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jueves, 11 de abril de 2013

La educación sentimental de la señorita Sonia, de Susana Constante


Susana constante es una escritora bastante particular: sus relatos son, a mi modo de ver, caoticos y algo oníricos.  En una ocasión comenté que Luis G. Berlanga, fundador de Tusquets, inició la colección erótica "la sonrisa vertical" para editar todas aquellas obras que la represión franquista condenó al armario y que seguramente la gente tendría en sus casas.

Aparentemente este es uno (¿el único?) de esos libros: impreso en 1979, ganadora del premio de la portada rosa, parece ser que éste es un libro escrito en 1976.

Una muchacha, acompañada por un capitan del ejército viajan en tren. Se encuentran a un joven que se ha equivocado de tren, pero que los comienza a seguir sumisamente; aparentemente por amor platónico de la bella jovencita.

Ellos van a visitar a una Condesa, antigua amante del padre de la chica y quien tiene un hijo al que tramposamente llama sobrino y al cual ama absolutamente. El muchacho de 14 años es inteligente, soñador y está decidido a entrar al seminario y a renunciar al mundo. La condesa, mujer de placeres quiere que conozca el sexo (no el amor) para tratar de convencerlo de renunciar a sus planes.

El capitán, por su parte, hombre libertino y de placeres, está enamorado de la condesa, quien no le hace el menor caso y se ríe de su cursilería. Sonia, por otro lado, se enamora del muchacho, un par de años menor que ella pero más maduro intelectualmente. El muchacho simplemente ignora a Sonia.

Sonia era una chica rica con la impresión eterna de haber perdido una oportunidad. Iniciada por su padre y por un extraño violador de menores, quiere conocer el amor, aunque no lo persigue como un fin.

El libro refleja una filosofía muy interesante; desde ese punto de vista, el libro rescata elementos del erotismo clásico del siglo XVII y XVIII, con aquellas novelas que unían filosofía, anticlericalismo, perversión de una chica (chico en este caso) virgen y erotismo.

Olvidas, creo, que todo puede hacerse, a condición de mantener la compostura.
Apoyándose en el brazo del niño, la condesa suavizó la reprimenda con una sonrisa:
—Ten en cuenta, Sebastián, que es preciso guardar las formas, única manera de servirnos de ellas de acuerdo a nuestros deseos.
Sebastián la escuchaba frunciendo el entrecejo.
—¡Pero entonces —adujo pensativo— es necesario doblegarse, esclavizarse! —e hizo una mueca de desdén.
—Naturalmente —respondió Luisa, con un encogimiento de hombros—. ¿Contra qué, si no, irías a construir tus caprichos?
—¿Pero por qué —insistió el niño— obedecer para desobedecer? No te comprendo.
—¡Ah! —la condesa agitó la mano enjoyada— debes obedecer para sobrevivir, Sebastián; y desobedecer para vivir, esto es, para buscar tu placer. Es tal vez complicado, pero exacto. Todavía eres un niño — murmuró, mirando con ternura la carita afilada y morena—. Ya tendrás tiempo y ocasión de pensar en estas cosas.

Es un libro muy complejo, elegantemente escrito y de una sensualidad poco expresada:


Sonia lo miró, tendiéndole la mano derecha, y acariciando con la izquierda el cuello enrojecido de Alexei, mientras emitía sonidos consoladores, tales como:
—Ya, ya, ya. Vamos, vamos, vamos, etcétera.
Tomó, entonces, su mano y le dijo:
—Ven Nicolás —acomodándolo sobre su pecho libre.
Fascinado, Nicolás permaneció tendido allí, temeroso de decir algo que pudiera arruinarlo todo y mirando con un resto de prevención la cabeza abatida del Capitán de húsares que, no obstante, ya no le parecía tan terrible como cuando la miraba de abajo, esto es, hallándose Alexei bien plantado sobre sus pies. Se quedó allí, decía, hasta que captó un casi imperceptible cambio de ritmo en la respiración de la señorita, que acariciaba ahora su espalda y la del Capitán con los ojos cerrados y la boca anhelante. Alexei se inclinó sobre esa boca, lamiéndola dulcemente y deslizando una mano por la comba del vientre de Sonia, hasta apoyarla sobre el sexo con una presión exigente. Sonia apretó la cabeza de Nicolás contra su pecho y desatando los lazos del vestido le ofreció un pezón sonrosado y erecto.
—Chúpalo —le pidió, muy seria.
La mirada de Nicolás se encontró con los ojos atentos y algo espantados del Capitán que, al parecer, acababa de notar su presencia. Por un momento, el hombrecito sintió una contracción de miedo, pero sostuvo —inmóvil— la mirada de Alexei, y acabó por tranquilizarse pensando que siempre estaba a tiempo de matarlo, si la ocasión lo exigía, aunque rogando, también, que eso ocurriera —acaso debiera ocurrir— un poco más tarde.
Se encontraban, los tres, en una situación a un tiempo comprometida y lejana, como si sus gestos —cuerpos y palabras— les sucedieran, en cierta forma, por procuración. Pero también había — cada vez más a medida que pasaban los minutos— una suerte de concentrada colaboración. Cada uno de ellos (¿pero quiénes eran ellos?) procuraba adivinar, adelantarse al deseo de los otros, satisfacerlo satisfaciéndose. Atrapados en un mareo casi ensordecedor, sabían que actuaban, pero no sabían (no sabían) el nombre exacto de quienes llevaban adelante la acción. Y lo que en un principio había sido una situación en cierta forma clara —dos hombres y una mujer— se transformó imperceptiblemente en un sofocante e intenso vacío de placer, donde se movían tres cuerpos sin precisa y definitiva identidad. Este embudo amenazaba tragárselos (o al menos esto es lo que pensaba cada uno, perdido en su activa soledad), lo cual no hacía más que lanzarlos frenéticamente por encima de sus bordes, reclamando, tentando ese olvido pavoroso. Y es así cómo, al amanecer, estirada sobre la alfombra, desnuda, fresca y como recién lavada, Sonia murmuró:
—¡Oh, quisiera morirme! —y lo dijo con una sonrisa distendida y abierta, muy joven y sin ulterioridades.
El hombrecito, sin ropas, era casi hermoso. Delgado y enjuto.
—Yo también —dijo— quisiera morirme.
Y de todos ellos él era, tal vez, quien lo deseaba más ardientemente. Alexei, en cambio, se puso de pie con un gesto brusco.
—Yo —aseveró— hubiera preferido morir un poco antes de ahora.
Volvían, de pronto, a ser tres gestos precisos. La luz mezquina de un amanecer lluvioso no restituía los rostros, sino las funciones; no bautizaba, condenaba: una señorita, un caballero, un esclavo.
Retirándose a lo más oscuro de la habitación, Nicolás sufrió el golpe de este conocimiento, que lo sumió en una desesperación infinita. Permaneció acurrucado largo rato, con los ojos fuertemente apretados, sin ver (sin querer ver) nada, hasta que, como un relámpago, una idea se abrió paso en el lodazal de su padecimiento: «Yo, se dijo, soy el único que ha elegido. Yo sé de ellos todo lo necesario, mientras que ellos nada conocen. ¡Yo tenía una vida distinta, yo era otro, antes de ser éste!», y entonces abrió los ojos.

