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martes, 3 de abril de 2012

La colección de Grupo Editorial Posada

Serie Amor y Paz.......a mí me parecen unas nalgas
Vamos a hablar de los años 70. En mi México lindo y querido, como en otros lugares, los cambios, destapes y revoluciones sexuales se vieron en los locos años 70s y no en los sesentas, como con nuestros gabachos vecinos del norte. Para un país de leyes liberales con costumbres conservadoras, esto significó una gran oportunidad para nuestras editoriales.

Por aquellos años México era el lugar ideal para editar libros de corte erótico; con suficientes traductores para escribir en un español estándar, con leyes laxas (mientras no te metieras contra el gobierno o el ejército) que permitían editar cualquier cochinada, lo que faltaban eran consumidores. La generación de jóvenes que creció en los 70s eran rebeldes que querían romper esquemas conservadores (aunque luego no supieron qué hacer con los pedazos), así que allí se abrió una oportunidad que varias editoriales pudieron aprovechar.

El Grupo Editorial Posada, comenzó a editar en 1970 la "Colección Duda", una revista en formato de bolsilibro "de puras letritas", a diferencia de otros bolsilibros en formato "de dibujitos"; la revista duda, si bien contenía algunos dibujos, el tema principal lo conformaban los textos.....quizás una excepción fueron los libros de Rius.

Los temas eran variados e interesantes; se trataba de ir a la moda y explotar temas escandalosos para una sociedad en transición hacia un liberalismo (que no sucedió fuera de la Ciudad de México), temas tan interesantes como:

"¿Quien Fue Usted En Su Vida Anterior?",  "Sacerdotes o cosmonautas",  "La lujuria, el diablo y las brujas",  "Virginidad y machismo en México", "Sacerdotes, ¿verdugos del catolicismo?",  "El "Che" Guevara en México", "La revolución sexual de la mujer"


Temas esotéricos, comunistas, anticlericales, naturistas y............eróticos.


Resulta que en la colección, existía una serie dedicada exclusivamente a temas "eróticos", se llamaba la "Serie Amor y Paz", que en un formato muy resumido, imprimía obras eróticas clásicas. Dentro de esa serie tenemos:
2. Amor y sexo en la India. Ananga Ranga. El manual del amor del célebre poeta hindú Kalyanamalla. Un libro sobre el juego altísimo y estético del sexo. 7. Lo más audaz de Casanova. El más grande Playboy de todos los tiempos. Una selección original de las célebres Memorias, de Jacobo Casanova. 9. El divino libro de los amantes. Kama Sutra. El más antiguo y sabio texto hindú sobre el amor físico. Vatsyayana, su autor, es el padre de los modernos manuales de amor. 15. Cartas a mi esposa sobre la pornografía. La más completa información sobre la vida erótica moderna. Un libro escrito para los jóvenes y los adultos. 16. El erotismo en los poetas. Seis siglos de erotismo en la poesía de la lengua española. Los textos de los más grandes poetas de España, América Latina y México. 20. El manual chino de la recámara. De este les hablo más adelante. 27. La lujuria, el diablo y las brujas. Jacobo Tornero, 30. Virginidad y machismo en México. Roberto Rodríguez Baños. 35. Historia del dulce amor dado a los indios por los yanquis. Mariana Valenzuela. 38. Historia de la sexualidad. Gabriel Christian. 42. La vida erótica y criminal de los Borgia. Hannerl Goessler. (2a. Edición) 45. El libro del yoga y el sexo. Kari Meagh (3a. Edición) 49. La revolución sexual de la mujer. Renata Galindo. (2a. Edición)
La verdad, una colección erótica casi casi PG-13, pero de todas maneras es digno de mencionarse, ya que tenemos una de las primeras impresiones en español de las memorias de Casanova, así como el Jin Ping Mei "en versión turbo".

Husmeando por la red, me encontré con el número 16 de la colección, que si no es una maravilla, pues da un buen ejemplo de lo que les hablo.

Montaño, Alejandro - El erotismo en los poetas (antología)



domingo, 25 de marzo de 2012

Infidelidades.con antología

Las antologías de cuentos pueden ser muy entretenidas para leer durante un viaje largo, la desventaja siempre es que la calidad de lo que uno se encuentra en una antología, necesariamente es variada.

Aquí tenemos un libro de una pequeña editorial independiente; cuando leí los primeros relatos quedé ganchado; pero ya cuando continué con la lectura me decepcioné un poco. Parece ser que elegí los mejores cuentos para comenzar ...... pero para gustos.......

Para comenzar, los cuentos están seleccionados por una mujer (Marivi Cerisola) ni duda cabe porque tienen una sensibilidad especial que los distingue; en general los podemos dividir en dos tipos de cuentos: los que culpan al hombre de la infelicidad o infidelidad de las pobres mujeres, o las que culpan a la religión de las sicalípticas costumbres de los hombres (malditas telenovelas mexicanas). Por supuesto con alguna excepción.

Mis suegros son “gente bien”, católicos, de buenas costumbres y tradiciones ancestrales como la de “un esposo le puede ser infiel a su mujer de vez en cuando, mientras no les falte nada a ella y a sus hijos, y claro, sea discreto”, como mi suegro. 

Pero no puedo decir que eso les quite lustre a las historias, por el contrario, les da una continuidad y los integra en una cultura, la del macho mexicano "Atacando o huyendo", la de la familia católica tradicional de clase media alta y la mujer abnegada y sufrida que siente culpas (malditas telenovelas mexicanas).

Dieciséis escritores, treinta cuentos (bueno, algunos relato-descripciones-interiorizaciones) todos acerca de los amores prohibidos o ajenos.

Entre mis relatos favoritos están los de Amelie Olaiz ("Lupe" y "El hueso de pollo"), de mujeres que engañan a maridos machotes ignorantes rústicos, mujeres con una filosofía de la vida simple y unas excelentes excusas para ser infieles a sus infieles maridos.


- No me lo tomes a mal, Cristi, pero en pocas palabras yo estoy seguro de que tú tienes un problema de frigidez. 
- ¿Ya terminaste, cabrón? -preguntó Cristina.
- Sí -masculló el Memo, con cara de mártir.
- Pues ahora me vas a escuchar. Durante casi veinte años de mi vida, me dijeron: “El sexo es malo, es importante conservar la pureza, las niñas decentes no hacen nada de eso hasta que se casan”. De un día para otro me visto de blanco y resulta que ahora no sólo es bueno, sino que tengo que hacerlo casi a diario y al estilo de la puta más codiciada de la región. ¿Querías casarte con una virgen?, pues así somos las virgencitas, y para convertirnos en Herminias hace falta mucho más que un pinche hueso de pollo.
Cristina dio media vuelta, y guardó en su bolsa el Cristina dio media vuelta, y asunto, sus cigarros y las ganas, que la llevaron directo a las caballerizas para ver a Pepe.


