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lunes, 26 de agosto de 2013

La Isla de las Damas, de Pierre Louys (Fragmento)

Me disculpan, pero el dibujante es muy ingenuo
o está ten enfermo como un servidor.

Una disculpa por el olvido, pero a alguna alma caritativa se le ocurrió que era hora de embellecer mi biblioteca con un estilo más modernista; mandó hacer unas hermosas estanterías con cargo a mi cuenta bancaria y le dio en la madre a mi estante superior, que ahora está púdicamente oculto de miradas indiscretas con unas puertecillas.

Bueno, eso hace de mi estante superior, un "infierno", en el sentido de que ocultaron la pornografía, lo cual también tiene su encanto pero atenta contra la escritura desordenada de este blog.

Por lo pronto, mientras recupero el ritmo de escritura,  les dejo un fragmento de una de tantas obras inacabadas de Pierre Louys, un fragmento pornográfico de una obra de ficción sobre una isla maravillosa: Cuatro navíos franceses, gobernados por Hércules de …, encallaron fortuitamente hacia 1623 frente a lo que se conoce como L’Île aux dames, al oeste de las islas del Cabo Verde. Dos de las naves del extraviado convoy que se dirigía a la Guyana, transportaban familias de colonos acaudalados. Otra, artesanos y utensilios de toda índole. El último galeote, acaso el más generoso, transbordaba meretrices; “de doce a quince años, frescas, sanas” y libres de padecimientos venéreos.
Un millar de ciudadanos franceses desembarcaron en esta isla de vegetación admirable. Sin mosquitos, sin serpientes, la isla se encontraba habitada por “un pueblo de indígenas desnudos que acogieron a los recién llegados”.

Legislación
La Licencia para Follar (más o menos así, aunque queda pendiente de revisión):
Yo, Hércules 1, rey de la Isla, Concedo a mis súbditos licencia para follarse a todas las mujeres y muchachas que consientan en ello, sin discriminación de edad, estado civil o parentesco, en cualquier lugar público o privado, y como les dé la gana hacerlo.
Concedo, en justa correspondencia, a todas las mujeres y muchachas, licencia para hacerse follar por quien consienta en ello, en cualquier modalidad y posición de jodienda, y de entregarse al libertinaje donde les plazca, sin impedimentos de ningún tipo.
Prohíbo, bajo pena de muerte, secuestrar o violar a cualquier mujer o muchacha.
Ordeno, sin embargo, que ninguna muchacha permanezca virgen cuando comiencen a crecerle las tetas. y el vello; que si se descubre a alguna que todavía fuera núbil y virgen, se le concedan siete días para elegir a un follador y hacerse desvirgar; y que si, agotado este plazo, no encontrara ningún hombre o se negase a buscarlo, sea recluida en el burdel público hasta que su virgo haya sido roto y atravesado.
Además, declaro:
Que las pichas y los coños no son en modo alguno partes vergonzosas, sino partes nobles cuya visión nadie está obligado a ocultar.
Que los actos de impudicia, fornicación, adulterio, incesto y otras formas de libertinaje (excepto el crimen de I violación) son lícitos en todos los lugares y entre todas las personas.
Así me complazco en manifestarlo, para general conocimiento.
Promulgada en palacio, el 7 de mayo de 1623.

Hércules

Más tarde se aplican dos ligeras modificaciones a la licencia adjunta.
La primera, de uso: Dando por supuesto que las obreras casadas no admiten de buen grado el incesto entre sus hijas y maridos, se renuncia a perseguir a aquellas que pegan a sus hijas al sorprenderlas en flagrante delito.

La segunda, administrativa: Como consecuencia del accidente sufrido por una vieja institutriz de los reales hijos, que se dio de morros contra el suelo tras rebalar en un charco de semen, y se mató, todas las calles de la ciudad se siembran de carteles con la siguiente inscripción: «Prohibido derramar semen en la vía pública». Dicho con otras palabras, una muchacha está en su perfecto derecho de chupársela a quien quiera en la calle, pero no le está permitido escupir el semen.
La isla de las Damas, Pierre Louys





lunes, 18 de febrero de 2013

¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor de José Pierre


Este libro me gustó mucho. Quizás porque necesito en este momento algo de pasión o quizás porque este libro no es lo que aparenta. Este libro tiene dos tonos distintos: en un principio es un libro que habla sobre el amor libre y la educación sexual de un joven. Después se convierte en algo más banal......pero no menos entretenido.

La historia está ambientada en los años 50 (probablemente). Francis es un chico que está por cumplir 17 años, es el hermano menor de una familia tradicional, pero de ideas algo liberales. El hermano mayor, Philippe, esta por terminar su carrera de ingeniería cuando anuncia que en cuanto se gradúe se casará con su novia, Teresa.

Para no descuidar sus estudios, Philippe se concentra en sus estudios y deja de cachondearse con Teresa. Utilizan a Francis de chaperón para todas sus citas. Francis cae enamorado de una Teresa encantadora, que seduce a quien la trata.

Un día, Teresa aprovecha el descuido del hermano mayor y mete un dedo en la boca de Francis. El le responde pellizcándole un pezón y ella se deja hacer. Un buen día ya los tenemos encamados en el departamento de ella. Hasta aquí la historia es tierna y excitante. El autor no había metido el sexo explícito en todo esto, pero los textos son impresionantes.

Y, en un momento dado, jugando, me puso entre los labios una cereza en orujo. Lo que siguió se produjo con tal rapidez y precisión que nos quedamos un instante como heridos por un rayo: en el mismo momento en que mis dientes se cerraban sobre la cereza, el pulgar y el índice de mi mano derecha llegaban a la punta del seno izquierdo de Teresa con una seguridad tanto más sorprendente cuanto que ella, de espaldas a la chimenea, única fuente de luz, era para mí sólo una silueta a contraluz de trazos indiscernibles en la oscuridad. Y como el gesto de la recolección hizo madurar repentinamente el fruto, la cereza que tenía en el extremo de mis dedos tenía casi el mismo tamaño que la que mordía. Este episodio puede parecer grotesco o inventado, pero me imagino que lo mismo pasa con tantas de las cosas que sin embargo se producen efectivamente todos los días. He de confesar que este doble gesto no ha dejado de emocionarme y sorprenderme, tanto por su simetría perfecta como por su vertiginosa exactitud. Teresa, que podía leer en mi rostro iluminado por la luz del fuego las señales de una alegría tan intensa como fugitiva (mientras el suyo permanecía en la sombra), se puso a reír suavemente.


Unos días después, borrachos en la casa de ellos, se les desnuda y los excita bailando. Los desnuda a ellos y baila restregando su cuerpo al de ellos. Se exhiben ante Francis teniendo sexo. Teresa llega a proponerles un trío. Francis está celoso de su hermano, pero Philippe no parece tener vergüenza ni celos.

Entre los tres, se hace una amistad muy bonita, donde Francis es el protegido y el iniciado, al que se le trata con cariño. Un día que Philippe los deja solos 10 minutos, Francis la masturba violentamente y le mete los dedos por cuanto agujero le encuentra. Ella parece no tener remordimientos.

Aquí es donde el relato se comienza a descomponer. Teresa los invita a una orgía en un castillo, orgía marcadiablo que se llevará a cabo en unas semanas. Para enseñar a Francis a bailar, lo lleva a un bar de lesbianas en el que Teresa era asidua. Para enseñarlo a chupar como una lesbiana se lo lleva a su departamento. El se vuelve un pornográfico.......uno muy bien escrito, por cierto.

Teresa le presenta a Francis una "novia" lesbiana,  les promete a ambos que el día de la orgía serán "matrimonio". Luego se lo lleva a su departamento y tienen sexo anal violento.


 —¡Esta vez te voy a convertir en marica! ¡Tu regalo de cumpleaños será mi culo!
Nos desnudamos y colocó de un modo especial sobre la cama, almohada, cuadrantes y cojines (tras quitar el patchwork, naturalmente, y abrir las sábanas). Luego fue hasta lo que constituía su especie de cuarto de baño y volvió provista de un tarrito de loza blanco. Para mi instrucción, y sin duda también para demostrarme que estaba dispuesta a que sus actos fuesen acordes con sus palabras, me anunció:
—¡Ensayo de la gran escena del palacio de V...!
Como jugando, revistió el extremo de mi verga erecta con un ungüento fresco y untuoso con el que ungió también, con dedo vivaz, el surco entre sus nalgas. Luego se arrodilló sobre los cojines con el culo en pompa al borde del lecho, de tal manera que, agarrándome a sus caderas, bastaba con flexionar las rodillas para mantenerme a su nivel.
El exceso de lubrificante tuvo un efecto idéntico al de una capa de hielo: derrapé varias veces, tanto al norte como al sur del objetivo. Aquello nos hizo reír, pero noté que se ponía nerviosa: no debía continuar con mi torpeza mucho tiempo. Me eché hacia atrás primero y acaricié ligeramente su sexo, luego hice circular un dedo por el estrecho pasadizo que me estaba destinado. Los temblores que le recorrieron el espinazo preludiaban una suavización adecuada: a despecho de la aparente desproporción, conseguiría cruzar el umbral. De hecho, me interné por allí como una piedra se hunde en un pozo, mientras ella lanzaba una especie de rugido sordo cuya única motivación no estaba, evidentemente, en el dolor. Mi deseo, incierto por un momento, se hacía más y más imperioso, y una a modo de televisión interior destellaba en mi cráneo, permitiéndome suponer con breves intermitencias de luz, que ponía en función todos los órganos internos de Teresa hasta el punto de florecer ya en los labios (¿traspasada?) al extremo de mi crecimiento subterráneo. Nunca más he vuelto a experimentar la novedad de las sensaciones que me proporcionaba aquella unión.
Por su parte, Teresa rugía más y más fuerte, y nos entrechocábamos con empellones brutales, de una bestialidad total, yo esforzándome por sumergirme aún más profundamente en su culo, y ella tornándose (o así me parecía) más y más abisal. La fatiga se presentó antes que el éxtasis. Perdí pie y me derrumbé sobre la cintura de Teresa. La liberación se presentó en aquel momento en que la inmovilidad nos tenía fijos en península desconocida, lejos de las tierras exploradas: oímos largo rato, entre el fragor tempestuoso de nuestras respiraciones encabalgadas, algo como el cabrilleo de una fuente entre la arena.