La condesa ofrece a su propio hijo a Sonia, a condición de que no le permita enamorarse. Ella está intentando salvar a su hijo de la religión, porque de no hacerlo, deberá resignarse a hacerse vieja y a renunciar ella misma al mundo.

—¡Amas a Luisa! —le dijo riendo, afeada por el dolor y la cólera—. ¡Amas a tu madre, querrías estar a su lado desnudo, como ahora conmigo! No eres hombre —le decía, acariciando frenéticamente el
sexo de Sebastián y tironeándose a veces del cabello en un intento desesperado por no ser arrancada de ese lugar, por recuperarse sana y salva, con el orgullo intacto.
Sebastián la miraba, incapaz de apartar los ojos de su cara, sometido a la violencia de esta verdad que ella le ponía por delante y repetía una y otra vez con la exacta pasión de un látigo manejado por una voluntad impersonal y justiciera. Su sexo erguido temblaba y, sin advertirlo siquiera, la golpeó, derribándola de espaldas sobre el lecho y arrojándose sobre su cuerpo con la misma precisión maniática con que la había golpeado.
Mudo, pálido y furioso, se abrió paso entre sus piernas, penetrándola con violencia y sintiéndose llegar a un lugar desconocido, que lo atraía y rechazaba a la vez en un movimiento pendular oscuramente presentido y deseado.



Perversógrafo: Sexo oral, sumisión, fetichismo, incesto.









La educación sentimental de la señorita Sonia
Susana Constante
La Sonrisa Vertical SV 13, Tusquets Editores
España, 1979
ISBN: 978-84-7223-313-3
136 pág.



jueves, 17 de enero de 2013

Alevosías de Ana Rossetti

Hay libros eróticos, sobre todo los clásicos, que tratan temas recurrentes: la pobre muchacha que pierde su virginidad y se mete al mundo de la prostitución, y comienza un relato muy típico de época. Este libro no es así.

Alevosías ganó el premio "La sonrisa vertical" en el año de 1991, lo cual nos da una idea de que no se trata de un libro típico. Lo que no encontraremos en este libro es sexo consensual entre adultos maduros. No vamos a encontrar encuentros eróticos amorosos. El título del libro describe a la perfección lo que encontraremos en ocho cuentos: sexo con alevosía (y la mayor parte de las veces sin premeditación).

Lo que me queda muy claro es que no me gustaría tener como enemiga a alguien con una imaginación tan despierta, y con tal acierto para planear venganzas como la autora hace gala en este libro.

En los cuentos hay temas recurrentes: la confusión que una incipiente homosexualidad puede causar; la fiereza con que un ser despechado puede urdir una venganza; la confusión del despertar sexual y las consecuencias desagradables del desamor.

Las descripciones de las sensaciones eróticas son muy femeninas, novedosas, elegantes: los pezones como centro del placer, las orejas como punto para seducir a una pareja y el sexo anal como una imagen erotizante recurrente. Ojo, no el sexo anal como una práctica sexual especialmente agradable o desagradable, sino como imagen o idea que despierta la lascivia.

Las alevosías a las que hace referencia la autora no son necesariamente sexuales (violaciones), se trata más bien de cómo nuestras pasiones o sentimientos nos sucitan reacciones inesperadas.

En Del diablo y sus hazañas, tenemos el típico cuento de iniciación de un niño a los deseos y a la sexualidad adolescente. Un niño tan poco informado que pronto confunde la pasión con el diablo y se tira sobre cualquier persona que le despierte deseos. En el cuento  Et ne nos inducas, tenemos algo parecido, entre los novicios de un convento y el padre confesor, quienes sienten una violenta atracción por un bello compañero. Mientras en el primer cuento, la pasión sexual es atribuida al demonio, en el segundo cuento es atribuida a la falta de modestia. Ambos cuentos proponen soluciones opuestas e igualmente equivocadas.

En La noche de aquel día, una mujer recuerda sus infantiles escarceos sexuales con su hermanita, quien acaba de contraer matrimonio. Recuerda cómo la desvirgó para  tenerla siempre para sí, pero se da cuenta que ella, al haber permanecido virgen, es quien ha llevado una vida de soledad en la ciudad, mientras la hermana ha disfrutado con la mitad del pueblo. Allí mismo decide fornicar con el primer hombre que encuentre.

En Siempre malquerida, tenemos el caso de una mujer sin suerte para el amor, y con más deseos que posibilidades de cumplirlos. Ella urde toda clase de planes de venganza, aunque la venganza no le quita las ansias sexuales. La abandonan, o tiene maridos célibes o le tienen asco a su cuerpo. Siempre hay una venganza posible.

En La cara oculta del amor tenemos un cuento que si no fuera tan siniestro, sería de humor negro: un hombre viola a su novia por culpa del ex-maestro y mejor amigo de ambos, quien, despechado, está empeñado en destruirle la vida. ¿o no?