Están las confesiones de las infieles:

- Me acuso, padre, de tener malos pensamientos.
- Explícate, hija.
- Bueno, es que... tuve un sueño: soñé que le era infiel a mi marido.
- Un sueño no es un mal pensamiento.
- Es que... después, ya despierta, seguí pensando en lo que había soñado...
- Si consentiste el mal pensamiento es como si hubieras cometido el pecado. Dios te perdona el pecado siempre y cuando...
-¿Entonces -interrumpió- pensar en eso tiene la misma penitencia que hacerlo?¡Gracias, padre! -Se levantó del reclinatorio
apresuradamente sin esperar la absolución.
Por el camino iba examinando los asuntos pendientes: ir de compras al Body Shop por un champú y crema para el cuerpo con aroma a fresa, hablarle a Felipe para adelantar el baño de la Cookie, darle el día libre al servicio, encargar los niños a su hermana, y lo más importante: hacerse meritoria de la penitencia.
("Penitencia" de Mercedes van Santen)



Y las divertidas confesiones de un infiel profesional:

...En mi última aventura por poquito me cachan, verdad de Dios, pero viera que lo disfruté, me la jugué en serio. No sabe, pero es que, ¡ay, Dios mío!, valía reteharto la condenada, era hermosa como pocas, bonita entre las bonitas y ponedora como las mejores del gallinero. ¿Se acuerda de aquella cancioncita, padre, aquella que cantaba Pedro Infante?, creo que se llamaba Mírame morenita y decía: “No muerdas tan duro, no seas goloso y chupa que chupa que es más sabroso y dale un abrazo a tu morenita...”, pues algo más o menos así me decía la condenada. Luego dale y duro con eso de las serenatas y pues ahí está, que me pica la cresta, y yo ni tardo ni perezoso me consigo unos cuates que le hacían a la cantada y que le llevo serenata. Ay, padre, ahí sí estuvo de veras dura la cosa, porque yo clarito me acordaba de cómo Jorge Negrete enamoraba a Gloria Marín llevándole un chorro de serenatas.
Veo a un trío rasgueando las guitarras mientras la damita en cuestión se come las uñas detrás de unas cortinas traviesas, envuelta en un camisón transparente, esperando el momento más adecuado para abrir sus ventanas y lanzarle besos al enamorado. Imagínese, padre, la emoción de estar igualito a Jorge gritándole a mi amada cuánto la quiero. Ahí estuvo el problema, que yo gritaba de emoción y, no hombre, la que se armó... pues fíjese, padre, que la canija era casada, nomás que el marido trabajaba de noche de valet parkin en un bar ....
 No me acuerdo de qué me gritó el cornudo aquel, sólo sigue retumbando en mis oídos el tronido de los balazos detrás de nosotros. 
....
Creo padre que por ahí está la razón de ser de mi infidelidad. Búsquele y rásquele por ahí, que seguramente encontrará algo que me identifique. Sin embargo, yo quiero mucho a mi mujer, ella es la madre de mis hijas y la catedral; las demás son capillitas, con perdón de usted, padre. No quisiera agobiarlo con mis cosas, pero yo quiero insistir en que por ahí está la razón de todo. Cómo no iba a volverme infiel si tenía toda una escuela de primera mano con aquellas películas, donde todas representaban a un hombre muy macho o mujeres enamoradas de él. 
("Soy infiel, luego existo" de Germán Solana y Rodríguez)



El que tiene relaciones con un homosexual y descubre que, paradójicamente, quien se contagia de VIH es su esposa ("Victoria’s Secret" de Enrique Santiago Barruel). El infiel del pueblo, que tenía multitud de casa y multitud de hijos que un día se enamora de una prostituta y le es fiel........hasta que ambos descubren que su amor acabó y vuelven cada uno a su vida hipersexual, para regocijo de todo un pueblo ("Sin alevosía" de Mariví Cerisola). La que se enamora de la música (Para Elisa de Patricia Compeán)

Las que sufren, las que sueñan, las traumadas por su pasado o por sus padres, las que nunca pudieron ser infieles, todas aquí. El libro es ........ bueno.... rescatable.

Ahora, por una extraña razón, a la editorial no le pude extraer la manera de comprar la versión en línea o la lista de las librerías que tienen existencia (Gandhi o El Sótano, por ejemplo)........pero bueno, ese es un detalle técnico que espero pronto reparen.



Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, infidelidades, exhibicionismo.




Infidelidades.Con
Antología de Marivi Cerisola
Editorial: Terracota
2008, México
ISBN: 9786077616009
143 pags.


martes, 2 de noviembre de 2010

El ánima de Sayula de Teófilo Pedroza

El día de muertos en México es una tradición que se popularizó en las primeras décadas del siglo XX, se trata de una fiesta relativamente alegre que recoge tradiciones judías, europeas y autóctonas, con un toque de humor y ánimo festivo.

En recuerdo a ello, quiero comentar ahora un cuento "de fantasmas" que es parte de la picardía mexicana. Resulta que el cuento en verso está basado en una historia real que ocurrió en Sayula (Jalisco) a finales del siglo XIX.

Apolonio Aguilar era un hombre crédulo que vendía ropa, su compadre José Arreola era peluquero, y junto con Blas Mejía, boticario y Joaquín Camperos, abogado quisieron gastarle una broma a Apolonio: lo convencen de ir por la noche al cementerio a buscar a un fantasma que resguardaba un tesoro. El compadre José se disfraza de fantasma y tiene que salir huyendo cuando Apolonio descubre la broma, se enoja y echa mano al cuchillo que llevaba.

Allá por 1871, Teófilo Pedroza escuchó la historia y, como buen escritor de "calaveras" quiso hacer un cuento en verso del hecho. De vuelta a su natal Zamora (Michoacán) termina la obra y, como necesitaba algo de dinero, la manda imprimir en pequeños cuadernillos con un dibujo de un fantasma con dos bolsas de dinero, cuadernillos cuyas copias vendieron por millares a la salida de la catedral. Curiosamente nadie amonestó la indecencia de la obra. El cuadernillo original es imposible de conseguir hoy, por lo que existen varias versiones de los versos.

