron que la silla de postas llegaría dentro de dos horas, como máximo y yo decidí que era mejor aguardarla que desistir de mi excursión, de modo que fui conducida por dos tramos de escaleras hasta una habitación muy limpia y decente de la que tomé posesión por el tiempo que debía esperar, con derecho a pedir todo lo necesario para hacer justicia a la posada.
Allí, mientras me entretenía mirando por la ventana, llegó una silla de posta tirada por un solo caballo, de la que saltaron ágilmente dos jóvenes caballeros, porque eso parecían, que entraron como si sólo desearan comer algo y refrescarse un poco, ya que dieron orden de que su caballo se mantuviera listo para proseguir viaje. Después escuché el ruido de la puerta de la habitación vecina, donde los hicieron entrar y dieron unas apresuradas órdenes; en cuanto fueron servidos oí que cerraban la puerta y echaban el cerrojo por dentro.
Un espíritu de curiosidad, nada súbito por demasiado frecuente, me impulsó, sin sentir ninguna sospecha especial, a observar cómo eran sus personas y conducta. La separación de nuestras habitaciones era un tabique de esos que se retiran ocasionalmente para hacer de las dos habitaciones una, cuando lo requieren los huéspedes; ahora mi cuidadosa búsqueda no me proporcionó ni la sombra de una mirilla, circunstancia que probablemente no había escapado al examen de los sujetos del otro lado, a quienes mucho les interesaba no errar en ello. Finalmente observé un parche de papel, del mismo color del friso que, según supuse, escondía alguna falla; estaba tan alto que me vi obligada a subirme en una silla para alcanzarlo, cosa que hice en el mayor silencio posible; con la punta de un alfiler lo atravesé, obteniendo suficiente espacio para espiar. Y ahora, acercando el ojo, dominé perfectamente la habitación y pude ver a mis dos jóvenes galanes retozando y empujándose en lo que consideré travesuras y juegos inocentes.
El mayor podía tener, según supongo, unos diecinueve años; era un muchacho alto y agraciado que llevaba una levita de fustán, una capa verde de terciopelo y una peluca rizada.
El más joven no podía tener más de diecisiete, era rubio, saludable, bien formado y, para decir la verdad, un mozuelo guapo y dulce. Era —supongo— un campesino, a juzgar por sus ropas que consistían en una chaqueta de felpa verde y calzones iguales, chaleco y medias blancas; una gorra de chalán cubría sus cabellos rubios, largos, rizados y sueltos.
Después vi que el mayor echaba una mirada de inspección a todo el rededor de la habitación, aunque probablemente estaba demasiado apurado e inflamado para no haber pasado por alto el pequeño agujero en que yo estaba apostada, especialmente porque era muy alto y mi ojo, muy próximo a él impedía que pasara la luz, traicionando mi presencia; entonces dijo algo a su compañero que modificó rápidamente el aspecto de las cosas.
Porque ahora el mayor comenzó a abrazar y besar al más joven, a poner sus manos en su pecho y a dar señales tan evidentes de sus intenciones amorosas que me hicieron concluir que el otro era una mujer disfrazada; un error en el que coincidí con la naturaleza que, ciertamente, había errado otorgándole el sexo masculino.
Entonces, con la impulsividad de sus años y decididos como estaban a cumplir sus proyectos de descabellado placer, arriesgándose a las peores consecuencias, ya que no era nada improbable que fueran descubiertos, llegaron a extremos tales que pronto supe quiénes eran.
Finalmente, el mayor desabotonó los calzones del otro y retirando la barrera de lino puso a la vista una vara blanca, de tamaño medio y apenas madura; después de palparla y jugar un poco con ella y otros coqueteos —todo lo cual era recibido por el chico sin más oposición que una cierta timidez vacilante, diez veces más agradable que repulsiva— hizo que se volviera, dando la cara a una silla que estaba allí; este Ganímedes que, supongo, conocía su oficio, inclinó obsequiosamente su cabeza contra el respaldo y proyectando su cuerpo hacia atrás ofreció un buen blanco, aún cubierto por la camisa; yo lo veía de lado pero su compañero de frente. Este desenmascaró su artillería y exhibió una macana muy adecuada para convencerme de que era imposible que las cosas se llevaran a extremos tan odiosos, a causa de la desproporción de las partes; empero iba a ser curada de mi incredulidad, incredulidad de la que todos los jóvenes deberían curarse por intermedio mío para que su inocencia no sea atrapada en una celada semejante, por más de desconocer la importancia del peligro. Nada es más cierto que la ignorancia de un vicio no nos preserva de él.
Entonces, haciendo a un lado la camisa del chico y sujetándola debajo de sus ropas, puso a la vista esas eminencias carnosas y globulares que componen los montes del placer d e Roma, y que ahora, con el angosto valle que los separa estaban en exhibición y expuestos a su ataque; no pude contemplar las disposiciones que tomó sin estremecerme. Primero, humedeciendo bien con saliva su instrumento, obviamente para ayudarlo a deslizarse, y luego apuntándolo y embutiéndolo, como pude discernir claramente, no sólo por la dirección y porque lo perdí de vista sino por los retorcimientos, las contorsiones y las quejas suavemente murmuradas del sufriente joven. Finalmente, cuando los primeros estrechos de la entrada fueron atravesados todo pareció moverse y funcionar con mucha normalidad, como en un sendero alfombrado, sin roces ni barreras; ahora, pasando un brazo alrededor de las caderas de su querido, se apoderó de su juguete de marfil coronado de rojo que estaba perfectamente rígido y mostraba que aunque por detrás fuera como su madre, por delante era como su padre; así se entretuvo mientras con la otra mano jugueteaba con sus cabellos e, inclinándose hacia adelante cogió su cara, de la que el chico sacudió los rizos que la cubrían a causa de su postura, y acercándola a la suya recibió un largo beso. Después renovó sus impulsos y, continuando el castigo de su trasero, alcanzó la culminación del acceso con los síntomas habituales, dando por terminada la acción.
Tuve la paciencia de contemplar hasta el fin esta criminal escena simplemente para poder reunir más hechos y certezas contra ellos, en mi deseo de hacer justicia con estos desertores; por tanto, cuando recompusieron sus ropas y se prepararon para marcharse, ardiendo como estaba por la rabia y la indignación, salté de la silla con ánimo de alborotar a toda la casa en contra de ellos; lo hice con tanta impetuosidad y mala suerte que algún clavo o aspereza del suelo enganchó mi pie y me hizo caer de cara, con tanta violencia que quedé sin sentido y debo haber quedado allí bastante tiempo ya que nadie acudió a ayudarme. Ellos, alarmados, supongo, por el ruido de mi caída tuvieron más tiempo del necesario para retirarse sin riesgos. Lo hicieron, según me enteré, con una precipitación que nadie comprendió hasta que volví en mí y lo suficientemente compuesta para poder hablar, enteré a los de la casa de la transacción de que había sido testigo.
Cuando volví a casa y narré mi aventura a la señora Cole ella me dijo, con mucha sensatez, que no había duda de que tarde o temprano, el castigo alcanzaría a esos malvados, aunque por ahora escaparan de él y que si yo hubiese sido el instrumento momentáneo de ese castigo, hubiese sufrido mucho más angustia y confusión de lo que imaginaba. En cuanto a la cosa en si misma, cuanto menos se hablara, mejor, pero que aunque ella podía ser sospechosa de parcialidad por hacer causa común con todas las mujeres, de cuyas bocas esta práctica quitaba algo más que el pan, no podía ser acusada de pasión haciendo una declaración que surgía del amor a la verdad, a saber, que fuesen los que fuesen los efectos de esta infame pasión en otros tiempos y otros países, parecía existir una particular bendición en nuestro aire y nuestro clima, porque la marca de la plaga está visiblemente impresa en quienes están corrompidos por ella, al menos en esta nación, ya que entre todos los de esa calaña que había conocido, o por lo menos, de las que eran universalmente sospechosos de escándalo, no podía nombrar ni a uno cuyo carácter no fuera en todos los otros aspectos indigno y despreciable y desprovisto de todas las virtudes varoniles de su propio sexo, y llenos sólo de los peores vicios y locuras del nuestro; que in fine, eran apenas menos execrables que ridículos en su monstruosa inconsistencia de despreciar y condenar a las mujeres y, al mismo tiempo, imitar sus modales, sus aires, sus gestos y su volubilidad y, en general, todas sus afectaciones que, por lo menos, las favorecían más que a esas señoritas-macho sin sexo.
Fragmento (suprimido en muchas ediciones) de Fanny Hill, de John Cleland


