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martes, 16 de agosto de 2011

Patrañas (Nabo & Higo) de Self Will

Extraño, cómico, aterrador y emocionante.

Este libro contiene dos historias mutuamente complementarias, el ying y el yang de una novela. No, no una novela; dos historias inconexas que a ojos vistos son patrañas: Una mujer insatisfecha sexualmente a la que le crece un pene y un hombre insatisfecho laboralmente a quien le crece una vagina.

El libro trata sobre la sexualidad, la asexualidad, la "insexualidad", la intersexualidad y la manera en que hombres y mujeres conciben el sexo. Más allá, la manera cómo el lector concibe los sexos.

En "Nabo", tenemos una serie de personajes deprimentes: un hombre mínimo, eyaculador precoz y ebrio consuetudinario, casado con una mujer abnegada y, en mi opinión, mínima también. Ella ha tenido ocasión de probar el lesbianismo con sus amigas, encontrando satisfacción sexual mas no la vida tranquila que ella espera. Con Dan, su marido, sólo tuvo una efímera satisfacción sexual en un encuentro casual, lo que la llevó a casarse con él.

Dan es ingenioso y buena persona, pero alcohólico perdido; ella tiene un poder de indiferencia infinito. Va guardando sus frustraciones, enterrándolas. Un día Carol decide comenzar a masturbarse. Casi para terminar sus frotamientos, descubre una pequeña excrecencia cartilaginosa; un "eso" que comienza a hacerla cambiar, se obsesiona por la masturbación mientras Dan ingresa a un grupo de AA.

En el grupo de AA, hay un tal Dave que se quiere pasar de listo; tiene con sus pupilos una labor del tipo "vampirismo voyeurista", donde le gusta inmiscuirse en las relaciones de las personas a las que ayuda por una satisfacción morbosa no sexual.

Carol comienza a ver cómo crece su "eso" hasta convertirse en un pene. Por pudor, jamás va a ver a un médico para que la examine. Más que un cambio físico, Carol comienza a cambiar por dentro, todas las frustraciones que acumulaba como indiferencia, comienzan a aflorar como......algo; como un deseo insatisfecho.

Hasta que explota; explota de una manera aterradora con una venganza bien planeada y horriblemente llevada a cabo.
... Dan sintió cómo los dedos afilados le metían por el ojete una gota de materia fría y viscosamente pegajosa. Carol lo cubrió, apoyando por un instante el pecho en su espalda, y luego se enderezó, miró la espina dorsal encorvada de Dan y, muy tiernamente, guió su pene al blanco.
Carol sintió toda la potencia de su pene, su construcción columnar, su rigidez vascular. Percibió el rechazo contraído del esfínter de Dan, pero embistió pese a eso y debido a eso. Supo que éste era su momento, su confirmación de lo que realmente era... Burdo, ¿verdad? La noción de ser capaz de follarse a Dan, de penetrarlo realmente, de alguna manera volvió agresiva a Carol, la convirtió en una violadora... Burdo, pero cierto.
La historia tiene la forma de una narración hecha por un extraño personaje a un pasajero del tren nocturno. El final es una muestra de la diferencia en nuestra concepción de la agresión sexual entre hombres y mujeres.

En "Higo" tenemos personajes mucho más simpáticos: John Bull, un frustrado escritor de la columna de espectáculos de un semanario y jugador de rugby, descubre un día que le está creciendo una vulva en la corva de una pierna. Bull decide visitar a su médico de cabecera, Alan, un doctor felizmente casado, con una hermosa mujer y una linda bebé; un doctor de imagen intachable y quien todos creen que es un santo.

Alan guarda oscuros secretos; él sabe que no puede ser fiel a su mujer, quien en secreto le causa repugnancia. Alan ha tenido aventuras y relaciones duraderas, siempre por sexo y nunca por veradero enamoramiento. Alan es un hombre que huye de los compromisos.

La historia es simple, Alan se enamora de la vagina de John y decide aprovecharse y desvirgarlo, éste se acepta parte mujer y se enamora del doctor. El doctor, al darse cuenta del compromiso que se hace entre ambos, lo traiciona.

Es una historia muy divertida, con personajes simpáticos y bien logrados.
Cuando por fin lo penetró, Alan tenía la cara enterrada entre los mullidos omóplatos de Bull. La pierna de éste estaba doblada por la rodilla, cómodamente colocada hacia arriba y bajo la entrepierna de Alan. Aunque el médico estaba torpemente tendido en el piso, su mano izquierda tenía libertad de acción. Libertad para acariciar el pene sorprendentemente delgado de Bull; su vientre macizo, sus tetillas como picaduras de mosquitos.
Alan estaba arrobado. Para él, Bull era pura mujer. Primero su histeria y ahora aquella trémula rendición. ¿Podía existir algo más femenino? Para él, eran como dos supervivientes de un accidente aéreo copulando en medio de los restos que se quemaban, afirmando delirantemente el hecho mismo de estar vivos. ¡Y con cuánta belleza su pierna se frotaba contra él, suavizando cada una de sus propias embestidas!
Lo que el autor pretende es mostrarnos las diferencias en la concepción de lo que significa la propia sexualidad entre hombres y mujeres, amén de los prejuicios sociales de ciertas prácticas sociales:

Al final de la primera historia, un personaje masculino actúa como una típica mujer occidental actuaría en una situación de violencia sexual........un choque para el lector que espera ver otra reacción por el simple hecho de ser un hombre quien habla.

Al final de la segunda historia un personaje masculino actúa como una típica mujer occidental actuaría en una situación de engaño y abandono.....un choque para el lector que esperaría que al menos le metiera unos chingadazos entre ceja, oreja y madre al doctor.

Lo que el escritor pretende es que pienses......"Me indigna mucho porqué el personaje no reaccionó violentamente si es un hombre, no una mujer". Y luego te espantas por tu propia construcción social.