 Pronto, entre sus muslos, la blancura de una vaina, al agitarse, hacía relampaguear la apretada violeta que descubría y ocultaba. Marcos, susurraba la cinta, Marcos... voy a correrme, voy a vaciar mi leche sobre ti, voy a ahogarte. Y los labios de Marcos se entreabrían y, al igual que un animal estira inútilmente la cadena que lo atrapa, su lengua oteaba, succionaba el aire para arrancarle alguna gota del denso aluvión garantizado. Una gasa transparente y resbaladiza relucía en su boca. Marcos, continuaba la cinta, Marcos... voy a encularte, voy a romperte el culo con mi polla. Y la saliva de Marcos, como el aceite sobre una herramienta, inundaba la mano inactiva que, al instante, comenzaba su labor. Llegaba a los aledaños de la grieta que dividía sus nalgas y se deslizaba hasta el fondo del valle. Allí sus dedos presionaban con sabiduría hasta que la carne cedía al fin, alisaba el borde arrugado de su hermético agujero, distendía su conducto acolchado para, una vez absorbida su presa, estrecharse, ajustarse en torno a ella como un molde. Marcos, Marcos... tengo aquí lo que quieres, lo que te mereces, Marcos. Tengo un látigo con nudos, con púas para destrozarte. La espalda de Marcos se arqueaba, se tensaba impulsando su vientre en un espasmódico vaivén. Y su cuerpo se crispaba como horadado por uñas de diamantes y aceleraba su ritmo como sacudido por invisibles lenguas de cuero. Marcos... voy a reventarte, voy a clavarte el mango de mi fusta, voy a hincarte el cañón de mi revólver, Marcos. Y un, dos, tres dedos de Marcos desaparecían en el elástico túnel y volvían a emerger con la precisión de un pistón bien lubricado. Voy a dispararte el chorro de mis cojones, a orinarme en tu boca. Marcos. El aro que formaban el pulgar y el índice sobre la húmeda ciruela del glande se ocupaban frenéticamente de que fuera eyaculando todo el nácar, abatida la altivez, la dureza amansada, mientras la cinta exhalaba un penetrante pitido señalando el final de la ceremonia.


Los ultimos tres cuentos,  La castigadora,  La vengadora y  La presa son el realidad una trilogía; un cuento engarzado desde el punto de vista de tres personas. Una mulata, creyéndose despreciada por un hombre impotente, busca a una modelo para hacerle unas  fotografías falsas para que al imprimirlas piense que le fué infiel a su mujer. Su mujer, al descubrirlo, molesta porque piensa que esa es la razón de la falta de sexo, no reclama, pero le hace llegar señas y cartas de esa noche que él no recuerda. Pronto comienza a ponerle cartas insistentes donde le recuerda su impotencia, pero le dice que ponga empeño con su mujer. El se obsesiona por la inexistente chica que le escribe, despertándole a la bestia que dormía, pero a la vez haciéndolo cambiar.

 »Y no te apures, baby. Estuviste magnífico, en serio. Fuiste como una ola: llegaste a donde pudiste y cuando pudiste llegar. Así son las cosas y hay que tomarlas como son. Sólo siento no haber tenido ocasión de lucirme a conciencia, no haberte hecho una verdadera demostración de lo bien que puedo desenvolverme. Tú hiciste toda la faena. O casi toda, no digas que no, no seas modesto, pero los demás también querríamos presumir de habilidades. Pero puedo ponerte un ejemplo de ellas, baby, me siento inspirada.
 »Verás: te imagino aquí, conmigo, tendido a mi lado y deseo con todas mis fuerzas emplearme a gusto en disfrutar de ti. Y por eso voy a quitarte el pijama, suave, muy suave, preparándote, baby. Te acaricio: los costados primero, mientras mi boca bebe de tu boca y mis muslos atenazan los tuyos. Van subiendo mis dedos hasta tus hombros, van desabrochando la chaqueta... Y desciende mi boca marcando por tu pecho su sendero de saliva. También se mojan tus piernas entre mis muslos... ¿no lo notas? Di.»
....
«Practica esto con tu mujer. Es mejor ensayar con alguien que no espera de ti grandes prodigios, para no correr el peligro de quedarse cortos en otras circunstancias más comprometidas. Chao, baby. Por cierto, ¿cómo salieron las fotos?»

Me recuerda levemente el libro "Patrañas de Self Will", pero sin el elemento del sexo extraño. Este es un libro excepcional.



Perversógrafo: Masturbación, sexo oral, vaginal, anal, homosexualidad, sueños húmedos, infidelidad, virginidad, seducción, flagelación, violación.



Alevosías
Ana Rossetti
Tusquets, Editores
España, Marzo 1991
ISBN: 978-84-7223-300-3
208 pág.



miércoles, 30 de mayo de 2012

La Creación de Manuel del Palacio (Fragmento)


LA CREACION
Invocación
¡Genios de la jodienda bienhechora,
espíritus sin fin de la impureza
que al coño de la virgen dais ardores
y al carajo del hombre fortaleza!
¡Sueños del adulterio protectores,
vértigos que turbáis nuestras cabezas,
a todos os invoco y os alabo
con la conciencia limpia y sucio el nabo!

Vamos a abrir al mundo en que vivimos
la peregrina crónica secreta,
y los santos misterios que leímos
a trocar en cuestiones de bragueta.
Vamos a revelar lo que aprendimos
en nuestra alegre juventud inquieta,
y a dar a la fricción y al disimulo,
a fuer de caballeros, por el culo.

Canto primero
En un hondo valle
donde sus dones prodigó natura,
de árboles mil la pintoresca calle
daba sombra y frescura:
y alegres ruiseñores
cantaban a compás sobre las flores

Allí el gentil granado
crecía al par de la frondosa higuera,
y el nogal elevado
y la altiva palmera
sus espesos ramajes confundían,
y al sol con su follaje oscurecían.

Del valle eran señores
dos seres nada más: allí la vida
les brindaba los goces seductores
que la inocencia anida:
y así sencillos, desnudos iban como dos chiquillos.

Jamás con vista fija
de Eva buscaba Adán las perfecciones
ni ella miró su pija,
que altiva se sentaba en sus cojones:
solo adornos ridículos
llamaban a la raja y los testículos.

Dichosa edad, dichosa
inocencia feliz!; tus goces bellos
nos brindan deliciosa
la calma que respiran todos ellos;
mas ¡ay!, que al fin perdida
nos mostró los abismos de la vida.

¿Por qué los dos jodieron?
¿por qué la puta de la vil serpiente
las almas inflamó? Placer sintieron
y en su entusiasmo ardiente
tanto les deleitó la putería
que pasaban jodiendo todo el día

mas Dios, con furia insana
castigar quiso su arrogancia fiera
y la fatal manzana
(o por mejor decir, la infausta pera),
males causó prolijos
que sufrieron los padres y los hijos.