jueves, 26 de julio de 2012

Bajo las Sombras, Anónimo Victoriano (Revista la Perla)

Ya en una ocasión les hablé de que quería una colección de revistas victorianas reeditadas en los años 70s en español por la Editorial Polen.

Las revistas fueron publicadas a finales del siglo XIX en el Londres Victoriano; yo supongo que había alguien muy influyente detrás porque se alcanzaron a publicar casi 20 números y nunca hubo un solo sospechoso.

Bueno, me entero que alguien ha digitalizado una parte de los números  en español.

La literatura pornográfica Victoriana no difiere mucho de la actual. Jovencitas vírgenes que pueden romper sus complejos cinco minutos después de ser violadas y acceden a toda clase de prácticas; hombres potentísimos que parece que portan ametralladoras:

Después de almorzar Frank vino a mi alcoba a fumar un cigarrillo.
Los sucesos de la mañana nos habían dejado intranquilos y excitados.
— ¡Por Jove, viejo!— exclamó— me resulta completamente imposible esperar hasta mañana para gozar de la encantadora Rosa.
—Además, cuando estamos tantos juntos cabe en lo posible chasquearse.
—No, no, tiene que ser esta misma noche.
—Me muero de deseo.
—Su habitación está ahí, junto a la de mis hermanas.
Traté de disuadirlo para que no cometiera cualquiera imprudencia, ya que, aun cuando la habíamos visto tan excitada y accesible, no podíamos en modo alguno tener la seguridad de que estuviera dispuesta a rendir su virginidad tan fácilmente. Argumentaciones y razonamientos fueron, empero, vanos:
— Ve, cómo sólo el pensar en ella, inflama mi verga— exclamó abriendo su bragueta para extraer un hermoso miembro de cabeza colorada, gloriosamente erecto, henchido y duro como el mármol, cuya ardiente sangre parecía que iba a reventar las turgentes venas.
El espectáculo era demasiado tentador para poder resistirlo.
Se me cayó el cigarrillo que tenía en los labios, y arrodillándome frente a él, besé, succioné y froté aquella deliciosa verga hasta que se vino en mi boca con una exclamación de arrobo, mientras yo bebía con avidez hasta la última gota de su copiosa emisión.
Una vez que hubimos recobrado un tanto nuestra serenidad, discutimos cuál sería el mejor plan para la noche, ya que yo estaba dispuesto a tomar parte en la diversión.
Frank se avino gustoso a esta participación mía, a condición de que él fuera primero al cuarto de Rosa para convencerla de que accediera a sus deseos.
Luego, cuando todo estuviera en regla, les sorprendería yo en pleno juego y me sumaria a la fiesta erótica.
.................................................
Me desvestí lo más rápidamente que pude, y me uní a él para escoltarlo hasta la recámara de su amada, la que, en efecto, estaba abierta, y en cuyo oscuro interior penetró sin hacer ruido.
Era evidente que ella estaba despierta y que esperaba su visita, pues pude oír sus apasionados besos, y las exclamaciones de deleite cuando él acariciaba el lindo cuerpo de la muchacha.
— Amor mío, es preciso que encienda las luces para que mis ojos puedan solazarse con tu belleza. ¿Por qué las apagaste?
Ella opuso una débil resistencia, pero pronto estuvo la habitación iluminada por media docena de candelas.
Yo observaba al través del ojo de la cerradura, escuchando con ansia cada palabra que decían.
— Sentémonos uno junto al otro, amorcito, y disfrutemos del contacto de nuestros cuerpos desnudos antes de dedicarnos a besarlos.
Pude ver cómo las camisas de noche de él y de ella estaban levantadas lo más arriba posible, así como la forma en que palpitaba la verga de él apuntando hacia el vientre de ella. El hizo que Rosa lo asiera, y pasando una de sus piernas por encima de los muslos de la joven trató de colocar la cabeza de su verga entre las piernas de la muchacha.
— ¡Ah! ¡No, no! ¡Nunca! ¡Me lo prometió usted por su honor, caballero! — casi gritó ella alarmada, mientras luchaba por desprenderse del estrecho abrazo en que él la tenía sujeta —.¡No! ¡No! ¡No se lo permitiré nunca!
Sus buenos modales parecieron trocarse en furia desenfrenada.
Pero él; de repente, la colocó de espaldas, con las piernas de él embutidas entre sus muslos.
— ¡Honor! ¡Honor! — decía riendo —¿Cómo es posible que lo tenga cuando me estás tentando así, Rosa? Me has puesto al borde de la locura con las libertades que me permitiste. Es inútil que te resistas. Antes moriré que dejar de poseerte ahora, queridita.
Ella luchó desesperadamente, en silencio, durante unos momentos, pero la desigualdad de fuerzas era patente.
Poco a poco se colocó él en posición, y luego, rápida y despiadadamente, se aprovechó de que estaba exhausta para violarla.
En un principio ella parecía insensible, y me aproveché del corto lapso en que permaneció inconsciente para entrar en la alcoba y arrodillarme al pie de la cama, desde donde pude contemplar a gusto cómo el arma ensangrentada de mi amigo entraba y salía en su despedazada virginidad.
Al cabo de un rato ella pareció empezar a gozar con aquellos movimientos, especialmente después que él le lubricó la vagina con su primera inyección de jugo de amor. Sus nalgas avanzaban al encuentro de sus acometidas, y sus brazos se abrazaban convulsivamente en torno a su cuerpo, aparentemente reacia a dejarlo ir, hasta que, ambos a una, se vinieron deliciosamente.
Mientras permanecían exhaustos tras de este asalto salí de mi escondite para besar a la muchacha.
Como ella abrió los ojos, puse mi mano sobre su boca para evitar cualquier grito de sorpresa inconveniente, y la felicité por haberse desprendido tan lindamente de su estorbosa virginidad.
Después reclamé mi derecho a participar en la versión, llamando la atención de ella sobre el rampante estado de mi verga, en contraste con el desmayado pene de Frank.
Pude darme cuenta de que en aquellos momentos ella ansiaba repetir el placer que acababa de experimentar.
Sus ojos estaban llenos de lánguido deseo cuando coloqué su mano sobre mi verga.
De acuerdo con lo que previamente habíamos convenido, la convencimos para que cabalgara sobre mí.
Al efecto, fui insertando mi verga con sumo cuidado en su todavía tierno cono para que se preparara lentamente a entrar en acción, pero mi excitación era tan grande, que con una exclamación de deleite descargué una corriente de esperma en sus mismas entrañas, lo cual enardeció a la muchacha, que comenzó a moverse despacio encima de mí, apresando mi arma con su palpitante coño del modo más delicioso.
Pronto estuvimos, pues, emprendiendo otra carrera frenética. Esto era demasiado para Frank, cuya verga estaba de nuevo endurecida como el acero. Ansioso de colocarlo donde fuera, se arrodilló detrás de ella y trató de insertar su pene en el coño de Rosa, al lado del mío, pero tuvo que abandonar la tentativa por resultar demasiado difícil la operación.
Entonces fijó su atención en el rugoso orificio que aparecía entre las nalgas, encantadoramente rosado. Como quiera que la punta de su pene estaba húmeda por el contacto con nuestras emisiones, no encontró gran dificultad, por medio de vigorosas embestidas, para conseguir adentrarse. En aquel momento yo la estaba jodiendo con ímpetu, y ella estaba demasiado excitada para oponerse a nada, de manera que sólo dejó escapar un grito sofocado cuando sintió que él se deslizaba en su interior por un conducto que ella siempre había creído que no tenía más que un solo objeto.
Les pedí que se detuvieran unos instantes para poder gozar la sensación resultante de las posiciones que habíamos alcanzado.
Nuestras vergas latían una contra otra de manera verdaderamente deliciosa, únicamente separadas por la membrana del recto.
Nos vinimos inmediatamente, con gran deleite de parte de Rosa, que a continuación nos apremió para que continuáramos...
Este fue el combate de amor más delicioso que jamás haya librado.
Ella nos lo hizo repetir una y otra vez, y cuando caíamos exhaustos, nos chupaba las vergas para revivirlas.
Duró hasta que el alba vino a advertirnos que era necesario tomar precauciones, y entonces nos retiramos a nuestras respectivas alcobas.

