Mostrando entradas con la etiqueta Sade. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sade. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de octubre de 2012

Historia BDSM- Tercera parte

Viene de Aquí

Hace mucho leía a "Boogie el aceitoso", curiosa caricatura hiperviolenta de Fontanarrosa. En uno de los capítulos en los que Boogie está ayudando a su vecino con una reparación, éste se queja de la violencia en el mundo; pero no sólo de la violencia física, sino del ruido, la contaminación y el estrés, que son a su vez una forma de violencia que nos agrede. Boogie agarra unas pinzas y comienza a torturar a su vecino, a la vez que le explica que eso que describe no es violencia, que la violencia debe doler físicamente.

Así podemos describir el BDSM que inventó el marqués de Sade a finales del siglo dieciocho. Antes de él hay escritos que describen la flagelación; pero Sade traspasa todo límite en sus escritos y refleja el sadismo en su más pura esencia: el dolor ajeno como disparador sexual, independientemente del contacto sexual:


Respecto a la flagelación activa, ¿puede haber en el mundo una voluptuosidad mayor para seres endurecidos como nosotros? , ¿hay alguna que dé mejor la imagen de la ferocidad, que satisfaga más, en una palabra, esa inclinación a la crueldad que hemos recibido de la naturaleza?... ¡Oh Juliette!, someter a esta degradación a un objeto joven, interesante y dulce, y que tenga la mayor cantidad de afinidades posible con nosotros, hacerle experimentar duramente esta forma de suplicio, cuyos alcances tienen todos por emblema la voluptuosidad, divertirse con sus lágrimas, excitarse con sus penas, exaltarse con sus saltos, inflamarse con sus brincos, con esos retorcimientos voluptuosos que arranca el dolor de la víctima, hacer correr su sangre y sus lágrimas, encarnizarse con ellas, gozar sobre su bonito rostro de las contorsiones del dolor y de los juegos musculares impresos por la desesperación, recoger de su lengua esos chorros púrpura que tan bien contrastan con el tinte de los lirios de una piel suave y blanca, aparentar que te calmas un momento para aterrorizar a continuacióncon nuevas amenazas, y no realizar las amenazas más que con otros refinamientos más ultrajantes y más atroces todavía, no ahorrar nada dé cólera, y recorrer con la misma rabia las partes más delicadas, las mismas que la naturaleza parece haber creado para homenaje sólo de los tontos, como el pecho o el interior de la vagina, como el mismo rostro. 
Fragmento de Juliette, libro 1

Sade escribe sobre flagelación pasiva como un medio de inflamar los goces y sensibilizar el cuerpo; pero habla de la tortura como el fin de la sensualidad y de la destrucción de el objeto (que no persona) como la máxima sublimación del placer.


¿Cuál es el objetivo del hombre que disfruta? ¿No es el de dar a sus sentidos toda la excitación de que son capaces, a fin de llegar mejor y más cálidamente, por medio de ello, a la última crisis... crisis preciosa que caracteriza el placer de bueno o de malo, según la mayor o menor actividad con que se ha alcanzado esta crisis? Ahora bien, ¿no es un sofisma insostenible atreverse a afirmar que es necesario para mejorarla que sea compartida por la mujer? ¿Acaso no es evidente que la mujer no puede compartir nada con nosotros sin arrebatárnoslo, y que todo lo que ella roba debe ser necesariamente a nuestras expensas? Yme pregunto entonces, ¿qué necesidad hay de que una mujer goce cuando nosotros gozamos? ¿Existe en esta actitud otro sentimiento que el halago querecibe el orgullo? ¿Y no se obtiene de una manera mucho más estimulante la.percepción de este sentimiento orgulloso obligando, al contrario, con dureza a esta mujer a dejar de gozar, a fin de hacernos gozar, a fin de que nada le impida ocuparse de nuestro goce? ¿La tiranía no halaga el orgullo de una manera mucho más viva que las buenas obras? En una palabra, ¿el que impone no es el amo con mucha mayor seguridad que el que comparte? Pero ¿cómo se le pudo ocurrir a un hombre razonable que la delicadeza tuviera algún valor en materia de placer? Es absurdo querer defender que sea necesaria; jamás añade nada al placer de los sentidos: digo más, lo perjudica. 
...
Es una desdicha despreciable que, para el incremento de la voluptuosidad del hombre,tenga que descuidar o turbar la de la mujer, pues si bien esta turbación le hace ganar algo, lo que pierde el objeto que le sirve no le afecta en nada. Debe resultarle indiferente que este objeto sea feliz o desdichado, con tal de que le resulte deleitable; no existe realmente ningún tipo de relación entre este objeto y él. Sería, pues, una locura ocuparse de las sensaciones de este objeto a expensasde las propias; absolutamente imbécil si, para modificar estas sensaciones ajenas, renuncia al mejoramiento de las propias. Dicho eso, si el individuo deque hablamos está desdichadamente estructurado de manera que sólo se conmueve si produce, en el objeto que le sirve, sensaciones dolorosas, confesarás que debe entregarse a ellas sin remordimientos, ya que está ahí para disfrutar, prescindiendo de todo lo que pueda resultar para ese objeto.

¿Tiene esta filosofía algo qué ver con el Sadomaso, la dominación y rollos de nuestra época? En el plano práctico muy poco, pero en el plano de influencia tiene todo qué ver, y no se trata sólo del término "sadismo" que viene de su nombre y que se ha utilizado de una manera bastante platónica; se trata de que este autor maldito desaparece por un siglo para ser rescatado más tarde en el siglo 20, e inspirar a toda una generación; generación que terminaría inventando el BDSM como lo conocemos hoy.

Toda la parafernalia de los látigos, tacones, cuero, etc, están ausentes de la literatura sadeana, aquí lo que manda es la desnudez, algo poco común en aquella época; hay calabozos, pero el escenario es real, la tortura es real y las víctimas mueren, no disfrutan; no son masoquistas, pues, porque ello no excitaría a un verdadero sádico.


Sigo pronto.


domingo, 19 de agosto de 2012

Orgía perversa vs Orgía Siniestra (Parte 2: Orgía Siniestra)

Justine es la obra mas conocida y vilipendiada del Marqués de Sade; una de las escenas más escandalosas es cuando un grupo de monjes la secuestra para esconderla en un serrallo secreto en donde la violarán repetidamente hasta que ella puede escapar, sólo para caer con alguien peor.