Su voz atronadora
lanzó desde su asiento
y lleno de venganza aterradora
con su divino acento
a Eva y Adán maldijo,
y así con justa cólera les dijo:

“Decid, pillos, charranes
este es el premio de mi anhelo loco,
el pago a los afanes,
con que os he prodigado cuanto toco?
¡Estúpido trabajo!
No os debí dar coño ni carajo

Yo os adorné la vida
De la naturaleza con las galas,
Ventura en ella os ofrecí cumplida,
De mi cielo os abrí las antesalas,
Mas os prohibí una fruta
Y Eva de ella comió, ¡maldita puta!

Adán, eres un tuno,
Vete lejos de mí, ya no te quiero,
No seas inoportuno,
Que no me jode a mí ningún lechero;
Anda, vete con Eva
Y acábale de madurar la breva.

Mas antes de irte escucha
lo que voy a decir, porque es muy serio:
Tú conoces muy bien que la ira es mucha
y la merece a fe tu gatuperio;
os falta la conciencia
y voy a pronunciar vuestra sentencia.

Tú, maldita serpiente,
que eres la causa de tan cruda guerra,
andarás sobre el pecho eternamente
y será tu alimento la vil tierra;
odiarás la mujer por enemiga
y ella te pisará como una hormiga.

Tú, mujer, o demonio,
pues también eres digna de este nombre,
el yugo sufrirás del matrimonio
esclava siempre del poder del hombre;
te joderá cien veces,
y te darán dolores sus preñeces.

Y tú, gran puñetero,
pues seguiste el ejemplo de esa zorra,
cuando quieras comer, busca dinero,
que harto lograste aquí comer de gorra;
y sabe que a tu suerte
marcado tiene un término la muerte.

Ya os podeis ir, bergantes,
no os quiero ver ya más, ni aún en pintura;
os portasteis conmigo cual tunantes,
y a mi edad, ser cabrón, es cosa dura:
mucho bien os deseo
y ya sabréis de mí por el correo.

Esto dijo el señor: avergonzados
Eva y Adán oyeron sentencia,
y mudos, consternados,
la cumplieron con grande diligencia.
nunca a habitar volvieron el Edén
donde juntos armaron tal belén.

Fuera ya del recinto
del sagrado lugar, Adán gozoso
empinando una copa de lo tinto
a la mijer le dijo presuroso:
No es mi dolor profundo,
ánimo, y a joder, que ancho es el mundo.

Si el señor en su ira
nos arroja de aquí, vámonos presto
para gozar lo que mi afán delira;
tierra no ha de faltar, y esto supuesto,
quítate el taparrabo
y empuña alegre mi robusto nabo.

Placeres gozaremos
que nuestros males calmarán prolijos,
de aventuras mil disfrutaremos
siendo los padres de infinitos hijos;
tú has probado la fruta,
mujer que de tí nazca, será puta.

canto segundo

Luego que Adan, por su primer pecado,
escuchó del señor su voz tremenda
para andar mas a gusto y abrigado
compró un traje de majo en una tienda
y a su eva gentil llevando al lado
en una hermosa y apartada senda,
sin quitarse siquiera las polainas,
una tras otra le soltó diez vainas


De esta serie de polvos cotidianos
nacieron esas mil generaciones,
que del Señor cumpliendo los arcanos
poblaron de la tierra las regiones;
familia de alcahuetes y marranos
estúpidos los más, otros cabrones,
todos, en fin bergantes y asesinos
con hijos en montón adulterinos.

Hable si no la historia conocida
de Cain y Abel; hable del suceso


Manuel del Palacio. (1831-1906)

sábado, 20 de agosto de 2011

Poesia Erótica y Picaresca, Antología de los siglos XVI al XIX

Ya antes he hablado de los excelentes cancioneros antiguos, en especial del Cancionero de Amor y Risa de Joaquín López Barbadillo y del Cancionero Moderno de Obras alegres de Spirrtual.

Hay una editorial que recientemente ha lanzado versiones recuperadas de obras clásicas, desde antiquísimos cuentos (que hoy son infantiles) hasta antologías de todo tipo. la editorial LARSEN tiene como objetivo el mostrar a la mayor cantidad de lectores, tesoros literarios a los que sólo tienen acceso los estudiosos.

Desde el siglo XV y antes, hay cancioneros con poesía picaresca. En el siglo de oro español ésta picaresca cundió y se contagió en autores como Samaniego e Iriarte, y son las obras que más fácilmente nos llegan. Sin embargo hay una gran cantidad de poemas, coplas, quintillas, redondillas, etc que permanecen anónimas, a pesar de haber sido atribuidas a Góngora, a Quevedo, a Espronceda, etc.





DESENGAÑO DE LAS MUJERES 
Francisco de Quevedo
Puto es el hombre que de putas fía,  
y puto el que sus gustos apetece;
puto es el estipendio que se ofrece
en pago de su puta compañía. 


Puto es el gusto, y puta la alegría
que el rato putaril nos encarece;
y yo diré que es puto a quien parece
que no sois puta vos, señora mía.


Mas llámenme a mí puto enamorado,
si al cabo para puta no os dejare;
y como puto muera yo quemado 


si de otras tales putas me pagare,
porque las putas graves son costosas,
y las putillas viles, afrentosas.




COPLAS
Tomás de Iriarte
Eres negra como un cuervo
Y aún mas fea que el hambre, 
pero tienes junto al culo
un gusto de azúcar cande.


Tú me tendiste en el suelo
como si fuese una perra,
Y con esos cojonazos
me lo llenaste de tierra.






TÚ, RÁBANO PIADOSO
Anónimo
Tú, rabano piadoso, en este día 
visopija serás en mi trabajo;
serás lugarteniente de un carajo,
mi marido serás, legumbre mía.
  
Un poquito más largo convenía, 
mas no importa, que irás por el atajo.
Entra de punta y sácame de cuajo 
las gotas que el que pudre me pedía. 


Ya entraste, mas las hojas quedan fuera. 
Pues ¿qué han hecho las hojas a mi papo, 
que no han de entrar, si es él el que lo pierde? 

Las hojas entren, y ojalá viniera
el ramal de fray Lucas, de solapo, 
y diérase mi coño un gentil verde. 

Más adelante en el siglo XIX también tenemos un rico resurgimiento del verso pícaro, más atrás en el siglo XI y XII tenemos algunos anónimos de gran belleza.