No cabe duda que los blog de relatos eróticos no son tan novedosos.

Yo siempre mantengo una posición contra la piratería; pero en este caso se trata de anónimos de 130 años de antigüedad, reeditados hace 40 años por editoriales que ya no existen..........si alguien las consigue, se agradecerá la aportación infinitamente.


lunes, 21 de mayo de 2012

Ermyntrude y Esmeralda......¿Comprar o no comprar?

Portada original, ilustración de Erté
En la última entrada, les decía que este libro era interesante porque tiene una divertida historia dentro, una interesante biografía del escritor y además picardía y originalidad. ¿porqué no comprarlo?

El libro tiene al menos dos inconvenientes decepcionantes: Creo que el mayor problema del libro es la traducción; además de la mala calidad de los dibujos. Ambos problemas hacen que se pierda la mitad del sentido que el autor le quiso dar al libro.....permítanme explicar:

Sobre la traducción:
El autor presenta de una manera muy sutil la defensa de la homosexualidad como algo inofensivo a la moral pública, en una historia en donde los únicos que tienen una relación de amor con deseo sexual son hombres, el resto de las relaciones mostradas son más de libertinaje o amor romántico.

También nos dice que tanto proteger a las niñas para que no se corrompan con temas sexuales, resulta contraproducente porque de todos modos lo descubrirán algún día. Hablamos de tiempos en los que una chica decente no tenía acceso a un diccionario para despejar sus dudas. Si la veían leyendo un diccionario caía la deshonra sobre ella.

También habla de una manera graciosa de los homosexuales que esconden su "depravación" casándose con niñas ingenuas; de las mujeres que desean a otras mujeres y de los hombres que acarician niños.

Para esto, en el libro no hay genitales, ni vulvas, ni penes, ni excitación sexual; hay "gatitas" y hay "Guaguás", que "hacen morritos". En la traducción de Valdemar, se traducen como "cositas" y "colitas", que "se ponen contentos".

Si bien el sentido original de ambos textos es similar: el usar palabras infantiles para los genitales, creo que debería haberse respetado la imagen del gato para representar la sexualidad femenina y la del perro para representar la sexualidad masculina........¿porqué? porque lo que la traducción inglesa refiere, es que cuando un gato ve a otro, debería tratar de pelear; que cuando un gato y un perro se encuentran, pueden finalmente convivir, pero que cuando dos perros se encuentran, lo primero que hacen es olerse mutuamente. El mensaje oculto del autor era que lo natural era que dos hombres se amaran, que los griegos lo hacían y era bien visto.


Papá dijo que Godfrey no podía jugar, que no era digno de juntarse con nosotros, lo cual fue una lástima. El pobre Godfrey está tan triste, ya mí me da mucha pena. Supongo que hizo algo muy malo, pero lo curioso esque a mí no me parece tan malo, a decir verdad, ahora lo quiero más que antes.......Me dijo que no creía haber hecho nada malo, al parecer los griegos también lo hacían, al menos los de Atenas, los  mejores entre los griegos, lo cual es muy divertido, ¿no te lo parece? 