La obrita ha sido objeto de molestia para los sayulenses, pero a la vez es un promotor del pequeño turismo. 



El ánima de Sayula (respeto la ortografía original)
En un caserón ruinoso
De Sayula en el lugar,
Vive Apolonio Aguilar
Trapero de profesión.


Hace tiempo que padece
Hambre voraz y canina
Y por eso está que trina
Contra su suerte fatal.


No es borracho, ni juega
Solo comer es su vicio
Pero anda mal del oficio
Ni para comer le da.


Cuatro tablas, dos petates
Un bacín roto de barro;
Cuatro cazuelas y un jarro
Son de su casa el ajuar.


Su mujer y sus hijuelos
Macilentos y hambriados
Con semblantes extraviados
Piden pan con triste voz


Pan allí ni por asomo;
Hambre sí, disgustos mil
En aquel chiribitil,
A pasto y a discreción.


Llanto solo de miseria
Que goteando noche y día
Apagó dejando fría
La ceniza del hogar.


Por eso el trapero esconde
Entre sus manos la cara;
Maldice su suerte avara
Que le causa aquel dolor.


Y fijando en su consorte
Su penetrante mirada
Con voz grave y levantada
De esta manera le habló:


"Es preciso que ya cese
Esta situación terrible;
Vivir así no es posible,
Harto estoy de padecer.


Me ocurre feliz idea,
Que desde luego te explico;
Esta noche me hago rico
O perezco en la función.


Escucha y no me repliques
Mi suerte está decidida.
El porvenir de mi vida
Depende de esta ocasión.


Tú sabes que en esta tierra
Entre la gente de seso
Se cuenta cierto suceso
Que ha causado sensación.


Se dice, pues, que de noche
Al sonar las doce en punto
Sale a penar un difunto
Por las puertas del Panteón.


Que las gentes que lo ven
Huyen a carrera abierta
Y todos cierran la puerta
Encomendándose a Dios.


Que por fin un desalmado
Se encaró ya con el muerto;
Mas de terror quedó yerto,
Patitieso y sin hablar


Esto lo aseguran todos
Y mi compadre José
Me ha jurado por su fe
Que también al muerto vió.


Y me asegura que el muerto
Tiene la plata enterrda
Y busca gente templada
Con quien poderse arreglar.


Pues bien, me siento con bríos
para hablarle al mismo diablo,
A ese muerto yo le hablo
Aunque me muera después.


Mucho peor es morir de hambre
Que morir de puro miedo
Y si yo con vida quedo
Seremos ricos después.


"Por Dios! Apolonio" dijo,
Su mujer muy aflijida:
"No juegues así la vida
Deja a los muertos en paz."


"No mujer, no retrocedo,
Es una cosa resuelta;
Si pronto no doy la vuelta
Prepara mi funeral".


Dijo y con paso veloz
Pálido como un difunto,
Salió de su casa al punto,
Camino para el Panteón.


Envuelto en tinieblas yace,
De Sayula el caserío
Y un aspecto muy sombrío
Allí reina por doquier.


No se oye voz humana
Ni el más ligero ruido,
Solo lejos el aullido
Pavoroso de algún can.


Algún pájaro que cruza
En las tinieblas perdido
Lanza fúnebre graznido
Al ir de su nido en pos.


Y al extinguirse perdido
Que al corazón pone susto,
Canta el tecolote adusto
En el ruinoso torreón.


Negro toldo cubre el cielo,
Y al soplo del viento frío
Gimen los sauces del río
Con quejumbroso rumor.


Lúgubre la noche está
Y en su fondo pavoroso
Brota a veces luminoso
Un relámpago fugaz


La silueta del trapero
Que a la ventura de Dios;
Va de la fortuna en pos
Hasta vencer o morir


Mas a medida que avanza
Su valor se debilita
Y es dueño de honda cuita
Su angustiado corazón.


Avanza pues presuroso
Aquel hombre de faz yerta,
Y al fin se mira en la puerta
Del tenebroso panteón.


Allí con mortal congoja,
La hora fatal aguarda;
Hora que tal vez no tarda
En sonar en el reloj.


Por fin de repente suenan
Doce lentas campandas,
Cuyas notas compasadas,
Vibran con sordo rumor.


Notas lentas y solemnes
Cuyo sonido retumba
Como el eco de una tumba
Con quejumbroso rumor


Por fin a esperar se pone
Y sin grande dilación
Las puertas de aquel panteón
Se abren de par en par.


Cruza el dindel el fantasma
Mudo, rígido y sombrío
Como el sepulcro frío
Y horrible aborto de horror.


Lleva cubierta la faz
Con negro y tupido velo
Y arrastrando por el suelo
Lleva también el sudario.


Aguilar, de espanto yerto
Y erizado su cabello
Con agitado resuello,
Corre tras de la visión.


Y haciendo un supremo esfuerzo
Cual si jugara la vida
Con voz despavorida
De esta manera le hablo:


"De parte de Dios te pido
Me digas cómo te llamas
Si penas entre las llamas
O vives aquí entre nos.


Qué buscas por estos sitios
Donde a los vivos espantas?
Si tienes talegas cuántas
Me podrías proporcionar?"


"Me llamo Perico Zúrrez"
Dijo el fantasma en secreto,
"Fuí en la tierra buen sujeto
Muy puto mientras viví,


Ando ahora penando aquí
En busca de algún profano
Que con la fuerza del ano
Me arremangue el mirasol.


El favor que yo te pido
Es un favor muy sencillo,
Que me prestes el fundillo
Tras del que ando tiempo ha


Las talegas que tú buscas
Aquí te las traigo colgando,
Ya te las iré arrimando
A las puertas del fogón".


Lleno de sorpresa quedó
El pobrecito trapero
Y enchando al suelo el sombrero,
El infeliz exclamó


"Por vida del Rey Clarión
Y de la madre de Gestas
¿Qué chingaderas son estas,
Que me suceden a mi?


Yo no se lo que me pasa.
Pues ignoro con quien hablo,
Este cabrón es el diablo
O mi compadre José.


Buena fortuna me hallé
En esta tierra de brutos,
Donde los muertos son putos
¿Que garantías tengo yo?


Lo que me suceda a mí
Es para perder el seso;
Si los muertos piden cieso
¿Los vivos que pedirán?