Después de mucho cachondeo, llega el momento de la orgía; orgía que durará la mayor parte del libro. Se trata de una especie de culto amoroso para el descenso de la lujuria sobre los concurrentes; una idea de Teresa y uno de sus ex-amantes; un castillo alejado del mundo, bastante sadeano (aunque nada sádico).

Los tres invitados de Teresa están enamorados de ella y no le pueden negar nada. La orgía aparenta estar perfectamente organizada y con itinerarios qué cumplir, aunque lego al autor se contradice un poco. Bueno, para  no entrar en detalles, todos se comparten las novias, nadie se encela de nada y el autor parece tener una fijación por el sexo anal que se refleja en enculadas y gritos de dolor y pasión por muchas páginas y se repite con cada protagonista. Por alguna razón, esta parte de la historia me recordó la novela "La rosa del amor", que algún día comentaré.

Cuando Philippe y Teresa se casan, los padres de ellos les dejan el departamento unos días mientras ellos se van a vacacionar a Canarias. Aquí llega el intercambio total; las siguientes semanas serán un revoltijo de cuerpos y fluidos que al final ya no entiende uno nada.

Teresa comienza a platicar la historia de cómo su padre la sedujo y la inició en los placeres refinados del sexo. Varios otros protagonistas cuentan sus historias........la novela se muere de falta de oxígeno.

Al final el autor decide terminar el relato. Los casados se van a Camboya y so cojen a todo el país, dejando el departamento con una pila de sábanas almidonadas de semen, manchas de la regla, vino, esperma, colillas y rayas de mierda.

¿Quién es el autor? Eso es lo más increíble; me entero que José Pierre fue un artista del movimiento surrealista, alguien famoso y que el libro es un halago a Sade y una pieza admirable de surrealismo leve, como El inglés descrito en el castillo cerrado, pero sin violencia.

El libro fue escrito en los 60´s, pero clandestino por 10 años. Los temas son recurrentes en el trabajo de Pierre: chicas núbiles sin pecado o culpa; la transgresión y el eterno problema de la frontera entre el libertinaje y el amor, que para el autor no tienen relación.


Una maravilla que Tusquets no supo vender adecuadamente.




Perversógrafo: Sexo oral, vaginal, anal, exhibicionismo, masturbación, dedos en los agujeros, lesbianismo, felación, cunilinguo, beso negro, homosexualidad, pornografía, , voyeurismo, exhibicionismo, bisexualidad, virginidad, cuartetos, tríos, 69, desvirgamientos, sandwich, juguetes sexuales, incesto, ¿Qué mas?


¿Qué es Teresa? Es... los castaños en flor
José Pierre
Tusquets editores, La Sonrisa Vertical 120
España, Diciembre 2002
ISBN: 978-84-8310-846-8
200 pág.


domingo, 25 de noviembre de 2012

Duende Nocturno de Arnaud Delacomte

Aquí estamos ante un libro muy singular en varios aspectos: Por un lado, de estilo; se trata de extractos de un diario íntimo de un enfermo de tuberculosis.

No es el diario de un escritor profesional; ni siquiera la edición es tan cuidadosa para darle una continuidad al relato. Habiendo yo mismo escrito un diario durante tantos años, puedo reconocer el estilo de escritura que hace uno para sí mismo.

Por tanto, no es una novela, no es una historia, no es un relato.......es.....una vivencia o una fantasía; es la plática cotidiana de alguien consigo mismo, mezclado con datos irrelevantes.

Por otro lado, lo que hace tan particular este libro es que se trata de una historia de amor. Si bien ello no es raro en la literatura; el amor y las cosas de enamorados no son comunes en la literatura erótica. Pero no hay que confundirse; no se trata de novela rosa ni de romántica-soft-erótica. Aquí hablamos de sexo duro y sin florituras......lo que me indica que es bastante posible que sí sea un diario real.

Un enfermo de tuberculosis convalece en un hospital de reposo en las montañas del sur de Francia, cerca de un pueblo. Aparentemente tiene una cultura y una inteligencia superior, pero está solo y necesita compañía. Tiene una enfermera Noemia, que es fea (y peluda) en el plano físico, pero que tiene una sencillez extraordinaria: ella es una montañesa cuya cultura parece preceder a los celtas y los romanos; una raza en extinción que vive de manera salvaje incontaminado por la civilización.

Ella, como todo su pueblo, ve en los fluidos sexuales una fuente de poder y magia, por lo que cada semana transita por todo el hospital, limpiando a los enfermos y haciéndoles algún favor.


De vez en cuando, entra en una habitación con sus probetas en la mano y anuncia: «Muestra de orina». Entonces te levantas sin comentarios, pasas al cuarto de baño, te quitas ritualmente el pijama y la dejas hacer. Es ella quien efectúa las operaciones, sola. Toda palabra sería considerada una insolencia. Se apodera del interesado, lo hace orinar uno o dos segundos en la taza del wáter, después en el tubo de vidrio y una vez más en la taza, manejando el chorro con habilidad;  espera a que hayas terminado, sacude con suavidad y, después, sin soltarte, te gira hacia el lavabo. Adora el contacto de los órganos masculinos, sabe manipularlos con firme delicadeza, con tan serenas competencia y autoridad que te abandonas desde el principio. Entonces, te la moja y empieza a enjabonártela con la ciencia de la masturbación, con una intuición de la sensibilidad masculina y una adivinación que jamás había conocido. En efecto, cualquier consejo sería inútil. De las diversas tareas del oficio de enfermera, ésta es, según ella, con mucho la más importante, la única revestida de una especie de carácter trascendente. Deposita en ella toda la imaginación y el esmero de los que es capaz. Al principio, la mano derecha manosea con bastante firmeza hasta obtener la consistencia deseada, dedos por encima, dedos por abajo, alisando o enroscando en toda la longitud, primero la base sola, luego el glande, por momentos con las uñas. A su vez, la mano izquierda se desliza entre los muslos, enjabona las bolsitas, palpa las almendras, las sostiene, las separa, las acaricia, las estira, se adentra por las entrepiernas, presiona con suavidad, introduce un dedo, lo mueve, mete otro… Se empieza a no ver claro. El movimiento de ambas manos está tan perfectamente coordinado que la intensidad de las sensaciones crece en vertiginosas oleadas, que ella percibe de inmediato, reduciendo o acelerando, cambiando de mano o de ritmo sin siquiera levantar los ojos, con misteriosa intuición. Sólo algunos favoritos están autorizados a acariciarle durante la acción el lomo o los hombros por encima del vestido. En calidad de Número uno, puedo permitirme levantarle silenciosamente la blusa, colocar una mano sobre la piel y acariciarle la espalda, desde la braga hasta el sostén.

Noemia es un personaje interesante; al grado que uno desearía que ella hubiera escrito el libro, aunque no fuera erótico: delgada y con 35 años, ella misma había sido una enferma de tuberculosis, aún está en recuperación y es extremadamente delgada; y se ve obligada a trabajar en el hospital para recuperar la salud.

Ella es hosca y huraña con todos, pero pronto se enamora del autor. Pronto sabemos que ella ha jurado no tener coito con ningún hombre antes del matrimonio, debido a un juramento a su abuelo. Y ese es el nudo de la historia: dos enamorados; uno casado y enfermo y la otra enferma, pobre y célibe.


Ella era creyente en las cosas del bosque, cosas antiguas, de la montaña y no estaba contaminada por la ciudad o la sociedad; no veía en la sexualidad nada malo, sólo había jurado no tener coito. Arnaud parece aprovecharse de esta situación, y le explica que si ella usa su semen para curarse, lo mejor es tomarlo "directo de la botella", y la entrena en el arte del sexo oral. De un modo asombroso, la salud de él empeora, mientras ella se recupera.

Y allí comienza el idilio, buscando momentos para estar juntos, para dormir un rato abrazados o para escapar del hospital y pasar un fin de semana en el pueblo, en el cuarto de ella; o para irse de día de campo a las montañas. Mientras a Noemia el amor parece hacerla recuperarse, él tiene varias recaídas.

El punto es que, imposibilitados para tener coito vaginal, ellos se ven obligados a ingeniárselas para hacer otras cosas mientras ella consulta a su pueblo si sobre ella recae un juramento inviolable o una promesa de una adolescente a un muerto, por tanto, sin valor.

