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viernes, 28 de junio de 2013

Kung Fu(ck)

Cuando yo era pequeño (y de allí sacarán fácilmente mi edad) solíamos ir a la matinée con mi padre; frecuentemente veíamos películas de karate y kung fu; género recuperado en años recientes con películas como "el tigre y el dragón". Era una delicia corretear por aquellas enormes salas de cine fingiendo ser karatekas durante el tiempo que duraba el intermedio en que mi padre nos dejaba para comprarnos unas palomitas y saciar su placer secreto del domingo: un chocolate con arroz tostado que le hubiera causado un regaño de mi madre, quien los domingos se quedaba en casa a descansar de nosotros.

Esta semana estaba invirtiendo uno de mis escasos ratos libres en leer una basura pornográfica tardeochentera, cuando tropecé con una magnífica escena de comicidad involuntaria........se las comparto:

Un cuerpo desnudo de mujer se precipitó a la charca. Su figura se reflejaba en el agua ofreciendo un color blanquecino, coronado de un rubio como el oro y Goemon no dio crédito a sus ojos. Como si respondiera a su llamada, la fláccida verga se le endureció de repente mientras el resto de su cuerpo seguía helado. La joven se inclinó sobre el agua, salpicándosela por el cuerpo mientras sus generosos pechos caían hacia adelante, balanceándose, acariciando con los rosados pezones la superficie de agua. Irguió la espalda y percibió la figura inmóvil de Goemon, al que reconoció al instante, lo que provocó que su mirada languideciera. Vio aquella verga erecta y se ruborizó de tal manera que sintió un calor en la cara que le fue descendiendo hasta los senos. Los pezones, encogidos por lo fresca que estaba el agua, adoptaron un color rosáceo oscuro y comenzaron a hincharse. Vio entonces la espada desenfundada, que él llevaba todavía en la mano y, lanzando un grito, se escapó corriendo.

Su actitud hizo que Goemon diera un salto.
—No te vayas —le gritó con desespero.
Debido a su estado de confusión, le gritó en japonés, persiguiéndola por un bosque de bambú en el que ella se había internado huyendo de él.
Okiku se había despertado perezosa cuando Rosamund la dejó para ir a bañarse. Contemplaba abstraídamente el cielo sin pensar en el futuro. Finalmente, se desnudó y se dispuso a unirse a Rosamund en el baño. La imagen de aquel hermoso cuerpo extranjero hizo que se le encendiera el vientre y se le humedeciera la entrepierna. Se retorció los dedos, ante la idea de lo que iban a hacer durante y después del baño, contemplando diferentes posibilidades.
De repente oyó el grito de un hombre y el pavoroso chillido de Rosamund. En un abrir y cerrar de ojos, desenvainó la espada que tenía en un lugar oculto y corrió apresuradamente en la dirección de donde procedían los gritos.
El hombre que perseguía a Rosamund estaba completamente desnudo y sus intenciones eran obvias, dada su desnudez. Sin pararse a considerar los ruegos del hombre que decía: «No por favor, espera...», Okiku cargó sobre él, tratando de propinarle un golpe certero y homicida que le rebanara la cabeza.
Goemon tuvo suerte de que, a pesar de estar concentrado en otras cosas, sus reflejos fueran buenos y gozara además de una excelente condición física. Rechazó el golpe de Okiku con su propia espada y, de repente, ella se le echó encima. Cayeron al suelo, cada uno sosteniendo la mano en la que el otro tenía la espada, Okiku tenía mucho nervio y había aprendido en una escuela de lucha que no era peor que la de Goemon. La lucha era equitativa. Okiku le agarró con una pierna alrededor de las caderas y rodaron por el suelo, buscando cada uno un momento de debilidad de su contrincante. Estaban apretados el uno contra el otro y la erección de Goemon no cedía sino que, por el contrario, comprobó sorprendido que aumentaba. De forma instintiva la embistió, y Okiku, cuyo sexo se había lubricado cuando pensaba en Rosamund, no opuso resistencia, succionando aquel pedazo de carne de Goemon que entraba en su gruta.
Mientras las partes superiores de ambos cuerpos luchaban enconadamente, las partes inferiores se enzarzaron en una batalla no menos virulenta. Goemon empujaba lujuriosamente con la esperanza de hacer llegar al clímax a su oponente antes de que él lo hiciera. Okiku oprimía su gruta cada vez que él se salía de su interior. Ambos sabían que el primero en correrse sería el perdedor y probaría la espada del oponente; ya fuera durante los estertores del orgasmo o en el posterior estado de extenuación en el que se sumergirían.
Ambos respiraban agitadamente, sin rendirse al otro, luchando con sus cuerpos. Estaban cara a cara, ceñidos entre dos gruesos troncos de bambú, sin olvidarse de sus mortíferas armas, aunque la batalla en la que estaban enzarzados no les daba margen de maniobra.
Oyeron confusamente los distantes sollozos de Rosamund al tiempo que aceleraban el movimiento de caderas, acaso estimulados por ese sonido que tanto significaba para ellos. Los embistes se hicieron más cortos y violentos y por entre los dientes emitían un silbido. Elevaron el pecho y de nuevo lo dejaron caer, y el sudoroso contacto de sus cuerpos desencadenó en ambos un clímax simultáneo.
Goemon, que sentía en la verga el inicio de los espasmos, sabía, como el hombre que se aclara la garganta antes de hablar, que iba a morir. Movió violentamente las caderas hacia fuera, sin ya importarle. Sucumbió a la intensidad de aquella sensación al tiempo que por el interior de la verga fluían corrientes intermitentes de caliente esperma.
Okiku no pudo soportar por más tiempo aquella presión y aunque sabía que podía correrse de nuevo una y otra vez, no ignoraba que el hombre que estaba en su interior era un luchador experimentado y que aprovecharía cualquier momento de debilidad como el que ahora..., comenzó a sentir. La humedad de su coño se desató, al correrse frenéticamente mientras gemía de placer y de pena por Rosamund y por su propia vida.
Extracto de Los placeres del samurai, de un tal Akahige Namban


No suelo incluir en los literotismos imágenes demasiado vulgares, pero creo que en esta ocasión está más que justificado. Miren esta maravilla del cine moderno:



Kung Fu Sex from Costas Pent Xelidonopsaro on Vimeo.








miércoles, 20 de marzo de 2013

El condón asesino de Ralf König

¡Uy que feo!
......de la película inspirada en el cómic.

He de confesar que nunca he usado un condón. Lejos de mí la temeraria idea de estar en contra de su uso, pero simplemente………bueno……..no los he usado y ya.

Este comic me da una buena (es decir, falsa) excusa si ustedes tratan de indagar el porqué de mi peculiar  conducta: nunca sabes cuándo un cachivache de esos se va a comer tu “parte de varón”. En un momento estás poniéndote el “hulito” y dispuesto a saciar tus urentes instintos de pasional libídine (te preparas a coger) y el siguiente estás persiguiendo un extraño ente condoniforme que bufa como gato y huye despavorido con tu pene en su interior.