Venir de lejanas tierras
A buscar aquí la vida
Y mi suerte maldecida
Me depara un trance atroz.


No tener yo mas alhaja
Que la alhaja del fundillo
Y me la pide este pillo
Que dice que ya murió.


Esto es cuanto puede verse
Por las crestas del Demonio
Si lo aflojas Apolonio
De aquí sin culo te vas"


Así el trapero exclamó
Muy pensativo y mohíno
Del pueblo tomó el camino
Y en sus calles se perdió.


Y es fama que cuando oye
Que hablan del aparecido
Receloso y confundido
Se pone una mano atrás.


MORALEJA


Lector: si por alguna vez,
y por artes del Demonio,
te vieres como Apolonio
en crítica situación;


si tropiezas acaso
con alguna ánima en pena,
aunque te diga que es buena,
no te descuides, lector.


Y por vía de precaución
llévate como cristiano
la cruz bendita en la mano
y en el fundillo un tapón.








Perversógrafo: Homosexualidad

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El kamasutra, colección del Santos de JIS y Trino

Cerremos el mes partio con uno de mis libros favoritos. Lo atesoro tanto que lo tengo en el cajón de mi escritorio en la oficina.

El Santos era una historieta de los años 80, que se editó en Guadalajara primero, y después en el periódico “La Jornada”, periódico de corte izquierdozo, radicaloide y contestatario. El Santos es un trabajo conjunto de dos autores, JIS (José Ignacio Solórzano) y Trino (José Trinidad Camacho) que en conjunto dibujaban las más irreverentes y desopilantes historietas que mente alguna imaginó.




Y es que mientras Trino es cómico, cachondo, picante y malhablado, JIS es psicodélico, surrealista y absurdo, así que entre los dos “parieron” una historieta sin igual en el mundo del cómic mexicano de los años 80... según ellos, lo que querían era escandalizar, incidir en la sociedad mexicana bienpensante y combatir la doble moral. Yo creo que se divertían juntos y por eso dibujaban.



Uno de ellos comenzaba la tira y el otro la terminaba. El Santos aparenta ser un luchador (de lucha libre), antihéroe vulgar, barriobajero y egoísta, que se mete en toda clase de absurdos y sinsentidos. En realidad es una burla de cualquier aspecto de la sociedad que se les ocurriera a los creadores.




Cuando la serie terminó, casi todo lo reunieron en nueve volúmenes que se editaron por Ediciones B. Según dicen los autores, se habían comprometido con la editorial a cerrar la colección con el décimo libro, pero como El Santos dejó de tener ese tono transgresor (los tiempos cambiaron) decidieron lanzarse a hacer algo más de corte “hardcore”, con el tema favorito del Santos: el sexo. Según los autores, el rayar en lo pornográfico tiene la importante función social de educar a México.



El Santos estuvo casado en un tiempo con una rubia de pelos parados y abundosas ubres llamada “La Tetona Mendoza”, en el libro, aparecen juntos en toda case de posturas acrobáticas, absurdas y cómicas, a todo color y en gran formato, mientras otros dibujos muestran aspectos sexuales importantes en un amasijo de tonterías e ideas fantasiosas (espero)




”Mi postura es básicamente prohibirles a mis hijos leer este libro para que después vayan y lo compren con sus amiguitos”
JIS
























Si lo consiguen, no se lo pueden perder.

¡COMPRENLO EN CHINGA LOCA QUE SE VA A AGOTAR!






Perversógrafo: Sexo al extremo del ridículo y el absurdo; Uts, cómprenlo y verán, por favorcito, no me hagan describir lo que una imagen muestra mejor.

Los dibujos corresponden al libro y son propiedad de sus autores.






El kamasutra del Santos JIS Y TRINO 2007, 1ª ed.
EDICIONES B ISBN: 9789707103122 64 pág.




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sábado, 25 de septiembre de 2010

Miscelánea los Tarascos de Alberto Vargas Iturbe

Alberto Vargas Iturbe es mejor conocido como El pornócrata mayor, ha escrito libros y ensayos, pero también ha escrito para revistas pornográficas. Algunos de sus libros están disponibles en internet, si entran a su blog, pueden ver las ligas y leer en línea. El libro a comentar tiene año de edición del 2006, pero está ambientado durante  la devaluación de los años 80.

Para mí, que conozco el hablar y la vida del barrio mexicano, no representa demasiado interés, pero creo que es un documento importante del hablar, el sentir y el vivir del barrio mexicano de clase baja, en una obra trasgresora y con altos contenidos de putas y borracheras. Si tuviera que comparar, lo que Bukowski representa para Los Angeles de principios de los años 80, Alberto lo hace (toda proporción guardada) para el Neza del cambio de siglo.

Como en cualquier obra pornográfica, el tema es simple: la inseguridad es tan alta y las distancias tan grandes en la ciudad de México que el tendero prefiere dormir en la tienda, junto con un joven de su mismo pueblo en Michoacán, quien hace labores de limpieza y varios a cambio de la comida y el hospedaje, mientras consigue un trabajo o se va a vivir "al otro lado" (Estados Unidos)

Allí, sus vidas trascurren entre borracheras, contratar putas para fornicar en la trastienda, ligarse a las vecinas y platicar de los típicos habitantes barriobajeros: el ladrón, el mariguano, el taxista, las novias de juventud, el pepenador de basura, el viejo que tiene la fortuna de tener un departamento propio, aunque ahora la suerte le sea adversa; y los sueños....los vívidos sueños llenos de color de un hombre que vive entre bloques grises, botellas vacías y latas de chiles en conserva.