Ya hacia el final, descubrimos que Noemia tiene una vena masoquista, y pide ser flagelada, para disgusto del narrador. Juntos descubren los juegos anales y aprenden a "jugar en la entrada sin meterlo". Lo asombroso es que, aunque al principio uno piense que él se aprovecha de la ignorancia de ella, junto con la mejoría física, ella deja de ser ese conejillo asustado, esa bestiecilla del campo, y pasa a ser una mujer, inteligente, pensante, con planes y proyectos, que disfruta la sexualidad y tiene ansias de aprender para hacerse una enfermera de verdad.


Pase lo que pase ahora, nunca me quejaré porque en pocos meses habré tenido más de lo que tienen las mujeres en toda una vida. ¿No te parece que, de cuerpo, corazón y espíritu, estoy convirtiéndome en toda una mujer? La trasformación no es completa. Todavía no tengo un hijo ni un verdadero oficio. Pero tal vez tendré pronto todo esto, gracias a ti. Me he hecho mujer por ti, ¡de arriba abajo -y su mirada ríe- y de adelante para atrás!


Todavía el sexo anal es creíble, pero en el último tercio del diario, comienzan practicas que ya se antojan invenciones o al menos exageraciones o fantasías: sesiones de fotografía pornográfica, tríos, lesbianismo, Noemia se dice casada con él y comienza a conseguirle amantes, deja de usar ropa interior para excitar a los otros enfermos....no sé.....alucinaciones de un tuberculoso. Pasa de descripciones de mimos a orgías.


Quito la polla, la refresco dos segundos y vuelvo a deslizarla en el chocho; después , rozo el botón que se hincha enseguida. ¿Todo bien, gatita? Muy bien, querido. No me has hecho ningún daño. Puedes volver a hacerlo, ¡pero no dejes de frotar! Salgo del conejo y vuelvo a abrir el ojete. Esta vez la penetración se hace sin problemas. Impresión de succión. Aumenta el placer. Suculento deslizar. Entro y salgo con facilidad. Perfecta flexibilidad del ojete. Noemia también empieza a gozar; me aprieta la mano y gime. Termino antes que ella, pero sigo entrando y saliendo sin dejar un segundo de frotarla. Goza. Caemos de lado. 

...


Acaricia con un dedo la polla y los huevos, y pone mala cara: Míralos, pobrecitos, ya ni me reconocen. Míralos, enroscaditos. ¿Qué deducir de esto? Que deben estar muertos. Ella levanta el pito por la piel del dorso y da un lengüetazo a los huevos. Nada… Creo que nunca más se recuperarán. Succiona el nódulo: ningún efecto.

Como toda historia de amor que se precie, el final es muy, muy triste. El autor dice ser un industrial de París y su vivencia parece real (aunque aderezada al final).



Mi impresión: la selección del título del libro es pésima; aunque Noemia pensaba que los espíritus del bosque eran sus antepasados, ni vivos ni muertos sino espíritus milenarios de la tierra, ella nunca se consideró a sí misma un duende. Este libro es bien diferente, vale mucho la pena, aunque es difícil de conseguir.






Perversógrafo: Sexo oral, anal, masturbación, azotes, 69, lesbianismo, tríos, exhibicionismo,




Duende nocturno
Arnaud Delacompté
Tusquets Editores,
La Sonrisa Vertical 36
España, Noviembre 1983
ISBN: 978-84-7223-338-6
216 págs.


martes, 14 de febrero de 2012

La vida sexual de Catherine Millet, por Catherine Millet

Yo, como miembro respetable de la comunidad ¿Porqué escribiría literatura erótica?. Si lo hiciera, sería como un desfogue de una supuesta imaginación calenturienta. O podría escribir erotismo como una manera de transgredir las buenas maneras y darme una liberación psicológica. Podría escribir erotismo con intenciones políticas, como en los pasados siglos se hacía.

Podría hacerlo por pura picardía, para ponerle sazón a una escritura, o por la belleza de la poesía. Incluso podría publicar mis diarios íntimos y seleccionar sólo los pasajes llenos de cachondez.

Por último, me imagino que podría escribir pornografía para ganar algo de dinero.

Lo que yo no entiendo es porqué Catherine Millet escribió éste libro. Ella es una persona con un nombre y una fama pública como conocedora de arte. Una editora de una famosa revista de arte que confiesa su ninfomanía en un libro que no llega a ningún lado. El libro es una larga disertación sobre sus orgías, su sexo en público, y sus extravagantes gustos en la cama, el suelo, el coche o donde se ofreciera el momento.


El París de la juventud de la autora. En parques, en el campo, en orgías multitudinarias donde era tomada por turnos o a la vez, 30 hombres en una hora, 150 hombres en una noche. Conocidos y desconocidos, agradables y desagradables. Lo que nos dice es que ella está "cosificada", es un cuerpo, una mujer objeto siendo tomada por otros cuerpos, por hombres objeto. Manipulada, sometida, acariciada, sodomizada, ella nos cuenta todo como si lo estuviera viendo desde fuera, en un plano más allá de las sensaciones y del placer.

Así, en una calle bastante despejada, a dos pasos de la embajada de la URSS, hallé refugio en la trasera de una camioneta del ayuntamiento de París, evidentemente porque en el grupo figuraba un empleado municipal. Los hombres entraban por turnos. Yo estaba en cuclillas para chuparles o acostada y encogida de costado, tratando de ofrecer mejor el culo para facilitar su penetración. Detrás, no había nada pensado para suavizar el contacto con la chapa ondulada, y las sacudidas me hacían bastante daño. Pero habría podido permanecer agazapada allí toda la noche, menos anquilosada a causa de la penosa postura que entumecida por la atmósfera del nicho inadecuado en que estaba ovillada y en el que me hundía, como parece que ocurre en ciertos sueños opacos, y miraba cómo me hundía. No tenía que cambiar de sitio: a intervalos regulares la puerta de atrás se levantaba, el hombre saltaba dentro, una nueva silueta se colaba. En el pequeño vehículo bamboleante, yo era el ídolo inmóvil que recibe sin pestañear los homenajes de una serie de fieles. Era la que me imaginaba ser en algunos de mis fantasmas..........Pero abandoné mi baldaquín de chapa antes de que todo mundo hubiera desfilado. Eric, que montaba guardia, me lo explicó al día siguiente: por un lado, los tíos, muy excitados, comenzaban a observar un comportamientoimprudente; por otro, la camioneta amenazaba con volcar.



Poca psicología, poca moralina, cero ideología. Los hombres apenas existen, son solo cuerpos borrosos en el libro. Frialdad y distancia. Un libro maratónico sobre sexo; un libro que después de los primeros atrevimientos y de la descripción de las primeras orgías termina por ser aburrido y anticlimático. El secreto es que el libro no es literatura erótica, porque aunque esté lleno de sexo casi no hay sensualidad en él.

¿Qué pasaba por la cabeza de la autora? Me atrevo a decir que como conocedora de arte, lo que está haciendo es diseccionar una obra, narrar su vida sexual como si fuera una obra de arte, de una manera desapasionada. No es erótico, ni es literatura.

El libro “La vie sexuelle du Catherine M.” fue publicado en Francia en 2001 y pronto se convirtió en un éxito de ventas con mas de 2.5 millones de copias vendidas.

He follado ingenuamente durante una gran parte de mi vida... De vez en cuando tropezaba, por supuesto, con algunas de las dificultades psicológicas conexas (mentiras, amor propio herido, celos), pero las imputaba a la lista de pérdidas y ganancias. No era una mujer muy sentimental. Tenía necesidad de afecto, lo obtenía, pero sin llegar al extremo de construir, a partir de relaciones sexuales, historias de amor.




Perversógrafo: sexo vaginal, anal, oral, entre las tetas, en público, orgías, tríos, prostitución, masturbación, exhibicionismo, lesbianismo.

La vida sexual de Catherine Millet
Catherine Millet
Anagrama
España, 2004
ISBN: 9788496333000
256 pags.







jueves, 2 de febrero de 2012

Cuento Sadeano (Otro)

Sandwichito
Bueno, en vista de que les gustó el anterior, y en vista de que no tengo tiempo de terminar el otro Literotismo, allí les va uno de los cuentos que más me gustan....Del libro Cuentos Historietas y Fábulas del Marqués de Sade:



HAY SITIO PARA LOS DOS
Una hermosísima burguesa de la calle Saint-Honoré, de unos veinte años de edad, rolliza, regordeta, con las carnes más frescas y apetecibles, de formas bien torneadas aunque algo abundantes y que unía a tantos atractivos presencia de ánimo, vitalidad y la más intensa afición a todos los placeres que le vedaban las rigurosas leyes del himeneo, se había decidido desde hacía un año aproximadamente a proporcionar dos ayudas a su marido que, viejo y feo, no sólo le asqueaba profundamente, sino que, para colmo, tan mal y tan rara vez cumplía con sus deberes que, tal vez, un poco mejor desempeñados hubieran podido calmar a la exigente Dolméne, que así se llamaba nuestra burguesa. Nada mejor organizado que las citas concertadas con estos dos amantes. a Des-Roues, joven militar,le tocaba de cuatro a cinco de la tarde, y de cinco y media a siete era el turno de Dolbreu-se, joven comerciante con la más hermosa figura que se pudiera contemplar. Resultaba imposible fijar otras horas, eran las únicas en que la señora Dolméne estaba tranquila: por la mañana tenía que estar en la tienda, por la tarde a veces tenía que ir allí igualmente o bien su marido regresaba y había que hablar de sus negocios. Además, la señora Dolméne había confesado a una amiga que ella prefería que los momentos de placer se sucedieran así de seguidos: el fuego de la imaginación no se apagaba de esta forma -sostenida-, nada tan agradable como pasar de un placer a otro, no cabía el fastidio de tener que volver a empezar; pues la señora Dolméne era una criatura encantadora que calculaba al máximo todas las sensaciones del amor, muy pocas mujeres las analizaban como ella y gracias a su talento había comprendido que, bien mirado, dos amantes valían mucho más que uno solo; en cuanto a la reputación, daba casi lo mismo, el uno tapaba al otro, la gente podía equivocarse, podía tratarse siempre del mismo que iba y venía varias veces al día, y en lo que atañe al placer, ¡qué diferencia!