Luego hay juegos de palabras, cuando a una de las chicas le regalan una gatita, y se usa el doble sentido para algunas imágenes graciosas, que en la traducción de Valdemar se pierden.

No te lo dije entonces,pero en aquel momento me habría gustado abrazarlo..., si el gato no se hubiera escapado del cesto en aquel preciso momento. ¡Qué casualidad que el gato y la gatita se hubieran puesto de acuerdo para enredar a la vez!  

Sobre las ilustraciones:
Resulta que la edición original de 1969 trae 17 magníficas ilustraciones de Erté. Puedo entender que, al tener derechos de autor, Valdemar las quiera sustituir, pero al menos debió haber captado las sutiles imágenes que nos regala (de la mano de las palabras "gatita" y "guaguá")....además que los dibujos están feos, feos, feos y por el precio, uno esperaría las imágenes originales.

Ilustración de Erté
Ilustración en la edición de Valdemar




















Noten el detalle del perrito (pene) conociendo al gatito (vulva)



     



Por supuesto, me gusta mucho, lo admiro, seguro que lo admiro más que a nadie en el mundo, pero lo que de verdad me sorprendió fue que, aunque siempre había pensado que sería lo más bonito que pudiera ocurrirme, no me apetecía nada de nada. No entiendo nada, a menos que yo..., no te cuento nada más. ¡Esto es todo!




 
¿Crees tú, ay, querida, crees tú que estarán enamorados? Casi estoy segura de que sí, pero entonces, si lo están, no entiendo nada de nada, porque, ¿cómo van a tener bebés? Te ruego que me contestes a vuelta de correo, te lo suplico (OJO al detalle del perrito).



De forma que ahí tenía la gatita de Simpson, que había hecho morritos por la mía; pero no quise. Creo que hay un punto en el que hay que decir que no...




El lugar donde están colocados los animalillos es muy sugerente


Vaya que sí, se me echó encima, empezó a besarme con mucha violencia, parecía todavía más excitado que Henry. Aunque al principio no me gustaba nada, después ya no me importaba tanto.



Bueno y aquí el gato sólo es decorativo.


Yo sé que no se trata de un libro de ilustraciones, pero creo que con un poco de atención, el libro hubiera sido mucho mejor y hubiera transmitido el mensaje original del autor, que al final, en una novela corta, es lo único que importa.

¿Qué hacer? el libro vale la pena de leer......quizás si un amigo lo tiene o si lo consigues en la biblioteca pública.



viernes, 18 de mayo de 2012

Ermyntrude Y Esmeralda de Lytton Strachey

Un escritor homosexual viviendo en la victoriana y posteriormente eduardiana Inglaterra escribe una novelita erótica que parodia la literatura libertina francesa; lo hace como un entretenimiento mientras escribe una biografía harto mas seria sobre personalidades en la época victoriana. Cualquier escritor homosexual (necesariamente "de closet" en ese tiempo) se habría conformado con escribir literatura, pero no Lytton Strachey, quien era abiertamente contrario a la hipocresía de la moral inglesa de la época.

Leyendo de corrido y sin tomar en cuenta el contexto en que fue escrita, la historia es simplemente narrativa romántica con un poco de picardía: una novela epistolar en la que dos jovencitas de 16 años están empeñadas en descubrir cómo se hacen los bebés, qué es el amor y qué tiene eso que ver con "esas ridículas cositas que les cuelgan a las estatuas".

Ellas sospechan, pero nadie las informa nada, así que tienen que aprender de la manera más complicada: espiando, suponiendo, practicando.

Una de ellas descubre que su hermano tiene algún lío romántico con su maestro. Ella sabe que debe ser amor, pero no entiende entonces cómo podrían casarse y tener bebés. Al ser descubiertos, el maestro es despedido y desterrado y el hermano enviado lejos.

Ermyntrude,  descubre que llama la atención de los hombres, pero se da cuenta que no sabe decidir qué es el amor, si es una conveniencia social, si es una imposición de los padres. Esmeralda un día tiene la oportunidad de ser seducida por un mayordomo y descubre toda la verdad: el sexo no va necesariamente aparejado con el matrimonio o el amor, las clases sociales no importan en la cama y hay mujeres a las que les gustan las mujeres.

Entonces se cayó la vela, nos quedamos completamente a oscuras, después casi ni sé qué pasó, porque era todo tan excitante, pero de alguna forma me recliné a medias sobre la escalera, que es muy pendiente, de madera, por cierto; y Henry estaba sobre mí, me abrazaba como nunca, así que ya puedes hacerte idea de que no estaba precisamente muy cómoda. Se me ha olvidado decirte que cuando estaba abrazándome sentí que la cosita se me alegraba tanto que no sabía qué hacer, excepto abrazarlo a él aún más, lo cual hacía que se pusiera aún peor. Pero cuando estábamos tendidos todavía se me alegraba más. Luego Henry empezó a quitarme la falda, la enagua, y yo le ayudaba, era muy divertido..., qué prisa teníamos, cómo se movía su cuerpo,con qué fuerza respiraba, empezaba a darme un poco de miedo. Pero me sujetaba con demasiada fuerza como para que pensara en poder irme, si es que lo hubiera deseado; de repente, muy de repente, la cosita empezó a dolerme horriblemente, casi grito. Era como si algo entrara dentro de mí, pero, aunque me hizo daño, la cosita seguía la mar de alegre, y empezó a sentirse contenta, como si le gustara, y me parece que sí que le gustaba, más que nada en el mundo. 


Obviamente el libro no fue publicado sino hasta 1969, los temas que trataba eran demasiado escandalosos para su época; pero el autor era así.......escandaloso.

Strachey Lytton(1880-1932) era hijo de una sufragista (un escándalo entonces), "abiertamente" homosexual  y formó parte del "Círculo de Bloomsbury", que tenía fama de ser algo así como una cofradía de poetas libertinos que hacían orgías y "luchaban por los derechos de los pervertidos". En realidad era más parecido a un "club de intelectuales", pero ...... cría fama ........