Aquí tenemos un comic muy divertido de Ralf König. König es un dibujante de comics de temática gay. Sus personajes suelen ser despreocupados gays que viven la vida loca; casi siempre encontramos un tipo grande, peludo, y de aspecto de hombre mediterráneo. Köning suele dibujarnos muy mal a hombres heterosexuales, travestis y mujeres de la elección sexual que sean; sin embargo en este comic en particular no se ensaña con nadie….o mejor dicho, nadie sale bien librado.

En el “hotel revolcón”, hotel de “pago por evento”, en un cuarto en particular ocurren cosas extrañas: las mujeres atacan a los hombres y les arrancan el pene de un mordisco, mientras gritan como locas.
Cuando el inspector de la policía va a investigar, y de pasada a fornicar con un desconocido que conoce en la calle (bueno, no lo conoce, nomás se encueran sin hablar) descubren con horror que el condón de la mesita se mueve y sale huyendo.

En la persecución, el inspector pierde un huevo de una dentellada……..pero el condón no olvidará su enorme pene de mandril.

Resulta que el inspector busca el amor (aunque no es nada romántico) y comienza una relación con el extraño del cuatro de hotel que le lleva flores al hospital……me da mucha risa que para König, hablar de sexo gay es natural y llano…….violento y de urgencia; pero el amor es algo que hace ruborizarse al gran inspector y su amante.

Allí comienzan una serie de aventuras aderezadas con sexo extraño y amor gay.

No soy aficionado al erotismo gay, pero la picardía cómica me gusta mucho, y el absurdo me hace gracia. Creo que este libro es bueno.

Y ya, léanlo, es gracioso. Y no metan la pilinga donde sea.



Perversógrafo: Sexo oral, homosexual, bisexualidad, travestismo, voyeurismo, lluvia dorada, bondage, estupro, prostitución, violación.........qué se yo, cosas muy raras.



El condón asesino
Ranf König
Ediciones la cúpula
Víbora Comix
Barcelona, 1991
ISBN: 84 7833 055







lunes, 3 de diciembre de 2012

El mono y el consolador


¿Quién dice que la literatura erótica no puede ser educativa?

Existen fábulas que pueden ser de gran valor, profunda filosofía y fuente de reflexión (in)moral:

EL MONO Y EL CONSOLADOR
Un cachorro de mono que había visto cómo su dueña llenaba el consolador con crema, esperó hasta que ella hubo acabado de usarlo, pues había recibido una llamada de fuera.
—Bien —dijo el mono—, ahora me despacharé la crema.
Y empezó a chupar el consolador. 
Pero la dama había contraído sífilis y el mono terminó muriendo entre convulsiones.
La moraleja de esta fábula es que habiendo pollas tan hermosas para qué gastar el tiempo chupando consoladores tan apestosos.

De la Revista la Perla VI, anónimo de diciembre 1879.

martes, 4 de septiembre de 2012

En los salones del placer de Jacques Cellard

Este es uno de mis libros favoritos. Se trata de la segunda parte de las Confesiones de una Desvergonzada, una típica historia de una jovencita caliente que se mete al mundo de la prostitución y que hace una divertida reseña desde dentro de ese mundo.

Aunque la historia aparenta ser victoriana, y apenas tiene algún ligero error en la escritura, cuadra más en  la pornografía de los locos años 70. Es una historia que recupera el estilo y los temas clásicos de las novelas de prostitución antiguas, pero escota por alguien muy erudito en el tema, que además de ser un profesional de la pluma tiene un sentido del humor finísimo.

En este libro no hay sufrimientos; ellas llevan una vida difícil, pero se divierten. Parece que el autor no pretende moralizar sino entretener en un estilo jocoso y positivo. No hay pedofilia, ni violencia, ni prostitutas fracasadas que sufren, es un libro cómico con un erotismo de buen gusto y con unos eufemismos que son de risa loca:


  • Los pintores: la menstruación
  • La entrada de los artistas: El ano
  • Potajero: El que le gusta el sexo oral con una mujer que ya ha tenido sexo vaginal
  • As de picas: el ano
  • Lluvia, viento y granizo: Orinar, peer y defecar
  • El Cascanueces: Una contracción vaginal
  • La corbata del notario: sexo entre las tetas
  • La enfermería: Un cuarto donde se fustiga a los clientes que no pueden tener erecciones sin una zurra
  • Jugar a dos palos: Trío de dos hombres y una mujer.




Resulta que nuestra querida niña de la novela anterior, después de ser camarera en un bar de mala muerte, vendiendo encuentros furtivos y mal pagados;  decide dedicarse al tacón de una manera profesional, así que se convierte en "Lulú la complaciente" y se inscribe en el burdel "Las Odaliscas". Con sus grandes dotes de felatriz, falotriz y sus cualidades para gozar por "la entrada de los artistas", pronto tiene éxito.

El relato no tiene desperdicio; a pesar de estar fuertemente basado en escenas de novelas eróticas de todos los tiempos, de describir a detalle el mundo de las prostitutas de mediano pelo, también relata  muchos relatos divertidos de hombres extravagantes y mujeres singulares: Malou la Peluda, La Judía, Irma la Enamoradiza, Mélie la Tres Bocas....y sus clientes:


El que sólo quiere verla desnuda porque su mujercita no se deja ver.
El que le gusta ver culos de mujer, aunque le repugnen por  delante
El que tiene un agujero en el bolsillo para sorprender a las chicas, pero que es incapaz de hacer nada.
La que es prostituta por ninfómana, anteriormente era casada infiel.
El que está obsesionado con los caballos.
El de la mujer católica que descubrió un álbum con posiciones “extrañas”.
El que le pega, el que le gusta que le peguen
El tahúr encantador que habla en idioma de póker.
Los estudiantes que la embriagan.
El gimnasta-contorsionista.


Todo un cuadro cómico de personajes que desfilan entre sus piernas, escenas sacadas de Cora Pearl y de otros libros, pero con un toque de humor y buen gusto. Llegado el momento, ella comparte su miedo al embarazo, sus pensamientos y su filosofía:


"Lo que ocurre es que piensa en mi placer, me habla, me sonríe. Con él, al igual que con el señor Raoul o el señor Gimnasta, dejo de ser un animal de labor que se pasa días enteros dando vueltas al mismo ritmo. Con él soy una mujer"

Un día, mientras la jodían en el baño:
"Se acerca a mí, me levanta la bata, palpa. Yo paso la mano entre mis piernas, se la coloco en el sitio adecuado, ¡y adelante! No resulta más desagradable aquí que en otra parte; ni tampoco menos placentero, pues el sacristán en cuestión me jode como los mismísimos ángeles. ¿Que tengo la nariz metida en el asunto? ¿Y qué? No huelo a nada. El dinero no tiene olor."

"Si he decirlo todo, esperaba la llegada de la sanguina de un momento a otro (soy más puntual que un reloj), y el señor Vajilla era mi último hombre del día. Guarrada por guarrada, prefería sentirlo chapotear en los restos de mi digestión que en la sangre de los pintores"

"No somos niños de Jesús ni de María, eso no, pero, de todas formas, vivir del culo no es impedimento para tener buen corazón, ¿no? Ni vivir de rentas tampoco."