Inmediatamente forman un círculo, me sitúan en el centro, y allí, durante más de dos horas, soy examinada, valorada, manoseada por los cuatro frailes, recibiendo sucesivamente de cada uno de ellos elogios o críticas.
––Me permitiréis, señora, ––dijo sonrojándose nuestra bella prisionera––, ocultaros una parte de los detalles obscenos de la odiosa ceremonia. Que vuestra imaginación suponga todo lo que el desenfreno puede dictar en tal caso a unos malvados; que los vea pasar sucesivamente de mis compañeras a mí, comparar, relacionar, confrontar, discurrir, y sólo obtendrá verosímilmente una débil imagen de lo que realizaron en estas primeras orgías, muy suaves, sin duda, en comparación con todos los horrores que no tardaría en experimentar.
––Vamos ––dice Severino cuyos deseos prodigiosamente exaltados ya no pueden contenerse, y que en este horrible estado parece un tigre dispuesto a devorar a su víctima––, que cada uno de nosotros la someta a su placer favorito.
Y el infame, colocándose en un canapé en la actitud propicia para sus execrables proyectos, haciéndome sostener por dos de sus frailes, intenta solazarse conmigo de aquella manera criminal y perversa que sólo nos hace semejarnos al sexo que no poseemos degradando el propio. Pero, o ese impúdico está demasiado vigorosamente dotado, o la naturaleza se rebela en mí ante la mera sospecha de esos placeres: no consigue vencer los obstáculos; tan pronto como se presenta, es inmediatamente rechazado... Abre, empuja, desgarra, todos sus esfuerzos son inútiles; el furor de ese monstruo se dirige contra el altar que sus deseos no pueden alcanzar; lo golpea, lo pellizca, lo muerde. Nuevas posibilidades nacen del seno de tales brutalidades; las carnes reblandecidas ceden, el sendero se entreabre, el ariete penetra. Yo lanzo unos gritos espantosos. La masa entera no tarda en ser engullida, y la culebra, arrojando inmediatamente un veneno que le arrebata las fuerzas, cede finalmente, llorando de rabia, a los movimientos que yo hago para soltarme. En toda mi vida no había sufrido tanto.
Se adelanta Clément; está armado con varas; sus pérfidas intenciones estallan en sus ojos:
––Me toca a mí ––le dice a Severino––, me toca a mí vengaros, padre mío; me toca a mí corregir a esta pécora por resistirse a vuestros placeres.
No necesita que nadie me sostenga; uno de sus brazos me rodea y me aprieta contra una de sus rodillas, de manera que, presionando mi vientre, pone mas al descubierto lo que servirá a sus caprichos. Al principio tantea sus golpes, parece que sólo tenga la intención de prepararse; pronto, inflamado de lujuria, el depravado golpea con todas sus fuerzas: nada queda a salvo de su ferocidad; de la mitad de las caderas hasta las pantorrillas, todo es recorrido por el traidor; atreviéndose a mezclar el amor con esos crueles momentos, su boca se pega a la mía y quiere absorber los suspiros que los dolores me arrancan... Mis lágrimas corren, las devora, sucesivamente besa y amenaza, pero sigue golpeando; mientras actúa, una delas mujeres le excita; arrodillada delante de él, lo trabaja diferentemente con cada una de sus manos, y cuanto más lo consigue, con más violencia me llegan sus golpes. Estoy a punto de ser desgarrada cuando nada anuncia todavía el final de mis males: de nada sirve que se prodigue por todas partes. El final que yo espero sólo dependerá de su delirio. Una nueva crueldad lo determina: mi pecho está a la merced de ese hombre brutal, le excita, hunde en él sus dientes, el antropófago lo muerde: este exceso provoca la crisis, el incienso se escapa. Unos gritos espantosos y unas terribles blasfemias han señalado su arrebato, y el fatigado monje me abandona a Jérôme.
No seré más peligroso para tu virtud que Clément ––me dice el libertino acariciando el altar ensangrentado donde acaba de sacrificar el otro fraile––, pero quiero besar esos surcos; si yo también soy capaz de entreabrirlos, les debo algún honor. Quiero aún más ––prosigue; hundiendo uno de sus dedos en el lugar donde se había metido Severino––, quiero que la gallina ponga, y quiero devorar su huevo... ¿Está ahí?... ¡Sí, pardiez!... ¡Oh, hija mía, qué delicado es!...
Su boca sustituye los dedos... Me explican lo que tengo que hacer, lo hago con asco. En la situación en que me encuentro, ¡ay de mí, no me está permitido negarme! El indigno está contento... traga, y después, haciéndome arrodillar delante de él, se pega a mí en esa posición; su ignominiosa pasión se satisface en un lugar que me impide cualquier protesta. Mientras actúa así, la mujer gorda lo azota, y otra, situada a la altura de su boca, cumple el mismo deber al que yo he acabado de ser sometida.
No basta ––dice el infame––, quiero que cada una de mis manos... siempre nos quedamos cortos...
Las dos jóvenes más bonitas se acercan, obedecen: estos son los excesos a que la saciedad ha conducido a Jérôme. En cualquier caso, las impurezas le llenan de felicidad, y mi boca, al cabo de media hora, recibe finalmente, con una repugnancia que os será fácil adivinar, el asqueroso homenaje de aquel hombre depravado.
Aparece Antonin.
––Vamos a ver ––dice–– esta virtud tan pura; estropeada por un solo asalto, ya no debe notarse.
Sus armas están en ristre, se serviría gustosamente de los procedimientos de Clément. Ya os he dicho quela fustigación activa le gusta tanto como al otro monje, pero como está apresurado le parece suficiente el estado en que me ha dejado su compañero. Me examina, disfruta, y dejándome en la postura que todos ellos prefieren, manosea un instante las dos medias lunas que impiden la entrada. Zarandea furiosamente los pórticos del templo, no tarda en llegar al santuario: el asalto, aunque tan violento como el de Severino, realizado en un sendero menos estrecho, no es sin embargo tan rudo de soportar. El vigoroso atleta coge mis dos caderas, y supliendo los movimientos que yo no puedo hacer me sacude contra su cuerpo con vigor; diríase, por los esfuerzos redoblados de ese Hércules, que, no contento con ser dueño de la plaza, quiere reducirla a polvo. Unos ataques tan terribles, y tan nuevos para mí, me hacen sucumbir; pero, sin inquietarse por mis penas, el cruel vencedor sólo piensa en aumentar sus placeres; todo le circunda, todo le excita, todo contribuye a sus voluptuosidades. Frente a él, subida a mis caderas, la joven de quince años, con las piernas abiertas, ofrece a su boca el mismo altar en el que realiza su sacrificio conmigo, sorbe gustosamente el precioso jugo de la naturaleza cuya emisión acaba ésta de conceder a la chiquilla. Una delas viejas, arrodillada delante de las caderas de mi vencedor, las mueve, y avivando sus deseos con su lengua impura, consigue su éxtasis, mientras que para calentarse aún más el libertino excita a una mujer con cada una de sus manos. No hay uno de sus sentidos que no sea provocado, ni uno que no contribuya ala perfección de su delirio; lo alcanza, pero mi constante horror por todas sus infamias me impide compartirlo...
Lo consigue solo, sus gestos, sus gritos, todo lo anuncia, y me siento inundada, a pesar mío, por las pruebas de una llama que sólo contribuyo a encender en una sexta parte. Me desplomo finalmente sobre el trono donde acabo de ser inmolada, sintiendo únicamente mi existencia a través del dolor y de las lágrimas... de la desesperación y de los remordimientos...
Entonces el padre Severino ordena a las mujeres que me den de comer, pero muy lejos de prestarme a estas atenciones, un acceso de furiosa pena asalta mi alma. Yo, que ponía toda mi gloria, toda mi felicidad, en mi virtud, yo, que me consolaba de todos los males de la fortuna, con tal de ser siempre decente, no puedo soportar la horrible idea de verme tan cruelmente mancillada por aquellos de quienes debía esperar el máximo socorro y consuelo: mis lágrimas manan en abundancia y mis gritos hacen resonar la bóveda. Ruedo por los suelos, me golpeo los pechos, me meso los cabellos, invoco a mis verdugos, y les suplico que me den muerte... ¿Creeréis, señora, que tan espantoso espectáculo sólo consigue excitarlos más?
––¡Ah! ––dice Severino––, nunca he disfrutado de una escena más hermosa. Ved, amigos míos, en qué estado me pone; es increíble lo que consiguen de mí los dolores femeninos.
––Sigamos con ella ––dice Clément––, y para enseñarle a gritar de este modo que, en este segundo asalto, la bribona sea tratada con mayor crueldad.
Dicho y hecho; Severino toma la iniciativa pero, por mucho que dijera, sus deseos necesitaban un grado de excitación superior, y, sólo después de haber utilizado los crueles medios de Clément, consiguió reunirlas fuerzas necesarias para la realización de su nuevo crimen. ¡Qué exceso de ferocidad, Dios mío! ¡Cómo era posible que esos monstruos la llevaran al punto de elegir el instante de una crisis de dolor moral por la violencia que sentía para hacerme sufrir otro dolor físico tan bárbaro!
––Sería injusto que no utilizara como principal con esta novicia lo que tanto nos sirve como accesorio ––dice Clément comenzando a actuar––, y os aseguro que no la trataré mejor que vosotros.
––Un momento ––dice Antonin al superior al que veía a punto de cogerme de nuevo––; mientras vuestro celo va a exhalarse en las partes traseras de esta hermosa joven, me parece que yo puedo incensar al Dios opuesto; la pondremos entre los dos.
Me colocan de tal manera que todavía puedo ofrecer la boca a Jérôme; se lo exigen. Clément se coloca en mis manos; me veo obligada a masturbarlo. Todas las sacerdotisas rodean el espantoso grupo. Cada una de ellas presta a los actores lo que sabe que más debe enardecerlo. Sin embargo, yo soporto todo; el peso entero recae exclusivamente sobre mí. Severino da la señal, los tres restantes no tardan en seguirle, y ya me tenéis, por segunda vez, indignamente mancillada por las pruebas de la repugnante lujuria de unos indignos bribones.


martes, 14 de agosto de 2012

¿Cómo murió Justine?

En el libro del Marqués de Sade "Los Infortunios de la virtud", Justine, después de una vida dedicada a la virtud donde sufre todo lo imaginable, encuentra al fin la felicidad y la paz, halla a su hermana Juliette y la redime de sus vicios y sus delitos.......sólo para morir un momento después de una manera que parece un castigo divino (un chiste del Marqués).


Brilla el relámpago, cae el granizo, soplan con impetuosidad los vientos, se dejan oír espantosos truenos. La señora de Lorsange (Juliette), que tiene un miedo horroroso de la tormenta, suplica a su hermana que lo cierre todo lo más rápidamente que pueda; el señor de Corville regresaba en aquel momento; Justine, con prisa por tranquilizar a su hermana, vuela a una ventana, quiere luchar un momento con el viento que la rechaza, y de pronto un rayo la tumba enmedio del salón y la deja sin vida sobre el suelo.
La señora de Lorsange lanza un grito lamentable... se desvanece; el señor de Corville pide socorro, se reparten los cuidados, llevan a la señora de Lorsange a la luz, pero la desgraciada Justine había sido herida de modo que ni siquiera la esperanza podía subsistir. El rayo había entrado por el seno derecho, había quemado el pecho y había vuelto a salir por la boca desfigurando de tal modo su rostro que mirarla daba horror. El señor de Corville quiso que se la llevaran inmediatamente. La señora de Lorsange se levanta con un aire de mayor tranquilidad, y se opone a ello.
– No, dice a su amante, no, dejadla un momento ante mis ojos, necesito contemplarla.....

Y Juliette se hace una persona piadosa.