Por eso el libro se llama "Patrañas", lo importante no es la historia sino tu reacción a ella. El libro es entretenido, un libro para pensar.


Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, anal, juguetes, lesbianismo, infidelidad, masturbación, violación, asesinato, prostitución, homosexualidad, ¿homosexualidad?....sexo extraño.



Patrañas (Nabo & Higo)
Will Self
Editorial Anagrama
1995
ISBN: 978-84-339-0692-2
pág: 224

sábado, 29 de enero de 2011

Los dijes indiscretos de Denis Diderot


Si nuestros genitales hablaran y fueran completamente sinceros e irremediablemente locuaces...¿Qué dirían? Definitivamente a todos nos harían pasar vergüenzas.

Esta magnífica obra de Denis Diderot está escrita como una obra picaresca, pero encierra toda una filosofía, opiniones políticas y quizás hasta un autodescargo de adulterinas culpas.

Denis Diderot fué un genio del enciclopedismo (no, no vendía enciclopedias, las inventó, pero lo hubiera hecho por dinero y por convicción), ignorado e incomprendido en su época,  luchó contra el oscurantismo a través de la divulgación del conocimiento. Diderot venía de una familia acomodada, pero sus escritos nunca le trajeron la bonanza económica; a los 30 años (1743) se casó con una mujer pobre en contra de la opinión de la sociedad, y tuvo una hija. La esposa de Diderot, Antoinette Champion, era extremadamente católica, por lo que se supone que el placer sexual ocupaba, si acaso, una parte marginal de la relación matrimonial.

La condición económica de la familia Diderot era precaria, Denis daba clases, hacía traducciones y daba sermones. Diderot tenía amantes en los círculos literarios. ¿Qué le ofreces a una amante si eres pobre?...Un libro.

Denis Diderot escribe y publica en 1748 (anónimamente, por supuesto) "Les bijoux indiscrets", su primer novela, escrita en 15 días, novela que pondría la piedra fundacional para sus libros de ficción-politica-religiosa-social. Se supone que Diderot hace una apuesta a su amante, madame de Puisieux de que puede escribir una obra al estilo de Crébillon (sensual y pícara), tan de moda en esa época. Por la obra le pagaron 50 luises, que regaló a su amante.

Me llama mucho la atención la dedicatoria del libro: a Zima, a quien le pide que acepte y lea el libro, que no va a ofender su pudor, etc, etc. Yo sospecho que dedicaba su libro a su propia esposa.

Mangogul (Lameculos) es el sultán del Congo, y vive en Banza, la capital (Francia y París), es un alma libre y bondadosa, extremadamente inteligente y dado a los placeres. Aunque represente a Luis XV, yo veo el reflejo de Diderot. Mangogul está casado con una sultana fría y distante llamada Manimombada (astringente, "apretada") y tiene una favorita llamada Mirzoza.

Mangogul es el sultán del Congo, y se aburre escuchando los chismes de la corte de Manimombada en boca de su favorita Mirzoza. Deciden consultar con el genio Cucufa (Estaba de moda Las mil y una noches de Galland), quien les enrega un anillo mágico que tiene dos poderes: usado de cierta manera daba la invisibilidad, y apuntando con el dedo, hacía hablar las "joyas" de las mujeres.

Después de advertirle a Mangogul que no se atreva a apuntarle a ella, Mirzoza hace una apuesta con él. Ella está convencida de que existen aún mujeres que eligen ser fieles a sus amores, mientras él cree lo contrario. Cierran la apuesta y comienza el despelote.

Ante las indiscresiones de las "joyas", la corte pasa por todos los estados de pérdida. Se niegan a creer que sus partes pudibundas estén hablando, y si lo hacen, se niegan a creer que sean veraces. Algunas mujeres caen en el descrédito, al tener "joyas" que dicen exactamente lo contrario de sus dueñas. Pronto todas se llenan de miedo, miedo que aprovechan los comerciantes para vender mordazas para las "joyas", mordazas que sólo ahogan, pero no logran callar.

Sea como fuere, un día que Mangogul se paseaba por los jardines, acompañado de toda la corte, se le ocurrió dirigir el anillo hacia Zelais. Ésta era bonita y se le atribuían muchas aventuras, pero su dije no hizo mas que balbucear y sólo profirió algunas palabras entrecortadas que nada significaban y que los burlones interpretaron como quisieron...
-¡Caramba!-dijo el sultán, - a este le cuesta hablar- Debe haber algo que le dificulte la pronunciación- en vista de ello aplicó el anillo con más  energía. El dije hizo un segundo esfuerzo por expresarse, y venciendo en parte el obstáculo que le cerraba la boca, se oyó muy distintamente:
-¡ay, ay me,...me ... ahogo!. ¡Ya no puedo más ... me ...ahogo!

Después viene la indiferencia, la gente sigue con sus actividades mientras sus coños hablan y hablan y hablan todos los secretos que deberían quedarse guardados. El anillo rompe matrimonios y aleja amantes.

¿Milagro divino? ¿Avance de la razón? Nadie puede creer que el causante el el mismísimo sultán. En 29 confesiones, nos damos cuenta que hay mujeres abiertamente lesbianas; que hay mujeres que gustan de acostarse con sus perros y sus amantes en la misma cama (y al mismo tiempo) y de que la más recatada es la que mejor oculta sus infidelidades.

Todo ésto, sazonado con disgresiones teológicas, filosóficas y políticas. Todo apunta a donde mismo: la profunda hipocresía reinante en la sociedad de Diderot. Los dijes indiscretos es una sátira muy divertida de la sociedad en general y de las cortes aristocráticas en particular.

Al final, Mangogul no se puede resistir, y hace hablar el "dije" de Mirzoza mientras está dormida, sólo para descubrir que es una mujer prudente, y que su libertinaje no interfiere con su honestidad. Enojada y todo, Mirzoza ha ganado, y de ser la que menos representa las virtudes, es la única mujer virtuosa de la corte.