Y nos comparte sus cochinadas:


—¡A lo perrita, Lulu, a lo perrita! ¡De cara a mí! Julien, hyo mío, a ti corresponde el honor. ¡Ya verás qué caliente lo tíene esta pequeña! Y usted, querida amiga, empezará a mamarme cuando él haya entrado.
Dado que la tiene muy tiesa, más bien larga que gruesa, y que yo vuelvo a estar mojada, Julien entra arrancándome sólo gemidos de satisfacción.
—¿Ya está, Lulu? —pregunta el señor—. ¿Te gusta su minga?
YO (sincera). —¡Oooh, oooh, aaah! ¿Sí, me encanta! Ahora dame la tuya para que la mame.
¡El muy lascivo lo ha calculado todo al milímetro! A cuatro patas, estoy justo a la altura precisa para que la introduzca entre mis labios y yo la devore, mientras Julien realiza su faena al otro lado.
—¡Esta criatura chupa como una diosa! —le confía el señor por encima de mi hombro—. ¡Una maravilla de lengua, querido, una maravilla de lengua!
—Pero, señor —se permite decir Julien—, ¿la señorita Lucienne se comportará tan correctamente en el momento de la crisis del señor?
Porque el señor le ha pedido claramente a la señora Armand una chica que no le haga ascos a tragarse los hijos del señor que el señor no quiere...
—Cuando llegue el momento, tragará, respondo de ello —replica el señor—. ¿No es cierto, Lucienne? —me pregunta, apartándome la cabeza.
Yo me contento con murmurar:
—Sí, por supuesto, querido, con sumo placer.
Porque no faltaría más que eso, que no me tragara el humo de un hombre tan generoso, cosa que por otra parte no resulta desagradable cuando no hay en exceso. Lo principal es aprender a percibir como asciende la savia, para respirar a fondo antes de que empiece a manar y no asfixiarse.
Aspiro, pues, sin perder tiempo, y sin preocuparme de vigilar el momento en que el otro tendrá «su crisis», como él dice. De hecho, le viene un instante después, ya que tiene los cojones llenos, y yo parto al mismo tiempo que él.
—¡Aaah, hijos míos! —gruñe el señor—. Veo que habéis gozado. Julien..., ese conejo... ¿Cuál es tu opinión?
—¡Delicioso, señor, delicioso! —suspira el interesado—, ¡Terciopelo puro! ¡Y qué calidez! ¡Ah, el señor ha tenido un ojo clínico al invitar a la señorita Lucienne!
—Ya lo creo..., amigo mío... —replica jadeando el rajá—. La he probado... antes que tú... Y su boca... vale tanto... como su coño... ¡Aaah, aaah, me está mamando..., la zorra...!
¿Que estoy mamándolo? Para eso me paga, y no poco bien, me digo mientras ellos intercambian tales cumplidos. Ello, sin embargo, no impide que comience a fatigarme. Permanecer apoyada en rodillas y manos no es en absoluto una postura de reposo. Y si, además, hay que estar atenta para no dejar escapar ni la minga que te atraviesa la cotorrita, ni la que te atraviesa el gaznate, ¡la cosa resulta dura!
No digo «desagradable», no. Entre las golosinas, el vino dulce y el calor, cualquier mujer de constitución normal encontraría placentero dejarse acariciar por dos hombres como los míos: bien provistos, divertidos y nada brutales. Sin embargo, yo ya tenía la entrepierna irritada cuando Julien se añadió al señor para trabajarme la alcancía, y, a decir verdad, ahora preferiría repantigarme en esta estupenda cama sin pensar en nada.
Por tal motivo, una vez medio libre del sirviente, que, aliviado de lo más urgente, va y viene indolentemente entre mis nalgas, precipito la maniobra que atañe al amo. Para decidirlo a descargar, confío mi equilibrio a la mano derecha y, con la izquierda, le acaricio los zurrones. No es ninguna novedad, pero los efectos son espléndidos.
—¡Aaah, oooh, los cojones, los cojones...! —gime—. ¡Sí, rasca, preciosa, rasca! Yo..., yo... ¡Ah, Lulu!
¡Lulu ha ganado! Lulu no le ha hecho ascos a tragarse los hijos del señor que el señor no quiere, como dice tan elegantemente Julien. ¡Lulu se lo ha engullido todo! ¿Aún tiene la boca llena? ¡Glups! ¡Adentro! Llevo mi conciencia profesional y el deseo de hacer las cosas bien hasta el extremo de apretársela con los dedos para extraer las últimas gotas. Todo esto se une, sin ningún problema, con los patés trufados, las tetas de monja y el vino dorado. Y yo, por fin, me dejo caer en la cama como un fardo.
Mis héroes se han ablandado. Les sucede a todos, una vez que han derramado el veneno... Son como bebés enormes... Julien, no sé cómo, ha logrado permanecer en la cama. Su señor se reúne con nosotros, y me duermo entre ambos, con la nariz contra el bigote de uno y las nalgas contra el vientre del otro.



Ya hacia el final, ella se da cuenta que aunque ha ganado una fortuna,  no tiene tiempo para disfrutar por haberla pasado cogiendo seis días a la semana doce horas diarias.

Pronto se deja mimar por un hombre mayor que le recuerda a su padre (al de ella, no al de ustedes) Encuentra a sus mentores en la cochinada, los Bresles, quienes la ignoran de mala manera.

Ella descubre que ya no es la jovencita cachonda, sólo es la prostituta que vende el cuerpo. Pronto hereda una pequeña fortuna del viejo, con lo que logra su sueño de independizarse y de pasarse nuevamente a medio París por “el arco del triunfo”

¡Viva Francia!

Un buen libro.....necesitan leerlo para saber de qué hablo.




Perversógrafo: Sexo oral, anal, vaginal, entre las tetas, tríos, orgías, lesbianismo, homosexualidad,  voyerismo, trasvestismo, 69, rapidín, impotencia, froterismo, ninfomanía, beso negro, churro con chocolate,  lluvia dorada, masturbación, fetichismo,  coprolalia, afrodisiacos, gordas,  azotainas, nalgadas, posiciones, seducción, dos en la boca, dos en el culo.


En los salones del Placer
Jacques Cellard
RobinBook
1991
ISBN 9788479270278
272 págs.

lunes, 25 de junio de 2012

Foie Gras y salchichón de diputado

A mí los diputados me caen muy mal; sobre todo los de mi país, que tienen la costumbre de meternos el salchichón por el fundillo. Antes de que inicie la veda electoral les dejo este fragmento. Me hubiera gustado mucho romper la veda electoral y hacerme acreedor a una sanción del IFE, pero en fin......