Ahora, la picaresca es un género fácilmente accesible al público, pero lo que hace verdaderamente excepcional a este libro es la parte de los poemas eróticos. Al estar gran parte de ellos reunidos en una parte específica del libro, crea un clima cachondón muy disfrutable.

Muy buen libro....de colección; no se lo pueden perder.



Perversógrafo: Sexo vaginal, beso negro, anticlericalismo, infidelidad, masturbación, homosexualidad.



Poesia Erótica y Picaresca
Antología de los siglos XVI al XIX
Editorial Proyecto Larsen
Argentina, 2010
ISBN 9789871458196
154 pags.



sábado, 23 de julio de 2011

Diccionario Secreto de Camilo José Cela Parte 2

Camilo José Cela, después de haber sacado a la luz el primer tomo de su diccionario Secreto en 1968: "Diccionario Secreto, Tomo 1 series Coleo y afines", sobre los nombres y voces relacionadas con el testículo, en 1971 edita un segundo tomo, mucho más extenso que el primero: "Diccionario Secreto, Tomo 2 series Pis y afines", sobre los nombres del pene.

1.- Serie Pis (onom. del ruido de micción)
2.- Serie Carajo (de etimología incierta)
3.- Series clásicas (φαλλος, πρίαπος)
4.- Voces de origen precolombino, creaciones léxicas, dialectismos, provincialismos y jergalismos.

Los diccionarios de Cela no llevan un orden alfabético estricto, sino que se segmentan por voces y relaciones. Las palabras se explican con oraciones, refranes y referencias literarias tan antiguas como aquellas del siglo XV. Cuando Cela no atina a una explicación convincente, indica que "quizá" o "probablemente" tenga tal o cual origen o significado, lo cual  separa al autor de su tono académico, pero  al mismo tiempo valida su gran conocimiento lexicográfico.

El Diccionario secreto contiene mayormente vulgaridades, no mantiene un formalismo como un diccionario académico por lo que se puede tomar como una obra de autor. Sarcástico y divertido.

No he podido encontrar éste libro; cuando lo veo a la venta en otros países me hace mucha ilusión el comprar una primera edición a precio de risa, pero  hasta la fecha no he ha sido posible comprar uno por los exagerados costos de envío.

El "Diccionario Secreto" es una obra inconclusa, incomprendida y mayormente ignorada; las palabras "malsonantes" de nuestra lengua, tratadas desde sus orígenes literarios y lingüísticos. Es una obra de arte de la lexicografía. 

Después de dejar inconclusa su obra, Cela vuelve a la carga en 1971-1976 con la "Enciclopedia del erotismo", una curiosa enciclopedia de casi 1200 páginas sacadas en fascículos coleccionables que se encuadernaban en cuatro tomos:

aachen - carozo
carpocraciano - espetar
espetera - olisbo
oliva - zurruscarse

En sus cuatro tomos encontramos toda clase de  información resumida de caracter sexual; señas obscenas, pintura, dibujo, fotografia, arte erotico. Todo impreso con fotografías y dibujos a todo color. En mi opinión dicha enciclopedia era una chapuza que aprovechaba la fama del diccionario secreto para tratar de completar un trabajo que por definición era imposible.

«aunque a cualquier edad se puede escribir sobre erotismo; depende de las experiencias. Vale la pena porque ya era hora de poner un poco de orden; creo que puede haber muchos españoles deseando que esto se articulase»- supone la ordenación alfabética de una serie de léxicos y conceptos, relacionados con erotismo «en su más alta afección»

La enciclopedia es un trabajo más académico que literario y más comercial que de investigación de fuentes.

Supongo que como colofón al no poder terminar la titánica tarea, en 1988 saca un "Diccionario del erotismo", donde compila voces relacionadas a lo venéreo. Con un alcance mucho menor, es un documento divertido de leer, pero sin lo extenso de las citas literarias que dan lustre a los primeros dos tomos del Diccionario Secreto.

Al centrarse en la forma más que en el fondo, tanto el Diccionario del erotismo como la Enciclopedia del erotismo, son meras chapuzas, no llegan ni a los talones lo que fue el gran proyecto inconcluso de describir todas las voces malsonantes y hacer referencias literarias de ellas.

El Diccionario Secreto nunca se terminó, sólo dos tomos vieron la luz: El de los testículos y el del pene.....lástima. Veamos ahora quién es el que va a escarbar en los polvosos rincones de las bibliotecas buscando cochinadas literarias. Sólo puedo imaginarme lo que hubiera sido si al menos hubieran sido editados las series sobre los senos, sobre la vulva y sobre todo, el de las putas.........aquello hubiera sido un contento de diccionario.
Voluntad, capricho, apoyándose en el verbo salir.
Salir(le) a alguien algo de los cojones, o su contraria: no... frases que denotan deseos o gana o real gana de hacer o no hacer una cosa.
PD.- si alguien se quiere deshacer de su primera edición de la "Serie pis y afines", yo les hago el favor.


martes, 19 de julio de 2011

Diccionario Secreto de Camilo José Cela Parte 1

Cuando yo era niño, los ciegos eran ciegos y los viejos eran viejos. Pocos años después, los ciegos eran "invidentes" y los viejos eran "ancianos". Ya mayorcito, los ciegos eran "débiles visuales" y los viejos estaban "en la tercera edad". Hoy los ciegos tienen "capacidades visuales diferenciadas" y los viejos son "adultos en plenitud".

Pero los viejos no son adultos en plenitud. Cuando yo tenía 21 años yo era un adulto en plenitud, hoy ya no lo soy y todavía no llego a viejo. De pronto las putas se convirtieron en "prostitutas", después en "sexoservidoras" y ahora en "trabajadoras sexuales"; los burócratas pasaron a ser "empleados de gobierno" y después "servidores públicos".

El eufemismo y lo que llamamos sinónimo son dos demonios que se parecen; ambos están allí para ponerle una máscara a nuestra lengua. Por sí mismas, las palabras "ciego", "viejo", "puta" o "burócrata" no son malsonantes ni insultantes, son descriptivas. Si a las palabras le quitamos su poder de comunicar con precisión, pierden su razón de ser.

Camilo José Cela es un personaje impresentable; todo el tiempo que no dedicaba a escribir lo invertía en hacer animadversiones con cuanta persona conociera. El principal problema de Cela era que pregonaba algo y hacía exactamente lo contrario, así se ganaba la enemistad de compañeros y opositores por igual. Militaba en una derecha feroz y se oponía al régimen. Estaba en el partido de gobierno y sacaba libros contrarios a él.