La señora Dolmène tenía un miedo cerval a los embarazos y convencida de que su marido no cometería nunca con ella la locura de estropearle el tipo, había asimismo calculado que con dos amantes existía mucho menos peligro de lo que tanto temía que con uno solo, pues -decía ella como bastante buena anatomista- los dos frutos se destruyen entre sí.


Cierto día, el orden establecido en las citas se alteró y nuestros dos amantes, que no se habían visto nunca, se hicieron amigos de una manera bastante divertida, como vamos a ver. Des-Rones era el primero, pero había llegado demasiado tarde y, como si fuese cosa del diablo, Dolbreuse, que era el segundo, llegó un poco antes.


El lector inteligente se dará cuenta en seguida de que la combinación de estos dos pequeños errores debía abocarles a un encuentro inevitable; se produjo, por supuesto. 


Pero mostremos cómo sucedió y si es posible aprendamos de ello con todo el recato y el comedimiento que exige semejante materia, ya de por sí de lo más licenciosa. A instancias de un capricho bastante singular -y los hombres son propensos a tantos-nuestro joven militar, cansado del papel de amante, quiso interpretar por un momento el de amada; en lugar de tenderse amorosamente abrazado por los brazos de su divinidad, prefirió abrazarla a su vez; en una palabra, lo que suele quedar debajo, él lo puso encima, y tras este intercambio de papeles quien se inclinaba sobre el altar en el que habitualmente tenía lugar el sacrificio era la señora Dolmène, que desnuda como la Venus calipigia y tendida como estaba sobre su amante, enseñaba, en línea recta con la puerta dela habitación en la que se celebraba el misterio, eso que los griegos adoraban con tanta devoción en la estatua que acabamos de citar, esa región tan hermosa, en una palabra,que, sin que tengamos que irnos demasiado lejos para poner un ejemplo, cuenta en París con tantos adoradores. Tal era su postura cuando Dolbreuse, que temía la costumbre deentrar sin más preámbulos, abre la puerta tarareando una cancioncilla y por todo panorama se le presenta aquello que, según se dice, una mujer verdaderamente honesta nodebe nunca mostrar.


Lo que habría colmado de júbilo a tantísima gente, hace retroceder a Dolbreuse.-¡Qué veo! -exclamó-. ¡Traidora...! ¿Esto es, pues; lo que me reservas? La señora Dolmène, que en ese preciso instante se encontraba en una de esas crisis en las que la mujer actúa mejor de lo que razona, se apresura a contestar a semejante pretensión:


-Pero, ¿qué diablos te pasa? -pregunta al segundo Adonis sin dejar de entregarse al primero-. No veo por qué ha de decepcionarte nada de esto; no nos molestes, amigo mío, y acomódate aquí, que puedes; como bien puedes ver hay sitio para los dos.Dolbreuse, que no puede contener su risa ante la sangre fría de su amante, comprendió que lo mejor era seguir su consejo, no se hizo de rogar y parece ser que los tres ganaron con ello.


Digo, hay que ser compartidos

lunes, 30 de enero de 2012

Cuento sadeano

Resulta que a mediados de los 1780's, el marqués de Sade, ya dedicado de lleno a sus escritos pornográficos y escalofriantes, nos regala un libro de cuentos "solamente" sucios, como aquellos del Decamerón de Boccacio, o los del Heptamerón de Margarita de Navarra.

Después volveré sobre este magnífico libro, por lo pronto les dejo un ejemplo de "lectura suave":



EL ESPOSO COMPLACIENTE
Toda Francia se enteró de que el príncipe de  Bauffremont tenía, poco más o menos, los mismos gustos que el cardenal del que acabamos de hablar (le gustaban los traseros). Le habían dado en matrimonio a una damisela totalmente inexperta a la que, siguiendo la costumbre, habían instruido tan sólo la víspera.
–Sin mayores explicaciones –le dice su madre–, como la decencia me impide entrar en ciertos detalles, sólo tengo una cosa que  recomendaros, hija mía:
desconfiar de las primeras proposiciones que os haga vuestro marido y contestadle con firmeza: «No, señor, no es por ahí por donde se toma a una mujer decente; por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí de ninguna manera....»
Se acuestan y por un prurito de pudor y de honestidad que no se hubiera sospechado ni por asomo, el príncipe, queriendo hacer las cosas como Dios manda al menos por una vez no propone a su mujer más que los castos placeres del himeneo; pero la joven, bien educada, se acuerda de la lección:
–¿Por quién me tomáis, señor? –le dice–. ¿Os habéis creído que yo iba a consentir algo semejante? Por cualquier otro sitio que os guste, pero por ahí de ninguna manera.
–Pero, señora...
–No, señor, por más que insistáis nunca accederé a eso.
–Bien, señora, habrá que complaceros –contesta el príncipe apoderándose de su altar predilecto–. Mucho me molestaría que dijeran que quise disgustaros alguna vez.
Y que vengan a decirnos ahora a nosotros que no merece la pena enseñar a las hijas lo que un día tendrán que hacer con sus maridos.
Del libro "Cuentos, Historietas y Fábulas" del Marqués de Sade



Este libro contiene una joya de la picaresca, volveré a él en breve.

martes, 6 de diciembre de 2011

Las damas Galantes de Pierre de Bourdelle

"La Historia" es una señora muy extraña. Pierre de Bourdelle, señor de Brantome (1540-1614) tiene una biografía bastante gris: Historiador, biógrafo y militar, aventurero y escritor que no destacó ni como escritor, ni como militar ni como nada de nada.

El señor era cogelón y alocado, pero tampoco puede decirse que destacó en eso; hereda bienes eclesiásticos que no le interesaban, así que se hace militar y se codea con grandes personalidades, pero parece que el combate no era lo suyo. Tras su servicio militar, se dedica a seguir a la corte y a parcharse a las mujeres ajenas, a la política y a otras suciedades.

Un día se pone tan tremendo madrazo al caerse del caballo, que tiene que retirarse de la vida cortesana, situación que lo aburre sobremanera. Para matar el tiempo decide ponerse a escribir sus escandalosas memorias.

El señor tiene entre sus memorias lo que se conoce como "la novela de las Damas Galantes", la cual no es ni una novela, ni una crónica, ni una serie de cuentos ni una recopilación, ni unas memorias ni nada que se le parezca. Las damas galantes vienen siendo un largo monólogo.



Una hermosa y honesta viuda de treinta años, que deseaba solazarse con un caballero, o mejor dicho, atraerle al amor, al ir cierto dia a montar a caballo se le enganchó el faldón del abrigo en un clavo y dijo al gentilhombre:
-Mirad lo que me habeis hecho, amigo mío; me habeis roto el delantero.
-Lamentaría haberle hecho daño - contestó el gentilhombre - pues es demasiado bonito y hermoso
-¿Cómo lo sabeis , si no lo habeis visto?
-¿Vais a negarme que  lo vi cien veces cuando erais niña y os levantaba la falda para contemplarlo siempre que me placía?
-Bien, pero entonces era un joven adolescente imberbe, que ignoraba lo que valía. Ahora tiene barba, es irreconocible y vos lo ignorais.
-No obstante -insistió el gentilhombre - sigue en el mismo sitio que entonces, sin haberse movido. Creo que lo encontraré en donde estaba.
- Sí, efectivamente sigue en el mismo lugar, pero mi esposo lo movió y agitó más que Diógenes a su tonel.
- Lo imagino - comentó el caballero - ¿Y qué hace ahora sin movimiento?
- Lo que un reloj de torre sin montar.
- Andad con cuidado - dijo el otro - no vaya a ocurrirlo lo que a esos viejos relojes, pues si no se les montan sus resortes, se enmohecen con el tiempo y terminan por ser inútiles.
- Todas las comparaciones no son iguales - objetó la dama - pues lo resortes del reloj en el que pensais no pueden enmohecer, y siempre son buenos, montados y sin montar, a la hora que sea.
- Permita Dios que cuando llegue el tiempo y la hora de montarlo pueda ser yo el relojero.
- Cuando llegue ese día y esa fiesta, no vamos a desaprovecharla y tendremos una buena jornada de trabajo.