La verdad es que el foiegras queda mucho mejor presentado así, que en un insulso plato servido por un insulso camarero. Resulta más cremoso, más sabroso. Con la cabeza entre sus muslos y los ojos cerrados para degustar mejor, lamo, mamo, y... siento que dos manos me separan las nalgas, mientras una tercera me embadurna la entrada de los artistas con el exquisito producto. Un dedo, dos dedos, tres dedos, y tanto en el pasillo como en la puerta. ¡Debe de haberse gastado por lo menos diez francos! Aunque diez francos, para un diputado...
A él le divierte mucho su broma. Yo, por mi parte, no estoy enfadada. Es del dominio público que nadie se muere por dejar que le den por el saco, ni siquiera con un ariete, siempre y cuando el dolor no estropee el placer. Y la mantequilla no resulta tan elegante como el foie gras.
—Estoy preparada, tesoro —digo, tumbándome boca abajo—. ¡Tu turno, diputado!
—¿Y yo? —pregunta inquieta Emma—. ¿Qué hago yo en vuestro negocio?
—Masturbarás a Lulu, palomita —responde el señor—. Y me acariciarás los perendengues, por supuesto.
—Vosotros a gozar y yo a trabajar —dice suspirando—. Pues me habías prometido...
—Sí, sí, que te daría por detrás —replica el señor con impaciencia—. Y no se acabará la noche sin que lo haga, encanto. Mientras tanto, o nos ayudas o nos dejas en paz.
Ella no insiste y se arrodilla a mi lado para separarme las nalgas más cómodamente. El señor presenta el arma, yo muerdo la almohada porque, incluso con foie gras... Y heme aquí debidamente enculada en unas pocas embestidas. La zorra de Emma, a quien el espectáculo está poniendo caliente, desliza una mano entre mi vientre y la cama. Yo me levanto un poco para dejarle sitio, mientras el rajá me martillea tranquilamente.
—Mastúrbala bien —le ordena a Emma—. ¿Y mis alforjas? ¿Te has olvidado de ellas? ¡Demonios, tienes dos manos! ¿Lulu?
YO. —¿Sí, cariño?
ÉL. —Tu..., tu culito... es delicioso. ¡Ah! Vas a gozar... por delante..., ¿eh, pillastra?
¿Cómo saberlo? Entre una mano que te causa estragos en la pepitilla, y una minga que te invade el pasillo, ¿cómo establecer la diferencia?
Por otra parte, inundo la mano de Emma, gritando como una tonta:«¡Me viene! ¡Me viene!», al mismo tiempo que él me lanza una tromba como para repoblar toda Francia si los niños se hicieran por ahí, y experimento un segundo orgasmo al sentir que se corre. ¡Y tres, y cuatro! Esta vez estoy realmente exhausta, y quedo sumida en un profundo sueño.

Fragmento de "En los salones del placer" de Jacques Cellard

sábado, 14 de abril de 2012

El pavo navideño


Llamaba a la puerta y, mientras esperaba a Nadine, su dominadora, se sentaba en el suelo, juntaba las rodillas contra el pecho y pegaba los codos a las mejillas...
El ama Nadine abría la puerta y exclamaba: -¡Vaya! Me han traído el "pavo" de Navidad. Agarraba a su cliente por los pelos, por la parte de la nuca, y lo arrastraba a la cocina, donde le introducía una ristra de bolas en el ano y otra en la boca del "pavo". Colocaba unas ramitas de tomillo bajo los sobacos, y dientes de ajo en las orejas y en la nariz. Después lo ataba.
Se había construido él mismo un horno, adecuado a su tamaño, con un plato de ducha de plástico y tres paneles de plexiglás. Mediante unos mandos se regulaba la temperatura e iluminación interior. Una vez el "pavo" se hallaba dentro, su ama tenía que pasar una y otra vez por delante del horno, ataviada con botas de charol, tacones de aguja y body de cuero, pero sin perder nunca el aire marujón de un ama de casa que prepara la cena.
El podía oír los ruidos: el del cuchillo, la batidora, las idas y venidas, el agua del grifo, etc. Ella abría el horno de vez en cuando, pinchaba con la punta del cuchillo para vigilar el punto de cocción, recogía la salsa del fondo de la cubeta con un cucharón enorme y rociaba el "pavo" asado para que estuviera más
jugoso.
Cuando parecía ya en su punto, el ama ponía la mesa, sacaba el asado del horno, y lo preparaba junto con ensalada, arroz y otros acompañamientos. Invitaba a sus amigas, y todo se desarrollaba con  la mayor seriedad...
-¡Nadine! -exclamaba una amiga-, ¡a tu asado le faltan unos cinco minutos de cocción!
-¡Vuelve a meterlo en el horno! -añadía otra. Mientras acababa de asarse, ellas intercambiaban recetas de cocina. Por fin Nadine, armada con un enorme cuchillo y un tenedor, simulaba el trinchamiento. En ese instante, el ave eyaculaba...

Fragmento de "El ama, memorias de una dominadora" de Annick Foucault

martes, 4 de octubre de 2011

Cachondeos, escarceos y otros meneos de Camilo José Cela

Deveritas deveritas, así se llama el libro, y aunque sea uno de los menos conocidos del Nobel Gallego, tiene su nosequé que te mantiene entre la estupefacción y la risa abierta.

Ya los títulos de los cuentos nos dicen lo que se puede esperar de tan singular autor: "Los palpamientos irreversibles", "El coleccionista de polvos casuales",  "Epístola amorosa de una señorita tortillera", "Sobre la retribución del polvo conyugal",  "La diaconisa Petra se cepilla al judío Cebollada", "Arterioesclerosis del cipote", entre otros.


Si Cela no hubiera sido tan intencionalmente provocador, creo que sería un personaje para recordar y reír. En estos cuentecillos, hace gala de su conocimiento del idioma y lo dobla, y lo retuerce y lo forza hasta casi hacerlo ininteligible....y entonces viene la chanza y la risotada:

En mi pueblo había una puta que jodía por las casas, como lavaba la lavandera, cosía la costurera, planchaba la planchadora, ponía inyecciones la enfermera y administraba los santos óleos el señor cura párroco. Se llamaba Lupita, aunque algunos le decían Lourdes la del Juguetero, y tenía mucha clientela entre subnormales profundos, hipocondríacos, protésicos dentales con orquitis por picadura de acalefo, ¡que ya es afinar!, reverendos padres que optaron por colgar la sotana y darse con entusiasmo al tumulto y al cachondeo, reverendos padres que vistiéndose todavía por la cabeza no habían olvidado que el pecado de escándalo se perdona difícilmente, poetas líricos estípticos por el abuso de la carne de membrillo, tortilleras vergonzantes o alérgicas, jubilados, artríticos, reumáticos, prostáticos y demás suertes de especies sedentarias.

La mayor parte de la obra se desenvuelve como un diálogo entre un grupo de chismosos que desmadejan la historia, en general no se puede hablar de mucho erotismo pero sí de desfachatez y provocación al lector.