Pacifista, escritor de satíricas biografías incómodas, irónico, irreverente. Escribió cuentos y ensayos donde defendía la homosexualidad y declaraba su problemática, pero parece ser que nunca se atrevió a publicarlos (la homosexualidad era ilegal en Inglaterra entonces)

Hay una anécdota muy curiosa sobre su vida: Dora Carrington parece que estaba perdidamente enamorada de él, pero él no le podía corresponder por su homosexualidad. Aparentemente ella aceptó casarse con Ralph Partridge para que su amado Lytton pudiera tener acceso sexual a él y participar en tríos. No sabemos si ellos al fin tuvieron contacto sexual, aunque se supone que no aunque vivían juntos. En 1932 Lytton muere de cáncer en el estómago y poco tiempo después ella se suicida al no poder superar su pérdida. Su marido pudo evitar el primer intento de suicidio pero al final ella se pegó un tiro.


Hay una película de 1995 al respecto (Carrington) pero como yo no me dedico a las biografías ni a las películas, le dejo a otros el hacer la investigación.


Bueno, la pregunta sería ¿Recomiendo este libro? De inicio no sé responder, me inclino a pensar que no lo recomiendo. Es bastante costoso, aunque es interesante la disertación sobre la prohibición a la homosexualidad y la lectura no tiene desperdicio.

En el siguiente literotismo comento porqué no recomiendo comprarlo.







Perversógrafo: Sexo vaginal, homosexualidad, lesbianismo, pederastia.



Ermyntrude y Esmeralda
Lytton Strachey
Valdemar
España, 2002
ISBN: 84-7702-393-X

págs: 96

martes, 22 de noviembre de 2011

Púrpura profundo de Mayra Montero

Leda de Lukas Kandl 
¿Qué vas a hacer con tu vida el día que llegue tu jubilación? Es muy fácil decir que tomarás las pantuflas, el chocolate y la bata y te irás al sillón a terminar de leer todo lo que no has leído en estos años.

Mayra Montero tiene otra respuesta para Agustín, su personaje: un escritor de reseñas musicales de un periódico, en mi opinión un desagradable tipo que nunca ha amado a su mujer y no soporta a sus nietos: se dedicará, al menos por un tiempo a darle gusto a un ex-compañero Sebastian, y redactar las memorias de su intensa vida erótica, con especial cuidado en la descripción de sus encuentros homosexuales.


El protagonista y narrador pocas veces estaba en su casa, su esposa sabía de sus continuas infidelidades pero parece no importarles, su relación no se basa en el enamoramiento, ellos se apoyan mutuamente de manera incondicional; mientras él busca el erotismo en otras piernas, bocas y caderas.

Agustín entiende el amor como entiende la música; sabe que uno es inseparable del otro y se enamora de una manera intensa y física; hasta que duele emocionalmente. En su repertorio hay variedad: la violinista Virginia Tuten, mulata caribeña con quien lleva una relación tormentosa, como si fueran un par de adolescentes con sus problemas estúpidos y su casi sadomasoquismo.

Está una bonita relación con Clint Verret, uno de los pocos personajes del libro a quienes se les puede tener aprecio. En mi opinión Agustín se aprovecha sexualmente de Verret, al menos en un principio, para caer después locamente enamorado de él y terminar como buenos amigos.

Agustín se enamora de músicos, principalmente mujeres, y llega a comparar al sexo con ese compás que debe seguir cualquier músico, conquistar al músico equivale a dominar la música y poseerla.


      Me arrodillé frente a ella y le pedí que extendiera las manos; sólo quería saber si alcanzaba con ellas el teclado.
      –Ahora –sollocé–, ¿puedes tocar?
      Echó su cuerpo hacia delante, sólo las puntas de sus nalgas descansaban en la banqueta, y yo, sentado ya en el suelo, hundí la cabeza entre sus muslos.
      –La danza... –suspiró–, ¿vuelvo a tocarla?
      El confite, toda la miel del mundo, estaban allí, bajo mi lengua, y las manos de Alejandrina Sanromá tocaban a despecho de mi voracidad, pero también a despecho de su locura. Se había vuelto loca y de Chaikovski saltó a alguna otra pieza que no fui capaz de identificar. El ruido de sus gemidos se entremezclaba con las campanitas de la celesta, y en el momento en que la sentí venir, la oí golpear el instrumento, lo aporreó con furia. Alejandrina dejó de tocar y sollozó largamente, puso sus manos sobre mi cabeza –sobre mi rostro de duende confitado– y fue calmándose poquito a poco.
      Me incorporé y le chupé los pezones. Ya no me importaba que en aquel estudio no hubiese un sofá, ni siquiera una butaca. La empujé suavemente hacia el suelo y me tendí sobre ella. Nunca había tenido bajo mi cuerpo un cuerpo tan delgado, pensé que no me gustaban las huesudas. Pero me equivocaba. Los huesos de Alejandrina empujaban mis propios huesos, sobre todo a la altura de las caderas, y la sensación que me produjo aquel duelo me llenó de un regocijo macabro: éramos dos esqueletos batiéndonos a muerte, tratando de rompernos el uno contra el otro, trozándonos a ver cuál de los dos se deshacía primero.
      Levanté las piernas de Alejandrina y las retuve en alto con mis manos antes de adentrarme brutalmente en ella. Ésa iba a ser la estocada final, el golpe de gracia para un montoncito de carne que, tocado por la varita de un hada, estaba a punto de convertirse en polvo luminoso. Alejandrina chilló, y si yo no lo hice con la misma intensidad fue porque me abrumó en ese momento la dicha de haber recuperado la pasión, que no es otra cosa que la sensación de nacer y morir en un segundo, y renacer sabiendo que ya nada te podrá matar.
      Yo era inmortal, prácticamente invencible cuando me retiré del cuerpo de Alejandrina Sanromá. Tropecé con la celesta antes de poder llegar a la mesa para encender la lamparita. Alejandrina estaba inmóvil, tendida en el suelo, y yo busqué entre mi ropa un pañuelo. Volví a su lado y le enjugué la entrepierna como si le enjugara unas lágrimas.
      Nos vestimos y fuimos a cenar. Alejandrina no bebió una gota de licor, nunca bebía, pero parecía borracha. Me rogó que fuéramos a su casa y le advertí que lo iba a lamentar. Se lo advertí con malicia y me respondió que no le importaba. Que lo único que deseaba esa noche era lamentarlo todo, impacientarse por todo, llorar de ganas de llorar. Quería que la tomara al derecho y al revés, a la buena y a la mala, de golpe y sin aviso y sin misericordia. Enrojecí, nunca había conocido a una pianista, virtuosa o no, tan deslenguada. Alejandrina deliraba en voz baja, pero pensé que, aun así, desde alguna mesa cercana la podían oír. Tomábamos el postre y le confesé que me gustaba mucho. Ella tembló dentro de su vestido negro: una cerrazón tan anegada y bruja como el sendero de su propia sangre.