Sin embargo, en el libro "Juliette o las prosperidades del vicio", la versión es muy distinta:

Así fue como Mme. de Lorsange acabó el relato de sus aventuras, cuyos escandalosos detalles habían arrancado más de una vez lágrimas amargas a la interesante Justine. No pasaba lo mismo con el caballero y el marqués: los excitados pitos que sacaron probaron la diferencia de sentimientos que los había animado. Se maquinaba ya algún horror cuando se oyó que volvían al castillo Noirceuil y Chabert, que, como se recuerda, habían estado pasando unos días en el campo, mientras la condesa ponía a sus otros dos amigos al corriente de hechos que aquellos sabían desde hacía mucho tiempo.
Las lágrimas que inundaban las hermosas mejillas de nuestra desgraciada Justine, su aire interesante... abatido por tantas desgracias... su natural timidez, esta atrayente virtud extendida por cada una de sus facciones, todo irritó a Noirceuil y a Chabert, que quisieron someter a esta infortunada a sus sucios y feroces caprichos. Fueron a encerrarse con ella mientras que el marqués, el caballero y Mme. de Lorsange se entregaban a otras voluptuosidades igualmente extravagantes con los numerosos objetos de lujuria instalados en el castillo.
Eran alrededor de las seis de la tarde cuando volvieron y se reunieron todos; entonces se deliberó sobre la suerte de Justine; y ante el rechazo formal de Mme. de Lorsange a conservar en su casa a una mojigata semejante, ya sólo se trató de decidir si esta desgraciada criatura sería echada o inmolada en alguna orgía. El marqués, Chabert y el caballero, más que hartos de esta criatura, eran los tres de esta última opinión, cuando Noirceuil pidió ser escuchado.
–Amigos míos –dice a la feliz reunión–, con frecuencia he visto que en aventuras semejantes era extremadamente instructivo tentar la suerte. Se está formando una horrible tormenta; entreguemos esta criatura al rayo; me convierto si la respeta.
–¡Maravilloso! –exclamó todo el mundo.
–Es una idea que me gusta con locura –dice Mme. de Lorsange–, no dudemos en ponerla en práctica.
Brilla el relámpago, silba el viento, el fuego del cielo agita las nubes; las mueve de una forma horrible... Se hubiese dicho que la naturaleza, aburrida de sus obras, estuviese dispuesta a confundir todos los elementos para obligarlos a formas nuevas. Se pone a Justine en la calle, no solamente sin darle un céntimo sino incluso quitándole lo poco que le quedaba. La desgraciada, confusa, humillada ante tanta ingratitud y tantos horrores, demasiado contenta por escapar quizás a mayores infamias, llega dando gracias a Dios al camino real que bordea la avenida del castillo... Apenas ha llegado cuando un rayo la tira al suelo, atravesándola de parte a parte.
–¡Está muerta! –exclaman en el colmo de su alegría los criminales que la seguían– ¡Acudid! ¡Acudid! ¡Señora!, venid a contemplar la obra del cielo, venid a ver cómo recompensa a la virtud: ¿merece pues la pena amarla cuando aquellos que mejor la sirven se convierten tan cruelmente en víctimas de la suerte?
Nuestros cuatro libertinos rodean el cadáver; y aunque estuviese totalmente desfigurado, todavía conciben terribles deseos sobre los sangrientos restos de esta infortunada. Le quitan los vestidos; la infame Juliette los excita. El rayo había entrado por la boca y había salido por la vagina: se hacen terribles bromas sobre los dos caminos recorridos por el fuego del cielo.
–¡Cuánta razón hay en elogiar a Dios! –dice Noirceuil–; ved cuán decente es: ha respetado el culo. ¡Es todavía hermoso, ese sublime trasero que tanto semen hizo correr! ¿Es que no te tienta, Chabert?
Y el malvado abad responde introduciéndose hasta los cojones en esa masa inanimada. Pronto se sigue el ejemplo; los cuatro, uno tras otro, insultan las cenizas de esa querida muchacha; se retiran, la dejan y le niegan hasta los últimos deberes.

Como chiste, me gusta más la versión de Justine, la de Juliette es 100% porno-Gore

jueves, 2 de febrero de 2012

Cuento Sadeano (Otro)

Sandwichito
Bueno, en vista de que les gustó el anterior, y en vista de que no tengo tiempo de terminar el otro Literotismo, allí les va uno de los cuentos que más me gustan....Del libro Cuentos Historietas y Fábulas del Marqués de Sade:



HAY SITIO PARA LOS DOS
Una hermosísima burguesa de la calle Saint-Honoré, de unos veinte años de edad, rolliza, regordeta, con las carnes más frescas y apetecibles, de formas bien torneadas aunque algo abundantes y que unía a tantos atractivos presencia de ánimo, vitalidad y la más intensa afición a todos los placeres que le vedaban las rigurosas leyes del himeneo, se había decidido desde hacía un año aproximadamente a proporcionar dos ayudas a su marido que, viejo y feo, no sólo le asqueaba profundamente, sino que, para colmo, tan mal y tan rara vez cumplía con sus deberes que, tal vez, un poco mejor desempeñados hubieran podido calmar a la exigente Dolméne, que así se llamaba nuestra burguesa. Nada mejor organizado que las citas concertadas con estos dos amantes. a Des-Roues, joven militar,le tocaba de cuatro a cinco de la tarde, y de cinco y media a siete era el turno de Dolbreu-se, joven comerciante con la más hermosa figura que se pudiera contemplar. Resultaba imposible fijar otras horas, eran las únicas en que la señora Dolméne estaba tranquila: por la mañana tenía que estar en la tienda, por la tarde a veces tenía que ir allí igualmente o bien su marido regresaba y había que hablar de sus negocios. Además, la señora Dolméne había confesado a una amiga que ella prefería que los momentos de placer se sucedieran así de seguidos: el fuego de la imaginación no se apagaba de esta forma -sostenida-, nada tan agradable como pasar de un placer a otro, no cabía el fastidio de tener que volver a empezar; pues la señora Dolméne era una criatura encantadora que calculaba al máximo todas las sensaciones del amor, muy pocas mujeres las analizaban como ella y gracias a su talento había comprendido que, bien mirado, dos amantes valían mucho más que uno solo; en cuanto a la reputación, daba casi lo mismo, el uno tapaba al otro, la gente podía equivocarse, podía tratarse siempre del mismo que iba y venía varias veces al día, y en lo que atañe al placer, ¡qué diferencia!


La señora Dolmène tenía un miedo cerval a los embarazos y convencida de que su marido no cometería nunca con ella la locura de estropearle el tipo, había asimismo calculado que con dos amantes existía mucho menos peligro de lo que tanto temía que con uno solo, pues -decía ella como bastante buena anatomista- los dos frutos se destruyen entre sí.


Cierto día, el orden establecido en las citas se alteró y nuestros dos amantes, que no se habían visto nunca, se hicieron amigos de una manera bastante divertida, como vamos a ver. Des-Rones era el primero, pero había llegado demasiado tarde y, como si fuese cosa del diablo, Dolbreuse, que era el segundo, llegó un poco antes.


El lector inteligente se dará cuenta en seguida de que la combinación de estos dos pequeños errores debía abocarles a un encuentro inevitable; se produjo, por supuesto. 


Pero mostremos cómo sucedió y si es posible aprendamos de ello con todo el recato y el comedimiento que exige semejante materia, ya de por sí de lo más licenciosa. A instancias de un capricho bastante singular -y los hombres son propensos a tantos-nuestro joven militar, cansado del papel de amante, quiso interpretar por un momento el de amada; en lugar de tenderse amorosamente abrazado por los brazos de su divinidad, prefirió abrazarla a su vez; en una palabra, lo que suele quedar debajo, él lo puso encima, y tras este intercambio de papeles quien se inclinaba sobre el altar en el que habitualmente tenía lugar el sacrificio era la señora Dolmène, que desnuda como la Venus calipigia y tendida como estaba sobre su amante, enseñaba, en línea recta con la puerta dela habitación en la que se celebraba el misterio, eso que los griegos adoraban con tanta devoción en la estatua que acabamos de citar, esa región tan hermosa, en una palabra,que, sin que tengamos que irnos demasiado lejos para poner un ejemplo, cuenta en París con tantos adoradores. Tal era su postura cuando Dolbreuse, que temía la costumbre deentrar sin más preámbulos, abre la puerta tarareando una cancioncilla y por todo panorama se le presenta aquello que, según se dice, una mujer verdaderamente honesta nodebe nunca mostrar.


Lo que habría colmado de júbilo a tantísima gente, hace retroceder a Dolbreuse.-¡Qué veo! -exclamó-. ¡Traidora...! ¿Esto es, pues; lo que me reservas? La señora Dolmène, que en ese preciso instante se encontraba en una de esas crisis en las que la mujer actúa mejor de lo que razona, se apresura a contestar a semejante pretensión:


-Pero, ¿qué diablos te pasa? -pregunta al segundo Adonis sin dejar de entregarse al primero-. No veo por qué ha de decepcionarte nada de esto; no nos molestes, amigo mío, y acomódate aquí, que puedes; como bien puedes ver hay sitio para los dos.Dolbreuse, que no puede contener su risa ante la sangre fría de su amante, comprendió que lo mejor era seguir su consejo, no se hizo de rogar y parece ser que los tres ganaron con ello.


Digo, hay que ser compartidos

lunes, 30 de enero de 2012

Cuento sadeano

Resulta que a mediados de los 1780's, el marqués de Sade, ya dedicado de lleno a sus escritos pornográficos y escalofriantes, nos regala un libro de cuentos "solamente" sucios, como aquellos del Decamerón de Boccacio, o los del Heptamerón de Margarita de Navarra.