Nos metimos en un bar de por allí y nos pusimos a hablar. De repente, cuando finiquitó la última gamba (tampoco eran muchas), suspiró y me dijo: --Soy una incomprendida... ¡Estoy tan sola! --No, mujer; eso se quita jodiendo. ¿Quieres que probemos?--¡Por mí...!Ante aquella arrebatada confesión de amor y de pasión me la llevé a la cama; en la plaza de Oriente tengo un ático destartalado en el que no hay más que una cama, una cafetera, una botella de coñac mediada y una taza.--Entre dos que bien se quieren, con una taza basta.--¡Claro! ¿Tienes azúcar?--No; el azúcar es muy malo para la dentadura.--Claro. ¿Puedo chupar un traguito de coñac?--¡Mujer! Todo lo mío es tuyo.--¡Coño, qué generoso!--¿Qué te habías creído?Una vez vaciados los vasos seminales y cogido bastante frío en el lomo, le sonreí.--Oye, ¿por qué no te vistes y te vas? En la calle luce el clemente solecico de la primavera que es una bendición de Dios  y a lo mejor, con un poco de suerte, hasta te tropiezas con otro que te invita a más vermú y más gambas.--¡Anda, pues es verdad! -exclamó mientras se vestía precipitadamente, sostén incluido-. ¡Parto presto!
Es entendible que el libro sea tan poco conocido a pesar de ser tan "celiano", y es que para 1991 que sale de la imprenta, ya España estaba completamente destapada y sus chanzas y groserías no admiraban a nadie.

El librito tiene una parte muy interesante, y es que viene aderezado con un largo anexo; se trata de un "Vocabulario secreto", imagen de aquel diccionario secreto que nunca pudo terminar.

Así, no tenemos el mejor libro del mundo, pero si se tropiezan con él deberían adquirirlo; uno nunca sabe  cuándo va a necesitar una lectura breve y picante para una sala de espera aburrida.




Perversógrafo: Sexo vaginal, oral, lesbianismo, prostitución, todo sugerido.



Cachondeos, escarceos y otros meneos
Camilo José Cela
Ediciones Temas de Hoy
EEUU, 2002
ISBN: 0971995001
214 pags.

sábado, 23 de julio de 2011

Diccionario Secreto de Camilo José Cela Parte 2

Camilo José Cela, después de haber sacado a la luz el primer tomo de su diccionario Secreto en 1968: "Diccionario Secreto, Tomo 1 series Coleo y afines", sobre los nombres y voces relacionadas con el testículo, en 1971 edita un segundo tomo, mucho más extenso que el primero: "Diccionario Secreto, Tomo 2 series Pis y afines", sobre los nombres del pene.

1.- Serie Pis (onom. del ruido de micción)
2.- Serie Carajo (de etimología incierta)
3.- Series clásicas (φαλλος, πρίαπος)
4.- Voces de origen precolombino, creaciones léxicas, dialectismos, provincialismos y jergalismos.

Los diccionarios de Cela no llevan un orden alfabético estricto, sino que se segmentan por voces y relaciones. Las palabras se explican con oraciones, refranes y referencias literarias tan antiguas como aquellas del siglo XV. Cuando Cela no atina a una explicación convincente, indica que "quizá" o "probablemente" tenga tal o cual origen o significado, lo cual  separa al autor de su tono académico, pero  al mismo tiempo valida su gran conocimiento lexicográfico.

El Diccionario secreto contiene mayormente vulgaridades, no mantiene un formalismo como un diccionario académico por lo que se puede tomar como una obra de autor. Sarcástico y divertido.

No he podido encontrar éste libro; cuando lo veo a la venta en otros países me hace mucha ilusión el comprar una primera edición a precio de risa, pero  hasta la fecha no he ha sido posible comprar uno por los exagerados costos de envío.

El "Diccionario Secreto" es una obra inconclusa, incomprendida y mayormente ignorada; las palabras "malsonantes" de nuestra lengua, tratadas desde sus orígenes literarios y lingüísticos. Es una obra de arte de la lexicografía. 

Después de dejar inconclusa su obra, Cela vuelve a la carga en 1971-1976 con la "Enciclopedia del erotismo", una curiosa enciclopedia de casi 1200 páginas sacadas en fascículos coleccionables que se encuadernaban en cuatro tomos:

aachen - carozo
carpocraciano - espetar
espetera - olisbo
oliva - zurruscarse

En sus cuatro tomos encontramos toda clase de  información resumida de caracter sexual; señas obscenas, pintura, dibujo, fotografia, arte erotico. Todo impreso con fotografías y dibujos a todo color. En mi opinión dicha enciclopedia era una chapuza que aprovechaba la fama del diccionario secreto para tratar de completar un trabajo que por definición era imposible.

«aunque a cualquier edad se puede escribir sobre erotismo; depende de las experiencias. Vale la pena porque ya era hora de poner un poco de orden; creo que puede haber muchos españoles deseando que esto se articulase»- supone la ordenación alfabética de una serie de léxicos y conceptos, relacionados con erotismo «en su más alta afección»

La enciclopedia es un trabajo más académico que literario y más comercial que de investigación de fuentes.

Supongo que como colofón al no poder terminar la titánica tarea, en 1988 saca un "Diccionario del erotismo", donde compila voces relacionadas a lo venéreo. Con un alcance mucho menor, es un documento divertido de leer, pero sin lo extenso de las citas literarias que dan lustre a los primeros dos tomos del Diccionario Secreto.

Al centrarse en la forma más que en el fondo, tanto el Diccionario del erotismo como la Enciclopedia del erotismo, son meras chapuzas, no llegan ni a los talones lo que fue el gran proyecto inconcluso de describir todas las voces malsonantes y hacer referencias literarias de ellas.

El Diccionario Secreto nunca se terminó, sólo dos tomos vieron la luz: El de los testículos y el del pene.....lástima. Veamos ahora quién es el que va a escarbar en los polvosos rincones de las bibliotecas buscando cochinadas literarias. Sólo puedo imaginarme lo que hubiera sido si al menos hubieran sido editados las series sobre los senos, sobre la vulva y sobre todo, el de las putas.........aquello hubiera sido un contento de diccionario.
Voluntad, capricho, apoyándose en el verbo salir.
Salir(le) a alguien algo de los cojones, o su contraria: no... frases que denotan deseos o gana o real gana de hacer o no hacer una cosa.
PD.- si alguien se quiere deshacer de su primera edición de la "Serie pis y afines", yo les hago el favor.


martes, 19 de julio de 2011

Diccionario Secreto de Camilo José Cela Parte 1

Cuando yo era niño, los ciegos eran ciegos y los viejos eran viejos. Pocos años después, los ciegos eran "invidentes" y los viejos eran "ancianos". Ya mayorcito, los ciegos eran "débiles visuales" y los viejos estaban "en la tercera edad". Hoy los ciegos tienen "capacidades visuales diferenciadas" y los viejos son "adultos en plenitud".

Pero los viejos no son adultos en plenitud. Cuando yo tenía 21 años yo era un adulto en plenitud, hoy ya no lo soy y todavía no llego a viejo. De pronto las putas se convirtieron en "prostitutas", después en "sexoservidoras" y ahora en "trabajadoras sexuales"; los burócratas pasaron a ser "empleados de gobierno" y después "servidores públicos".