Como curiosidad, hay tres capítulos que se supone que estaban en el manuscrito, pero que no fueron impresos, probablemente para evitar problemas con la censura porque al menos uno es abiertamente pornográfico, a diferencia del resto del libro, que sólo es sugerente. La censura de todos modos llegó y cayó sobre el autor (a quien todos reconocieron) Estos capítulos están en la edición de 1798, sólo fueron publicados después de la muerte de Diderot.

En "El dije viajero", tenemos una joya que ha viajado, y que además de ser políglota, describe obscenamente las costumbres sexuales del mundo, costumbres de las que ha sido partícipe. Ante tanta plática, hay personas que describen sus viajes también, uno de ellos describe una isla donde todos los solteros son pasados por la prueba del termómetro, para ver si sus miembros encajan o no (porque sus genitales tienen formas geométricas)


A este gentilhombre, sucedieron un par de corsarios recién llegados de sus correrías. Amigos íntimos, me follaron y navegaron de común acuerdo, compitiendo por ver quién sería el más fuerte y el que tiraría más rápido. Mientras uno se balanceaba en el ancla, yo secaba al otro por la verga y lo preparaba para iniciar una nueva salva.
...
A menudo, acercaba a mi boca su verga excitante y húmeda; también apretando sus labios contra los míos, me relamía con una lengua felariz. Aunque tenía gala de  no haber tenido jamás inclinación por l’arrière-Venus, me tomaba de todos modos por la espalda, me ponía una pierna al aire y la otra hacia abajo y me penetraba entre los muslos, buscando abirise camino entre los obstáculos de la voluptuosidad. Conocía al dedillo los preceptos de amor de Sánchez y reproducía mejor que nadie las posturas retozonas de Aretino.
...
Una cortesana ilustre se ofreció a hacerme ganar mil escudos si aceptaba pasar la noche con ella en un viñedo. Acepté la invitación. Subimos en un carruaje y llegamos a un lugar que ella conocía bien, donde dos caballeros con las calzas rojas nos salieron al encuentro y nos condujeron a un bosquecillo espeso y denso, donde se quitaron enseguida la ropa y vimos las pollas más furiosas que jamás se vieron empinadas. Cada uno clavó la suya, luego el juego se hizo en cuarteto, para alojarse después en la boca, luego en las tetas; y finalmente, uno de los clavarios se adueñó de mi rival mientras el otro me trajinaba. Lo mismo hicieron con la que me había llevado. Y todo ello, debidamente condimentado con besos a la florentina. Cuando nuestros campeones pusieron fin a la batalla, nos masturbamos para despertar el apetito de aquellos benditos señores, que nos pagaron con generosidad. N muchas otras ocasiones similares, gané con ellos sesenta mil escudos; y dos veces otro tanto con los que me procuró la cortesana. Me acuerdo de uno que me visitaba a menudo y que se corría siempre dos veces antes de salirse; y otro que salía de mí despacio, para entrar sutilmente en mi vecino, para lo que bastaba llevar arriba y abajo las nalgas.


Se trata de un libro muy difícil de leer; las disgresiones filosóficas, los juegos de palabras, la traducción tortuosa y lo desligados que están los capítulos lo hacen una obra difícil. Vale la pena para leerlo despacio y disfrutarlo.






Perversógrafo:_ Sexo vaginal, oral, anal, entre las tetas, homosexualidad, lesbianismo, zoofilia, infidelidad, venganzas, trenecitos, orgías, tríos, 69, masturbación, prostitución, velado anticlericalismo y antimonarquía,


Los dijes indiscretos
Denis Diderot
Ed. Barataria
ISBN: 8495764008
239 pags

martes, 25 de enero de 2011

El sultán Misapuf y la Princesa Grisemina del Abad de Voisenón

El sultán Misapuf y la princesa Grisemina, o Las metamorfosis es un cuento burlesco, escatológico y obsceno. Fué escrito bajo la moda de la primer edición francesa de Las mil y una noches, por lo que tiene un interesante aire orientalizante típico de la época.

Es una lástima no tener acceso al original, porque estoy seguro que muchos juegos de palabras se pierden en la traducción, pero hay asociaciones tan lógicas como los "dedos meñiques" (penes), "anillos" (vaginas), conejos, lanzas, etc.

Misapuf, el sultán, está aburrido, por lo que para pasar el tiempo tiene una conversación con su esposa acerca de su pasado. Comienza él a platicar a su esposa cómo en su juventud fue encantado por el Hada Tenebrosa, quien lo convirtió en una bañera. En ese estado era obligado a ver cómo el hada se lavaba su sucio trasero. El eunuco negro, con su culo pringoso fue el afortunado heredero de tan insólita pieza de baño.

Con el tiempo consigue romper el encantamiento y huye por el bosque. Una mujer en el bosque que dice ser el Hada de los Baños le pide que se acerque a ayudarla, pero ante el miedo que los baños le ocasionan (por el trasero del eunuco negro), huye de ella, sólo para escucharla decir que debía ayudarla a liberar la nariz de su marido.

En el bosque, lo encuentra una reina, quien al ver que tenía un "dedo meñique" muy pequeño, lo sube a su carruaje junto a un gigante. Allí le explica que tiene dos hijas, una bajita que se llama "No os fieis" y una muy alta que se llama "Demasiado es demasiado". Estas hijas han sido encantadas por el Hada Tenebrosa, quien las hizo tener "anillos" muy pequeños, y que sólo encontrarían el amor cuando encontrara los meñiques adecuados a sus anillos.

Pero resulta que "No os fieis" parece haber sido embarazada por un par de enanos que luego se dieron a la fuga. La realidad es que los enanos quedaron atrapados en su vientre y juegan ajedrez adentro. Al tratar de ayudarle, un hombre queda atrapado por la nariz en el anillo de "No os fieis" cuando se acerca a  escuchar las conversaciones de los enanos.