Sin embargo, Cela, con su lenguaje culto y grosero a la vez, con dotes de artista: una voz agradable y un acento claro, era rápido para la agresión, y gracioso de escuchar. Siempre con un semblante serio y hasta ceñudo, decía cosas ingeniosas con una corrección lingüística al extremo, no en vano fue miembro de la Real academia de la lengua y premio Nobel de literatura en 1989.

Un buen día a finales de los 60 del siglo pasado, Cela se da a la absurda, interminable y minuciosa tarea de crear un "Diccionario secreto", que trataría con aquellas palabras que la sociedad bienpensante cree que son malsonantes.

Cela comienza su explicación del diccionario citando la necesidad de que las palabras describan un significado, y explicando que los casos de sinónimos reales en nuestra lengua son excepcionalmente raros, surgiendo casi todos los llamados sinónimos como eufemismos de algo que no se quiere mencionar por diferentes razones: evitar el vulagrismo, dignificación profesional, respeto, atenuación, tabú, etc.

Cela mismo nos explica que en su diccionario tratará de compilar aquellas voces que han sido intencionalmente ignoradas o subestimadas en el español por obscenas o groseras. Lo que Cela nos explica es que una palabra es descriptiva, lo grosero viene por el mal uso y la obscenidad viene por el pudor social; que las palabras deberían utilizarse en sus acepciones correctas para poder entendernos correctamente.

Lo más gracioso es que el mismo nombre del libro contiene un eufemismo: Cela al poner por nombre  "secreto" utiliza un el eufemismo que por aquellos años utilizaban los médicos que se anunciaban como especialistas en "enfermedades secretas" (venéreas).

A su abuelita Anacleta
ayer preguntó Loreto:
-¡Qué es enfermedad secreta?
y ella contestó discreta:
-La que se adquiere en secreto.

"Diccionario venéreo" vendría a ser el título correcto. La serie de libros pretendía sacar en un volumen cada una de las palabras que en nuestro idioma tuviera algo que ver, al menos cercanamente con lo venéreo. Obviamente era un trabajo tan extenso como inútil.

El diccionario, es de agradecerse da prioridad a las citas literarias sobre las académicas, por lo que el trabajo final parece más una antología de poesía antigua que un diccionario. En él, Cela nunca pretende poner todas las voces relacionadas de una palabra, sólo se concentra en poner las voces que puede relacionar con alguna cita literaria, preferentemente antigua.  Esto hace de un simple diccionario,  una obra excepcional.

Frasco:    Es met. funcional (los cojones contienen el semen como un frasco contiene el líquido).
Cojón
Ventura de la Vega, Alguna vez, vs. 25-32
Puede una mujer hallarse
con la regla, verbi-gracia.
y sería triste cosa
que por esta u otra causa,
hallándonos en el soto
nos volviésemos a casa
con todos los frascos llenos
y la escopeta cargada.

Ala: Es met. de int. festiva
Cojón
Jacinto Alonso de Maluenda, v. Glossa que empieza Los defectos criminal, s.v. huevo; Samaniego, Coplas del pájaro, v.s. 34-35:
¡Ay, cuánto forcejeaba
el pícaro bribón
por encajarle todo,
mas le dije eso no!
Él era porfiado,
blando mi corazón,
y tantos sus halagos
que por fin le metió.
Pero no sólo el pico,
también el cuerpo entró
menos las alas, y eso
porque muy godas son.

En 1968 sale de la imprenta el primer tomo "Diccionario Secreto, Tomo 1 series Coleo y afines" En todo el libro se estudian las voces y las derivaciones de lo referente a los testículos; sinónimos, habla popular, dichos, cuentos y poemas rescatados de los mas polvosos rincones de nuestra bella lengua.

El primer tomo del diccionario está dividido en 6 partes:

1.- Serie Coleo-onis
2.- Serie Orquis
3.- Serie Testis-is
4.- Voces de origen precolombino y de origen prerromano
5.- Nombres de partes constitutivas del testículo
6.- Voces relacionadas con el tema

sábado, 9 de abril de 2011

Cancionero de amor y risa, antología de Joaquín López Barbadillo

Hay una excelente creación que en 100 años no ha podido ser superada. No hablo de la Coca Cola, sino del Cancionero de López Barbadillo.

Magnífico, una piedra fundacional de la recuperación de textos históricos. En 1917 se le ocurrió a López Barbadillo echarse un chapuzón en la historia de la picaresca española, y compilar un libro que dio a llamar "Cancionero de amor y risa" ¿De qué trata? de poesía picante.

Para mí, la mayor obra de López Barbadillo. Como antecedentes y como inspiración para su compilación, tenemos el antiquísimo "Cancionero de Horozco", el "Cancionero moderno de obras alegres" de Spirrtual (1875), el "Cancionero de Hernando del Castillo" (1511), el "Cancionero de obras de burlas de Usoz del Rio" (1840),  los "Cuentos y poesías más que picantes" (1899), el "Cancionero de poetas antiguos" de Juan Alfonso de Baena (1851) y el "Cancionero de obras provocantes a risa" de Eduardo de Lustonó (1872)

Este libro fue a la picaresca española lo que las Facecias de Poggio fueron para el chascarrillo medieval. El libro está dividido por siglos, con un grabado alusivo a cada siglo. El período correspondiente va del siglo XV a los inicios del siglo XX. Muchos de los poemas nunca habían sido impresos antes, todos eran de origen español.

El Cancionero de Barbadillo es anterior al Jardín de Venus, pero afortunadamente se trata de dos obras muy distintas entre sí, por lo que no se traslapan una con la otra; antes se complementan.

EL RAPE  
Don Juan Martinez Villergas

Con los ojos arrasados
en lagrimones, María,
a su confesor decía
sus culpas y sus pecados.

Sin fatigas ni aspavientos,
y llena de contrición,
empezó su confesión
por los santos mandamientos.

¡Qué dolor! ¡Qué laberinto!
¡Pasó el uno, el dos y el tres!
El cuarto vino después,
y después del cuarto el quinto.

Llegó el sexto, ¡suerte impía!
Allí maldijo sus gustos.
¡Ay qué penas y qué sustos
pasó la triste María!