El eufemismo y lo que llamamos sinónimo son dos demonios que se parecen; ambos están allí para ponerle una máscara a nuestra lengua. Por sí mismas, las palabras "ciego", "viejo", "puta" o "burócrata" no son malsonantes ni insultantes, son descriptivas. Si a las palabras le quitamos su poder de comunicar con precisión, pierden su razón de ser.

Camilo José Cela es un personaje impresentable; todo el tiempo que no dedicaba a escribir lo invertía en hacer animadversiones con cuanta persona conociera. El principal problema de Cela era que pregonaba algo y hacía exactamente lo contrario, así se ganaba la enemistad de compañeros y opositores por igual. Militaba en una derecha feroz y se oponía al régimen. Estaba en el partido de gobierno y sacaba libros contrarios a él.

Sin embargo, Cela, con su lenguaje culto y grosero a la vez, con dotes de artista: una voz agradable y un acento claro, era rápido para la agresión, y gracioso de escuchar. Siempre con un semblante serio y hasta ceñudo, decía cosas ingeniosas con una corrección lingüística al extremo, no en vano fue miembro de la Real academia de la lengua y premio Nobel de literatura en 1989.

Un buen día a finales de los 60 del siglo pasado, Cela se da a la absurda, interminable y minuciosa tarea de crear un "Diccionario secreto", que trataría con aquellas palabras que la sociedad bienpensante cree que son malsonantes.

Cela comienza su explicación del diccionario citando la necesidad de que las palabras describan un significado, y explicando que los casos de sinónimos reales en nuestra lengua son excepcionalmente raros, surgiendo casi todos los llamados sinónimos como eufemismos de algo que no se quiere mencionar por diferentes razones: evitar el vulagrismo, dignificación profesional, respeto, atenuación, tabú, etc.

Cela mismo nos explica que en su diccionario tratará de compilar aquellas voces que han sido intencionalmente ignoradas o subestimadas en el español por obscenas o groseras. Lo que Cela nos explica es que una palabra es descriptiva, lo grosero viene por el mal uso y la obscenidad viene por el pudor social; que las palabras deberían utilizarse en sus acepciones correctas para poder entendernos correctamente.

Lo más gracioso es que el mismo nombre del libro contiene un eufemismo: Cela al poner por nombre  "secreto" utiliza un el eufemismo que por aquellos años utilizaban los médicos que se anunciaban como especialistas en "enfermedades secretas" (venéreas).

A su abuelita Anacleta
ayer preguntó Loreto:
-¡Qué es enfermedad secreta?
y ella contestó discreta:
-La que se adquiere en secreto.

"Diccionario venéreo" vendría a ser el título correcto. La serie de libros pretendía sacar en un volumen cada una de las palabras que en nuestro idioma tuviera algo que ver, al menos cercanamente con lo venéreo. Obviamente era un trabajo tan extenso como inútil.

El diccionario, es de agradecerse da prioridad a las citas literarias sobre las académicas, por lo que el trabajo final parece más una antología de poesía antigua que un diccionario. En él, Cela nunca pretende poner todas las voces relacionadas de una palabra, sólo se concentra en poner las voces que puede relacionar con alguna cita literaria, preferentemente antigua.  Esto hace de un simple diccionario,  una obra excepcional.

Frasco:    Es met. funcional (los cojones contienen el semen como un frasco contiene el líquido).
Cojón
Ventura de la Vega, Alguna vez, vs. 25-32
Puede una mujer hallarse
con la regla, verbi-gracia.
y sería triste cosa
que por esta u otra causa,
hallándonos en el soto
nos volviésemos a casa
con todos los frascos llenos
y la escopeta cargada.

Ala: Es met. de int. festiva
Cojón
Jacinto Alonso de Maluenda, v. Glossa que empieza Los defectos criminal, s.v. huevo; Samaniego, Coplas del pájaro, v.s. 34-35:
¡Ay, cuánto forcejeaba
el pícaro bribón
por encajarle todo,
mas le dije eso no!
Él era porfiado,
blando mi corazón,
y tantos sus halagos
que por fin le metió.
Pero no sólo el pico,
también el cuerpo entró
menos las alas, y eso
porque muy godas son.

En 1968 sale de la imprenta el primer tomo "Diccionario Secreto, Tomo 1 series Coleo y afines" En todo el libro se estudian las voces y las derivaciones de lo referente a los testículos; sinónimos, habla popular, dichos, cuentos y poemas rescatados de los mas polvosos rincones de nuestra bella lengua.

El primer tomo del diccionario está dividido en 6 partes:

1.- Serie Coleo-onis
2.- Serie Orquis
3.- Serie Testis-is
4.- Voces de origen precolombino y de origen prerromano
5.- Nombres de partes constitutivas del testículo
6.- Voces relacionadas con el tema

martes, 28 de junio de 2011

Cándido o El optimismo de Voltaire

Voltaire Vs Leibnitz
¿Qué hace en los Literotismos un libro cómico que apenas tiene unas cuantas líneas pícaras? "Pérensen y aguantansen" ahorita les explico.

¿Puede un hombre inteligente tener ideas filosóficas que se contrapongan a las de otro hombre inteligente? Si. ¿Puede ese hombre inteligente escribir un libro para refutar las ideas de ese otro hombre? Si, sería muy deseable. ¿Ese libro puede sacar de contexto las ideas del otro, satirizarlas hasta hacerlas pedazos y ridiculizarlas al punto de que el prestigio filosófico del otro hombre quede por los suelos? Bueno, eso ya es pasarse de pendejo.

Voltaire era un magnífico satirista, era un hombre práctico con algunas ideas con las que me puedo identificar. Voltaire estaba en contra de las ideas optimistas de Leibnitz, ideas que si bien pueden no se exactas, son una filosofía del mundo que nos puede ayudar a sobrevivir en esta perra vida. Voltaire hace en Cándido una burla tan extrema de Leibnitz que en el siglo XVIII se desacreditaron sus logros matemáticos y físicos (Leibnitz inventa el cálculo infinitesimal en contraposición a la aritmética tradicional, y sostiene que hay algo más allá de las teorías de Newton, cosa que Einstein teoriza más adelante)

Cándido, o el optimismo es un cuento filosófico publicado por el filósofo ilustrado Voltaire en 1759, nos narra las divertidas aventuras de Cándido, un hombre que no tiene creencias propias, pero que se aferra desesperadamente a las creencias que su preceptor Pangloss le ha enseñado: El mundo fue creado por Dios como una obra buena; más allá, estamos viviendo en el mejor de los mundos posibles, en los que hasta las cosas malas suceden con un fin bueno que viene de Dios.

En realidad Leibnitz es sacado de contexto por Voltaire, Leibnitz efectivamente decía que "Estamos en el mejor de los mundos", pero su filosofía era más estóica que optimista respecto a que el mejor de los mundos aún contenía maldad.