Cuando le chupé debajo de la cintura, seguía imaginando que caminaba por hizacheras, que descansaba bajo las sombras de cirandas verdes y amarillas; respiraba en las huemberas con sus racimos de plátanos, montones de cicicuas, cantando entre la maleza; entre más chupaba ese monta, mas divagaba.
Me sentía campesino deambulando por las veredas de espinas voladoras, de sus vellos se derivaban las filosofías. Total, ella se orgasmaba y le salía miel como a las ciruelas maduras. Tomé un trago de cerveza, tomé una calma filosofal y, en ese enredo de pensamientos que se hacían nudo en mi cabeza, le dije a Yuri con voz calmada:
--Empínate porque te lo voy a meter por atrás, quiero tener tus glúteos pegados a mis huevos
Yuri, con los ojos bien abiertos, me contestó:
--Ponte crema para que no me lastimes
No tengo crema, está agotada, pero deja sacar un aceite de litro, boca ancha, con ese desliza bien.
Abrí la botella y me lo unté a lo largo del pito. Con el dedo grande le unté a Yuri en su punto; ya estaba a gatas, eran unas nalgas redondas, tostaditas.
Que se lo dejo ir, al tiempo que soltaba un pujido. Le palanqueaba con mucha calma. Ella lo apretaba de cabeza hacia atrás y de atrás a cabeza. Cuando lo tenía hasta el fondo, apretaba el esfinter. Disfruté varios minutos del placer que provocaba su ano; sentía que se le hacían grietas alrededor del hoyo, se lo saqué y aventó un pedo.
--Voy a lavármelo para que me lo chupes
Salí al retrete, me lavé muy bien con jabón Tepeyac. había algo de materia fecal. Quedó limpiecito...
--Ahora sí Yuri, tómalo por la boca y trabájalo como tú sabes.
Succionó fuerte, lento, con parsimonia; formas irregulares de mamar. Luego, por la zorra, se lo metía, se lo sacaba. Hizo varias poses de bailarina. A veces no se acomodaba, porque ya me había crecido un poco la panza, hasta que en un salto cabrío se lo enterré hasta la matriz y se derramó el esperma.


No es literatura culta, estamos hablando de pornografía con una historia costumbrista detrás.






Perversógrafo: Sexo vaginal, anal, oral, prostitución, tríos, exhibicionismo, voyeurismo, infidelidad, anticlericalismo velado.



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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Como agua para chocolate de Laura Esquivel

La comida puede influenciar en el estado de ánimo de una persona, cualquiera lo sabemos.

Ahora, éste libro va un poco más allá: el estado de ánimo de la cocinera puede influenciar el sabor de un platillo. El estado de ánimo de la cocinera puede influenciar a quien come un platillo, y puede ocasionarles enfermedad o ninfomanía. Cocinar y amar. Comer y fornicar. La cocina y la cama como los espacios a los que se restringía a la mujer. La cocina y la cama como los espacios en que una mujer se libera y rebela contra el mundo. Este es un libro interesante.

Laura Esquivel se dio a conocer en 1989 con el libro Como agua para chocolate (que en México se traduce tanto como "muy caliente" o "muy molesto") inmediatamente saltó a la fama, siendo traducida la novela a muchos idiomas, y posteriormente Alfonso Arau hace la película con un guión de la misma autora. Es una novela de realismo mágico, donde el deseo y el erotismo son el tema de fondo.
Escrito como un recetario de la tía abuela, cada capítulo nos muestra un platillo, pero como la buena cocina va unida a la buena plática, cada capítulo se desvía del tema y termina por contarnos una parte más de la vida de Tita de la Garza, una mujer que sufrió lo indecible por no tener a su lado al tibio hombre que fué el  amor de su vida.

Ambientada en el Norte de México (un lugar donde la mujer no es sumisa y se viven matriarcados) a principios del siglo XX, durante la revolución mexicana. Tita es la hija menor de la familia, por tradición familiar, le está destinado el futuro de hacerse cargo de su tiránica madre viuda, por lo que le está vetado el matrimonio, por lo tanto, según los estándares sociales, también le está vetado el amor.

Pedro pide la mano de Tita, pero se le niega y se le ofrece a cambio la mano de Rosaura, la hermana mayor (esta tradición sí existía, al contrario de la anterior) y Pedro acepta con la esperanza de permanecer junto a su amada. Rosaura representa a la mujer sexualmente reprimida, en su rol tradicional de sufrida y tiránica.

Tita, atrapada en la cocina familar en una función parecida a una criada, llora sobre la masa del pastel de bodas de su hermana, se supone que ese es un triste pastel, así que al final, todos terminan tristes, purgados y enfermos.

El tiempo pasa, Pedro le confiesa su amor a Tita y un día le regala unas rosas blancas. Ella las abraza con tanto gusto que las rosas se tiñen de rojo de la sangre enamorada de Tita. La madre, suspicaz, le ordena deshacerse del regalo, por lo que ella prepara un platillo especial para la cena de la familia: "Codornices con pétalos de rosa".

El plato resulta tan sensual para los comensales que algunos caen en un arrobo sexual, mientras la madre se enoja por la indecencia del plato. La hermana de Tita, Gertrudis, se excita tanto que corre a bañarse, el perfume de Gertudis invade todo el ambiente, cuando un soldado revolucionario la huele a la distancia,  corre a su encuentro con su caballo. El baño se incendia, y sale desnuda corriendo, para montarse en el capitán y salir huyendo. Pasa cuatro meses en un burdel antes de que su ardor sexual desaparezca.
Lo único que la animaba era la ilusión del refrescante baño que la esperaba, pero desgraciadamente no lo pudo disfrutar pues las gotas que caían de la regadera no alcanzaban a tocarle el cuerpo: se evaporaban antes de rozarla siquiera. El calor que despedía su cuerpo era tan intenso que las maderas empezaron a tronar y a arder. Ante el pánico de morir abrasada por las llamas salió corriendo del cuartucho, así como estaba, completamente desnuda. 
Para entonces el olor a rosas que su cuerpo despedía había llegado muy, muy lejos. Hasta las afueras del pueblo, en donde revolucionarios y federales libraban una cruel batalla. Entre ellos sobresalía por su valor el villista ese, el que había entrado una semana antes a Piedras Negras y se había cruzado con ella en la plaza. 
Una nube rosada llegó hasta él, lo envolvió y provocó que saliera a todo galope hacia el rancho de Mamá Elena. Juan, que así se llamaba el sujeto, abandonó el campo de batalla dejando atrás a un enemigo a medio morir, sin saber para qué. Una fuerza superior controlaba sus actos. Lo movía una poderosa necesidad de llegar lo más pronto posible al encuentro de algo desconocido en un lugar indefinido. No le fue difícil dar. Lo guiaba el olor del cuerpo de Gertrudis. Llegó justo a tiempo para descubrirla corriendo en medio del campo
Entonces supo para qué había llegado hasta allí. Esta mujer necesitaba imperiosamente que un hombre le apagara el fuego abrasador que nacía en sus entrañas. 
Un hombre igual de necesitado de amor que ella, un hombre como él. 
Gertrudis dejó de correr en cuanto lo vio venir hacia ella. Desnuda como estaba, con el pelo suelto cayéndole hasta la cintura e irradiando una luminosa energía, representaba lo que sería una síntesis entre una mujer angelical y una infernal. La delicadeza de su rostro y la perfección de su inmaculado y virginal cuerpo contrastaban con la pasión y la lujuria que le salía atropelladamente por los ojos y los poros. Estos elementos, aunados al deseo sexual que Juan por tanto tiempo había contenido por estar luchando en la sierra, hicieron que el encuentro entre ambos fuera espectacular. 
Él, sin dejar de galopar para no perder tiempo, se inclinó, la tomó de la cintura, la subió al caballo delante de él, pero acomodándola frente a frente y se la llevó. El caballo, aparentemente siguiendo también órdenes superiores, siguió galopando como si supiera perfectamente cuál era su destino final, a pesar de que Juan le había soltado las riendas para poder abrazar y besar apasionadamente a Gertrudis. El movimiento del caballo se confundía con el de sus cuerpos mientras realizaban su primera copulación a todo galope y con alto grado de dificultad.