Con Manuela Suggia tiene una relación abusiva, con Alejandrina tiene sexo rápido y a lo loco y así se va todo el libro, entre descripciones de lo que la música significa para él y relaciones dominantes con extrañas mujeres que amamantan murciélagos.

Lo interesante de este libro es que no es erótico por su carnalidad, sino que la carnalidad surge de una historia, que a su vez es el medio para adentrarse en el mundo melómano del narrador. Sin embargo, para Agustín, sus memorias son lo único que le queda.

Púrpura profundo obtuvo en febrero de 2000 el XXII Premio La sonrisa vertical.


Sexo vaginal, oral, anal, lesbianismo, homosexualidad, sadismo, masoquismo, lesbianismo,




Púrpura profundo
Mayra Montero
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 112
España, Marzo 2000
ISBN: 978-84-8310-681-5
176 pág.

sábado, 25 de junio de 2011

La vida sexual de Robinson Crusoe de Michel Gall

Un libro raro que no tengo. Hace muchos años, en una de esas interminables noches extrañas, fui a dar al departamento del hermano de una amiga; dicho departamento estaba en una hedionda vecindad detrás de un prostíbulo, había un catre mal acomodado, almohadones en el piso, botellas vacías que formaban caminos en el cuarto, sostenes gigantescos en las paredes y  una colección de libros que imponía. El único mueble en forma del departamento era el librero y la sección de erótica ocupaba un espacio clave, al centro de todo, al alcance de la mano.

Después de comer tacos de carne pegajosa en el piso y maridarlos con unos "flamazos" de licores empalagosos y una plática literaria de lo más interesante (la soledad del individuo, la amistad, el drenaje y las toallas sanitarias de las vecinas), se dio cuenta de mi interés por esos libros; sin desviar la plática de los filósofos alemanes, sacó un par de los ejemplares más raros que tenía y me los prestó.

Entre los libros venía "La vida sexual de Robinson Crusoe". Ingenuamente supuse que podía ser una broma, un libro con sus páginas en blanco o un estudio introspectivo en el personaje de Defoe; pero no. El libro es una novela entre lúdica y lúbrica (¿lúdrica?, ¿lúbdica?) que trata principalmente de las fantasías masturbatorias de Robinson Crusoe en su forzosa reclusión en la isla.

Se supone que la novela fue escrita en 1952 por el, en aquel entonces, estudiante de filosofía Michel Gall (posteriormente periodista), como una apuesta divertida con Maurice Girodias, un amigo que resultaba ser fundador de Olympia Press, se publicó con el pseudónimo de Humphrey Richardson y pronto se convirtió en un éxito de ventas.

Si la trama es predecible (Un hombre queda solo en una isla durante muchos años, sufre mucho, se adapta mediante trabajo arduo, encuentra a un polinesio y lo llama Viernes hasta que son rescatados), las escenas por otro lado no tienen desperdicio: mientras practica algún modo de bestialidad o tiene relaciones con Viernes, la fantasía erótica se desborda y los recuerdos y añoranzas llegan como sueños.

Así, un día que encuentra un baúl lleno de ropa, viste a sus cabras de mujeres, ríe al verlas y se excita tanto que las viola. Y es que nuestro héroe necesita compañía, sea de sus cabras, de lirones, del malvado gato al que mata en una violación, del maldito loro que le hacía compañía pero nunca le sirvió para dialogar, del mono al que domesticó porque necesitaba sentir la caricia de una mano. Robinson es extravagante en sus rituales  masturbatorios, así que puede pasarse toda una tarde trabajando en una tina de baño fragante llena de medusas para tener sensasiones nuevas, o puede buscar la mezcla ideal de ingredientes para tener una mejor sensación en el pene al masturbarse con ellos o al comerlos.

Con los recuerdos de las mujeres a las que amó, poseyó o deseó, teje fantasías en compañía de sus animales y se hace parte de ellos en una locura que lo deshumaniza y lo confunde.

En lugar de una bella indígena con quien copular día y noche, iba a encontrar a un salvaje que lo mos­traba a la horda de sus congéneres. Le acorralarían para asarlo. A menos que prefiriesen comérselo cru­do. Ésta era la suerte que le esperaba si se quedaba allí más tiempo, ¡si no se daba prisa en volver a su casa para levantar barricadas! Decididamente, más le valía acabar sus días con sus cabras y sus plumas an­tes que sentir cómo los caníbales le mordisqueaban las nalgas, aunque esta última idea podía tener su lado excitante.
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Ya se veía a la cabeza de un harén de salvajes muy serviciales.
Sería un verdadero pachá. Pasaría los días en su ha­maca –con una de las mujeres. Mientras tanto, las otras dos cultivarían los campos y ordeñarían las cabras. Reinstalaría la bañera para que se pudiesen lavar cuando volvieran.
Cada noche tomaría una nueva compañera. Por la maña­na, la última tendría la misión de despertarle suavemente deslizándose a su lado. Habría una muy gorda y velluda. Otra a la que afeitaría todo el cuerpo. A la tercera sólo le tocaría los pechos: el resto se cuidaría de no usarlo muy a menudo para conservar todo su frescor. ¿Tal vez todos los domingos? No, ¡mejor cada quince días! De esta forma, tendría verdaderamenle la impresión de gran novedad. Esto no convendría a la mujer. Da igual, ¡elegiría la menos sensual! También podría acogerlas a las tres en su le­cho. Penetraría a una mientras besaba a la otra. La terce­ra... pues la tercera metería la lengua donde fuera preciso. Él se movería muy suavemente para poder resistir el mayor tiempo posible. ¡Qué felices serían! Se rebozarían en sus cuatro sudores mezclados. El tiempo pasaría aprisa.


Un día, después de 19 años de soledad se encuentra con otro hombre a quien llamará Viernes ("Didí" de cariño) y quien será su compañero sexual a partir de entonces, y servirá de base a sus fantasías heterosexuales para imaginar a la robusta mujer de gruesas trenzas de cabellos rubios a la que desea, él será esa boca que desea fornicar, su ano será esa vagina que desea masturbar con sus pestañas, será al mismo tiempo su mujer y su compañero de correrías sexuales por los prostíbulos londinenses.

Robinsón ya no añoraba en absoluto a las muje­res. Estaba muy enamorado de Viernes. Se sentía sa­tisfecho. Sin embargo, y a pesar de su físico de Apolo, el joven salvaje tenía en el fondo un carácter muy dulce y muy sumiso pero sus deseos sexuales eran mediocres (las cartas le divertían mucho más); Ro­binsón se sentía incómodo por sus propias exigencias sexuales. Le daba vergüenza pedirle que se dejara hacer el amor varias veces al día.
De vez en cuando, le proponía que ocupara su lugar (a menos que lãs cartas no se lo hubieran ya designado). Viernes acep­taba siempre con gusto, pero -era evidente- el pa­pel que le tocaba desempeñar era la menor de sus preocupaciones.
En este caso, Robinsón disimulaba sus verdaderas inclinaciones y el favor que le otorgaba era solamen­te el testimonio de su gratitud ante la sumisión de Didí, que le emocionaba mucho.

