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viernes, 7 de diciembre de 2012

Duraznos contra el estreñimiento

Me encuentro una coincidencia muy curiosa. En 1879, en plena represión Victoriana, se editaba clandestinamente una revista llena de groserías y pornografía desde el mismo Londres: La famosa revista "La perla"

Pierre Louÿs nace en 1870, así que no puede ser autor del siguiente texto en la revista:

NEW INVENTION
A new patent shoe-horn, for the insertions of big pricks into tight bum-holes, is reported to have been invented by a lady member of the Comedie Francaise, who is said to place the half skin of a peach, turned inside out, upon the tip of a lover's penis, before he is allowed to enculer his chere amie, who prefers bum-fucking to the old orthodox plan of coition.


EL ÚLTIMO INVENTO
Informan que existe una nueva patente de calzador para poder meter grandes pollas en apretados ojos de culo; la misma ha sido inventada por una dama que pertenece a la Comedie Française. También nos dicen que el tal invento consiste, según lo practica su inventora, en colocar media piel de un melocotón, vuelta para arriba, sobre el capullo de la picha de su amante, antes de permitirle que le dé por culo a su querida amie, quien prefiere un buen polvo por detrás, que no la ortodoxa y antigua jodienda por delante.
La Perla no. 4, Londres, Oct 1879

Lo que me parece extraño es que uno de los apuntes posteriores de Pierre Louys, en el inconcluso libro  "Manuel de Gomorrhe" es tan similar que supongo que "casi" es una referencia. Cabe suponer que aunque hoy sea relativamente fácil encontrar un ejemplar de la revista, en los tempranos  1900 no debe haber sido tan sencillo. ¿Casualidad?, ¿Leyenda urbana como aquella del coño de las orientales?
No tengo idea.

Le procédé le plus parfait semble être de coiffer le gland avec une peau de pêche retournée, qui favorise le passage du membre dans le sphincter sans laisser après lui aux parois l'enduit trop glissant de la vaseline.

El procedimiento perfecto, parece ser el de encapotar el glande con una piel de durazno vuelta hacia dentro, esto favorece el pasaje del miembro por el esfínter sin ser tan resbaladizo como la vaselina.
Pierre Louÿs ,  Manuel de Gomorrhe



lunes, 3 de diciembre de 2012

El mono y el consolador


¿Quién dice que la literatura erótica no puede ser educativa?

Existen fábulas que pueden ser de gran valor, profunda filosofía y fuente de reflexión (in)moral:

EL MONO Y EL CONSOLADOR
Un cachorro de mono que había visto cómo su dueña llenaba el consolador con crema, esperó hasta que ella hubo acabado de usarlo, pues había recibido una llamada de fuera.
—Bien —dijo el mono—, ahora me despacharé la crema.
Y empezó a chupar el consolador. 
Pero la dama había contraído sífilis y el mono terminó muriendo entre convulsiones.
La moraleja de esta fábula es que habiendo pollas tan hermosas para qué gastar el tiempo chupando consoladores tan apestosos.

De la Revista la Perla VI, anónimo de diciembre 1879.

jueves, 26 de julio de 2012

Bajo las Sombras, Anónimo Victoriano (Revista la Perla)

Ya en una ocasión les hablé de que quería una colección de revistas victorianas reeditadas en los años 70s en español por la Editorial Polen.

Las revistas fueron publicadas a finales del siglo XIX en el Londres Victoriano; yo supongo que había alguien muy influyente detrás porque se alcanzaron a publicar casi 20 números y nunca hubo un solo sospechoso.

Bueno, me entero que alguien ha digitalizado una parte de los números  en español.

La literatura pornográfica Victoriana no difiere mucho de la actual. Jovencitas vírgenes que pueden romper sus complejos cinco minutos después de ser violadas y acceden a toda clase de prácticas; hombres potentísimos que parece que portan ametralladoras:

Después de almorzar Frank vino a mi alcoba a fumar un cigarrillo.
Los sucesos de la mañana nos habían dejado intranquilos y excitados.
— ¡Por Jove, viejo!— exclamó— me resulta completamente imposible esperar hasta mañana para gozar de la encantadora Rosa.
—Además, cuando estamos tantos juntos cabe en lo posible chasquearse.
—No, no, tiene que ser esta misma noche.
—Me muero de deseo.
—Su habitación está ahí, junto a la de mis hermanas.
Traté de disuadirlo para que no cometiera cualquiera imprudencia, ya que, aun cuando la habíamos visto tan excitada y accesible, no podíamos en modo alguno tener la seguridad de que estuviera dispuesta a rendir su virginidad tan fácilmente. Argumentaciones y razonamientos fueron, empero, vanos:
— Ve, cómo sólo el pensar en ella, inflama mi verga— exclamó abriendo su bragueta para extraer un hermoso miembro de cabeza colorada, gloriosamente erecto, henchido y duro como el mármol, cuya ardiente sangre parecía que iba a reventar las turgentes venas.
El espectáculo era demasiado tentador para poder resistirlo.
Se me cayó el cigarrillo que tenía en los labios, y arrodillándome frente a él, besé, succioné y froté aquella deliciosa verga hasta que se vino en mi boca con una exclamación de arrobo, mientras yo bebía con avidez hasta la última gota de su copiosa emisión.
Una vez que hubimos recobrado un tanto nuestra serenidad, discutimos cuál sería el mejor plan para la noche, ya que yo estaba dispuesto a tomar parte en la diversión.
Frank se avino gustoso a esta participación mía, a condición de que él fuera primero al cuarto de Rosa para convencerla de que accediera a sus deseos.
Luego, cuando todo estuviera en regla, les sorprendería yo en pleno juego y me sumaria a la fiesta erótica.
.................................................
Me desvestí lo más rápidamente que pude, y me uní a él para escoltarlo hasta la recámara de su amada, la que, en efecto, estaba abierta, y en cuyo oscuro interior penetró sin hacer ruido.
Era evidente que ella estaba despierta y que esperaba su visita, pues pude oír sus apasionados besos, y las exclamaciones de deleite cuando él acariciaba el lindo cuerpo de la muchacha.
— Amor mío, es preciso que encienda las luces para que mis ojos puedan solazarse con tu belleza. ¿Por qué las apagaste?
Ella opuso una débil resistencia, pero pronto estuvo la habitación iluminada por media docena de candelas.
Yo observaba al través del ojo de la cerradura, escuchando con ansia cada palabra que decían.
— Sentémonos uno junto al otro, amorcito, y disfrutemos del contacto de nuestros cuerpos desnudos antes de dedicarnos a besarlos.
Pude ver cómo las camisas de noche de él y de ella estaban levantadas lo más arriba posible, así como la forma en que palpitaba la verga de él apuntando hacia el vientre de ella. El hizo que Rosa lo asiera, y pasando una de sus piernas por encima de los muslos de la joven trató de colocar la cabeza de su verga entre las piernas de la muchacha.
— ¡Ah! ¡No, no! ¡Nunca! ¡Me lo prometió usted por su honor, caballero! — casi gritó ella alarmada, mientras luchaba por desprenderse del estrecho abrazo en que él la tenía sujeta —.¡No! ¡No! ¡No se lo permitiré nunca!
Sus buenos modales parecieron trocarse en furia desenfrenada.
Pero él; de repente, la colocó de espaldas, con las piernas de él embutidas entre sus muslos.
— ¡Honor! ¡Honor! — decía riendo —¿Cómo es posible que lo tenga cuando me estás tentando así, Rosa? Me has puesto al borde de la locura con las libertades que me permitiste. Es inútil que te resistas. Antes moriré que dejar de poseerte ahora, queridita.
Ella luchó desesperadamente, en silencio, durante unos momentos, pero la desigualdad de fuerzas era patente.
Poco a poco se colocó él en posición, y luego, rápida y despiadadamente, se aprovechó de que estaba exhausta para violarla.
En un principio ella parecía insensible, y me aproveché del corto lapso en que permaneció inconsciente para entrar en la alcoba y arrodillarme al pie de la cama, desde donde pude contemplar a gusto cómo el arma ensangrentada de mi amigo entraba y salía en su despedazada virginidad.
Al cabo de un rato ella pareció empezar a gozar con aquellos movimientos, especialmente después que él le lubricó la vagina con su primera inyección de jugo de amor. Sus nalgas avanzaban al encuentro de sus acometidas, y sus brazos se abrazaban convulsivamente en torno a su cuerpo, aparentemente reacia a dejarlo ir, hasta que, ambos a una, se vinieron deliciosamente.
Mientras permanecían exhaustos tras de este asalto salí de mi escondite para besar a la muchacha.
Como ella abrió los ojos, puse mi mano sobre su boca para evitar cualquier grito de sorpresa inconveniente, y la felicité por haberse desprendido tan lindamente de su estorbosa virginidad.
Después reclamé mi derecho a participar en la versión, llamando la atención de ella sobre el rampante estado de mi verga, en contraste con el desmayado pene de Frank.
Pude darme cuenta de que en aquellos momentos ella ansiaba repetir el placer que acababa de experimentar.
Sus ojos estaban llenos de lánguido deseo cuando coloqué su mano sobre mi verga.
De acuerdo con lo que previamente habíamos convenido, la convencimos para que cabalgara sobre mí.
Al efecto, fui insertando mi verga con sumo cuidado en su todavía tierno cono para que se preparara lentamente a entrar en acción, pero mi excitación era tan grande, que con una exclamación de deleite descargué una corriente de esperma en sus mismas entrañas, lo cual enardeció a la muchacha, que comenzó a moverse despacio encima de mí, apresando mi arma con su palpitante coño del modo más delicioso.
Pronto estuvimos, pues, emprendiendo otra carrera frenética. Esto era demasiado para Frank, cuya verga estaba de nuevo endurecida como el acero. Ansioso de colocarlo donde fuera, se arrodilló detrás de ella y trató de insertar su pene en el coño de Rosa, al lado del mío, pero tuvo que abandonar la tentativa por resultar demasiado difícil la operación.
Entonces fijó su atención en el rugoso orificio que aparecía entre las nalgas, encantadoramente rosado. Como quiera que la punta de su pene estaba húmeda por el contacto con nuestras emisiones, no encontró gran dificultad, por medio de vigorosas embestidas, para conseguir adentrarse. En aquel momento yo la estaba jodiendo con ímpetu, y ella estaba demasiado excitada para oponerse a nada, de manera que sólo dejó escapar un grito sofocado cuando sintió que él se deslizaba en su interior por un conducto que ella siempre había creído que no tenía más que un solo objeto.
Les pedí que se detuvieran unos instantes para poder gozar la sensación resultante de las posiciones que habíamos alcanzado.
Nuestras vergas latían una contra otra de manera verdaderamente deliciosa, únicamente separadas por la membrana del recto.
Nos vinimos inmediatamente, con gran deleite de parte de Rosa, que a continuación nos apremió para que continuáramos...
Este fue el combate de amor más delicioso que jamás haya librado.
Ella nos lo hizo repetir una y otra vez, y cuando caíamos exhaustos, nos chupaba las vergas para revivirlas.
Duró hasta que el alba vino a advertirnos que era necesario tomar precauciones, y entonces nos retiramos a nuestras respectivas alcobas.