Pedro y Rosaura tienen un hijo al que Tita cuida y cría con su propia leche, se supone que el niño era fruto del amor con Pedro. La madre comienza a sospechar de ellos y manda a Rosaura y a Pedro a vivir a Texas. Un mes después el niño muere de hambre.

Tita se vuelve loca de rabia, así que la mandan a vivir a casa del doctor John. Sólo recupera la cordura con un caldo que le cura el alma. En ésta epoca John se enamora de Tita, aunque nunca parece ser completamente correspondido. La pide en matrimonio y ella acepta.

La madre enferma, así que Tita vuelve a su casa para cuidarla. Toda comida preparada por Tita le sabía amarga, así que termina por morir, producto del envenenamiento con un vomitivo. Tita abre la castaña de su madre, y descubre que tuvo un amor secreto con un mulato, que su hermana Gertrudis es hija de ese adulterio y que su padre murió del corazón al saberse engañado. Tita llora de lástima al descubrir la historia del amor castrado.

Tita está por contraer matrimonio con John, cuando vuelve Pedro con Rosaura embarazada. Tita y Pedro comienzan a verse en el cuatro a oscuras. Un día nace Esperanza, la hija de Rosaura. Ella, por ser la hija menor, estaría destinada al mismo solitario futuro que Tita.

Tita se enoja tanto con su hermana, que la enferma inconscientemente al darle a comer sus guisos, porvocándole flatos y malos alientos. Tita rompe la relación con John al no saber si decidirse por Pedro o por él.

21 años después Esperanza se casa con el hijo de John. Tita, al fin a solas con Pedro, ahora viudo, prepara unos chiles en nogada con tanto amor, que todos terminan en un arrebato sexual, copulando por todo el rancho.

Pedro y Tita consuman su amor al fin, en el cuarto oscuro, como siempre. Pedro muere de la emoción y Tita queda tan sola y fría que se tapa con la colcha que había tejido durante tantos años, y que cubría todo el rancho. Come fósforos para calentarse hasta que su fuego interno no expresado enciende los fósforos y causa un incendio del que sólo sobrevive el recetario de cocina.

Esto es de lo mejor del erotismo mexicano y punto. Yo lo veo casi como un tributo a aquel cuento que abrió el erotismo a la literatura femenina en el México de los años 70: Lección de cocina, de Rosario Castellanos







Perversógrafo: sexo normalito, de buen gusto, infidelidad y deseo sexual al límite.



Como agua para chocolate
Esquivel, Laura
PLANETA
ISBN: 9706907483






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domingo, 19 de septiembre de 2010

Kama Nostra de Rius

Dentro del mundo del cómic mexicano, existe la gran tradición de los “moneros”, regularmente se trata de dibujantes con ideas políticas (pseudo-comunistas) que se expresan a través del humor. Dentro de los moneros, Rius (Eduardo del Río) es un destacado grillo.



No voy a platicarles de su agnosticismo, su pro-cubanismo, su vegetarianismo ni su feroz anticlericalismo. Resulta que Rius tiene un libro de temática sexual. Yo considero que Kama Nostra es sucio, indecente y colorado, el autor manda sus condolencias y nos llama mojigatos a quienes pensamos así, pero también creo que es un libro de humor y nada más. El autor se mete de lleno al tema del sexo y no mete todas sus otras ideas en él.















































Rius tiene un par de libros más de temática sexual, pero en éste momento no recuerdo los títulos. Este divertido librito es sobre el erotismo, y algunas locuras del autor. Si lo consiguen, no lo dejen pasar




Perversógrafo: Sexo normalito, una que otra rareza típica de moneros




Kama nostra
RIUS (Eduardo del Rio)
GRIJALBO MONDADORI, S.A.
ISBN: 9700513610



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jueves, 16 de septiembre de 2010

El cuento erótico en México, recopilación de Enrique Jaramillo Levi

Encontré éste libro en una librería de viejo en un sótano del centro de mi ciudad. Me pareció tan extraño el título y tan conocida la lista de autores, que hubiera sido imperdonable no comprarlo.

Se trata de un libro del año de 1975, plena revolución sexual en México, así que uno se esperaría algo más loco. Este libro puede resumir la literatura erótica en México, un erotismo velado, culto que frecuentemente se queda en el deseo, abajo de la piel, que se queda vivo por falta de puntería. Mucho juego y pocos goles.

En México el cuento es casi una tradición, y no me hagan desviarme a la política porque pierdo gacho la cordura. Tenemos una colección de 50 autores, algunos de ellos nóveles en aquel entonces y hoy orgullosos pavorreales de las pasarelas políticas (les dije, no me dejen hablar) otros viejos consagrados en aquel entonces y hoy héroes nacionales.