Viernes es mucho más cooperador que las cabras, además de que es una buena mujer, a pesar de que ambos son heterosexuales, los roles a veces confunden. Viernes le enseñará también nuevas formas de masturbarse, como hacer agujeros en la arena y llenarlos de aloe, y le inspirará fantasías de indígenas morenas con lenguas en el coño.

Este libro es un divertimento que engrandece el onanismo, la bestialidad y el poder de la fantasía......muy bueno sin duda.






Perversógrafo: Sexo ¿vaginal?, anal, oral, con las pestañas, con todo el cuerpo, fantasía, masturbación, zoofilia, transexualidad, violación, homosexualidad, voyeurismo.



Si leen el gabacho, allí les va un fragmento:



La vida sexual de Robinsón Crusoe
Michel Gall
Arcor, Colección Fuente de Jade 1
Barcelona. 1988
ISBN: 84-270-1236-5
152 pag.

viernes, 3 de junio de 2011

Editorial EGALES

Yo no comulgo con eso del Orgullo LGBTQetc, por razones de forma y por razones prácticas que no me sale de los huevos explicar aquí. El activismo en las calles dice "aquí estamos, mírennos", pero no mueve al cambio. El activismo de las billeteras dice "aquí estamos, inclúyeme", y hace un cambio en automático.

Yo creo que las personas LGBTQetc van a lograr un verdadero cambio en la sociedad moviendo las conciencias con el peso de sus billeteras.

Los homosexuales en general gastan más que los heterosexuales; no se preocupan tanto por el futuro, tienen más tiempo libre y  casi no tienen hijos, así que visten mejor, hacen más turismo y tienen un rol de gastos alto.

Supongamos que yo soy un vendedor de tacos homofóbico (no soy ni lo uno ni lo otro, aclaro) ..... si las propinas son buenas, si los clientes son tragones, yo sería capaz de poner la banderita-arcoiris en mi puesto de tacos; hacerme "Gay-Friendly" y hasta ponerme disfraz o cambiar el menú de mi taquería si con ello le llevo más dinero a mi familia .... un día voy a despertar y voy a pensar: "los jotos no son tan malos ....... es más, ahora ya no les diré jotos, se llaman como ellos quieran que les diga".

Creo que al menos una editorial ya entendió el mercado; me encuentro con la editorial EGALES (Editorial Gay y Lesbiana) que tiene cientos de títulos de especialidad; no necesariamente eróticos pero de temática gay y lesbiana, algunos furiosamente contestatarios y otros de narrativa amena. La editorial se presenta en tres colecciones:

Colección Salir del Armario
Colección de narrativa contemporánea que está representada por un gran amplio elenco de autores nacionales y extranjeros, todos ellos con el denominador común de ser autores gays y dirigir sus escritos a un público principalmente gay, pero no por ello sin interés para otros sectores.

Colección Otras Voces
Es una colección de los denominados "clásicos modernos", incluyendo tanto la reedición de libros como de títulos nunca traducidos al castellano.
La temática gay se pone en relación con todos los aspectos de la sociedad, pudiendo destacar aspectos políticos, culturales, sociales, religiosos, ...

Colección G
En esta colección tienen cabida los ensayos de autores, principalmente, españoles; tanto noveles como de reconocido prestigio.

Sin querer dudar de las intenciones de la editorial, me encuentro que los libros no son exactamente de formato económico, creo que están atacando un mercado muy jugoso y dando la variedad que ese variado mercado demanda: desde clásicos, ensayo político y social, religioso y sobre todo una gran colección de narrativa, obviamente sin dejar de lado el tema romántico-erótico.

Buen puntacho.

A riesgo de que hordas furiosas de defensores y detractores me incendien el establecimiento, he de confesar que estos libros no llaman poderosamente mi atención, pero estoy seguro que tendrán éxito.

En México los encuentras en Gandhi.

martes, 16 de noviembre de 2010

Las canciones de Bilitis de Pierre Louys

Ya he reseñado en otras ocasiones a Louys, recuerdo haber mencionado "su obra erótica y su obra pornográfica", pero no me había dado el tiempo de explicarlo. Pierre Louys era pornógrafo "de clóset", muchas de sus obras pornográficas son póstumas o están sin editar; el señor las escribía, supongo, para sus ratos onanistas. Por otro lado, gran parte de su obra publicada en vida es erótica; con un erotismo apenas sugerente, elegante, culto y refinado.....nada más alejado de lo prosaico de sus obras "hardcore".

En 1894, Louys aún no tenía la fama que alcanzó posteriormente; era visto como una joven promesa de la poesía parnasiana.

Louys edita un libro de poesía y se presenta como el traductor. El libro contiene 143 cantos o poemas contemporáneos a Safo, y los presentó como la traducción de una serie de poemas encontrados en las inscripciones de una tumba fenicia en Chipre. La tumba era de una poetisa de la antigua Grecia clásica del siglo VI a.C. y había sido encontrada recientemente por el arqueólogo alemán Herr G. Heim (señor S. Creto)

Por muy crédulos que fueran los contemporáneos, no cayeron en la patraña, pero curiosamente el autor no cayó tampoco en el descrédito, sino que la calidad literaria es tal que lo impulsó aún mas. Los poemas hablan fundamentalmente del amor y del deseo, tratan la homosexualidad femenina desde un punto de vista positivo y completamente despreocupado de puritanismos. Es una obra sumamente sensual.

El libro comienza con una necesaria biografía de Bilitis, la "autora" de los poemas. Bilitis era hija de madre fenicia y padre griego (ausente). Nace en Pamphylia donde lleva una vida simple como pastora de cabras. En su adolescencia conoce el amor por los hombres y toma un amante. Huye a Mytilene, donde es discípula de Safo y por último se hace prostituta al servicio de Afrodita en la isla de Chipre.

El libro propiamente se divide en tres partes: Bucólicas de Pamphylia, Elegías de Mytilene y Epigramas de la isla de Chipre. Termina el libro con los epitafios encontrados en su tumba.