¡Cuitada! Fuera de sí,
mas descansando en la fe,
exclamó: «¡Señor pequé!
¡Tened compasión de mí!

Quiera Dios y no el dios Baco
perdonar mi desvarío;
pero ¡Jesús, padre mío,
cómo huele usté a tabaco!»

Y él diciendo ego te absolvo,
contestó: «Huelo, lo sé;
mi delicia es el rapé,
a todos nos gusta el polvo.

Diga, hermana, los que quiera,
que todo ello será nada.» 
Y la niña sosegada
continuó de esta manera:

«Supuesto que sois clemente,
prosigo mi mandamiento:
sabed para mi tormento
que tengo un vecino enfrente.

Es joven, tiene levita;
tan gallardo, tan buen mozo,
que yo me muero de gozo
cada vez que me visita.

De verle tan currutaco
me da cierto escalofrío...
Pero ¡Jesús, padre mío,
cómo huele usté a tabaco!» 

«Bien, mujer, ya te lo he dicho» 
la respondió amostazado;
y ella prosiguió el pecado
reprendiendo su capricho.

«¡Ay señor!, pues no es escasa
su piadosa compasión,
sabed que el mozo en cuestión
estuvo el domingo en casa.

Nosotras somos sencillas,
y él que es el mismo Caifás,
en chanza sin más ni más
empezó a hacerme cosquillas.

En balde mis fuerzas saco
procurando su desvío,
porque... ¡Jesús, padre mío,
cómo huele usté a tabaco!» 

Ya el padre lleno de enojos
su pesadez reprendió,
y la niña prosiguió
con lágrimas en los ojos.

«En balde busco maneras
de librarme de sus danzas;
el trato admitió las chanzas
y las chanzas fueron veras.

Quise hasta en puntos y comas
corregir al pecador;
pero no pude, señor,
que también gusto de bromas.

Me cogió bajo el sobaco
y con arrojo y con brío.....
¡Pero Jesús, padre mío,
y cómo oleis a tabaco!

El fraile llegando aquí,
dijo: -¡Acabó la disputa;
tú me estás aliendo a puta
desde que empezaste así,

y sin que por tal pensara
darte imprudentes chacotas,
una falta que me notas
me la estás echando en cara!

Dicho esto tomó otro polvo
y gruñó: -Basta de historia:
aquí paz y después gloria;
levanta que ego te absolvo.



Con fines puramente comerciales, Akal lo retoma en 1977 y lo reimprime como parte de su colección Espuela de Plata...........si bien es una chulada de edición, agrega un par de versos que no están en el original, además de modernizar, corregir los originales y arreglar atribuciones incorrectas. ¿El resultado?, que el libro nuevo tiene derechos de autor, al contrario del de Barbadillo. Vivillos ellos, toman una obra sin pagar derechos, le dan una limpiada y lo sacan con derechos nuevamente (sangijuelas, ¡Bajen el precio!)









Perversógrafo: Sexo normalito, alguna referencia homosexual, infidelidad, masturbación, anticlericalismo.


Cancionero de amor y risa

Joaquín López Barbadillo
Ediciones Espuela de Plata
2007, España
ISBN: 8496956008 84-96956-00-8
296 pags.

sábado, 28 de agosto de 2010

El jardín de Venus de Félix María Samaniego

Un día, querido lector, te puedes levantar con un repentino desgano, tristeza o melancolía. Conviene tener éste remedio en el librero, siempre a mano.

Dentro de la picaresca española, creo que la obra “erótica” más conocida es El jardín de Venus, de Félix María Samaniego. En su forma actual, la conocemos como una colección de 77 poesías jocosas, picantes, burlescas, anticlericales o todo lo anterior. En realidad pasó más de un siglo antes de que alguien se atreviera a darles forma y publicarlas.

Samaniego hacía circular en privado sus creaciones (o traducciones) entre sus amistades como manuscritos o como copias pasadas de mano en mano, puedo imaginarme a la gente de aquella época en sus tertulias riendo con los versitos dichosos.

En ese “Internet” del siglo XVIII fue posible conservar los escritos a pesar de la orden de que fueran destruidos. La autentificación y correcta atribución ha sido una tarea imposible, ha habido buenos elementos para asegurar que la mayor parte de la obra es de Samaniego.

En 1860 se publicó el Album de Príapo, libro que ya contenía algunas poesías picantes atribuidas a Samaniego. Posteriormente en 1899 se publicaron 66 versos en Cuentos y poesías más que picantes, otro libro precursor del Jardín de Venus. Tenemos algunos cuentos en el Cancionero moderno de obras alegres, pero es hasta la colección de Joaquín López Barbadillo cuando el libro toma su forma actual.

En 1921, Joaquín López Barbadillo, Santo patrono de los cachondos, publicó la colección en su forma mas o menos actual, con el nombre de El Jardín de Venus. Algunos de los versos habían sido incorrectamente atribuidos, y otros son de dudosa procedencia, sin embargo el estilo parece consistente y en su forma moderna existe en su versión de 50 versos 100% atribuidos a Samaniego, y en una versión de 77 versos, los últimos de dudosa procedencia o de distinta métrica, lo que indicaría que forman parte de una colección separada o que son trabajos independientes.

Samaniego basó muchos de sus cuentos (picantes y no) en las fábulas de Lafontaine, lo que le valió el escarnio y la posterior enemistad de Tomás de Iriarte, quien le criticaba la falta de originalidad en sus escritos. Es una lástima que éstos dos genios del siglo de oro se hayan “ganchado” en peleas como si fueran un par de señoritas, pero bueno…….eso no me sale de los huevos discutirlo ahora.