Indice:
José Revueltas - Noche de epifanía
Edmundo Valadés - La cortapisa
Juan José Arreola - Epitalamio
Juan Rulfo - Talpa
Guadalupe Dueñas - Pasos en la escalera
Emilio Carballido - Las flores blancas
Sergio Fernández - Historia de una tentación
Sergio Galindo - Retrato de Anabella
Amparo Dávila - Arboles pertificados
Jorge Ibargüengoitia - La mujer que no
Inés Arredondo - Estío
Carlos Fuentes - Vieja Moralidad
Salvador Elizondo - El ángel azul
Uluame González de León - Mon dieu, carnap, queso y ciruelas
Julieta Campos - Celina o los gatos
Juan García Ponce - El gato
Sergio Pitol - En familia
Elena Poniatowska - La felicidad
Oscar Zorrilla - Aquella virgen loca, Jamás prudente
Fernando del Paso - El estudiante y la reina
Alberto Dallal - El aprendiz
Delfina Careaga - El exilio
Gerardo de la Torre - El vengador
René Avilés Fabila - Casa del silencio
Andrés González Pagés - Una caverna húmeda y verde
Roberto Páramo - Stardust
Agustín Monsreal - Amanda
Esther Seligson - Tampoco diré que llovía
Juan Tovar - Mediodía
Ulises Carrión - La francesa
Antonio Delgado - La muerte de la Osa Mayor
Riccardo Diazmuñoz - De las agujas y de cómo los colores y el bordado
Héctor Gally - Fiesta I: Gonzalo
José Antonio Aguilar - Visita nocturna
Jorge Arturo Ojeda - Flavio
Alejando Aura - Los baños de Celeste
Juan Ortuño Mora - Aniversario
José Agustín - Lluvia
Héctor Manjarrez - Johnny
Manuel Farrill Guzmán - Mariposa
Orlando Ortiz - La duda
Mario Enrique Figueroa - Ocaso
Agustín Cortés Gaviño - Infinito
Israel castellanos - La mujer esa
Xorge del Campo - El espejo
Humberto Guzmán - Ella
Angeles Mastretta - Tu silencio en pedazos
Oscar Mata - Conclusión
Jesús Luis Benítez - Y uno pregunta siempre
Emiliano González - Memorias de un caracol





EPITALAMIO
La amada y el amado dejaron la habitación hecha un asco, toda llena de residuos amorosos. Adornos y pétalos marchitos, restos de vino y esencias derramadas. Sobre el lecho revuelto, encima de la profunda alteración de las almohadas, como una nube de moscas flotan palabras más densas y cargadas que el áloe y el incienso. El aire está lleno de te adoro y de paloma mía. Mientras aseo y pongo en orden la alcoba, la brisa matinal orea con su lengua ligera pesadas masas de caramelo. Sin darme cuenta he puesto el pie sobre la rosa en botón que ella llevaba entre sus pechos. Doncella melindrosa, me parece que la oigo cómo pide mimos y caricias, desfalleciente de amor. Pero ya vendrán otros días en que se quedará sola en el nido, mientras su amado va a buscar la novedad de otros aleros. Lo conozco. Me asaltó no hace mucho en el bosque, y sin hacer frases ni rodeos me arrojó al suelo y me hizo suya. Como un leñador divertido que pasa cantando una canción obscena y siega de un tajo el tallo de la joven palmera.


No voy a mentir, no he terminado de leer el libro, pero es variado y de buen gusto. Jorge Ibargüengoitia es de lo más cómico y Juan Rulfo extraño, oscuro y algo siniestro. El libro es buenísimo.

Si lo encuentran sería un milagro, pero la mayor parte de los cuentos están publicados aquí y allá en el infernet, así que a hacer la tarea. También, gran parte de los cuentos, sobre todo los más antiguos, están en otras antologías y recopilaciones.

Nota: No voy a poner pilingas ni cochinitos, porque no sería correcto,  pero el libro es bueno, poco excitante en lo general, y con poca cochinada. Literatura pura.




El cuento erótico en México
Enrique Jaramillo Levi
1975Editorial Diana, México. (Antología)

martes, 14 de septiembre de 2010

El canto de las mujeres de Chalco de Aquiahuatzin de Ayapanco

Vamos hasta el principio de la nación:

Es 1464 DC, estamos a medio siglo del encuentro entre los dos mundos, España está en formación y el imperio azteca está en su apogeo. Moctezuma extiende el imperio Azteca por todos lados, Chalco Amecameca es conquistado por éste brutal pueblo.

El imperio Azteca no es fácil para empezar un artículo sobre erotismo, se trata de una brutal cultura con un obsceno gusto por la sangre. Las fotografías que acompañan éste artículo no son Aztecas, son Mayas y Colimas, porque no los quiero asquear con el arte Azteca.

Bueno, Moctezuma muere y lo sucede Axayácatl, la situación de los chalcas es mejor, pero siguen siendo un pueblo sometido.  Aquiauhatzin tiene una genial idea: ganarse la benevolencia y simpatías del gobernante mediante un regalo: el poema "Canto de primores, burlas y cosquilleos". Se trata de un poema erótico al estilo de Lisístrata: la idea central es que la guerra la hagan las mujeres chalcas y no sus hombres, y que el campo de batalla sea más suave, cálido y mullido, que al final las mujeres ganarán (Y el emperador también)


El canto gusta, y permanece gracias a los cronistas, principalmente Chimalpahin, cronista nahua.



EL CANTO DE LAS MUJERES GUERRERAS
Levantáos, levantáos, hermanitas mías,
vayamos, vayamos, buscaremos flores,
vayamos, vayamos, cortaremos flores.
Aquí se extienden, aquí se extienden
las flores del agua y del fuego, flores del escudo,
las que antojan a los hombres,
las que son placenteras:
flores de guerra.

Son flores hermosas,
¡con las flores que están sobre mi,
yo me adormo,
son mis flores, soy una de Chalco,
soy mujer!
Deseo y deseo las flores,
deseo y deseo los cantos,
estoy con anhelo, aquí donde hilamos,
en el sitio donde se va nuestra vida.

Yo entono su canto,
al señor, pequeño Axayácatl,
lo entretejo con flores,
con ellas lo circundo.
Como una pintura es su hermoso canto,
como flores olorosas que dan alegría,
mi corazón las estima en la tierra.

¿Qué significa todo esto?
Así estimo tu palabra,
compañero de lecho,tú pequeño Axayácatl.
Con flores lo entretejo,
con flores lo circundo,
lo que nos une levanto,
lo hago despertarse.
Así daré placer
a mi compañero en el lecho,
a ti pequeño Axayácatl.

Acompañante, acompañante pequeño,
tú señor Azayácatl.
Si en verdad eres hombre,
aquí tienes donde afanarte.
¿Acaso ya no seguirás, seguirás con fuerza?

Hazlo en mi vasito caliente,
consigue luego que mucho de veras se encienda.
Ven a unirte, ven a unirte:
es mi alegría,
Dame ya al pequeñín, déjalo ya colocarse.

Habremos de reir, nos alegraremos,
habrá deleite,
yo tendré gloria,
pero no,no, todavía no desflores,
compañerito, tú, señor, pequeño Axayácatl.