Mientras tanto, Misapuf logra desvirgar a la otra hija, sólo para darse cuenta que muerde y se ríe por el coño. El hada tenebrosa la ha encantado y ahora tiene una boca en lugar de vagina, mientras los bonzos que tratan de ayudarla tienen vaginas en lugar de bocas.

La princesa y yo aún seguíamos riéndonos por la noche, al meternos a la cama; mas no duró mucho nuestra alegría porque, cuando presenté mi dedo meñique al anillo, fui mordido con fuerza. Lancé un grito penetrante y oí una gran carcajada; me ofendí y le dije a la princesa:
-Señora, no veo ningún motivo para reir con tanta fuerza.
-Yo no me rio- respndió , y no tengo ninguna gana.
- Está muy bien decir eso- repliqué - ¡Dios mio! - proseguí - eso no es muy cortés; os reis por vanidad; estais encantada de que me haya lastimado.
Quise hacer una segunda prueba, me mordieron con más fuerza todavía; mis gritos aumentaron en esa proporción y la risa aumentó en carcajada. Fuera de mí, eché la princesa de la cama y ella tiró todas las campanillas deshecha en lágrimas. Las mujeres trajeron luces y se quedaron sorprendidas al ver solo dos personas, una llorando y otra bramando y al oir, pese a todo eso, que alguien reía hasta desternillarse...Pero cuál no fe mi sorpresa al encontrar, en lugar del anillo, una boca de verdad, a la que por desgracia no le faltaba ni un diente y que se reía sin pudor alguno en mis narices. La princesa se puso a gritar.
-Señora -le dije- no es momento para perder la cabeza, basta con llamar al sacamuelas de su majestad.

Entre chanzas y comentarios picantes, la aventura sigue con el Hada de los Anillos, quien los lleva a su "templo", donde podemos ver a unos caballeros con sus lanzas en ristre tratando de ensartar los anillos que están colgados del techo (una especie de justa o torneo medieval). Sólo los caballeros con lanzas de oro pueden hacerlo, ya que los anillos se sienten atraídos por la riqueza.

Misapuf es continuamente castigado por el Hada Tenebrosa, siendo convertido en liebre, perro y zorro para torturarlo. Cuando, siendo zorro mata a una gallina que resulta ser su amada, el encantamiento es roto y se le permite volver a la normalidad.

La princesa Grisemina cuenta su historia: a los doce años debería hacer un viaje de cuatro años de duración, y si volvía virgen a su tierra sería coronada reina. Para escapar de unos violadores es convertida alternativamente en pescado y luego en coneja, transformación en la que se da el conejil gusto de su vida copulando como coneja. Llegado el momento, es convertida de nuevo en mujer, pero para seguir su aventura se disfraza de hombre.

En una posada donde se llevaba a cabo una boda, debe compartir habitación con una jovencita y un muchacho, al estar disfrazada de hombre, no teme dormir con el muchacho, pero al poco rato recapitula y se pasa a la cama de la joven para dormir. La joven le advierte que no trate de propasarse, porque en realidad es un hombre disfrazado, así que, animados por una escena de voyeurismo a los recién casados, comienzan el toqueteo y pronto ya los tenemos entrepiernados. Así, Grisemina pierde el trono de su país.

Grisemina es convertida en un sanitario para escapar de una venganza, y debe servir de asiento al Hada de los Baños, quien resulta ser su suegra (madre del chaval vestido de mujer).

Todo un enredo, todo un sinsentido. El relato es burlesco, tiene el fin de hacer reír con sus picardías, y amén de los juegos de palabras, tenemos ridiculizados los mitos de Urano, Gaia o Cronos; además remite al miedo a ser castrado por una mujer. Como digo, merece una lectura con calma, porque detrás de las gracejadas y de la enmarañada historia, hay sarcasmo e ideas políticas.



Perversógrafo: ¿sexo vaginal y oral?, voyeurismo.




Mauro Fernández Alonso de Armiño (Recopilador)
2009
DEBOLSILLO
ISBN: 9788483469705
784 pág.

sábado, 22 de enero de 2011

El caballero que hacía hablar a los coños

Los fabliaux son pequeños poemas que narran una historia, pertenecen a un género que floreció en Francia entre los siglos XII y XIV, de contenido generalmente procaz y cómico. Se trataba de una ridiculización de los juglares de la épica caballeresca. En los fabliaux los personajes son previsibles: mujeres astutas, clérigos ignorantes avaros y lujuriosos, el desposeído que trata de salir de su miseria mediante el engaño.

Aunque se trata de ficción, las fabliaux son una muestra realista de la incipiente clase media francesa, contraponiéndose al idealismo de los romances y libros de caballería.

Hay un fabliaux que tiene especial interés para el erotismo: se trata de "Le Chevalier Qui Fist Parler les Cons" (El caballero que hacía hablar a los coños) Este pequeño cuento ha inspirado a más de uno en sus creaciones artísticas.

Un caballero en desgracia, habiendo empeñado todas sus armas y sin tener en qué caerse muerto, se va en busca de aventuras en un torneo con un premio muy atractivo, toma a su escudero, vende la yegua de su amo y recupera sus armas.

Encuentra a tres hermosas mujeres bañándose, supuestamente ninfas. Le pide al escudero que les robe los enjoyados vestidos y huya, al verse desnudas y desposeídas, ruegan al caballero por ayuda, por lo que él rescata sus vestidos "venciendo al malvado ladrón".

Ellas deciden recompensarlo: la primera le promete que al lugar en donde llegue, será bien recibido y le darán todo lo necesario siempre que tenga necesidad. La segunda le da el poder de hacer hablar a los coños y la tercera le da el poder de hacer hablar a los culos.