Después volveré sobre este magnífico libro, por lo pronto les dejo un ejemplo de "lectura suave":



EL ESPOSO COMPLACIENTE
Toda Francia se enteró de que el príncipe de  Bauffremont tenía, poco más o menos, los mismos gustos que el cardenal del que acabamos de hablar (le gustaban los traseros). Le habían dado en matrimonio a una damisela totalmente inexperta a la que, siguiendo la costumbre, habían instruido tan sólo la víspera.
–Sin mayores explicaciones –le dice su madre–, como la decencia me impide entrar en ciertos detalles, sólo tengo una cosa que  recomendaros, hija mía:
desconfiar de las primeras proposiciones que os haga vuestro marido y contestadle con firmeza: «No, señor, no es por ahí por donde se toma a una mujer decente; por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí de ninguna manera....»
Se acuestan y por un prurito de pudor y de honestidad que no se hubiera sospechado ni por asomo, el príncipe, queriendo hacer las cosas como Dios manda al menos por una vez no propone a su mujer más que los castos placeres del himeneo; pero la joven, bien educada, se acuerda de la lección:
–¿Por quién me tomáis, señor? –le dice–. ¿Os habéis creído que yo iba a consentir algo semejante? Por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí de ninguna manera.
–Pero, señora...
–No, señor, por más que insistáis nunca accederé a eso.
–Bien, señora, habrá que complaceros –contesta el príncipe apoderándose de su altar predilecto–. Mucho me molestaría que dijeran que quise disgustaros alguna vez.
Y que vengan a decirnos ahora a nosotros que no merece la pena enseñar a las hijas lo que un día tendrán que hacer con sus maridos.
Del libro "Cuentos, Historietas y Fábulas" del Marqués de Sade



Este libro contiene una joya de la picaresca, volveré a él en breve.

martes, 8 de noviembre de 2011

Sade Ilustrado

Hoy que existen tantas ediciones económicas (y no) de las obras del marqués de Sade, uno se pregunta porqué dichos libros no incluyen las imágenes originales de la primera edición. La razón es bastante simple: La calidad de las estampas que acompañaban las ediciones holandesas de 1797-1801 son pobres y no aportan mucho al texto. Cada uno de los cuatro tomos de Justine y de los seis tomos de Juliette tenía diez grabados que éste económico librito imprime al doble de su tamaño original. 

Según el recopilador, el libro no trae las imágenes en orden (para mí, las imágenes están en un orden aceptable) y por lo tanto se pueden usar para entretenerse localizando la escena del grabado en el libro. Esta clase de entretenimiento es de bastante mal gusto, pero "haygentepató".

Yo digo que son documentos importantes para los estudiosos; traen curiosos grabados para los huevones que no quieran leer el libro y necesiten darse una idea del contenido. Los grabados son algo grotescos, pero no son repugnantes como las novelas, creo que el hecho de que la mayoría de las víctimas sonrían hace las escenas menos fuertes y más cómicas......vamos a pensar que las víctimas sonríen en lugar de gritar por una cuestión de estética griega arcaica y no por falta de pericia del grabador.

Para los amantes de la sangre y el trancazo, recientemente Bizancio Ediciones acaba de imprimir de nuevo Justine y Juliette de Raúlo Cáceres en edición bajo demanda sólo accesible en línea. Aunque se vea atractivo, de este lado del Atlántico ya no es costeable el precio.

Si yo viviera de aquel lado del charco, sin duda mi elección sería la salvaje versión de Raúlo Cáceres, en donde las víctimas al menos lloran y se quejan en lugar de sonreír.

Mientras tanto, yo me quedo con mi librito chafo en formato económico.







Sade Ilustrado
Anónimo
Editorial Distribuciones Fontamara
México, 2004
EAN: 9789684764118
ISBN: 9684764111
144 pags.
País: MEXICO

martes, 13 de septiembre de 2011

Julieta del Marqués de Sade (tercera parte de tres)

.....Viene de aquí

Juliette es un libro que dirige sus críticas y sus odios principalmente a dos instituciones: la monarquía y la Iglesia, presentándolas como el origen de todo el mal. En época de Robespierre, hubiera sido un riesgo inútil para Sade hacer al gobierno el blanco de sus críticas.

En el quinto tomo, Julieta se despide del papa, no sin antes robarle una fortuna. Pone el dinero en bancos y ante el perdón de Saint Fond, decide volver a París.

En las montañas, son asaltados por unos ladrones que pertenecen a un gran ejercito de salteadores asesinos. El jefe de dichos asesinos "casi no mata a nadie" porque sólo mata a unos seis personas a la semana; pero tiene una esposa que se dedica a eso, previa violación de todas sus víctimas.

La esposa resulta ser la Clairwill y un esposo llamado Brisa-Testa por el nombre del castillo que ocupan. Ellos son hermanos que tenían una madre piadosa a la que odiaban (personaje sadeano que se repite) y un padre libertino que los inició y que tomó a su hijo por amante.

Brisa Testa les cuenta su propia historia: Después de quedar en la pobreza, se convierte en un ser despreciable que mata a sus bienhechores, si hay oportunidad, encula a sus víctimas antes de matarlos. Los personajes de ésta aventura son los típicos de Sade: las mujeres castas con quienes se casa para llevarlas a la desgracia, el matrimonio de la mujer casta y el hombre libertino, el misógino sádico y la mujer libidinosa y cruel.

Borchamps (Brisa Testa), conoció al rey de Holanda y se une a los masones en su conspiración para matar al rey. Pronto los traiciona y asesina a su amante. Huye a Rusia con la esposa del masón al que había asesinado, donde la mata también.

En Rusia, conoce a Catalina como una mujer insaciable y trata de asesinar al heredero por sugerencia de la emperatriz. Como falla en su intento, lo envían a Siberia castigado, donde conoce a otros sodomitas como él con quienes arman un pachangón de miedo con sus respectivos agujeros corporales.

Huyen de Siberia, no sin antes haber sodomizado, asesinado y comido al hijo de uno de sus amigos. Llegan hasta Georgia donde traicionan y matan a su protector de horríble manera (enculamiento y canibalismo) Huyen a Constantinopla, donde siguen su vida dentro de los serrallos.

Toma una nueva esposa que resulta ser su propia hija, a la que espera un feo final junto a su madre en una isla secreta donde .......bueno ¿Tengo que describir cómo les rompen los dientes y las dejan que se las coman las fieras lentamente?

En Italia se establecen como jefes de la banda de bandoleros y manda traer a su hermana (a la hermana de Borchamps, no a la de ustedes) para casarse con ella.

Julieta sigue su viaje en Nápoles, donde le arroja al rey (Hermano de la odiada ex-reina de Francia) una aburrida arenga antimonárquica, para después asistir a orgías mortales con cientos de enculamientos, niños muertos, apuñalamientos públicos, etc.

Las historias son cada vez más exageradas, los participantes de las orgías descargan al ver un pene o unas tetas o una muerte y son enculados cientos de veces por noche. Roba al rey de Nápoles y traiciona a la enamorada reina para que sea ejecutada.


En el sexto libro, Olympe y Clairwil mueren, al cabo de muchas aventuras Julieta vuelve a París con Norceuil.

El final del libro es el mismo infierno; Julieta mata a su hija arrojándola al fuego mientras folla con su amante; para luego planear el suplicio y muerte de Justina, a quien torturan, violan, flagelan y lanzan a la lluvia para que muera bajo un rayo. Todavía muerta los malvados siguen su orgía con ella. Es notable que no se la coman.....bueno......esa es mi opinión.

Expone que Justina en su libro, dice que Julieta se arrepintió de sus actos y se volvió monja, pero Julieta lo niega categóricamente diciendo que nunca renunciará a su placer.

El libro parece una repetición hasta el absurdo de la misma escena: orgías en interiores secretos, ahora con una máquina para matar mas lento, ahora con un método para matar mas gente; orgías donde todo se hace, promesas, compromisos y sociedades secretas, etc.

Todo aquel que se acerque a Julieta o sus amigos es traicionado y muerto, sus mismos amigos son muertos una y otra vez. Sade se ensaña con las mujeres y los muchachos jóvenes, el tono misógino de la obra es muy marcado.

Con Juliette, Sade pone punto final a sus novelas pornográficas. Nunca volvió a escribir ésta clase de basura, dedicándose a temas mas serios y a escribir obras de teatro con niveles de libertinaje "no tóxico".








Perversógrafo: Sexo en todos los agujeros naturales y en algunos inflingidos, desvirgamientos, sadismo, exhibicionismo, flagelación, tortura, incesto, violación, pederastía, homosexualidad, bisexualidad, orgías, coprofagia, coprofilia, infidelidad, anticlericalismo, sacrilegio. masturbación, objeto sexual, voyeurismo, exhibicionismo, masoquismo, beso negro, dedo en el culo, crueldad, trios, lesbianismo, coprolalia, blasfemia, sexo en las tetas, en los muslos, entre las nalgas, matrimonio abierto, bisexualidad, infidelidad, dildos, beso negro, golpes, máquinas de tortura y sexo, zoofilia, vampirismo, dominación, robo ........etc..............¿Tiene sentido seguir?



Juliette o Las prosperidades del vicio
Marqués de Sade
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 137
Marzo 2009
ISBN: 978-84-8383-110-6
976 pág.