Yo, yo soy atrapada,
mi manita da vueltas,
ven ya, ven ya.
Quieres tocar mis pechos,
casi mi corazón.

Quiza tú mismo estropearás
lo que es mi riqueza.
la acabarás;
yo, con flores de ave de fuego,
para ti haré resonar mi vientre,
Aquí está: a ti hago ofrenda.

La preciosa flor de maíz tostado,
la del ave del cuello de hule,
la flor del cuervo, tu manto de flores,
están ya extendidos.
Sobre la estera preciosa tú yaces,
en casa que es cueva de plumas preciosas,
en la mansión de las pinturas.

Así en su casa me afijo,
tú, madre mía, quizás ya no puedo hilar.
Tal vez no puedo tejer, sólo en vano soy una niña.
Soy muchachita
de mi se dice que tengo varón.

Hay sufrimiento,
lugar de tristeza en la tierra.
Así tristemente cavilo,
deseo la maldad,
la deseperación ha venido a ser mía.
Me digo, ven niña,
aun cuando del todo he de morir.

Madre mía, yo sufro,
aquí tengo yo a mi hombre,
no puede ya hacer bailar el huso,
no puedo meter el palo del telar:
niñito mío,
de mi te burlas.
¿Qué me queda?
¡Lo haré!

¿Como se embaraza el escudo
en el interior de la llanura?
Yo me ofreceré, me ofreceré,
niñito mío, de mi te burlas.

Compañerito, niñito mío,
tú señor, pequeño Axayácatl,
vamos a estar juntos,
a mi lado acomódate,
haz hablar tu ser de hombre.
¿Acaso no conozco,
no tengo experiencia 
de tus enemigos, niñito mío?

Pero ahora abandónate a mi lado.
Aunque seamos mujeres,
tal vez nada logres como hombre.
Flores y canto
de la compañera de placer,
niñito mío.

Hombre y niño, mi señor, tú, gran señor,
tú pequeño Axayácatl;
todavía no empiezas
ya estás disgustado, compañero paqueño.
Ya me voy a mi casa,
niñito mío.
Tal vez tú aquí me has embrujado,
has pronunciado hermosas palabras.
Aquí hay ahora embriaguez,
tú embriagate ya.
¿Acaso hay alegría en nuestra casa?

¿Acaso tú me has comprado,
tú para ti me adquiriste, niñito mío?
¿Tal vez cambiarás mi placer, mi embriaguez?
Acaso desprecias, te has disgustado,
pequeño compañero, ya me voy a mi casa,
niñito mio.

Tú, amiga mía, tú mujer ofrendadora,
mira como permanece el canto,
en Cohuatepec, en Cuauhtenanpan,
sobre nosotros de extiende, luego pasa.
Tal vez mi ser de mujer hace locuras,
mi pequeño corazón se aflige.
¿Cómo habré de hacerlo,
a aquel que tengo por hombre,
aunque sean mías falda y camisa?
¡Los que son nuestros hombres,
son nuestra hechura!

Revuélveme como masa de maíz,
tú, señor pequeño Axayácatl,
yo a ti por completo me ofrezco,
soy yo, niñito mío, soy yo niñito mío.
Alegrate, que nuestro gusano se yerga.
¿Acaso no eres un águila, un ocelote,
tú no te nombras así, niñito mío?
¿Tal vez con tus enemigos de guerra no
harás travesuras?
Ya así, niñito mío, entregate al placer.

Nada es mi falda, nada mi camisa,
yo, mujercita, estoy aquí,
viene él a entregar su armonioso canto,
viene aquí a entregar la flor del escudo.
¿Acaso de algún modo somos dos,
yo mujer de Chalco, yo Ayocuan?
Quiero que haya mujeres como yo,
de allá de Acolhuacan,
quiero que haya mujeres como yo,
que sean tecpanecas.
¿Acaso de algún modo somos dos,
yo mujer de Chalco, yo Ayocuan?

Están avergonzados: yo me hago concubina.
Niñito mío,
¿Acaso no me lo haras
como se lo hiciste a la pobre Cuauhtlatohua
Poco a poco desatad la falda,
abrid las piernas, vosotros tlatelolcas,
los que lanzáis flechas,
mirad aquí a Chalco.
Que yo me atavíe con plumas,
madrecita mía,
que me pinte yo la cara,
¿como habrá de verme
mi compañero de placer?

Ante su rostro saldremos,
quizás habrá de irritarse
allá en huexotzinco Xayacamachan,
en tetzmolocan.
Yo mujer me unté las manos con ungüentos,
me acerco con mi falda de fruto espinoso.
Los veré a todos perecer.

Deseo en Xaltepetlapan a los huexotxincas,
al cautivo de Cuetlaxtan,
a los traviesos cuetlaxtecas,
los veré a todos perecer.
¿De qué modo se sabe?
Me llama el niño, el señor, el pequeño Axayácatl
quiere conmigo lograr su placer.
Por mi causa
a dos tendrás que cuidar
niñito mío.

Tal vez así lo quiere tu corazón,
así, poco a poco,
cansémonos.
Tal vez no de corazón, niñito mío,
entras a la que es placer,
a tu casa.
Tal vez así lo quiere tu corazón,
así, poco a poco, cansémonos.

¿De qué modo me lo haces, compañero de placer?
Hagámoslo así juntos,
¿acaso no eres hombre?
¿qué es lo que te confunde?
Mi corazón con flores circundas,
son tu palabra.
Te digo el lugar donde yo tejo,
el lugar donde hilo,
te hago recordar, compañero pequeño.
¿Qué es lo que te turba, corazón mío?

Soy vieja mujer de placer,
soy vuestra madre,
soy anciana abandonada,
soy vieja sin jugo,
es esto lo que yo hago, yo mujer de Chalco.
He venido a dar placer
a mi vulva florida,
mi boca pequeña.
Deseo al señor,
al pequeño Axayácatl.
Mira mi pintura florida,
mira mi pintura florida:
mis pechos.
¿Acaso caerá en vano
tu corazón,
pequeño Axayácatl?
He aquí tus manitas,
ya con tus manos tómame a mí.
Tengamos placer.
En tu estera de flores
en donde tu existes, compañero pequeño,
poco a poco entrégate al sueño,
queda tranquilo, niñito mío,
tú, señor Axayácatl.

Traductor y recopilador Miguel León-Portilla


Perversógrafo: seducción, deseo y sexo normalito. Alusión a la oralidad, pero probablemente sea un recurso literario.


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