Inmediatamente se encuentra con un malvado clérigo, quien le da la bienvenida y lo invita a alojarse con él, con lo que se dan cuenta que no han sido engañados, que efectivamente les han dado poderes extraños. Le pregunta entonces a la yegua a dónde se dirige el clérigo, y ésta le contesta por el coño que se dirigía a ver a su amante, y que traía las alforjas llenas de dinero. El clérigo al escuchar la voz sale huyendo con temor, dejando atrás una fortuna en metálico.

Llegan al castillo de un conde donde piden posada. Le preparan la cama y cuando está dormido le envían una chica para que se desnude y "se encame" con él. Temiendo una trampa, él le toca la vagina y pide que hable, a lo que le responde ésta que efectivamente, han enviado a la chica para su solaz. Ella se asusta y huye a contárselo a la condesa.

Al siguiente día, la condesa lo reta públicamente a hacer hablar su coño; hacen una apuesta y ella sale corriendo a sus habitaciones a ponerse un gran tapón de algodón. Cuando le pregunta al coño porqué salió la señora tan de prisa y qué hizo, no sale ni un sonido, por lo que comienza a preocuparse. El escudero le recuerda el tercer regalo, así que le pregunta al culo, el que de inmediato responde que su vecino no puede contestar porque está taponado por algodón o lana.

Así, el caballero gana la apuesta, sale de deudas y nunca más pasa apuros.

Lorenz Heister (1683-1758) escribió extensamente en uno de sus tratados de anatomía sobre los ruidos que salen de los genitales de la mujer durante el coito, similar a los que salen por el ano.

Un año antes de que Diderot escribiera "Les bijeaux indiscrets" (1746), salía de la imprenta las fabliaux de Garin que seguramente, como buen enciclopedista, leyó Denis y lo inspiró. También el Abad de Voisenon tiene una obra que parece inspirada por éste.

Más en el presente, en 1975 hubo una película erótica italiana: Le sexe qui parle, que retoma el tema de las vulvas parlanchinas.

Si leen en gabacho, les recomiendo leer la obra en ésta página:

Si no, aquí hay un fragmento con un español muy pedorro






Perversógrafo: Infidelidad, engaño.

martes, 18 de enero de 2011

Las aventuras de Don Juan Lapolla Tiesa de Louis Aragón








¡Vaya un extraño libro!
Se trata de un pequeñísimo ensayo que Louis Aragón debe haber escrito entre el 1930 y 1960. Según la leyenda, fue escrito como una respuesta a los sentimientos que la lectura de "Las once mil vergas" de Apollinaire le  causaron. Es un trabajo muy cómico y surrealista.


Toda la historia está hilada como una serie de paisajes flojamente encadenados entre sí, que ocurren a inconcebibles personajes en  un París surrealista y absurdo. 

Don Juan Lapolla Tiesa es un pene gigante, ayudante de abogado y de buen aspecto, quien por ser pobre no puede aspirar al amor de las bellas mujeres con las que le toca tratar. Y es que el pobre Lapolla sólo tiene una pequeña mantita remendada para cubrirse los huevos. 

La condesa es una hermosísima mujer, que bajo los expresivos ojos tiene un clítoris y una vagina con sedosos pelos a manera de bigote. Sus manos son los más apretados y limpios culos que uno pudiera encontrar, así que para una verga gigante no hay mayor placer que besarle las manos con delicadeza.

En las andanzas por París, nos topamos con el señor Cagarro, un personaje tan interesante como apestoso, con su sombrero de investigador de la policía y sus dos ojos hechos de moscas azules. En este París surrealista todo puede esperarse: el señor Pis toma café y platica junto a la avenida, donde caminan los bigotes, las nalgas pasean tomadas de las manos  y unos glandes representan a la sociedad católica bienpensante. En ésta sociedad onírica, el más santo es el que se masturba con un crucifijo o el que usa el rosario en el culo o el que inspira sus masturbaciones con las estampas de los santos. Como ejemplo, el abad se masturba en público con maestría, haciendo malabares y formas con su interesante verga que contiene toda una ciudad en su glande, y cuyas ladillas te pueden servir de guía de turistas.

Un día, en la entrada de un cine, Don Juan defiende a un par de piernas de un grosero transeúnte, a lo que ellas en agradecimiento responden enroscándose en su cuerpo, apretándolo y sobándolo. Cuando ellas avisan que "se corren", en realidad se les corren las medias.

Para Don Juan, la dificultad mayor consiste en que cuando va apretujado en el metro, cualquier roce lo excita tanto que tiene que eyacular sorpresivamente en la boca de alguna pasajera para que no le salgan los chorros de esperma por la cabeza.


La gran dificultad para Lapolla es disimular el chorro que sale de vez en cuando de su cabeza y no dejarlo caer sobre cualquiera. Cuando el joven se encuentra entre dos personas agradables, nada más sencillo.
Deja que una se la menee e, inclinando bruscamente su glande hacia la otra, eyacula rápidamente en la boca de esta última, aprovechando un acercamiento.


La condesa, ese amor platónico de Lapolla se hace su manicura como una gran dama de sociedad, mientras piensa en cosas de la vida:


De momento la encontramos bajo los cuidados del peluquero que le hace la permanente, mientras dos manicuras, ya que tiene prisa, se ocupan de sus manos. No es cosa de poca monta ocuparse de las, manos de la condesa. Para ello se requieren manicuras hombres que hacen relucir sus preciosas manos por un procedimiento que se impone: rítmicamente, ensartan los anos manuales de su cliente con sus cosas profesionalmente sacadas de sus braguetas. Son unos manicuras muy discretos. No miran a la señora que les abandona sus orificios laterales.
Vestidos de blanco de pies a cabeza lustran esos agujeros delicados y desiguales embistiendo justo lo necesario para lograr la transfixión sin ensancharlos. Permanecen como es debido con los brazos cruzados y no se permitirían rozar con un dedo a la persona que atienden.
Mirando al techo, suspiran con mucha contención cuando no pueden hacer otra cosa. Entonces, inclinándose, como hace el peluquero que ofrece una especialidad, murmuran: «Señora ¿desea un poco de esperma?». La condesa responde que sí con la cabeza, y los manicuras gozan, humedeciendo los ojetes de la condesa con arte, delicadeza y regularidad.
Mientras tanto el chico que la riza ha dado a los pelos de su cofio facial un aire a la vez aristocrático y provocativo. Ya está, la condesa está lista para el baile en el que esta noche deberá seducir a varias personalidades parisinas de la gran banca y de la diplomacia.
Se levanta, se da algún retoque. Apenas se pinta la cara. Gracias, prefiere maquillarse sola, en su casa.
Se pone de nuevo el sombrero, la chaqueta, recoge el anacrónico manguito que le da un encanto algo afectado. Paga en la caja. Deja caer una propina merecida en la mano del peluquero, en la mano del manicura de la izquierda, en la mano del manicura de la derecha... pero, ¿no me habré equivocado?, ha murmurado algo a este último: «Esta noche, a las dos...». No he podido oír más. ¡Afortunado manicura de la derecha! Ha sido distinguido por la Condesa de la Motte, no puede dar crédito a sus oídos, y durante todo el día, mientras acicale con su verga profesional los culos y los coños de sus clientas con una técnica impecable pero respetuosa, soñará con ese instante maravilloso en el que podrá salir de su papel, a veces difícil de mantener, y abandonarse a los transportes de su naturaleza. Se promete magrear terriblemente a la condesa, se promete chillar como un asno: «¿No podría tener más cuidado?», le dice bastante bruscamente su clienta actual, a la que le está dando los últimos toques en el coño que lleva en el pie izquierdo con tanto ardor que corría verdaderamente el peligro de deformarlo. «Perdóneme, pero la señora tiene aquí una ranura tan bonita...» «¡Ah no, amigo mío, deje las familiaridades! ¡Tengo muchísima prisa y todavía no ha follado mi culo frontal! »

Después, a mediación del relato, el autor pierde pié y se lanza de cabeza al surrealismo, así que al final, ya no podemos terminar de leer sin volvernos locos:

No comprenden cómo es posible que este vertebrado que hace sólo un instante escribía como la mosca sobre el espejo y el paraguas sobre la multitud se haya puesto a alborotar de una manera tan vejatoria que si continúa así llamarán a mamá. Mi risa maníaca echa a volar batiendo las alas. Pero no progresa en línea recta, ya que es un nuevo modelo de helicóptero fabricado según unos planos robados al ministerio de la guerra en una carpeta sobre la que se había escrito en letras de molde Defensa Nacional, inscripción que alguien poco gracioso, probablemente un oficial del estado mayor, había creído poder transformar con lápiz-tinta, mientras no le miraban, en Defensa de elefante, tachando para ello el epíteto Nacional, y reemplazándolo por el complemento determinativo de elefante, lo que hace suponer que este militar debió de servir en la infantería colonial.



Así, tenemos un ensayo extraño, insólito y bastante cómico. Yo disfruté mucho de su lectura, aunque reconozco que pocos pueden disfrutar el surrealismo y el absurdo.











Perversógrafo: ¿sexo vaginal, oral y anal, escatología?














El coño de Irene (deveras, allí viene)
Aragon, Louis
Traducción: Artal Rodríguez, Carmen
Febrero 1989
La Sonrisa Vertical SV 60
ISBN: 978-84-7223-363-8
224 pág.

sábado, 15 de enero de 2011

El pecho de Philip Roth

Esta pequeña novela no está catalogada como erótica, y no lo es; pero leer éste  ensayo nos deja pensando en la concepción de la sexualidad, la soledad y la aceptación de la realidad.

David Kepesh es un profesor de literatura, tiene una vida normal para los años 70 del siglo 20: tiene una mujer que hace las veces de esposa y una amante casada que hace las veces de amante casada. Su vida sexual es intensa y cansadora, excitante y variada. Un día se descubre una pequeña mancha en el pene, bajo el vello púbico. Preocupado y todo, lo deja pasar hasta que un dia  ya lo tenemos postrado en una cama de hospital convertido en un enorme pecho de mujer.

En un principio no lo puede comprender, es un seno de 70 kilogramos que funciona de manera autónoma, es decir, que no está unido a un cuerpo. Se le alimenta por sonda y se le mantiene suspendido en una hamaca muy parecida a un sujetador. Su psique sigue siendo masculina, a pesar de tener la sensibilidad física de un pecho femenino. A su lado tiene a un antipático personaje, el doctor Klinger, quien, como un buen psicólogo se encarga durante toda la obra de plantar a David en la realidad.

El pezón es rosado, como la mancha en la base del pene que descubrí la noche en que empezó todo esto. Dado que los orificios del pezón me proporcionan algo similar a una boca y oídos vestigiales (por lo menos me ha parecido que soy capaz de hacerme oír a través del pezón y percibir vagamente lo que sucede a mi alrededor), había supuesto que era mi cabeza lo que se había transformado en pezón, pero los médicos son de otra opinión, por lo menos desde el mes corriente. En primer lugar, no hay duda de que mi voz, por débil que sea, emana del opérculo en el diafragma, a pesar de que mi sentido del paisaje interno siga asociando tercamente las funciones de la conciencia con el punto más elevado del cuerpo. Ahora los médicos sostienen que la piel arrugada y áspera del pezón (que, desde luego, es exquisitamente sensible al tacto, como ningún tejido de la cara, incluida la membrana mucosa de los labios) se ha formado a partir del glande. 
....