No cabe duda que los blog de relatos eróticos no son tan novedosos.

Yo siempre mantengo una posición contra la piratería; pero en este caso se trata de anónimos de 130 años de antigüedad, reeditados hace 40 años por editoriales que ya no existen..........si alguien las consigue, se agradecerá la aportación infinitamente.


viernes, 10 de diciembre de 2010

Carta a Santaclós parte 1 (Revista La perla)

Querido Santaclós:

Yo no creo en tí, pero supongo que no hay problema porque tampoco tú crees en mí. Te escribo para pedir algunas cosas que me es imposible conseguir, para ver si con tu magiosidad me lo traes en navidad, eres la última opción que le queda a un pobre picateclas que vive en un estado laico que no reconoce los títulos nobiliarios, y que por tanto no tiene la opción de acudir a los Reyes Magos (Juan Carlos, Addullah y.........y.........Obama, creo)

En primer lugar quiero una mamada. Al haber renunciado por necesidad (por un tiempo) al sexo penetrativo, quisiera una buena mamada .... no tuya, por supuesto, sino de una bella mujer de grandes y limpios ojos, de perfectos dientes y bella sonrisa.

En segundo, lugar, necesito tu ayuda para conseguir una serie de revistas:

Has de saber que allá por el victoriano año de 1879 surgió en Londres una publicación clandestina llamada "La perla". Sus anónimos autores lograron evadir la censura durante 18 entregas mensuales; todo un récord en la época porque la revista era básicamente pornográfica.

El nombre de "La perla" venía por aquello de "arrojar perlas a los cerdos"....ya se imaginarán. El corte de la revista era publicar en un cuadernillo seis novelas por entregas, de flagelación, de sexo, etc, así como también chistes, rimas, cuentos e historias. La revista desapareció tan súbitamente en 1880 como había aparecido, sin que nadie descubriera al editor. Posteriormente en 1873 hubo algunos números de una revista llamada "The Oyster" y otra "The Budoir", del mismo corte que su predecesora.

Hasta aquí todo en orden, sé que son imposibles de conseguir, aunque existen sus versiones en elecrónico por aquí y por allá.

El punto es que acabo de descubrir que la revista fue traducida al español (sospecho que en mi país) en los años 70s, y posteriormente fué llenada de dibujos y fotografias pornográficas y editada en Madrid en 1978 por ediciones Polen como "La Perla: colección de lecturas sicalípticas, sarcásticas y voluptuosas" en 18 números mensuales, y posteriormente "La Nueva Perla" en otros 14 números (sospecho que eran las otras dos revistas)

Lo chistoso de todo esto es que se trata de una joya literaria, que 100 años después se editó con iguales fines en un formato similar. En 1978 se publican por editorial Polen, y en los 80 se publicaron por editorial Beta en fascículos dobles.

He escuchado que existe el libro completo en un tomo de casi 500 páginas, y hay otro editado en México en dos tomos y publicado en 1973.

La colección incluye seis novelas eróticas por entregas:

Sub-Umbra, o El deporte de la tontas.
La confesión de la señorita Coote, o Las experiencias voluptuosas de una sirvienta mayor.
Lady Pokingham, o Todas lo hacen.
El cuento de mi abuela, o La historia de May sobre sus inicios en el arte del amor.
Flunkeyania, o La moral belga
La rose Dàmour, o Las aventuras de un caballero en busca de placer.


Querido Santaclós: Las quiero, aunque sea en electrónico, aunque sea en préstamo de una biblioteca.

Bueno, luego sigo con mi carta..........te lo lavas.




Carta a Santaclós parte 1 (Revista La perla)
Carta a Santaclós parte 2 (Erotika biblion de Mirabeau)
Carta a Santaclós parte 3 (De Figuris Veneris de F.K. Forberg)
Carta a Santaclós parte 4 (La academia de las damas de Nicolás Chorier)
Carta a Santaclós parte 5 (Andrea de Nerciat)
Carta a Santaclós parte 6 (Final)