Sus memorias no son una fuente histórica fiable del periodo que le tocó vivir, pero su manera de escribir tiene una candidez muy interesante. Su escritura es desparpajada, sin orden estricto; es como si una persona con una leve intoxicación etílica comenzara a platicar sobre sus conquistas y sobre chismes de otras personas (como un borracho necio, pues)

Lo que vemos al leer en sus libros es un retrato desvergonzado de la vida en las cortes y sus cochinadas. El punto es que el autor no hace juicios sobre las personas de las que habla, antes bien explica su comportamiento y hasta disculpa las infidelidades y trapicerías.

Se supone que parte de su inspiración podría haber venido de "El heptamerón" de Margarita de Valois, de cuya corte fueron parte su madre y su abuela (la de Pierre, no las de ustedes, se entiende) Pierre no tiene pretensiones políticas ni filosóficas, su escritura es simplemente un pasatiempo.

"Bueno", dirán ustedes, "ya estuvo de críticas", parece ser que no tengo otra cosa qué hacer que criticar a una pobre víctima aburrida de machucamiento caballil, el punto es que siento que la historia es una señora muy extraña porque para alguien que nunca destacó y cuyos escritos históricos ni siquiera son fuente fiable, encontrar 400 años después un par de sus libros que cuestan tanto dinero, es al menos irónico.

Con todo lo gris de su autor, tiene una lectura ligera, trivial y divertida, es un libro recomendable si lo consigues a un precio que no sea un insulto.




Perversógrafo: Sexo vaginal, adulterio, voyeurismo, sodomía, masturbación, violación anticlericalismo.


Las damas Galantes
Pierre de Bourdelle, señor de Brantome
Ed. Arcopress
ISBN: 8496632121

Mujeres que hacen el amor y sus maridos cornudos
Pierre de Bourdelle, señor de Brantome
Ed. Arcopress
ISBN: 8496632253

martes, 25 de octubre de 2011

El inglés descrito en un castillo cerrado de André Pieyre de Mandiargues

Este es uno de los libros más bizarro, clandestino, cruel, excéntrico, extremo, excesivo, macabro, paródico, sádico y surrealista que he leído (dicho en orden estrictamente alfabético), mucho más intenso que Sade y comparable con "Las once mil vergas" de Apollinaire. Bien escrito y bien traducido, los personajes son más elegantes que los sadeanos y por tanto menos desagradables, igual de enfermos que los de Apollinaire, pero menos gráficos en sus descripciones (al menos en la primera parte del libro).

El autor de este libro nos muestra que al violar a una mujer no es necesario perder el buen humor; que no tienes que matar a tus víctimas, le puedes pedir a tus criados negros que lo hagan fuera de tu vista y que hay una manera exquisita y civilizada de comer caca:

Enseguida apareció una puntita de mierda, picuda e insignificante, que mostró la cabeza y se retiró inmediatamente a su caverna. Seguidamente reapareció, seguida lenta y majestuosamente por el resto del salchichón que constituía uno de los más bellos cagajones que un intestino haya producido jamás...Su boca, manchada por la mierda acumulada sobre el cuerpo de Mony. Lanzó un gemido y descargó al mismo tiempo que Mony.
Apollinaire


Y dicho esto, apoya a la muchacha contra la cama y, arrodillándose, le abre las dos nalgas con las manos.  Al principio parecía que sólo deseaba observar la situación, se muestra sorprendido, poco a poco se acerca, con la lengua arranca pedazos, sus sentidos se inflaman, su verga se levanta, la nariz, la lengua, la boca, todo parece trabajar a la vez, su éxtasis parece tan delicioso que apenas puede hablar y el semen sube por fin; coge su verga, la menea y, descargando, termina de limpiar tan completamente aquel ano, que nadie hubiera dicho que hubiese estado tan sucio poco antes.
Sade


Tomad los vasos y llenadlos con un vetusto Château-Châlons, ese vino tan delicioso que no se puede beber con ningún otro sustento. Jamás como mierda sin haber hecho antes un brindis por Francia ¡Viva Francia!......Tuvo que beber otra vez al atragantarse con una punta de cagajón, mientras la joven Cándida le miraba con una sonrisa tímida.
La mierda era suculenta. Consumí tanta como leche de merluza había saboreado; habría comido más de no habérselo llevado las negras.
AP de M 

Ante todo, estamos ante un libro cómico (un humor horrible); una parodia de los castillos de Sade escrita por el autor para un grupo de amigos amantes de lo que ahora llamaríamos sadomasoquismo. Montcul, el particular protagonista de la historia tiene un nombre que es un guiño a ese humor negro; en francés Montcul suena igual que en castellano usaríamos el "¡...mi cola, qué!" o el "mis huevos". Así, cuando una de las esclavas negras dice ofendida "Montcul es Montcul", leeríamos en francés algo tan ambiguo como "Mi cola es mi cola" o "Montcul mi cola" o "Mi cola es Montcul"

Un castillo oculto, al que sólo se llega cuando la marea está baja, ya que está construido en una isla (como el sadeano castillo del ogro Minski). Un castillo que desde fuera es similar en todo a una plaza de toros, donde los criados están presos y las víctimas son secuestradas, un castillo donde no hay ley (Como en el sadeano castillo de Silling)

Un reportero pasa a visitar a un viejo compañero de burdeles, al que había conocido en Suiza, en un extraño burdel donde había establos y vacas, y hasta las vacas se asustaban al ver y sentir la perversión del par de amigos.

El castillo del amigo es "de locos", desde fuera una fortaleza impenetrable en medio del mar, aún así acogedor por dentro, con sus ventanales y su lujo y su extravagante decoración erógena: Columnas como penes, fuentes como nalgas, argollas de plata en el piso, candelabros con escenas eróticas, un platón de plata vaciado sobre una jovencita. Dentro todos visten de un modo extraño, aparentando una extravagancia fuera de este mundo, como en "el jardín de los suplicios" de Mirbeau, otro de los libros con el que guarda similitudes.

Dentro del castillo Montcul tiene un par de esclavas negras y un par de sirvientes negros inmensos; un verdugo y varias mujeres secuestradas que eventualmente serán asesinadas. Montcul tiene una impotencia incipiente, pero la violencia y el miedo aún lo excitan, por ello ahora está en su retiro disfrutando de matar a quienes le dan placer.

La primera noche, aún con toda su violencia, todavía se puede considerar excitante para el lector. Comienzan con una cena extravagante, como todo en el castillo: esperma de pescado con los más locos y psicodélicos condimentos; coños de ternera, sesos de aves marinas servidos en los propios cráneos, dulces como relleno de mariscos que deben descuartizar antes de comer y el plato principal: mierda.

La cena es una parodia de alguna cena que tuvo el autor con sus amigos, en el proologo aparece el guiño al respecto.

Todos de buen humor por la bebida, comienzan la orgía atando a la cocinera y metiéndole un inmenso consolador de hielo por el culo; para luego pasar a flagelar a una jovencita, arrojarla a los pulpos, golpearla, patearla, joderla, sodomizarla, irrumarla, arrojarla a los perros jodedores de coños y culos y mandarla matar cuando ya no les sirve. Muy felices y muy enfermos, todos se van a seguir la orgía por tríos en sus habitaciones.

Hasta aquí los personajes parecen erotómanos asesinos, pero poco a poco se van perfilando como dementes absolutos.

Al día siguiente Montcul expone su filosofía, nos damos cuenta que ha matado a mucha gente, que su más preciado fin es el asesinato; envenenaba gente inocente, organizaba degollinas y recibía prisioneros judíos de los nazis.

Un día, un general que le mandaba prisioneros le presenta a una jovencita como su sobrina. La chica tenía un novio inmenso. Después de ganarse su confianza, los captura, mandando ahogar a sus guardias de una manera cruel, los toma prisioneros y los entrega a un par de prisioneros judíos; hay violaciones, muerte, desmembramientos, castraciones con los dientes y muchas cosas que ya no son tan excitantes ni tan divertidas.

La sobrina resulta estar más loca aún que Montcul, o de plano ser lenta, sádica y masoquista a la vez. Montcul amenaza con hacer volar el castillo con explosivos que tiene en los sótanos el día que ya no pueda excitarse y eyacular; su castillo fabuloso tiene forma de un pene, con dos bodegas bajo los cimientos llenas de explosivos.

La locura va creciendo hasta horrorizar el mismo visitante, quien huye despavorido del castillo y sus dementes inquilinos

Se puso boca abajo entre mis piernas y me miró riendo, apoyada levemente sobre los codos; paseó por mi cuerpo sus lindos senos puntiagudos. Yo estaba enhiesto, confesémoslo, como un martillo pilón. Siguieron aún mas caricias de los senos y de la lengua, que saboreé cerrando los ojos, hasta que  el rostro de Viola bajó otra vez a lo largo de mi cuerpo, y noté que me chupaba. Había atrapado el glande de un golpe, sin tocar el mango, y lo importunaba con exquisitas sacudidas; lo mordisqueaba cautamente (quiero decir, sin pasarse del punto en que el placer deja paso al dolor); a veces hundía mi verga en su gaznate hasta más allá de las amígdalas (de las que notaba el choque y, vencida la resistencia, el suave estrangulamiento en torno a mi órgano) de una forma que se me antojó decididamente encantadora, pues siempre me ha fastidiado que me chupen, como suelen hacerlo las putas, con la punta de los labios únicamente.
No tardé mucho en eyacular, pues llevaba varios días sin vaciar los testículos. Volvió entonces Viola a tumbarse sobre mí , y sus labios --Fué nuestro primer y único beso de enamorados -- depositaron en mi boca los restos del néctar que yo acababa de perder en la suya.