La mayor parte de mi peso corresponde a tejido adiposo. Por un extremo estoy redondeado como una sandía, por el otro finalizo en un pezón, de forma cilindrica, que se proyecta trece centímetros desde mi «cuerpo» y está perforado en la punta por diecisiete aberturas, cada una más o menos de la mitad del tamaño de un orificio uretral masculino. Estas son las aberturas de los conductos lactíferos. Tal como lo entiendo sin la ayuda de diagramas, pues estoy ciego, los conductos se ramifican hacia atrás en lóbulos compuestos por la clase de células que segregan leche y que es transportada a la superficie del pezón normal al succionarlo o bien ordeñarlo mecánicamente.
Mi piel es suave y «juvenil», y sigo siendo de «raza blanca». El color del pezón es rosado. Esto último se considera peculiar, puesto que en mi encarnación anterior era muy moreno.

Poco a poco, Kepesh comienza a comprender su nueva realidad, y comienza a sentirse solo. Una de las primeras cosas que extraña es el contacto físico y el sexo. Al ser lavado, lubricado y secado siente la excitación normal. La enfermera se convierte para él en un objeto de deseo, al contrario de su mujer, Claire, a quien no se atreve a pedirle que haga cosas "antinaturales". El entiende que una mujer teniendo relaciones con un pezón es tan antinatural como si Claire se hubiera convertido en un pene y él la abrazara.

Tan solo unos pocos días después de su primera visita, Claire consintió en masajearme el pezón. Si se hubiera puesto a llorar a cierta distancia de mí, nunca habría podido sugerirle que lo hiciera, pero en cuanto noté el peso de su cabeza sobre mí, todas las posibilidades se abrieron en mi mente, y solo fue cuestión de tiempo (y no demasiado, por cierto) antes de que me atreviera a pedirle el supremo acto de esperpento sexual, dadas las circunstancias.
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Sucedió durante su cuarta visita en cuatro días. Le había contado por primera vez cómo me atendía la enfermera por la mañana, con la intención de no decirle más que eso, por lo menos de momento, pero Claire me lo planteó.
- ¿Te gustaría que te hiciera lo mismo que ella?
- ¿Me harías… eso?
- Pues claro, si quieres que te lo haga.
Pues claro. ¡Una chica fría e imperturbable!
- ¡Quiero que lo hagas! -grité-. Hazlo, por favor.
- Entonces dime qué es lo que te gusta -dijo ella-. Dime qué es lo que resulta más agradable.
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¿Qué ocurre, David, vida mía? ¿Quieres que te chupe? ¡Sí! ¡Sí!
¿Cómo es capaz de hacerlo? ¿Por qué lo hace? ¿Lo haría yo?
Es demasiado pedir -le digo al doctor Klinger-. Es demasiado terrible. Es preciso que ponga fin a esto. Quiero que ella lo haga continuamente, durante todo el tiempo de la visita. Ya no quiero hablar, no quiero que me lea, ni siquiera la escucho. Solo deseo que me apriete, me chupe y me lama. Nunca me canso de eso. Cuando ella se detiene, es insoportable. «¡Sigue! ¡Más! ¡Sigue!», le grito. Pero si no pongo fin a esto, dejará de venir a verme, lo sé. Y entonces no tendré a nadie. Entonces tendré a la enfermera por la mañana, y eso será todo. Vendrá mi padre y me hablará de quién se ha muerto y quién se ha casado. Y usted vendrá y me hablará de la fortaleza de mi carácter y mi voluntad de vivir. ¡Pero no tendré una mujer! ¡No estará Claire ni habrá sexo ni amor nunca más! Quiero que se desnude, doctor, pero ¿cómo puedo pedírselo? No quiero alejarla de mí, las cosas ya son bastante extrañas tal como están, pero quiero que se desnude, quiero que su ropa esté en el suelo, alrededor de sus pies. Quiero que se ponga encima de mí y se mueva. ¡Quiero tirármela, doctor! ¡Con el pezón! ¡Pero si le digo eso, se marchará! ¡Se irá corriendo y nunca volverá!

La enfermera lo excita tanto que la molesta continuamente hasta que pide que la cambien por un hombre, con quien no sentía la excitación sexual.

No fue a Claire a quien le hice entonces mi «grotesca» propuesta, sino a mi enfermera.
- ¿Sabe lo que me gustaría hacer cuando me lava así? -le pregunté-. ¿Puedo decirle en qué estoy pensando ahora mismo?
- ¿En qué, profesor Kepesh?
- Me gustaría tirármela con mi pezón.
- No le oigo, profesor.
- ¡Me excito tanto que quiero tirármela! ¡Quiero que se siente sobre mi pezón… que me ponga ahí el coño!
- Solo un poco más y ya estará…
- ¿Me has oído, puta? ¿Has oído lo que quiero?
- Ahora lo estoy secando…

El psicoanalista viene a ser para él lo que en otras épocas era el sacerdote o el rabino: un confesor quien le da valor, le explica la realidad y le pide fortaleza. Pero el psicoanalista nunca puede cubrir esa necesidad de apoyo, porque no ofrece nada a cambio de la realidad: no hay una expiación, una esperanza o una recompensa; sólo existe la realidad.

Sin duda nos remitimos necesariamente a Kafka y a la cucarachesca metamorfosis de Gregorio Samsa. David es un profesor de literatura, así que llega a pensar si ésto le está sucediendo por leer éste tipo de historias.

Sus colegas sólo se ríen de su realidad. Su padre, un hombre frío y vacío se acerca a él y trata de evadir su nueva forma, pero finalmente el sigue solo y tratando de averiguar el porqué le sucedió la transformación. Para el doctor sólo existe la realidad, no hay un porqué.

El intenta imaginarse como maestro de literatura, o como una gran estrella del espectáculo, con muchachitas besándole la aureola de admiración, pero todo es inútil. Se siente continuamente vigilado por monitores que no puede observar. Trata de convencerse de que es un loco en un manicomio, pero la realidad vuelve una y otra vez para recordarle lo que es y el mundo en el que vive.