Juliette
Marqués de Sade
Editorial: AXIAL
México, 2006
EAN: 9789688672990
ISBN: 9789688672990
3 tomos

sábado, 10 de septiembre de 2011

Julieta del Marqués de Sade (segunda parte de tres)


.....Viene de aquí

Julieta no es propiamente una novela erótica, es mas bien un tratado sobre el hedonismo, el asesinato, el placer y las relaciones políticas. Todo llevado al extremo y en un tono misógino.

La versión definitiva de Justine, junto con Juliette fue publicada en Holanda en 1797, formaban juntas una colección de 10 volúmenes de casi 4000 páginas en total, e incluían 100 grabados mas esforzados que logrados.

En inglés no se volvió a publicar hasta los años 60 del siglo veinte.

Los personajes de Sade son muy simples: Son buenos o malos, no existen tonos de gris, todo es "blanco o negro" Los malvados no se detienen ante nada y las víctimas son seres pasivos que se dejan asesinar o violar sin pelea.

Los personajes están vestidos o desnudos, nunca nadie se quita la ropa sensualmente. Los cuerpos son invadidos en todos sus orificios, las exageraciones llegan hasta el colmo siempre. No hay seducción, los genitales están excitados o no lo están, no hay juego previo, todos están constantemente al borde del paroxismo.

Después de conocer a Clairwil y comenzar a asesinar, Julieta entra a la "Cofradía de los Amigos del Crimen", cuyas reglas son una maravilla para leer. A Julieta la aceptan, obviemente con una orgía de por medio que incluía la muerte de una mujer desgarrada por el pene de un burro.

Julieta descubre un día que su padre está vivo. Obviamente Julieta lo mata con un elaborado plan.

Un día Julieta está platicando con Saint Fond, quien le comentaba de su plan para despoblar Francia mediante el hambre, la guerra y otras linduras. Julieta se asquea en lugar de excitarse, así que Saint Fond decide su ruina y su posterior muerte al ver la debilidad de su espíritu. Julieta huye del juez hacia Italia.

Julieta se casa con un anciano conde de Lorsange, con quien tiene una hija, pero al final lo envenena y huye a los placeres de su vida de asesinatos, orgías y robos.

Una cosa curiosa, es que Donatien había escrito un libro sobre sus viajes a Italia. Ignoro si vendió algún ejemplar, pero aprovechó ésta narración como marco de los siguientes tomos de Juliette, narrando la visita a Herculano, a Pompeya, a los volcanes, a Roma y a muchos otros lugares "turísticos". incluso habla de esculturas que hoy en día permanecen ocultas en los museos, como la famosa del Sátiro y la cabra.

Al final del tercer tomo tenemos la magnífica narración del castillo del ogro Minski. Estando Julieta y sus compañeros de viaje en una orgía contra-natura, se dan cuenta que son observados por un enorme hombre peludo, (como un Hagrid, pero en malo) que les pide que lo acompañen a su casa.

El gigante los lleva a través de acantilados, bosques y lagos hasta una isla rodeada de paredes y fosos. Allí penetran a las mazmorras del gigante, que resulta ser un sádico caníbal que se comía todo lo que se cogía. Minski tiene un enorme serrallo de doscientos niños, doscientos enculadores, doscientas niñas, doscientas mujeres, cincuenta criados y cien robachicos que trabajan para él en todas las ciudades.

Minski tiene cada día una buena decena de orgasmos, en cada orgasmo mata al menos a una persona, pero tiene máquinas que le ayudan a matar hasta a dieciséis cada vez. Minski tiene un castillo con muebles humanos, sobre los que se sienta y mesas humanas sobre las que pone los platos calientes llenos de carne humana recién fornicada y cocinada.

Tras la orgía en la que mueren varios de los compañeros de Julieta, logran huir del castillo sin llegar a matar al gigante, quien se salva gracias a su maldad, pero dejan todo listo para que castigue a los criados por su huida. Llegan a Roma y conoce a la princesa Olimpia Borghesie, de quien se enamora (aunque unos tomos después la mata). Tienen relaciones sexuales explícitas y nada convencionales.

Olimpia lleva a Julieta con los Cardenales del papa, quienes le hacen una prueba para ver si tienen el honor de conocer al papa Pio VI. No necesito describir la clase de pruebas que les ponen.

El papa tiene una orgía con ellas, primero en San Pedro y luego en el mismo altar, donde hay una misa negra y se nombra padre a Satán.

Siempre que hay sexo, podemos saber que habrá asesinatos.......así es éste libro.

Concluye aquí




miércoles, 7 de septiembre de 2011

Julieta del Marqués de Sade (primera parte de tres)


Yo siempre he pensado que Sade, después de perder el manuscrito de las 120 jornadas y llorar sus famosas lágrimas de sangre, quiso escribir de nuevo una historia escandalosa que cubriera aquel vacío. Si así fué, ésta es la obra que defecó su pluma.

"Julieta o el vicio ampliamente recompensado" es la última de las obras pornográficas del Marqués de Sade, es la menos conocida de las cuatro y entre quienes la conocen pocos han leído la versión íntegra. Julieta sale de la imprenta entre 1797 y 1801 como: "La Nueva Justina o los infortunios de la virtud, seguida de la Historia de Julieta, su hermana", es decir, que se hace una tercera versión de Justine en cuatro tomos y se agrega la novela de Juliette en otros seis tomos; una magna edición de diez tomos con cien grabados orgiásticos de pobre calidad.

En mi opinión, Justine rebasa con creces la calidad de Juliette, no sólo por la novedad de una obra de tal obscenidad, sino porque está mejor escrita. Juliette, aunque contiene más brutalidad, sofismas, chismes y asesinatos, es un libro escrito abiertamente con fines comerciales; cada libro deja una historia "picante" en suspenso (el terrible asesinato de una familia, la formidable historia del ogro Minski y su castillo con muebles humanos vivos, la misa satánica del papa Pio VI, etc.) supongo que para crear el morbo de conseguir el siguiente tomo.

La mayor parte de las ediciones en español que yo he visto están basadas en la traducción burdamente expurgada de Paul J. Gillette de 1967, y son apenas un resumen de los cuatro primeros libros, con un breve colofón del final del sexto libro.

Al igual que en Justine, la historia narra que Julieta es una chica en un internado menos santo de lo que en realidad Justine pudo darse cuenta, ya que hay orgías lesbianas con las monjas y misas negras con los sacerdotes. Al quedar huérfanas y ser echadas del internado, Justine decide ser virtuosa y Julieta decide ser puta por recomendación de la madre superiora, quien lo había sido en su juventud.

En un burdel, se convierte en una de las prostitutas más codiciadas; aprende el placer de la flagelación activa y pasiva a manos de un hombre que la desvirga.

Hay una escena clásica donde Julieta y una amiga van a casa de un tal Dorval e intentan robarlo tras narcotizarlo. Al darse cuenta éste de la triquiñuela, las cuelga del cuello; Julieta ya no controla su miedo ni sus esfínteres; al abrirse la trampilla caen en colchones donde deben fingir estar muertas mientras Dorval y su criado las penetran salvajemente.

Encuentra a un hombre de apellido Norceuil quien la lleva a su casa para satisfacer sus salvajes deseos, lo encuentra masturbando a dos jóvenes junto a su esposa que lame sus eyaculaciones. Norceuil le coge cariño a Julieta y la llena de riquezas e influencias políticas. Norceuil le confiesa ser el violador y asesino de sus padres; ella queda encantada y hacen a la esposa de Norceuil esclava de Julieta.

Norceuil mismo la envía con un hombre aún más terrible que él, el poderoso juez Saint Fond, quien es un despiadado homicida que aprovecha sus influencias para asesinar inocentes y conseguir mayores placeres. Julieta debe escucharlo y obedecerlo sin mostrar jamás un atisbo de bondad, ya que se trata de un peligroso personaje al lado del cual podría morir.

Con él, Julieta logra dar rienda suelta a sus deseos de violencia y muerte; incendia, envenena y mata a madame Norceuil. Por estos tiempos conoce a madame Clairwil, una especie de vampiresa sádica que gustaba de la flagelación y el asesinato. Clairwill es miembro de un club exclusivo de libertinos crueles, y promete a Julieta hacerla miembro a condición de que jamás fuese virtuosa.

Julieta comienza a asesinar por su cuenta; dispara a una mujer en la vagina y mata a una familia completa. No de la manera tradicional, sino de una manera muy al estilo de Sade; el padre viola anualmente a la hija y lo obligan a decapitarla, serruchan a víctimas, usan complejas máquinas de tortura, los castran, les cortan las tetas, las nalgas, los incendian. etc.

Continúa .... aquí.



sábado, 6 de agosto de 2011

La filosofía en el tocador del marqués de Sade

Basta de filosofía, vamos a la cochinada.

En 1795 se publica de forma anónima "La filosofía en el tocador o Los instructores inmorales", una extraña novela del marqués de Sade que salió a la luz cuando "Justine o los infortunios de la virtud" ya había sido un escándalo.

Una cosa graciosa, es que con la publicación, Sade quiso ocultar la autoría de la novela que nunca reconoció, para ello puso en el frontispicio:




LA FILOSOFÍA EN EL TOCADOR
Obra póstuma del autor de
JUSTINE

Parece ser que Sade intentó hacer creer que como él no había sido la pluma de Justine, su nueva novela no debería traerle problemas. Se equivocó por completo.