La sentencia justa
A cierta moza un húsar, y no es cuento,
porque le socorriera en sus apuros
del carnal movimiento,
le prometió ocho duros
y después sólo cuatro la dio en paga.
La moza, descontenta
con esta trabacuenta,
para que por justicia se le haga
aflojar lo restante,
fue a querellarse de él al comandante.
Era éste un hombre adusto,
pero en sus procederes siempre justo,
y antes de oír a la moza querellante
quiso que el húsar fuese allí al instante.
Presentose, en efecto, el demandado
y, siendo preguntado
por su jefe de dónde provenía
la deuda que tenía
con aquella señora,
el húsar respondió: -Diga ella ahora,
si lo tuviese a bien, de qué dimana
una deuda que puede ser liviana.
-No tengo impedimento,
la moza dijo entonces. Sabrá usía
que yo alquilé al señor un aposento
que vacío tenía
para que en él metiese ciertos trastos
que dijo le causaban muchos gastos;
me ofreció media onza por la renta
y ahora con la mitad pagarme intenta.
Calló, y el húsar luego
empezó su defensa con sosiego
diciendo: -Aunque es verdad que ése fue el trato,
me salía más caro que barato,
porque yo solamente
pude meter un trasto estrechamente
en el zaquizamí que me alquilaron;
con que si di por esto
la mitad de la renta, fue bastante,
y no creo que el resto
me obligue ahora a pagar mi comandante.
A que la querellante sofocada,
replicó: -Esa excepción no vale nada,
pues si tuvo el señor por oportuno
de sus trastos dejar alguno fuera,
no se quedó ninguno
por no tener en donde lo metiera;
que yo desocupada
otra pieza inmediata le tenía,
que, aunque es un poco oscura y jaspeada,
para los que sobraban bien servía.
No dijo más, ni el húsar dijo respuesta
que su defensa hiciese manifiesta,
por lo que el comandante
esta sentencia pronunció al instante:
-Vaya usted, señor húsar, y en la pieza
que la señora dice, con presteza,
meta todos sus trastos por entero
y páguela completo su dinero.


Dora y Dido
Casóse Dora la bella
con Dido, y Dido intentó,
la noche que se casó,
hacerle un hijo, hijo de ella.


Como pasó mala noche
aquella en que fue casada,
se levantó al otro día con
toda la cara ajada.


Desde que le vio su padre
con el semblante perdido,
enojado le pregunta:
-¿Quién te ha casado, hijo Dido?


Un hijo piden a Dora
los de su casa cantando,
y Dido le dice a Dora:
-¿Hijo piden? Hijo damos.


Para pan y para aceite
a Dora y Dido pidieron,
y fueron tan liberales
que con gran despejo dieron.

 El libro está en dominio público y lo encuentras en wikisource Aquí








Perversógrafo: Sexo vaginal, anal, homosexualidad, anticlericalismo, masturbación, homosexualidad.




El jardín de venus
Félix María de Samaniego
2002
JORGE A MESTAS
ISBN: 8495994445
187 pág.

La pintura es de Amaury Duval, 1862

miércoles, 9 de junio de 2010

Cancionero moderno de obras alegres

El título de éste curioso librito esconde una ironía: se trata de una edición facsímil de un libro impreso en Londres en 1875, plena época victoriana. Entonces, no es un cancionero en el sentido actual del término y no es moderno, aunque sí puede uno pasarse un rato de risa loca leyendo las picantes poesías que a nuestros bates del antepasado siglo les salieron de los huevos.

Tiene poemas de Antonio Alcalá Galiano y continúa con poemas de: Bretón de los Herreros, José Espronceda, Juan Nicasio Gallego, Luis de Góngora, Francisco Quevedo, Ventura de la Vega, etc.

Para mí, que crecí escuchando las historias de mi loca parentela, sus antiguos versos y ridículos cuentos pícaros, es todo un descubrimiento saber que algunos de esos cuentos tienen un origen tan académico. Es un orgullo saber que en mi ascendencia todos estaban locos, pero cultos.


Humildad frailuna (Fragmento)
de d.m.m. de Santa Anna
...
¿Sabeis que dice esta carta
Que halle del claustro en los suelos?
Pues dice... lloro al pensarlo;
Pues dice... sudo al leerlo;
Dice: -si queréis, hermana,
Desahogar conmigo el pecho
De las malas tentaciones,
Que, decís, estas sintiendo,
Preparaos para mañana,
Que a Sevilla iré, por véros;
Y os ruego que estés calzada,
Y aún peinada con esmero,
que Dios quiere, en sus devotas,
Limpio el alma y limpio el cuerpo.
Ya lo escucháis, (el Prior
Gritaba con voz de trueno);
¡Calzaditas, peinaditas
La queréis hombres protervos!
Así perdemos los frailes
De ser humildes el crédito.
Cuando se trata de dar
Á una dama tierna consuelo,
Prior y todo, ¡yo nunca
Me paro en limpio ni en puerco!





La mujer de piernas dobles
Don Juan Nicasio Gallego


Acostóse un buen marido
con su adorada consorte,
en una paz octaviana
durmió hasta la media noche.


Quiso el diablo que los gallos
se hicieran tan cantadores,
que a fuerza de sinfonías
despertaron a mi hombre.


Y por guardar la costumbre
de allá en los tiempos de entonces,
quiso hacer un agasajo
a su bella Maritornes.


Tiende la mano con tiento
a tocar...yo no se dónde
y encuentra ¡cosa mas rara!
a su mujer con piernas dobles.


Señores ¿qué será esto?
exclama ¡qué confusiones!
dos, cuatro, seis piernas toco
con las mías ¡San Onofre !


Lucrecia, Lucrecia...
¿Es esto, decente? ¡oye!...
aquí hay dos piernas sobrantes
¿qué aumento es este?, responde


¡Calla!, dice la mujer
¿que ha de ser?, ¡bestia, alconnoque!
¡Maldito sea tu vino
que de esa suerte te pone!


¿Cómo que miento?, ¡caramba!
cuétalas, no me incomodes
pues hay seis, no hay mas que cuatro
pues yo lo digo, acabóse.


En esto el tercer galán,
amo de las piernas dobles,
incorporándose un poco
dice serio- pocas voces:


Que haya seis o haya sesenta
que le importa a usted, buen hombre
- a mi nada, dijo el otro;
caballero, usted perdone.


que yo sólo lo decía
por el porfiar diforme
de mi mujer...nada más
que usted pase buenas noches.


así el hombre moderado
evita las ocasiones
de ruidos y alborotos
que producen desazones


celestial moderación
reina tu en los corazones
y así habra tranquilidad
y paz dulce entre los hombres

Un libro recomendable. Un humor pícaro muy de nuestras culturas.

Cancionero moderno de obras alegres. H. W. Spirrtual. London, 1875. Reedición facsimilar de Altafulla. Barcelona, 2000







Perversógrafo: Sexo normalito, alguna referencia homosexual, infidelidad, masturbación.



Cancionero moderno de obras alegres
H. W. Spirrtual
2006
VISOR LIBROS
ISBN: 7151020002611