El libro tiene un aspecto cómico y uno serio y profundo, pero sin duda es de una lectura que deja un buen sabor de boca y nos da mucho material para pensar en el mundo actual.





Perversógrafo: ¿sexo vaginal y oral? ¿lesbianismo?





El pecho
Roth, Philip
2007, 1ª ed.
DEBOLSILLO
ISBN: 9788483464229
96 pág.

martes, 11 de enero de 2011

Metamorfosis, "Trasfumaciones", Metempsícosis y otras jaladas

Martin Van Maele 
La Grande Danse macabre des vifs (1905)
En el mundo de la literatura de entrepierna, es usual el recurso de la metamorfosis. Se trata de un tema recurrente en la literatura en general, pero en la literatura erótica es un recurso para llamar la atención y brincar las barreras de la normalidad.

Metamorfosis literarias existen muchas. hay simios que aprenden a hablar, hay perros que se convierten en burócratas rusos y tenemos al buen Gregorio Samsa que se convirtió en coleóptero, cucaracha, mosca o algún bicho con exoesqueleto qué fracturar. (Yzur de Leopoldo Lugones, Corazón de perro de Mijail Bulgakov y La metamorfosis de Franz Kafka, respectivamente)

En la parte erótica, ya Isis se convertía en ave rapaz para posarse sobre el pene cercenado de Osiris muerto y así quedar embarazada. Zeus se convertía en cisne para seducir a Leda, en toro para yogar con Europa, en águila para raptar a Ganimedes, y en un montón de cosas más para hacer un montón de cochinadas con un montón de gente.

Dafne se convierte en árbol para evadir la violación de Apolo, y Acteón es convertido en gacela por andar viéndole las nalguitas a Artemisa.

Ovidio escribió un libro sobre "Las metamorfosis" (no todo en un sentido erótico, pero una buena parte se relaciona). Apuleyo en "el asno de oro" nos platicaba sobre el infortunado que es convertido en asno y tomado como amante por la cachonda mujer que lo alquila.

Entonces ella, desnuda de todas sus vestiduras, quitóse asimismo una faja con que se ligaba, y llegada cerca de la lumbre sacó un botecillo de estaño y untóse toda con bálsamo que allí traía, y a mí también me untó y fregó muy largamente, pero con mucha mayor diligencia me untó la boca y narices. Esto hecho, besome muy apretadamente, no de la manera que suelen besar las mujeres que están en el burdel u otras rameras demandonas, o las que suelen recibir a los negociantes que vienen, sino pura y sinceramente, sin engaño, y comenzome a hablar muy blandamente diciendo:
-Yo te amo y te deseo, y a ti solo, y sin ti ya no puedo vivir, y semejantes cosas con que las mujeres atraen a otros y les declaran sus aficiones y amor que les tienen. Así que tomome por el cabestro, y como ya sabía la costumbre de aquel negocio, fácilmente me hizo bajar, mayormente que yo bien veía que en aquello ninguna cosa nueva ni difícil hacía, cuanto más al cabo de tanto tiempo que hubiese dicha de abrazar una mujer tan hermosa y que tanto me deseaba; además de esto, yo estaba harto de muy buen vino, y con aquel ungüento tan oloroso que me había untado, desperté mucho más el deseo y aparejo de la lujuria. Verdad es que me fatigaba entre mí, no con poco temor pensando en qué manera un asno como yo, con tantas y tan grandes piernas, podría subir encima de una dueña delicada, o cómo podría abrazar con mis duras uñas unos miembros tan blancos y tiernos, hechos de miel y leche, y también aquellos labios delgados colorados como rocío de púrpura había de tocar con una boca tan ancha y grande, y besarla con mis dientes disformes y grandes como de piedra. Finalmente, que aunque yo conocía que aquella dueña estaba encendida desde las uñas hasta los cabellos, pensaba en qué manera había de recibirme. Guay de mí, que rompiendo una mujer hijadalgo como aquélla, yo había de ser echado a las bestias bravas que me comiesen y despedazasen, y haría fiesta a mi señor. Ella, entre tanto, tornaba a decir aquellas palabras blandas, besándome muchas veces y diciendo aquellos halagos dulces con los ojos amodorridos, diciendo en suma: «Téngote, mi palomino, mi pajarito», y diciendo esto mostró que mi miedo y mi pensamiento era muy necio, porque me abrazó fuertemente; y cuantas veces yo, recelando de no hacer daño, me retraía, tantas veces ella, con aquel rabioso ímpetu me apretaba y se allegaba a mí, tanto, que por Dios, yo creía que me faltaba algo para suplir su deseo, por lo cual yo pensaba que no de balde la madre del Minotauro se deleitaba con el toro su enamorado. Ya que la noche trabajosa y muy veladera era pasada, ella escondiose de la luz del día, partiose de mañana, dejando acordado otro tanto precio para la noche venidera.


En "Drácula", tenemos al ente demoniaco transformándose en sueños y pesadillas para tener acceso a jovencitas inocentes a las que mirar sus victorianos pechos "casi desnudos", y en "Las mil y una noches" tenemos toda clase de encantamientos como castigo por o para propiciar el ayuntamiento sexual.

Ya hemos hablado de los hombres que se convierten en sofás o canapés, de la picardía de Crébillon o Fougeret de Montbron. Y tenemos el acople de Pigmalión, que trata de una estatua hecha mujer por el deseo que causaba a su creador.

Dentro de éstas creencias de la transmutación de las almas (en animales o en objetos inanimados), he elegido algunas lecturas particulares, donde encontramos a organos sexuales como protagonistas de una historia. Si bien no se trata de historias eróticas, juegan con la obscenidad y la escatología para darnos su mensaje; sea éste la interiorización del ser en la sociedad actual, la ironía y sarcasmo social y político o la simple broma o chascarrillo para divertir al lector.

Disfruten, son lecturas bastante extrañas.