-¡Cunegunda muerta! ¡Ah, el mejor de los mundos!, ¿dónde estás? Pero ¿de qué enfermedad ha muerto? ¿Ha sido, por ventura, la pesadumbre de verme echar a patadas del hermoso castillo de su padre?-No -dijo Pangloss- unos soldados búlgaros la destriparon después que la hubieron violado hasta más no poder; al señor barón, que quiso defenderla, le rompieron la cabeza. La señora baronesa fue rebanada en pedazos; mi pobre alumno, le dieron el mismo trato que a su hermana; y en el castillo no ha quedado piedra sobre piedra, ni graneros, ni siquiera un carnero, ni un pato, ni un árbol; pero bien nos han vengado, porque los ávaros han hecho lo mismo a una baronía vecina que era de un señor búlgaro.
¿Qué tiene eso que ver con el erotismo? ¡ooohhh, pérensen!

La filosofía de Voltaire era deísta, con un pensamiento que decía que la razón del hombre era independiente de la de Dios, quien era sólo un espectador de éste mundo. Voltaire además era ferozmente antireligioso y critica con especial saña a la Iglesia Católica, razón de todos los males del mundo; pero sin hacer ascos al antisemitismo ni a la crítica del Islam.

Voltaire muestra en Cándido un personaje efectivamente cándido, un bastardo entenado en un castillo quien aspira al amor de la baronesita Cunegunda; un joven que piensa que como todos hemos sido creados iguales por Dios, merece el amor de la chica contra la opinión del Barón. Pronto es desengañado y echado a patadas.
Al día siguiente, después de comer, al levantarse de la mesa, se encontraron detrás de un biombo; Cunegunda dejó caer su pañuelo, Cándido lo recogió; ella le tomó inocentemente la mano y el joven besó inocentemente la mano de la señorita con singular vivacidad, sensibilidad y gracia; sus bocas se encontraron, sus ojos se inflamaron, sus rodillas temblaron, sus manos se extraviaron. En esto estaban cuando acertó a pasar junto al biombo el señor barón de Thunder-ten-tronckh, y reparando en tal causa y tal efecto, echó a Cándido del castillo a patadas en el trasero. Cunegunda se desvaneció; cuando volvió en sí, la señora baronesa le dio de bofetadas; y todo fue consternación en el más hermoso y agradable de los castillos posibles. 
Un tiempo después se entera de la masacre que las tropas búlgaras hacen en el castillo, matando y violando a todos los habitantes. De allí en adelante la historia es de un constante peregrinar por todo el mundo en busca de su amor, y pasar de un infortunio a otro, siempre aferrándose a los preceptos de que "Todo ocurre para bien y estamos en el mejor de los mundos posibles"

Su peregrinar le lleva a encontrarse una y otra vez a sus antiguos amos del castillo, siempre en una desgracia peor que la anterior, siempre con mala fortuna; Cunegunda es continuamente violada a lo largo de la trama, Pangloss es muerto una y otra vez por la más inocente falta; el hermano de la baronesa es un malvado a quien asesinan varias veces, todo en una exageración, todo enmedio de divertidas aventuras a través de Europa, Surinam, Argentina y Perú.
Se me ocurrió un día la idea de entrar en una mezquita, donde no había más que un imán viejo y una joven beata muy bonita, que rezaba sus padrenuestros; tenía descubiertos los pechos y entre las dos tetas un ramillete muy hermoso de tulipanes, rosas, anémonas, ranúnculos, jacintos y aurículas. Se le cayó el ramillete, y yo lo cogí, y se lo puse con tanta cortesía como respeto. Tanto tardaba en ponérselo, que se enfadó el imán; y advirtiendo que era yo cristiano, llamó gente. Me llevaron a casa del cadí, que me mandó dar cien varazos en los pies y me envió a galeras, amarrándome justamente en la misma galera y al mismo banco que el señor barón. En ella había cuatro mozos de Marsella, cinco clérigos napolitanos, y dos frailes de Corfú, que nos aseguraron que casi todos los días sucedían aventuras como las nuestras. Pretendía el señor barón que le habían hecho más injusticia que a mí, y yo defendía que mucho más permitido era volver a poner un ramillete al pecho de una moza que ser hallado desnudo con un icoglán; disputábamos continuamente y nos sacudían cien latigazos al día con la penca, cuando te condujo a nuestra galera la cadena de los sucesos de este universo, y nos rescataste.-Y, pues, amado Pangloss -le dijo Cándido- cuando se vio usted ahorcado, disecado, molido a palos y remando en galeras, ¿pensaba que todo iba perfectamente?-Siempre me estoy en mis trece -respondió Pangloss-; que al fin soy filósofo, y un filósofo no se ha de desdecir, porque no se puede engañar Leibniz, aparte que la armonía preestablecida es la cosa más bella del mundo, no menos que el lleno y la materia sutil.
La trama es picante, con numerosos encuentros sexuales de diversa índole. Los hombres son presentados como malvados oportunistas, las mujeres como seres prácticos al servicio del mejor postor, los sacerdotes como conspiradores de toda clase de guerras y maldades y de los judíos mejor ni hablamos; los reyes son ignorantes, arrogantes y crueles, todo mundo acepta la maldad del mundo, pero Cándido sigue creyendo a pesar de ser burlado una y otra vez por el destino.

¿Qué tiene eso que ver con el erotismo? ¡ooohhh, que se esperen!

Cándido encuentra a Cunegunda, mata al amante de ésta y huye a Lisboa; de embarca a Argentina y es nombrado capitán del ejército; traicionado por su amada huye al Paraguay donde el hermano de Cunegunda, ahora jesuita, organiza la guerra entre colonias; asesina al jesuita y huye a la selva donde lo capturan los nativos y se lo quieren comer; huye de nuevo y descubre El Dorado, donde efectivamente existe "el mejor de los mundos", pero de donde huye con grandes riquezas porque toda la felicidad de El Dorado es nada sin su amada.

Desgracias, desgracias y más desgracias, el final es buenísimo aunque es más filosófico que libertino:

La filosofía está muy bien, pero es mejor ponerse a trabajar.

Bueno, ahora sí; Cándido sale de la imprenta en 1759, a pesar de ser un libro condenado, no tengo la menor duda de que se leyó ampliamente en los círculos académicos y enciclopédicos de la época.

Si al personaje principal lo haces mujer, si la filosofía del bien de Pangloss lo sustituyes por la filosofía del bien de la Madre Iglesia y si el discurso deísta de Voltaire lo sustituyes por un discurso naturalista-materialista del hombre como el lobo del hombre, tienes "el huevo" que dará origen en 1787 a la Justine de Sade.

Sólo es cuestión de regodearse más con el dolor y de aprovechar el sensacionalismo, pero Cándido es una buena Justine para el que no tiene las tripas de leer a Sade.






Perversógrafo: Sexo vaginal, violación, anticlericalismo, homosexualidad.