Los personajes principales de la historia son:

Dolmancé: Joven libertino con obsesión por el sexo anal activo y pasivo, su libertinaje es tan famoso que su fama lo precede.
Señora de Saint-Angé: Una mujer dada a los placeres, quien ha conseguido una muchacha virgen e inocente para corromper.
El Caballero: hermano "casi-heterosexual" de la señora de Saint-Ange, es amante de su hermana y tiene la función de ser quien desvirgue a la muchacha. Parece ser menos cruel y más "normal" que Dolmancé, aunque nunca se niega a los placeres aunque tenga comezones éticas.
Eugenia: Una muchacha de 15 años educada en la religión, muchacha que pronto se descubre libertina y afecta a los placeres. En mi opinión es una cabeza hueca sin criterio propio.

Los demás personajes no pueden llamarse tales pues son mas objetos que otra cosa; tenemos al jardinero, a un criado sifilítico y a los padres de Eugenia; la mamá que será víctima de la crueldad y el libertino padre, que explica algunas cosas en una carta, pero nunca aparece en la acción.

Dolmancé, hombre inmoral, corrupto, malvado y perverso es invitado por la cruel Madame Saint-Ange para que le ayude a pervertir a Eugenia, una muchacha adolescente virgen, criada con todo el recato que una educación religiosa exigía.

En un principio se supone que la dama ha encontrado a la chica durante un encierro que tuvo en un convento cuando su marido (el de ella, no el de ustedes) estaba de viaje, pero después nos damos cuenta que Eugenia ha sido enviada a la dama por su propio padre, un libertino que quiere que la corrompan para tener acceso sexual a su hija (a la de él, no a la de ustedes).

La señora cita a la quinceañera con la promesa de iniciarla en los placeres lesbianos, pero es sorprendida al encontrar a Dolmancé en el tocador de la señora; la chica se cree engañada, pero pronto es convencida de que está allí para ser aleccionada y pervertida en todas las artes. Se le presenta la oportunidad de des-aprender sus buenas costumbres.

No hay ninguna acción, por singular que podáis suponerla, que sea verdaderamente criminal; ninguna que pueda llamarse realmente virtuosa. Todo es en razón de nuestras costumbres y del clima que habitamos; lo que aquí es crimen, es con frecuencia virtud cien leguas más abajo, y las virtudes de otro hemisferio podrían, a la recíproca, ser crímenes para nosotros. No hay horror que no haya sido divinizado, ninguna virtud que no haya sido reprobada.
Después de disertar sobre la religión y la castidad, es convencida de que el libertinaje es lo correcto. Con sofismas le demuestran que una mujer no es la sangre de su hijo, siendo el semen la única semilla fértil, por lo tanto la madre es un ser despreciable que sólo buscó el placer sexual. Con esa pseudociencia comienzan a meterle a Eugenia la idea del matricidio en la cabeza.

En las pocas horas en las que transcurre la acción, Eugenia es pervertida e iniciada en toda clase de prácticas sexuales, en el hedonismo y en la filosofía sadeana. Ella se deja pervertir con gran gusto, siendo desvirgada analmente un par de veces antes de serlo por vía vaginal por El caballero,  ya que Dolmancé, como idénticos personajes de Las 120 jornadas de Sodoma, sólo podía obtener una erección como sodomita activo (y si había caca, mejor).

En las orgías, Sade muestra una obsesión muy extraña por las formas, los números y la trasgresión. Las orgías acumulan trasgresiones al exceso, así, es preferible una sodomización con la hermana casada, porque significaría una triple afrenta a las buenas costumbres.

Ejemplo de la organización de una orgía "sencichita":
DOLMANCÉ: Nada más sencillo: el objetivo principal, en mi opinión, es que yo me corra dando a esta encantadora muchachita el mayor placer que pueda. Voy a meterle mi polla en el culo mientras, doblada en vuestros brazos, la magreáis como mejor sepáis; en la postura en que os coloco, ella podrá devolvéroslo: os besaréis la una a la otra.Y tras algunas correrías en el culo de esta criatura, variaremos el cuadro. Yo os encularé, señora; Eugenia, encima de vos, con vuestra cabeza entre sus piernas, me dará a chupar su clítoris: de este modo le haré perder leche por segunda vez. Luego, yo me volveré a colocar en su ano; vos me ofreceréis vuestro culo en lugar del coño que ella me ofrecía, es decir, que pondréis, como ella acabará de hacerlo, su cabeza entre vuestras piernas; yo chuparé el ojete de vuestro culo de la misma forma que habré chupado el coño; vos decargaréis, yo haré otro tanto mientras mi mano, abrazando el lindo cuerpecito de esta encantadora novicia, irá a cosquillearle el clítoris para hacerla correrse también.

Dolmancé trata de derrumbar todas las barreras de las costumbres: la religión que es el principio de todo mal, la virtud, la familia, la iglesia, el sexo vaginal, etc. Es tan extremo que cae en su propia trampa de mencionar a Adán y a Noé en su arenga anticlerical:
Adán no fue, como Noé, sino un restaurador del género humano. Un horrible cataclismo dejó a Adán sólo sobre la tierra, igual que dejó a Noé un acontecimiento semejante; pero la tradición de Adán se perdió, y la de Noé se conservó.
Curioso es que mienras Dolmancé dice que el corazón nos miente y nos hace débiles, que debemos aprovechar las oportunidades y desoir la conciencia, El caballero lo refuta diciéndole a Eugenia que el corazón es  lo único que nos hace vivos y nos hace humanos, que una cosa es ser ateo y libertino y otra diferente es ser cruel y perverso.

Pero en lo que siempre están de acuerdo es en la voluptuosidad, a la que se entregan sin importar sus diferencias ideológicas; lo que demuestra que para los hedonistas las diferencias no existen.
DOLMANCÉ: ¡Voluptuosa criatura! ¡Cómo empujas mi leche, cómo me obligas a correrme con tus frases y con el extremado calor de tu culo!... Todo me fuerza a correrme ahora mismo... Eugenia, da ánimos al coraje de mi jodedor; oprime sus flancos, entreabre sus nalgas; ahora ya sabes el arte de reanimar los deseos vacilantes... Tu sola proximidad da energía a la polla que me jode... La siento, sus sacudidas son más vivas... ¡Bribona, tengo que cederte lo que hubiera querido deber sólo a mi culo!... Caballero... te vas, lo siento... ¡Espérame!... ¡Esperadnos!... ¡Oh, amigos míos, corrámonos juntos: es la única felicidad de la vida!...SRA. DE SAINT ANGE: ¡Ay! ¡Joder, joder! Correos cuando queráis... yo no aguanto más. ¡Rediós en quien me jodo!... ¡Sagrado bujarrón de dios! ¡Descargo!... Inundadme, amigos míos, inundad a vuestra puta..., lanzad las olas de vuestra leche espumosa hasta el fondo de mi alma abrasada: sólo existe para recibirlas. ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Joder... joder!... ¡Qué increíble exceso de voluptuosidad!... ¡Me muero!... ¡Eugenia, déjame que te bese, que te coma, que devore tu leche mientras pierdo la mía!...

La novela está escrita como  un diálogo teatral dividido en siete partes; en la quinta parte hacen una pausa en sus orgías para leer una larga arenga político-filosófica llamada «Franceses, un esfuerzo más si queréis ser republicanos», donde expone a detalle sus principales planteamientos.

Después de la larga y absurda arenga, llega una carta del padre de Eugenia advirtiendo de la llegada de su esposa (ya saben qué esposa) a casa de la señora de Saint-Angé, quien está preocupada de que su hija esté en semejante compañía.

Al entrar ésta a escena, es desnudada, golpeada, violada, vejada y torturada con crueldad. Un criado sifilítico es mandado traer para que la contagie de tan temido mal, prometiéndole que al hacerlo con una mujer "limpia" se curaría; éste no pierde el tiempo y la viola con ayuda de Eugenia.

Una vez inoculada la sífilis, es preciso asegurarse de que no pueda lavarse, así que la infibulan en el coño y el ano cosiéndola con un grueso sedal lacrado antes de correrla a patadas de la casa para que muera de una manera lenta.

Es curioso que, qunque la novela parece estar basada levemente en los "Diálogos de Luisa Sigea" de Chorier, diez años antes se habia publicado en Francia "Las amistades peligrosas" de Laclós, que entre su temática incluye el aleccionamiento y perversión sexual de una inocente.

La Filosofía en el tocador no es propiamente una novela erótica; es más bien un diálogo filosófico en donde intervienen, de vez en cuando, escenas eróticas muy fuertes.

EUGENIA, poniéndose un consolador: ¡Oh, encantada! Nunca me cogeréis en falta cuando se trate de libertinaje: ahora es mi único dios, la única regla de mi conducta, la única base de todas mis acciones. (Encula a Dolmancé.) ¿Es así, querido maestro?... ¿Lo hago bien?...DOLMANCÉ: ¡De maravilla!... ¡Realmente la pequeña bribona me encula como un hombre!... ¡Bueno! Me parece que ya estamos perfectamente enlazados los cuatro; ahora sólo se trata de seguir adelante...SRA. DE SAINT-ANGE: ¡Ay, me muero, caballero!... ¡No puedo acostumbrarme a las deliciosas sacudidas de tu hermosa polla!...DOLMANCÉ: ¡Rediós! ¡Qué placer me da este culo encantador! ¡Ah! ¡Joder, joder! ¡Descarguemos los cuatro a la vez!... ¡Rediós, me muero, desfallezco!... ¡Ay, en mi vida me correré con más voluptuosidad!
Sade era un pornógrafo que a base de construir orgías revelaba las monstruosidades del ser humano.