Los seguidores de Sade tienen que buscarlo para su biblioteca. La novela es surrealista, una invención cubista con su descripción alternativa de un lugar "fuera del mundo y la ley de los hombres".


El libro fue publicado en 1953 bajo el nombre de Pierre Morión con una edición clandestina para bibliófilos. El prologo del libro, escrito muchos años después por el mismo autor, es una delicia, es algo para leer por si solo por la belleza. La explicación que él hace de su libro hace que este literotismo salga sobrando.




Perversógrafo: Sexo oral, anal, vaginal, por las orejas, por la nariz, violación, masturbación, esclavitud, sadismo, exhibicionismo, zoofilia, violencia, coprofagia, urofagia, lluvia dorada, beso negro, bondage, voyeurismo, tríos, orgías, muerte, flagelación, racismo, asesinato, anticlericalismo, lesbianismo, deep throat.


El inglés descrito en un castillo cerrado
André Pieyre de Mandiargues
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 12
España, 1991
ISBN: 978-84-7223-312-6
128 pág.

viernes, 14 de octubre de 2011

El heptamerón de Margarita de Navarra

Eres una reina culta en una corte llena de chismes y lees El decamerón de Boccacio. Los cien cuentos no te llenan y quieres más. Está sembrada de semilla de la siguiente gran obra.

El heptamerón es un libro escrito por Margarita de Valois (1492-1549).  Margarita era una mujer de gran cultura, dominaba varios idiomas y había viajado. Cuando leyó el Decamerón de Boccaccio, impulsó de inmediato su traducción al francés. Margarita no se quedó allí, y trató de hacer su propia versión del libro.

Margarita estaba casada con un hombre al que no amaba, como era costumbre en la realeza de aquella época; ella parece haber vivido una vida apartada de su marido la mayor parte de su vida, y haberse dedicado con entusiasmo al chismorreo cortesano y a darle en la madre a la Iglesia.

Margarita comienza a escribir sus noventa cuentos y diez novelas, el estilo es el myse en abyme igual al decamerón, con un cuento central y cuentos derivados de éste.  Un grupo de diez personas, ante una inundación quedan aisladas, por lo que deciden pasar el tiempo contando historias en un lugar seguro mientras las aguas del río se calman.

Inicialmente el libro constaría de diez jornadas, pero Margarita sólo alcanzó a escribir setenta y dos cuentos y el cuento que los contiene. Hay una carta que sugiere que Margarita dio por terminado su libro, sea porque hay otros cuentos que nunca se publicaron, sea porque se le acabó el tema sobre el cual escribir, sea porque sintió que no viviría para ver terminadas sus diez jornadas.

Las historias son picantes y licenciosas, Tienen la virtud de ser originales en su mayor parte, basadas en vivencias reales de la corte; incluso algunas de las historias reflejan vivencias de la misma reina.

La historias están escritas con buen gusto, un poco volcadas contra los franciscanos, a quienes Margarita guardaba rencor como silenciosa defensora de la Reforma. Las historias narradas son variopintas, las hay felices y desdichadas; muchas son de hombres malos, infieles o torpes, todo velado por el buen gusto.

El libro fue impreso en 1558, pero sólo contenía 67 de las historias de una manera abreviada. En 1559 tomó su estado actual, como obra póstuma de la autora. La mayor parte de las historias tratan de amores, de deseo, de infidelidades, romance y sexo.

Dentro de la historia principal, ya vemos un guiño de la autora por los reformistas: Una de las damas mayores recomienda que lean la Biblia para entretenerse, pero otro de los viajeros recomienda que se cuenten cuentos como aquellos de "Boccacio" para pasar el rato; así que los cuentos se contarían en las tardes después de leer las escrituras.

La mayor parte de las historias son reales, eso es lo más llamativo del libro contra otros, que solo son recopilaciones de historias antiguas de dudoso origen. El libro está elegantemente escrito, con una prosa impecable.


El clérigo incestuoso
El conde Carlos de Angulema, padre del rey Francisco, primero de este nombre, príncipe fiel y temeroso de Dios, estaba en Cognac cuando alguien le contó que en una aldea cercana, llamada Chevres, vivía una muchacha virgen de conducta tan austera que era algo admirable, a pesar de lo cual había aparecido embarazada, sin intentar disimularlo, asegurando a todo el mundo que nunca había conocido varón y que no sabía cómo le había ocurrido, a no ser que fuera obra del Espíritu Santo; lo que el pueblo creyó fácilmente, y la tenía y reputaba por una segunda Virgen María, ya que todos sabían que, desde su infancia, siempre fuera muy juiciosa y nunca hubo en ella un solo signo de mundanería. Practicaba no solamente los ayunos mandados por la Iglesia sino también, por devoción, varias veces a la semana, y siempre que había algún servicio en la iglesia no se movía de allí. De modo que su vida era tan estimada por el pueblo que todos la iban a ver como si se tratara de un milagro, y se sentían muy felices pudiendo tocarle la ropa.
El cura de la parroquia era su hermano, hombre ya de edad y de vida muy austera, apreciado de sus feligreses y tenido por hombre santo, con opiniones tan rigurosas que hizo encerrar a su hermana en una casa, con lo que el pueblo estaba descontento; y tanto creció el rumor que las noticias (como os dije) llegaron a oídos del Conde, el cual, al ver el engaño en que estaba todo el mundo, quiso deshacerlo. Así que envió a un oidor y un limosnero (ambas personas muy de bien) para saber la verdad. Estos llegaron al lugar y se informaron del caso lo más galanamente que pudieron, dirigiéndose al cura, que estaba tan aburrido del asunto que les rogó asistieran a la verificación que esperaba hacer al día siguiente. El dicho cura, por la mañana, cantó misa, a la cual asistió su hermana, siempre de rodillas y muy abultada; y al final de la misa, el cura tomó el Corpus Domini, y, en presencia de todos los asistentes, le dijo a su hermana:
-¡Malhadada de ti! He aquí a Aquel que sufrió muerte y pasión por ti, y ante Él te demando, ¿es cierto que eres virgen, como siempre me has asegurado?
Ella, audazmente y sin temor, le respondió que sí.
-¿Y cómo es posible que estés preñada si sigues siendo virgen?
Replicóle ella:
-No puedo dar otra razón, a no ser por obra y gracia del Espíritu Santo, que ha hecho en mí lo que le plugo; pero no puedo negar el bien que Dios me ha concedido al conservarme virgen, porque nunca tuve deseos de estar casada.
Entonces su hermano le dijo:
-Aquí te entrego el cuerpo precioso de Jesucristo, del cual recibirás tu condenación si no es tal como has dicho, de lo cual serán testigos estos señores aquí presentes, enviados por el señor Conde.
La muchacha, de casi trece años de edad, hizo este juramento:
-Acepto el cuerpo de Nuestro Señor, aquí presente, y que Él me condene, ante vuesas mercedes y ante vos mi hermano, si nunca me tocara hombre alguno que no fuerais vos.
El oidor y el limosnero se fueron muy confusos, creyendo que con tales juramentos no podía haber lugar a engaño, y dieron cuenta al Conde, queriendo persuadirlo para que creyera lo mismo que ellos. Pero éste, que era muy sabio, tras pensarlo bien, les hizo repetir de nuevo las palabras del juramento, y habiéndolas sopesado bien, les respondió:
-Os ha dicho que nunca la tocó otro hombre que no fuera su hermano, y yo pienso que en verdad ha sido su hermano quien le ha hecho el hijo y quiere encubrir su maldad con este gran fraude; y nosotros, que creemos que Jesucristo ya ha venido, no debemos esperar otro. Así que id allá y poned al cura en prisión; estoy seguro de que confesará la verdad.
Lo que fue hecho según su mandato, no sin grandes reproches por el escándalo que hacían a este hombre honrado; y así que el cura fue encarcelado, confesó su maldad y cómo había aconsejado a su hermana lo que tenía que decir para encubrir la vida que habían llevado juntos, no sólo con una excusa ligera, sino con un falso dar que pensar con el cual vivieran honrados por todo el mundo; y cuando se le reprochó cómo había podido ser tan malvado para hacerla jurar en falso sobre el Cuerpo de Nuestro Señor, respondió que no era tan atrevido y que había presentado un pan ni consagrado ni bendito. Se dio cuenta de todo al conde de Angulema, quien pidió a la justicia que hiciera lo pertinente. Se esperó a que la hermana pariera, y después que naciera un hermoso niño, fueron quemados juntos hermano y hermana; y el pueblo sintió un gran asombro al ver, so capa de santidad, monstruo tan horrible, y bajo vida tan sana y digna de encomio, reinar tan detestable vicio.


Allá por los años setenta, era muy común encontrar este libro en las librerías, sin embargo hoy en día no es tan sencillo. Yo personalmente tengo dos libros, ambos encontrados en librerías de viejo a un precio de risa loca, y puedo decir que lo he visto tres o cuatro veces más igualmente en librerías de viejo.