Cándido - Voltaire

sábado, 25 de junio de 2011

La vida sexual de Robinson Crusoe de Michel Gall

Un libro raro que no tengo. Hace muchos años, en una de esas interminables noches extrañas, fui a dar al departamento del hermano de una amiga; dicho departamento estaba en una hedionda vecindad detrás de un prostíbulo, había un catre mal acomodado, almohadones en el piso, botellas vacías que formaban caminos en el cuarto, sostenes gigantescos en las paredes y  una colección de libros que imponía. El único mueble en forma del departamento era el librero y la sección de erótica ocupaba un espacio clave, al centro de todo, al alcance de la mano.

Después de comer tacos de carne pegajosa en el piso y maridarlos con unos "flamazos" de licores empalagosos y una plática literaria de lo más interesante (la soledad del individuo, la amistad, el drenaje y las toallas sanitarias de las vecinas), se dio cuenta de mi interés por esos libros; sin desviar la plática de los filósofos alemanes, sacó un par de los ejemplares más raros que tenía y me los prestó.

Entre los libros venía "La vida sexual de Robinson Crusoe". Ingenuamente supuse que podía ser una broma, un libro con sus páginas en blanco o un estudio introspectivo en el personaje de Defoe; pero no. El libro es una novela entre lúdica y lúbrica (¿lúdrica?, ¿lúbdica?) que trata principalmente de las fantasías masturbatorias de Robinson Crusoe en su forzosa reclusión en la isla.

Se supone que la novela fue escrita en 1952 por el, en aquel entonces, estudiante de filosofía Michel Gall (posteriormente periodista), como una apuesta divertida con Maurice Girodias, un amigo que resultaba ser fundador de Olympia Press, se publicó con el pseudónimo de Humphrey Richardson y pronto se convirtió en un éxito de ventas.

Si la trama es predecible (Un hombre queda solo en una isla durante muchos años, sufre mucho, se adapta mediante trabajo arduo, encuentra a un polinesio y lo llama Viernes hasta que son rescatados), las escenas por otro lado no tienen desperdicio: mientras practica algún modo de bestialidad o tiene relaciones con Viernes, la fantasía erótica se desborda y los recuerdos y añoranzas llegan como sueños.

Así, un día que encuentra un baúl lleno de ropa, viste a sus cabras de mujeres, ríe al verlas y se excita tanto que las viola. Y es que nuestro héroe necesita compañía, sea de sus cabras, de lirones, del malvado gato al que mata en una violación, del maldito loro que le hacía compañía pero nunca le sirvió para dialogar, del mono al que domesticó porque necesitaba sentir la caricia de una mano. Robinson es extravagante en sus rituales  masturbatorios, así que puede pasarse toda una tarde trabajando en una tina de baño fragante llena de medusas para tener sensasiones nuevas, o puede buscar la mezcla ideal de ingredientes para tener una mejor sensación en el pene al masturbarse con ellos o al comerlos.

Con los recuerdos de las mujeres a las que amó, poseyó o deseó, teje fantasías en compañía de sus animales y se hace parte de ellos en una locura que lo deshumaniza y lo confunde.

En lugar de una bella indígena con quien copular día y noche, iba a encontrar a un salvaje que lo mos­traba a la horda de sus congéneres. Le acorralarían para asarlo. A menos que prefiriesen comérselo cru­do. Ésta era la suerte que le esperaba si se quedaba allí más tiempo, ¡si no se daba prisa en volver a su casa para levantar barricadas! Decididamente, más le valía acabar sus días con sus cabras y sus plumas an­tes que sentir cómo los caníbales le mordisqueaban las nalgas, aunque esta última idea podía tener su lado excitante.
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Ya se veía a la cabeza de un harén de salvajes muy serviciales.
Sería un verdadero pachá. Pasaría los días en su ha­maca –con una de las mujeres. Mientras tanto, las otras dos cultivarían los campos y ordeñarían las cabras. Reinstalaría la bañera para que se pudiesen lavar cuando volvieran.
Cada noche tomaría una nueva compañera. Por la maña­na, la última tendría la misión de despertarle suavemente deslizándose a su lado. Habría una muy gorda y velluda. Otra a la que afeitaría todo el cuerpo. A la tercera sólo le tocaría los pechos: el resto se cuidaría de no usarlo muy a menudo para conservar todo su frescor. ¿Tal vez todos los domingos? No, ¡mejor cada quince días! De esta forma, tendría verdaderamenle la impresión de gran novedad. Esto no convendría a la mujer. Da igual, ¡elegiría la menos sensual! También podría acogerlas a las tres en su le­cho. Penetraría a una mientras besaba a la otra. La terce­ra... pues la tercera metería la lengua donde fuera preciso. Él se movería muy suavemente para poder resistir el mayor tiempo posible. ¡Qué felices serían! Se rebozarían en sus cuatro sudores mezclados. El tiempo pasaría aprisa.


Un día, después de 19 años de soledad se encuentra con otro hombre a quien llamará Viernes ("Didí" de cariño) y quien será su compañero sexual a partir de entonces, y servirá de base a sus fantasías heterosexuales para imaginar a la robusta mujer de gruesas trenzas de cabellos rubios a la que desea, él será esa boca que desea fornicar, su ano será esa vagina que desea masturbar con sus pestañas, será al mismo tiempo su mujer y su compañero de correrías sexuales por los prostíbulos londinenses.

Robinsón ya no añoraba en absoluto a las muje­res. Estaba muy enamorado de Viernes. Se sentía sa­tisfecho. Sin embargo, y a pesar de su físico de Apolo, el joven salvaje tenía en el fondo un carácter muy dulce y muy sumiso pero sus deseos sexuales eran mediocres (las cartas le divertían mucho más); Ro­binsón se sentía incómodo por sus propias exigencias sexuales. Le daba vergüenza pedirle que se dejara hacer el amor varias veces al día.
De vez en cuando, le proponía que ocupara su lugar (a menos que lãs cartas no se lo hubieran ya designado). Viernes acep­taba siempre con gusto, pero -era evidente- el pa­pel que le tocaba desempeñar era la menor de sus preocupaciones.
En este caso, Robinsón disimulaba sus verdaderas inclinaciones y el favor que le otorgaba era solamen­te el testimonio de su gratitud ante la sumisión de Didí, que le emocionaba mucho.

Viernes es mucho más cooperador que las cabras, además de que es una buena mujer, a pesar de que ambos son heterosexuales, los roles a veces confunden. Viernes le enseñará también nuevas formas de masturbarse, como hacer agujeros en la arena y llenarlos de aloe, y le inspirará fantasías de indígenas morenas con lenguas en el coño.

Este libro es un divertimento que engrandece el onanismo, la bestialidad y el poder de la fantasía......muy bueno sin duda.






Perversógrafo: Sexo ¿vaginal?, anal, oral, con las pestañas, con todo el cuerpo, fantasía, masturbación, zoofilia, transexualidad, violación, homosexualidad, voyeurismo.



Si leen el gabacho, allí les va un fragmento:



La vida sexual de Robinsón Crusoe
Michel Gall
Arcor, Colección Fuente de Jade 1
Barcelona. 1988
ISBN: 84-270-1236-5
152 pag.