Perversógrafo: Sexo vaginal, anal, oral, masturbación, orgías, incesto, homosexualidad, objeto sexual, anticlericalismo, beso negro, dedo en el culo, flagelación, crueldad, sadismo, trios, lesbianismo, coprolalia, blasfemia, pedofilia, sexo en el pelo, en las axilas, en las tetas en los muslos, entre las nalgas, matrimonio abierto, coprofagia, bisexualidad, infidelidad, tortura, dildos, beso negro, golpes.





La filosofía en el tocador
Marqués de Sade
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 59
Octubre 1988
ISBN: 978-84-7223-362-1
208 pág.

martes, 2 de agosto de 2011

La filosofía sadeana; indroducción a La Filosofía en el tocador

Sade nuevamente ¿Qué fijación tengo con la pornografía sadeana? Pornografía es pornografía y toda es igual, ¿No?.........bueno, no.....es más, les prometo hoy hablar de filosofía, y dejar la pornografía para la siguiente entrada.

En 1795 se publica de forma anónima "La filosofía en el tocador o Los instructores inmorales", una extraña novela del marqués de Sade. Se trata de la segunda de sus tres novelas pornográficas (sin contar las 120 jornadas que hubiera sido la primera si se hubiera terminado), escrita cuando Justine o los infortunios de la virtud ya era famosa  y la más directa en el tratamiento de temas políticos; en ella podemos conocer la filosofía política sadeana en boca del principal narrador: Dolmancé, alter ego del divino marqués.

La novela fué escrita años después de la que fue su primera novela filosófica: Aline y Valcour, novela que incluye un relato de una isla utópica (Tamoe) y que nos presenta a Sade como un ser sensible en esa locura que fué la post-revolución en Francia; "el Terror". Pero "La filosofía en el tocador" no nos presenta a Donatien como un ser sensible, aquí lo tenemos como un furioso orador gritando su filosofía durante una orgía entre una eyaculación y otra.

El libro es toda una curiosidad dentro de las novelas pornográficas del marqués; en primer lugar, casi la totalidad del libro transcurre sin violencia sexual, incluso las contadas flagelaciones son consensuales, el nivel de sadismo es bajo y la tortura está excluida en casi todo el libro, no hay pedofilia explícita si se exceptúa a la chica de 15 años, ya púber. En segundo lugar, es curioso que el libro nos muestre la filosofía de Sade al desnudo, filosofía llena de errores y sofismas. Es como si la violencia verbal sustituyera la violencia sexual, como si Donatien hubiera intentado escandalizar usando argumentos y lenguaje relativamente moderados.

Para entender la crudeza de la novela, debemos tener en cuenta que Sade fue perseguido por igual por el viejo y el nuevo régimen. En la cárcel le toca asistir a cientos de decapitaciones, cosa que obviamente lo marca y le hace daño a su estado de ánimo.

Hay un error muy grande de comprensión del mensaje de Sade; se ha repetido hasta el cansancio que Sade era un liberal, que sus ideas eran de avanzada y que promovía el individualismo y el libre pensamiento. Que al oponerse a Leibintz lo empata en su manera de pensar a Hegel, a Voltaire o a Rousseau.... nada más alejado de la concepción del mundo que Sade nos presenta.

Como ejemplos, tanto Voltaire como Sade eran contrarios a la religión, a la que consideraban algo malo e indeseable que se debía prohibir en un estado moderno. Pero Voltaire era deísta, mientras que Sade era intolerantemente antiteísta, y llega en el libro a poner en el mismo plato el teísmo, el deísmo y la religión.

Sade no es un liberal, Sade no cree en el individualismo ni en la igualdad de toda persona. No entiendo cómo se atrevía a decirse republicano. Sade creía en un naturalismo ateo llevado al extremo, que no cree mas que en la maldad natural del hombre como depredador de sí mismo. Sade parece estarse burlando de la Revolución Francesa por sus endebles bases. Sade no cree en la igualdad, ni en la ley ni en la fraternidad.

En el quinto de siete diálogos, Dolmancé lee a los otros un libelo que se llama: "Franceses, un esfuerzo más para ser republicanos", una proclama política donde se pide ir más allá en el espíritu de la República. Es un panfleto contradictorio, extremo en sus planteamientos, en el que critica la religión, la idea de Dios, hace un ataque agresivo a Jesucristo (le llama tonto, imbécil, retrasado mental, etc) y la doctrina cristiana y pide que se haga una "descristianización" forzosa de la república y que se prohiba la religión. Para Sade, la religión es el sustento de todo régimen opresor.

Hace una negación de la virtud, diciendo que la virtud no existe y que sólo es una construcción social, que los crímenes más horrendos han sido virtudes en algún lugar y en alguna época de la historia, dice que todo hombre debe tener por ley derecho al vicio (pero por supuesto, nunca aboga por el derecho a la virtud). Aboga por el sexo libre y ataca la institución del matrimonio como algo que no debería existir, nos habla del relativismo del pecado y la virtud.

El incesto se defiende como algo natural y deseable, la conducta criminal es vista como una simple manifestación del espíritu humano, que no debería tener límites. Nos dice que la libertad del individuo y su derecho a la libertad en el obrar no están contrapuestos al derecho de cualquier hombre de tomar sexualmente a una mujer, así tenga que ser por la fuerza, si ésta se niega a darle placer; porque para Sade quien manda no es la razón del individuo sino su naturaleza.

En cuanto a la violencia; se opone a la pena de muerte, por considerarla una venganza absurda, inútil e ineficaz; "el gobierno no gana nada segando una vida para compensar una muerte"; expone la necesidad de hacer leyes dulces y abolir la pena de muerte. Esto no le quita al individuo la libertad para asesinar si sus pasiones así lo piden; Sade le niega al estado el derecho que le reconoce al individuo....algo parcialmente entendible porque Sade estuvo condenado a muerte y vio el horror de la guillotina.

El robo se presenta como un mal menor, con el poder de redistribuir la riqueza; pide por la libertad de conciencia y la libertad de prensa. Niega el individualismo, pero enaltece la libertad; desde ésta óptica Sade se muestra como un anarquista-materialista-radical. Para Sade, el individuo no tiene voluntad, es un títere que se acciona con el rodar de la naturaleza. Esto significa que –todo lo contrario del régimen ilustrado-, lo que hace Sade no es convertir a la persona en el centro de la política, sino de reducirlo a un animal más de la naturaleza.

Entre otras linduras, Sade defiende la destrucción de la autoridad familiar, la inexistencia de los lazos familiares, la falacia del amor materno, la superioridad de la sodomía sobre el acto sexual vaginal, la abolición del matrimonio y el gobierno de las pasiones sexuales en la vida humana, critica la piedad como una forma de debilidad social porque corrompe la bondad natural al limitarla imponiendo virtudes. Critica la caridad, la castidad y la decencia, porque al ser actos egoístas no tienen valor y se deben evitar; "...los pobres están allí para que los fuertes y los poderosos se aprovechen de ellos".

Ataca a la familia; nos dice que el gobierno debería suprimirla, educando al individuo desde pequeño y pervirtiéndolo si así se desea y conviene a los intereses de quien administre el gobierno.

Algo que me pareció muy cómico es que en la orgía se encuentra un jardinero al que hacen aparecer como un retrasado, un mero objeto sexual para apagar los deseos de sus amos. Antes de comenzar a leer un panfleto revolucionario le hacen salir de la habitación, diciéndole que por naturaleza no le incumbe dicha lectura, y que cuando continúen con la orgía lo harán llamar. Es cómico porque contradice el espíritu de igualdad que debería privar en una arenga republicana. No creo que sea intencionalmente cómico, más bien es uno más de los errores y sofismas del libro.

Otro punto curioso es la intolerancia hacia la heterosexualidad, definiéndola como una aberración y un error. Uno de los personajes que se define como heterosexual, en realidad "prefiere" las mujeres, pero no por ello deja de tener amantes de ambos sexos. Sin embargo hay un momento en que Dolmancé se niega a tener sexo vaginal por considerarlo contrario a sus principios, entonces todos le dicen que es una decisión que se debe respetar.

El tono moralizante de Sade no se puede tomar en serio, pero en éste libro la carga pseudofilosófica y pseudocientífica sí llega a ser chocante. La filosofía en el tocador es un delirio absurdo lleno de extravagancias. Es una larga disertación político-moral con orgías incorporadas aquí y allá.

Continúo enseguida....

sábado, 26 de febrero de 2011

Las 120 jornadas de Sodoma del Marqués de Sade

La que se considera la obra cumbre del Marqués de Sade, no es mas que un esbozo de la primer novela pornográfica del autor, anterior a Justine y a Juliette, en su concepción y forma está claramente inspirada en el Decamerón de Boccacio. La historia de su descubrimiento y preservación es tan increíble que merece un literotismo aparte; desgraciadamente hay un blog que tiene una historia mejor de la que yo puedo contar así que no entraré en detalles.

Tan famosa es: porque no está terminada, por la leyenda del sufrimiento que a su autor le causó perderla, porque fue la última en darse a conocer y por lo que dice en su introducción: el autor intentó escribir la peor obra, la más trasgresora y repugnante de la historia (no en mi opinión, ya que Apollinaire la excedió).