Margarita merece más promoción; sus historias son entretenidas y en su tiempo fue una mujer de gran influencia; ella misma fue protectora de Rabelais, quien le dedicó el tercer libro de Gargantúa. Quizás la historias picantes (como las mismas de Rabelais) no están de moda y eso es todo.

Busquen el libro, es bueno.

Perversógrafo: Infidelidad, anticlericalismo, engaños, incesto, homosexualidad, voyeurismo, violación.






El Decamerón. El Heptamerón. El Satiricón
Boccaccio, Giovanni ; Valois, Margarita ; Petronio
Editorial: Nauta
2001
ISBN: 84-8259-367-6
352 pags.

martes, 20 de septiembre de 2011

Manual de urbanidad para jovencitas de Pierre Louys

A finales del siglo XIX y a principios del siglo XX, la población de las ciudades estaba cambiando; mucha gente del campo estaba llegando a las ciudades para integrarse a la naciente clase media. Dicha clase media emergente tenía ambiciones culturales, por lo que eran comunes los manuales de urbanidad que instruían cómo comportarse en la ciudad a la ruda gente del campo.

Pierre Louys nos presenta una burla de los manuales de buenas costumbres, es un manual de buenas costumbres pornográfico, en donde se les pide a las niñas que moderen sus modales pero no se les pide que moderen sus costumbres. Como libro cómico es excelente. Con un lenguaje franco, abierto y prosaico nos presentan un trabajo impublicable. Fué hasta la muerte de Louys, en 1926 que se publicó por primera vez el libro escrito originalmente en 1916.

Modales en la habitación, la cocina, la mesa, en clase, en el baile, de visita, en la calle, de visita, en la cama,  cómo comportarse ante los padres, los hermanos, las visitas, el presidente, las criadas, etc.

Si le sorprenden completamente desnuda, ponga púdicamente una mano sobre su rostro y la otra sobre su coño; pero nunca haga burlas con la primera ni se lo menee con la segunda.
No insinúe al criado que se folle el culo de un pollo cocido sin haberse asegurado por sí misma de que el criado está sano.
No meta y saque de su boca un espárrago mientras mira lánguidamente al joven que quiere seducir.
No lama un albaricoque partido en tanto que guiña a la lesbiana más célebre de la reunión.
Si propone jugar a “muéstrame tu polla y veras mi culo”, asegúrese de que los mayores no vigilan.
Lo mismo cuando juegue “a ver quién mea más lejos”, sobre todo si los árbitros son unos jovencitos.
Ponerse miel entre las piernas para hacerse lamer por un perrillo, está –en rigor- permitido; pero es inútil devolverle el favor.
Si juega “a la puta” con algunos chicos, no pida prestadas veinticinco ladillas a la hija del jardinero para hacerse un verdadero coño de tirada
No dibuje en la pizarra el coño de la maestra, sobre todo si ella se lo ha enseñado confidencialmente.
No afirme que el Mar Rojo se llama así porque tiene la forma de un coño ni que la Florida es la polla de América ni que laJungfrau no merece su nombre desde que los alpinistas la remontan. Serían observaciones ingeniosas, pero impropias de la boca de una niña.
No humedezca su pulgar en la boca o en el coño para pasar las páginas.
El regalo más hermoso que puede hacer una jovencita es su virginidad. Como la de delante sólo se puede dar una vez, dé en cien ocasiones la de detrás y hará una centena de cortesías.
Vuelva a ponerse los guantes antes de entrar si se ha hecho una paja en el ascensor.
No pegunte a una actriz dónde pasó sus años de prostíbulo. Infórmese por sus amigas.
Si una señora rechaza sentarse, no le dé consejos sobre el peligro de ser enculada por algún despistado.
Se conquista a los hombres poniéndoles una pizca de sal en la punta de la polla y chupándola hasta que la sal se haya disuelto.
Si una joven morena le dice: “Las morenas vienen al mundo por el coño y las rubias por el ojo del culo”, puede responder sin vacilar que se tata de un falso rumor. Si usted es rubia, puede añadir una bofetada.
Si echa un polvo por la tarde en una iglesia de pueblo, no se lave el coño en la pila del agua bendita. Lejos de purificar su pecado, lo agravaría.
Cuando le cuente todas sus cochinadas al buen sacerdote que la escucha, no le pregunte si lo oído se la pone tiesa.
No entre en los urinarios para ver mear a los caballeros.
Si ve, al lado de una acera, un caballo terriblemente empalmado, no alargue la mano para aliviarlo. No es costumbre.
No dibuje cipotes en las paredes, aunque tenga un gran talento como artista.
En el agua, no pida a los presentes permiso para hacer pipí. Hágalo sin autorización.
No llame al camarero a las once de la noche para pedirle un plátano. A esa hora, solicite una vela.
Si su señor padre le pide que se la chupe, no tenga el despiste de decirle que su picha huele al coño de la criada. Podría preguntarse por qué reconoce usted ese olor.
Cuando vaya a la casa del amante que tiene por costumbre encularla, no se maquille el ojete en el cuarto de baño de su madre con el lápiz que usa para sus labios.
Durante el noviazgo, no le diga a su futuro cuñado que su hermana chupa muy bien las pollas. Aunque vaya a disfrutar esa habilidad íntima, saberlo así no le va a hacer gracia.
Es al esposo de su madre a quien debe llamar papá. Aun estando segura de que no les une lazos sanguíneos, no le debe decir al oído: “¡Te la puedo chupar, no eres mi padre!” La segunda oración destruiría todo lo que tuviera de agradable la primera.
Si una visita llega cuando su madre está haciendo el amor y le han encargado que diga: “Mamá está indispuesta”, no dé detalles sobre la enfermedad. Si le preguntan: “¿Qué tiene?” No conteste: “Una polla en el culo.”
No olvide decir “por favor” cuando pida una polla ni “gracias” cuando se la den.
Al subir en el coche de sus padres, no bese en el cuello del chófer, aun estándole muy reconocida porque se la acaba de follar seis veces.
Si se acuesta con él de buen grado y le pide que orine en su boca, no le objete que este acto va contra el respeto que se le debe. Él conoce el protocolo mejor que usted.
Si el señor Presidente muriera súbitamente mientras usted saborea su leche, puede contar la anécdota a todo el mundo: no la perseguirán. Hay precedentes.
Si está con un caballero al que nunca se la ha mamado, no le haga sabias lamidas a lo largo de la polla y por detrás de los cojones. Tendría una mala opinión acerca de su pasado.
Si muriera, abotone su pantalón otra vez antes de llamar a la criada y nunca diga en qué circunstancias entregó su alma a Dios.
Recuerde que en el 69 el lugar de honor es el de abajo. Una jovencita debe ponerse siempre arriba.


DIGA... NO DIGA...
No diga: “Mi coño.” Diga: “Mi corazón.”
No diga: “Tengo ganas de follar.” Diga: “Estoy nerviosa.”
No diga: “Cuando tenga pelos en el coño.” Diga: “Cuando seamayor.”
No diga: “Prefiero la lengua a la polla.” Diga: “Sólo me gustan los placeres delicados.”
No diga: “Tengo doce consoladores en mi cómoda.” Diga: “Nunca me aburro sola.”
No diga: “Me importan un pepino las novelas honestas.” Diga: “Querría algo interesante para leer.”
No diga: “Cuando ella se corre parece un burro meando.” Diga: “Es una exaltada.”
No diga: “Es la mayor puta que hay sobre la tierra.” Diga: “Es la mejor muchacha del mundo.”
No diga: “Se hace encular por todos los que la lamen.” Diga: “Es un poco coqueta.”
No diga: “Su polla es demasiado grande para mi boca.” Diga: “Me siento tan niña cuando estoy con usted.”


Evite las comparaciones arriesgadas. No diga: “Duro como una polla, redondo como un cojón, mojado como mi raja, sabroso como el semen, no más gordo que mi clítoris” y otras expresiones que no están recogidas en el Diccionario de la Academia.



Un clásico, no se lo pueden perder.

Bueno, para echarles a perder la diversión sólo me queda decir que creo que Louys era un enfermo que veia a las niñas como objetos sexuales.






Perversógrafo: coprolalia, escatología, masturbación, sexo anal, oral, vaginal, zoofilia, lesbianismo, pedofilia, exhibicionismo, voyeurismo, orgías, incesto, juguetes sexuales, sacrilegio, interracial, 69


Manual de civismo
Louÿs, Pierre
Ediciones Coyoacan
ISBN: 9706330216
80 pág.







martes, 13 de septiembre de 2011

Julieta del Marqués de Sade (tercera parte de tres)

.....Viene de aquí

Juliette es un libro que dirige sus críticas y sus odios principalmente a dos instituciones: la monarquía y la Iglesia, presentándolas como el origen de todo el mal. En época de Robespierre, hubiera sido un riesgo inútil para Sade hacer al gobierno el blanco de sus críticas.

En el quinto tomo, Julieta se despide del papa, no sin antes robarle una fortuna. Pone el dinero en bancos y ante el perdón de Saint Fond, decide volver a París.

En las montañas, son asaltados por unos ladrones que pertenecen a un gran ejercito de salteadores asesinos. El jefe de dichos asesinos "casi no mata a nadie" porque sólo mata a unos seis personas a la semana; pero tiene una esposa que se dedica a eso, previa violación de todas sus víctimas.