En las bucólicas, tenemos a una Bilitis preadolescente con los temores típicos de una jovencita; arropada por el amor materno que le explica la vida y la consuela. Al paso del tiempo se hace amiga de los niños, quienes le pedían que les contara historias, y de los pastores, quienes la invitaban a convivir con ellos.

La vida simple y el despertar sexual en un ambiente absolutamente natural, donde un día es tomada por la fuerza mientras duerme en el campo, para después pasar a explorar la sexualidad con un joven pastor de cabras en las frescas noches griegas.


LA COPA
Al verme, Likas, llegar vestida simplemente con una brevísima túnica, pues el calor es asfixiante, ha querido modelar mis senos, que quedaban al descubierto.
Ha cogido arcilla fina, la ha amasado con agua fresca y ha formado una ligera pasta. Y cuando la ha aplicado a mi piel, he creído desfallecer, de tal modo estaba fría.
Con el molde de mi seno ha hecho una copa redondeada y umbilicada. La ha puesto a secar al sol y luego, despachurrando flores contra ella la ha teñido de púrpura y ocre.
Después hemos ido hasta la fuente consagrada a las ninfas y hemos arrojado la copa en la corriente, luego de haberla llenado de alelíes dobles.

LA CASITA
La casita donde está su lecho es la más hermosa de la tierra. Está hecha con ramas de árboles, cuatro paredes de tierra seca y una pobre techumbre de bálago.
La amo, porque en ella nos acostamos desde que las noches refrescan; y, cuanto más frescas son, son también, por fortuna, más largas. Cuando despierta el día me siento, al fin, fatigada.
El colchón está en el suelo; dos mantas de lana negra tapan nuestros cuerpos que se dan calor. Su pecho rechaza mis senos. Mi corazón late...
Me estruja tan fuerte que me romperá, tan poca cosa como yo soy; pero en cuanto está en mí ya no hay para mí mundo; me harían pedazos sin despertarme de mi locura.



En las Elegías, tenemos a una Bilitis que ha huido de su hogar, abandonando un bebé aunque no da explicaciones del porqué. Llega a Mytilene y es tomada por amante por la misma Safo, quien la introduce a otras mujeres y la anima a establecerse con una. Un día encuentra una jovencita en el camino, quien la sigue porque no tenía a nadie, pronto se enamoran y se casan, pasando Bilitis a ser "el varón" y Manasidika la mujer.

Las elegías narran el amor apasionado que viven durante diez felices años; destinadas a no tener hijos, "adoptan" una muñeca de cera. Un día Bilitis descubre la infidelidad de Manasidika y se van alejando hasta que Manasidika la abandona por otra amante. Ella trata de consolarse y llora su pérdida, hasta que decide huir a Chipre.


LOS PECHOS DE MNASIDIKA
Ella abrió escrupulosamente, con una mano su túnica y me ofreció sus suaves y tibios pechos, tal como se ofrecen a una diosa un par de palomas vivientes. 
"Ámalos bien", me dijo "¡Yo los amo!". Ellos son venerados, son como chiquillos pequeños. Yo me deleito con ellos cuando estoy sola. Me recreo y les brindo placer. Los riego con leche. Los visto con flores. Sus minúsculos vértices se enamoran del fino cabello con el que los acaricio. Los halago con un estremecimiento. En lana reposan ellos en su sueño. 
Ya que nunca tendré niños. Y ya que están tan lejos de mi boca.
Bésalos por mí.

EL CORAZON
Deseosa, la he tomado de la mano y fuertemente la he puesto bajo la piel húmeda de mi pecho izquierdo. He corrido la cabeza de un lado a otro y he movido los labios sin hablar.
Mi corazón enloquece, violento y duro, golpea y golpea mi pecho, como un sátiro cautivo si se tropezara con otro. Ella me ha dicho:
"tu corazón me hace daño..." 
"Oh Mnasidika, he respondido yo, el corazón de las mujeres no está aquí. Este es un pobre pájaro, una paloma que agita sus débiles alas el corazón de las mujeres es más terrible "parecido a una baya de mirto, arde en la llama roja y bajo un despojo exuberante. Es aquí donde yo me siento mordida por la insaciable Afrodita"



En los Epigramas de la isla de Chipre, Bilitis se convierte en una prostituta al servicio del templo de Afrodita, allí vive y goza hasta que la vejez le llega y su belleza declina; entonces es hora de retirarse al campo, a lugares que le recuerdan su infancia y donde puede escribir sus cantos.


LOS MISTERIOS
En el recinto tres veces misterioso en que los hombres no penetran jamás, te hemos adorado, ¡Astarté de la Noche! ¡Madre del Mundo! ¡Fuente de la vida de los Dioses!
Voy a revelar algo, pero no más de lo que me está permitido. Alrededor del Falo coronado, ciento veinte mujeres se balanceaban gritando. Las iniciadas vestían de hombre y las otras con túnica abierta.
El vaho de los perfumes y el humo de las antorchas flotaba entre nosotras formando nubes. Yo lloraba con lágrimas ardientes. Todas, al pie de la Diosa, nos hemos echado sobre las espaldas.
En fin, cuando el acto religioso fué consumado y cuando, en el Triángulo Único hubieron hundido el falo purpúreo, entonces el misterio empezó. Pero ya no diré más.

EL ENGAÑO
Me despierto... ¿Es que se ha marchado?
¿Ha dejado algo? No: dos ánforas vacías y flores pisoteadas. Toda la estera está empapada en vino.
He dormido, y todavía estoy borracha... Pero, ¿con quién he venido?... Porque acostarnos nos hemos acostado. La cama misma está empapada en sudor.
Quizá eran varios; está esta cama tan deshecha. No recuerdo nada... ¡Pero habrán sido vistos! Aquí está mi frigia. Duerme todavía atravesada en el umbral de la puerta.
La doy una patada en el pecho y la grito: «Perra, es que no podías...» Estoy tan enronquecida que no puedo hablar.



Los poemas tienen un toque femenino, donde la rudeza y la fuerza son descartadas, y donde lo masculino pasa a segundo término, sin ser ignorado, no es enaltecido como el femenino.

El estilo parece griego, recuerda a los poemas de la poetisa Safo, pero hay algo "PierreLouysiano" que no se puede negar, el refinamiento de la palabra.

Es curioso que hay una segunda versión de "Las canciones...", ligeramente diferentes por algunas palabras, están acentuadas en lo erótico y no fueron publicadas hasta pasada la muerte del autor.








Perversógrafo: Sexo vaginal, cunilinguo, masturbación, lesbianismo, juguetes sexuales, prostitución.



Las canciones de Bilitis
Louÿs, Pierre
2003
Ediciones 29
ISBN:  84-7175-508-4
160 pags.