En 1785 Sade estaba en la Bastilla, gracias a la malquerencia de su suegra, pero sin sentencia ni acusación clara. Su vida era miserable, su esposa estaba rompiendo con él y se la pasaba en su celda, vigilado en lo que hacía y lo que escribía. De algún modo juntó 120 o 150 pedazos de papel de 11 x 11 cm y los unió haciendo un rollo de entre 12 y 15 metros, durante once días, tres horas diarias escribió su novela más enferma: los 120 jornadas de Sodoma o La escuela del libertinaje.

Durante 37 días escribe sus más intimos deseos, sus más profundos pensamientos. Al estar corto de papel escribe la primer parte de su magnífica novela, y deja los apuntes de lo que serían las otras tres partes. Para este entonces, Sade ya tiene una fijación por los números, la novela nos lo muestra claramente:

Cuatro hombres libertinos, inmensamente ricos gracias a su historial de maldad, juntan sus fortunas para tener una orgía de cuatro meses de duración en un lóbrego e inaccesible castillo. Allí irán con un cargamento de exóticos alimentos, vinos y licores. Como empleados van con ellos tres cocineras y tres sirvientas (a quienes casi respetarán casi hasta el final). Cuatro prostitutas que se dedicarán a contar 600 historias para entretener e inspirar a los libertinos, además de ocho "jodedores" elegidos por el tamaño de sus vergas para servir a sus amos en todo lo que se les ocurra.

Como prisioneros y esclavos sexuales van ocho muchachos y ocho muchachas de 12 a 15 años, secuestrados por su belleza para ser desflorados, torturados y muertos en el curso de las orgías. Cuatro ancianas en el papel de carceleras esclavas, elegidas por su fealdad para hacer contraste con los muchachos, además de las cuatro hijas de los libertinos, a las cuales habían violado por años y con las cuales se casan antes de ir a su encierro (para agregar un toque sacrílego al incesto).

Cada día, las prostitutas contarán cinco historias a los libertinos, que estarán cómodamente instalados junto a sus víctimas para practicar lo que escuchan, si así lo desean. Las historias se contarán de la siguiente manera:

En noviembre, se contarán historias de pasiones simples (donde no hay penetración), y no pueden tomar a los chicos vaginal ni analmente.
En diciembre, se contarán pasiones dobles o complejas (extravagantes) y sólo a las chicas las pueden tomar vaginalmente
En enero, se contará, pasiones criminales (prohibidas por la ley, sodomía, prostitución, mutilaciones) y pueden tomar a las víctimas por cualquier lado y de cualquier forma que se les ocurra, pero aún no pueden matarlos.
En febrero, se contarán pasiones asesinas, que son similares a las anteriores, pero terminan con la muerte de la víctima, en éste mes todo está permitido, incluso el asesinato (desollados, embarazadas desmembradas, destripados, incendios).

Sólo las pasiones simples están reseñadas a detalle, el resto es una guía, sin embargo, no hay tal simpleza de pasiones, no encontraremos aquí sexo consensual entre adultos, no al menos por la vía vaginal sin algo enfermo. Parece sin embargo que Sade quiso suavizar la primer parte para ir en un crescendo de horrores, así, en la parte detallada todo está velado. La última parte, aún siendo sólo notas, es difícil de leer. No me puedo imaginar la obra terminada.

Al final, de los 46 que llegan al castillo, sobreviven los cuatro libertinos, las prostitutas, cuatro de los jodedores, las tres cocineras y una de las esposas. 16 sobrevivientes y 31 asesinatos. Matan a los dieciséis  niños y niñas, a tres criadas, a tres de sus esposas, cuatro de los jodedores, a las cuatro ancianas y a un bebé que arrancan del vientre de una de las esposas.

Los últimos dias no hay cuentos, sólo orgías de sangre.

El relato está ambientado 150 años antes de que Sade la escribiera (1613-1650), para no hacer más enemigos, supongo yo; en un apartado castillo perdido en la selva negra (Chateau de Silling). Los cuatro libertinos son:

El Duque de Blangis: Aristócrata matricida y cobarde.
El Obispo: Hermano de Blangis, sacerdote sodomita y sacrílego.
El Presidente de Curval: Juez sucio.
Durcet: Banquero afeminado.

Volvamos a la realidad del autor. Sade es un corderito en comparación con los libertinos, encerrado injustamente en la cárcel, cualquiera que fuera el cargo, sin acusación ni sentencia; y tenemos su obra sobre los cuatro poderes: La aristocracia, el capital, la iglesia y la ley, secuestrando, violando y asesinando inocentes por diversión. Ya antes me ha quedado la impresión que Sade, a pesar de querer jugar al malo, tiende a reflejarse en las víctimas de sus escritos (¿un Sade masoquista es imaginable?)....yo veo en Las 120 jornadas una queja de Sade, que se siente ultrajado y robado por la ley y todos los otros poderes. Sade viene a ser la voz moralizadora en éste horrible escrito.

El vino de Borgoña fue escanciado con los entremeses, el Burdeos se sirvió con los primeros platos, el champaña con los asados, el ermitage con los platos ligeros y el tokay y el madeira durante los postres.
 Poco a poco las cabezas se calentaron; los jodedores a los cuales en aquellos momentos les habían sido concedidos todos los derechos sobre las esposas, las maltrataron un poco. Constance, incluso, fue empujada y golpeada además por no haber traído inmediatamente un plato a Hercule, el cual, advirtiendo que contaba con el favor del duque, creyó poder llevar la insolencia hasta el punto de golpear y molestar a su esposa, cosa que sólo hizo reír al duque. Curval, muy borracho a la hora de los postres, lanzó un plato al rostro de su mujer, que hubiera resultado descalabrada si no lo hubiese esquivado. Durcet, advirtiendo que a uno de sus vecinos se le empalmaba, no se le ocurrió otra ceremonia, aunque estaban en la mesa, que desabrocharse los calzones y ofrecer su culo. El vecino lo enfiló y efectuada la operación, continuaron bebiendo como si nada hubiese sucedido. El duque imitó pronto con Bande-au-ciel la pequeña infamia de su antiguo amigo y apostó, aunque el pito era enorme, beberse tres botellas de vino a sangre fría mientras lo enculaban. ¡Qué práctica, qué calma, qué sangre fría en el libertinaje! Ganó la apuesta, pero como antes de aquellas tres botellas había bebido ya quince, se levantó de allí un poco aturdido. El primer objeto que se presentó a sus ojos fue su mujer, que lloraba por los malos tratos de Hercule, y esta vista lo animó hasta tal punto que se lanzó con ella a excesos que aún no podemos mencionar. El lector, que se da cuenta de lo incómodos que nos sentimos en estos comienzos para poner orden en nuestros materiales, nos perdonará que dejemos todavía sin desvelar muchos pequeños detalles.

Sade sabía bien que no tenía suficiente papel ni libertad ni tiempo para completar el libro. Dejó las notas suficientes para terminarlo después y escondió el rollo en una funda de madera dentro de su celda. Cuatro años después, Sade es trasladado a Charenton sin sus efectos personales (incluida una biblioteca de 600 volumenes), por los cuales Sade "llora lágrimas de sangre" Por un azar del destino, el rollo sobrevivió a la rapiña de la Bastilla, y 40 años después estaba en poder del Marqués de Milenueve-Trans, quien lo conservó como la joya que es.

En 1904 se edita por primera vez, por un psiquiatra como un curioso catálogo de fetiches y parafilias de interés para la medicina, los juristas y los antropólogos; y es cuando Sade es revalorado por los artistas del movimiento abstracto.

"escribir la obra más repulsiva, libertina y más detestable de toda la historia de la Literatura, narrar en ella los acontecimientos más horribles, las aberraciones más monstruosas y hacerlo sin embargo con tanta maestria que no se le pudiese negar su originalidad" (M.Sade)


"Es ahora querido lector cuando hay que preparar tu corazón y tu espíritu para el relato más impuro que jamás ha sido hecho desde que el mundo existe, no encontrándose un libro semejante ni en los antigüos ni en los modernos"

El manuscrito original era propiedad de Gerard Nordmann, uno de los coleccionistas de erótica a quien más admiración tengo. Afortunadamente el manuscrito no pasó a subasta pública a su muerte, sino que está en la Biblioteca Bodmeriana, en Génova, Suiza.

Las 120 jornadas es una historia para transgredir todas las barreras, es la utopía orgiástica de un hombre encerrado injustamente, que no podía gritar desde su mazmorra, pero es también un grito ante la injusticia y una ridiculización al absurdo de lo que hace el poder absoluto. Sade toma el papel del narrador moralista, lo cual es un guiño que nos dice que toda la obra debe tomarse como una parodia cómica (aunque nunca me ha causado gracia, reconozco que tiene el tono de bufonada)

¿Una utopía para recrear esa libertad que tan injustamente perdió? ¿Una queja contra el sistema político que viola y asesina? ¿Un autodescargo de sus culpas? ¿Una obra de humor negro?

Que el lector lo diga, si se atreve a leerla.





Perversógrafo: hay de todo, excepto sexo vaginal consensual entre adultos.





Las 120 jornadas de Sodoma
Marqués de Sade
2009, Ed. GRADIFCO
ISBN: 9789875710900
447 pags.