La esposa resulta ser la Clairwill y un esposo llamado Brisa-Testa por el nombre del castillo que ocupan. Ellos son hermanos que tenían una madre piadosa a la que odiaban (personaje sadeano que se repite) y un padre libertino que los inició y que tomó a su hijo por amante.

Brisa Testa les cuenta su propia historia: Después de quedar en la pobreza, se convierte en un ser despreciable que mata a sus bienhechores, si hay oportunidad, encula a sus víctimas antes de matarlos. Los personajes de ésta aventura son los típicos de Sade: las mujeres castas con quienes se casa para llevarlas a la desgracia, el matrimonio de la mujer casta y el hombre libertino, el misógino sádico y la mujer libidinosa y cruel.

Borchamps (Brisa Testa), conoció al rey de Holanda y se une a los masones en su conspiración para matar al rey. Pronto los traiciona y asesina a su amante. Huye a Rusia con la esposa del masón al que había asesinado, donde la mata también.

En Rusia, conoce a Catalina como una mujer insaciable y trata de asesinar al heredero por sugerencia de la emperatriz. Como falla en su intento, lo envían a Siberia castigado, donde conoce a otros sodomitas como él con quienes arman un pachangón de miedo con sus respectivos agujeros corporales.

Huyen de Siberia, no sin antes haber sodomizado, asesinado y comido al hijo de uno de sus amigos. Llegan hasta Georgia donde traicionan y matan a su protector de horríble manera (enculamiento y canibalismo) Huyen a Constantinopla, donde siguen su vida dentro de los serrallos.

Toma una nueva esposa que resulta ser su propia hija, a la que espera un feo final junto a su madre en una isla secreta donde .......bueno ¿Tengo que describir cómo les rompen los dientes y las dejan que se las coman las fieras lentamente?

En Italia se establecen como jefes de la banda de bandoleros y manda traer a su hermana (a la hermana de Borchamps, no a la de ustedes) para casarse con ella.

Julieta sigue su viaje en Nápoles, donde le arroja al rey (Hermano de la odiada ex-reina de Francia) una aburrida arenga antimonárquica, para después asistir a orgías mortales con cientos de enculamientos, niños muertos, apuñalamientos públicos, etc.

Las historias son cada vez más exageradas, los participantes de las orgías descargan al ver un pene o unas tetas o una muerte y son enculados cientos de veces por noche. Roba al rey de Nápoles y traiciona a la enamorada reina para que sea ejecutada.


En el sexto libro, Olympe y Clairwil mueren, al cabo de muchas aventuras Julieta vuelve a París con Norceuil.

El final del libro es el mismo infierno; Julieta mata a su hija arrojándola al fuego mientras folla con su amante; para luego planear el suplicio y muerte de Justina, a quien torturan, violan, flagelan y lanzan a la lluvia para que muera bajo un rayo. Todavía muerta los malvados siguen su orgía con ella. Es notable que no se la coman.....bueno......esa es mi opinión.

Expone que Justina en su libro, dice que Julieta se arrepintió de sus actos y se volvió monja, pero Julieta lo niega categóricamente diciendo que nunca renunciará a su placer.

El libro parece una repetición hasta el absurdo de la misma escena: orgías en interiores secretos, ahora con una máquina para matar mas lento, ahora con un método para matar mas gente; orgías donde todo se hace, promesas, compromisos y sociedades secretas, etc.

Todo aquel que se acerque a Julieta o sus amigos es traicionado y muerto, sus mismos amigos son muertos una y otra vez. Sade se ensaña con las mujeres y los muchachos jóvenes, el tono misógino de la obra es muy marcado.

Con Juliette, Sade pone punto final a sus novelas pornográficas. Nunca volvió a escribir ésta clase de basura, dedicándose a temas mas serios y a escribir obras de teatro con niveles de libertinaje "no tóxico".








Perversógrafo: Sexo en todos los agujeros naturales y en algunos inflingidos, desvirgamientos, sadismo, exhibicionismo, flagelación, tortura, incesto, violación, pederastía, homosexualidad, bisexualidad, orgías, coprofagia, coprofilia, infidelidad, anticlericalismo, sacrilegio. masturbación, objeto sexual, voyeurismo, exhibicionismo, masoquismo, beso negro, dedo en el culo, crueldad, trios, lesbianismo, coprolalia, blasfemia, sexo en las tetas, en los muslos, entre las nalgas, matrimonio abierto, bisexualidad, infidelidad, dildos, beso negro, golpes, máquinas de tortura y sexo, zoofilia, vampirismo, dominación, robo ........etc..............¿Tiene sentido seguir?



Juliette o Las prosperidades del vicio
Marqués de Sade
Tusquets Editores
La Sonrisa Vertical SV 137
Marzo 2009
ISBN: 978-84-8383-110-6
976 pág.


Juliette
Marqués de Sade
Editorial: AXIAL
México, 2006
EAN: 9789688672990
ISBN: 9789688672990
3 tomos

sábado, 10 de septiembre de 2011

Julieta del Marqués de Sade (segunda parte de tres)


.....Viene de aquí

Julieta no es propiamente una novela erótica, es mas bien un tratado sobre el hedonismo, el asesinato, el placer y las relaciones políticas. Todo llevado al extremo y en un tono misógino.

La versión definitiva de Justine, junto con Juliette fue publicada en Holanda en 1797, formaban juntas una colección de 10 volúmenes de casi 4000 páginas en total, e incluían 100 grabados mas esforzados que logrados.

En inglés no se volvió a publicar hasta los años 60 del siglo veinte.

Los personajes de Sade son muy simples: Son buenos o malos, no existen tonos de gris, todo es "blanco o negro" Los malvados no se detienen ante nada y las víctimas son seres pasivos que se dejan asesinar o violar sin pelea.

Los personajes están vestidos o desnudos, nunca nadie se quita la ropa sensualmente. Los cuerpos son invadidos en todos sus orificios, las exageraciones llegan hasta el colmo siempre. No hay seducción, los genitales están excitados o no lo están, no hay juego previo, todos están constantemente al borde del paroxismo.

Después de conocer a Clairwil y comenzar a asesinar, Julieta entra a la "Cofradía de los Amigos del Crimen", cuyas reglas son una maravilla para leer. A Julieta la aceptan, obviemente con una orgía de por medio que incluía la muerte de una mujer desgarrada por el pene de un burro.

Julieta descubre un día que su padre está vivo. Obviamente Julieta lo mata con un elaborado plan.

Un día Julieta está platicando con Saint Fond, quien le comentaba de su plan para despoblar Francia mediante el hambre, la guerra y otras linduras. Julieta se asquea en lugar de excitarse, así que Saint Fond decide su ruina y su posterior muerte al ver la debilidad de su espíritu. Julieta huye del juez hacia Italia.

Julieta se casa con un anciano conde de Lorsange, con quien tiene una hija, pero al final lo envenena y huye a los placeres de su vida de asesinatos, orgías y robos.

Una cosa curiosa, es que Donatien había escrito un libro sobre sus viajes a Italia. Ignoro si vendió algún ejemplar, pero aprovechó ésta narración como marco de los siguientes tomos de Juliette, narrando la visita a Herculano, a Pompeya, a los volcanes, a Roma y a muchos otros lugares "turísticos". incluso habla de esculturas que hoy en día permanecen ocultas en los museos, como la famosa del Sátiro y la cabra.

Al final del tercer tomo tenemos la magnífica narración del castillo del ogro Minski. Estando Julieta y sus compañeros de viaje en una orgía contra-natura, se dan cuenta que son observados por un enorme hombre peludo, (como un Hagrid, pero en malo) que les pide que lo acompañen a su casa.

El gigante los lleva a través de acantilados, bosques y lagos hasta una isla rodeada de paredes y fosos. Allí penetran a las mazmorras del gigante, que resulta ser un sádico caníbal que se comía todo lo que se cogía. Minski tiene un enorme serrallo de doscientos niños, doscientos enculadores, doscientas niñas, doscientas mujeres, cincuenta criados y cien robachicos que trabajan para él en todas las ciudades.

Minski tiene cada día una buena decena de orgasmos, en cada orgasmo mata al menos a una persona, pero tiene máquinas que le ayudan a matar hasta a dieciséis cada vez. Minski tiene un castillo con muebles humanos, sobre los que se sienta y mesas humanas sobre las que pone los platos calientes llenos de carne humana recién fornicada y cocinada.

Tras la orgía en la que mueren varios de los compañeros de Julieta, logran huir del castillo sin llegar a matar al gigante, quien se salva gracias a su maldad, pero dejan todo listo para que castigue a los criados por su huida. Llegan a Roma y conoce a la princesa Olimpia Borghesie, de quien se enamora (aunque unos tomos después la mata). Tienen relaciones sexuales explícitas y nada convencionales.

Olimpia lleva a Julieta con los Cardenales del papa, quienes le hacen una prueba para ver si tienen el honor de conocer al papa Pio VI. No necesito describir la clase de pruebas que les ponen.

El papa tiene una orgía con ellas, primero en San Pedro y luego en el mismo altar, donde hay una misa negra y se nombra padre a Satán.

Siempre que hay sexo, podemos saber que habrá asesinatos.......así es éste libro.

Concluye aquí