miércoles, 26 de diciembre de 2012

A los pies de Omphalos de Henri Raynal

Una vez, llegué a casa y mi padre estaba viendo una película en la que un monstruo perseguía a una muchacha. Cuando la chica se encerraba en el baño, el monstruo caía al suelo y se "quebraba" en cientos y cientos de pequeños demonios que pasaban por debajo de la puerta.
Después de reír un buen rato, pregunté a mi padre porqué veía una película tan mala.
--Sólo quiero ver cómo le van a hacer para ponerle un final.

Bueno.........hay historias así y esta es una de ellas. ¿Qué tenemos aquí?

Un libro erótico, sobre un sumiso y una mujer a la que le gusta humillar a los hombres. Una historia donde no hay sexo. ¿Puede un libro llamarse erótico si no tiene sexo? Si, si se puede.

Cuando un anciano caballero muere, deja su herencia a la criada en lugar de heredar a su sobrino (el sobrino del carcamal, no el de ustedes.....vamos a llamarlo Luc) La criada, Matilde, es joven y bella, pero bastante huraña con los hombres, casi indiferente a ellos. El desheredado sobrino, más joven que ella, la ama en secreto desde hace años.

En unas cuantas páginas, Luc pasa de quedarse un par de noches en la casa del tío a ser el sirviente de la antigua sirvienta. Matilde pasa de ser la sencilla criada a la malévola ama del muchacho, a quien golpea y esclaviza como una venganza contra todos los hombres que la han deseado (Que han deseado a Matilde, no a usted......bueno, ya van entendiendo).

Primero te piden una les lleves el desayuno, luego ya te golpean por cualquier cosa, y al último terminan por prohibirte la salida de casa. Suena como cualquier matrimonio, pero la historia apenas comienza, porque resulta que Matilda, ahora rica y sofisticada, contrata a Lina, una malvada criada a quien Luc debe obedecer ciegamente.

Lina, inicialmente se asusta del trato tan indigno que le dan a Luc, pero pronto aprende a sacar placer de la situación, y participa activamente en los castigos. Un día Luc se atreve a besar a Matilde, quien monta en cólera y lo ata desnudo en el desván. Lo deja suspendido toda la noche.



La voz breve de Matilde lo sacó de su contemplación.
—Tráigame una cuerda, rápido —ordenó a Lina.
Y en cuanto la criada regresó:
—Ven aquí, esclavo mío —dijo, quitándose los guantes.
Luc se levantó. Ella cogió la cuerda que le tendía Lina, hizo que Luc pusiera las manos a la espalda, las tomó y las ató. En el momento de ese contacto, de esa apropiación un estremecimiento recorrió a Luc de la cabeza a los pies.
Matilde le volvió a exigir que se pusiera de rodillas.
—Vamos —le ordenó a Lina—, pero no se aleje.
Se separó de Luc, lentamente, retrocediendo. Una extraña sonrisa, segura, amplia y contenida al mismo tiempo, flotaba en sus labios.
Luc la vio descalzarse, levantarse, llevarse las manos a la espalda, desabrocharse el vestido, liberar los brazos. Se lo arremangó y se lo quitó deslizándolo por encima de la cabeza. Su sonrisa se volvió más cruel, sino soberbia, lasciva, tiernamente incitante, despectiva.
«¡Mira!» parecía decir, «aquí tienes al despojo de la muñeca, ahora se convierte en mujer y se emancipa, ¡conténtate con ese trapo!» Con un gesto negligente, Matilde tiró su vestido a la cabeza de Luc.
……
Hela aquí desnuda, con esa desnudez integral, de una sola pieza
que ya nada eclipsa, recipiente de luz oculto, y surgido de pronto del apagador. ¡Desnuda, pero nada friolera ni timorata; acompañada, revestida de la majestad adormecedora y belicosa de su éxito total!
Baila.
Luc olvida hasta qué punto fue humillado. Y también el fracaso de su prematuro impulso, que reventó como un cohete demasiado breve e inútil.
Sigue con la mirada a esta Eva nacida en su presencia, parida en su presencia, extraída de su ganga, aún más hermosa de lo que suponía, con ese pecho a la vez levantado y zambulléndose hacia él, esa ternura densa y maliciosa, ese mármol viviente y luminoso bajo la lluvia y las llameantes lenguas de los cabellos, esa blancura sabrosa en la que bebe, arrodillado, encorvado, como bebería de un astro, de una fuente.
Matilde se detiene, se le acerca de puntillas, lo hace levantar. Lo
empuja en dirección al cuarto de baño. En el centro de la habitación, sobre el embaldosado, coloca una cuba; se mete en ella, y, tras haber desatado las manos de Luc, le indica con el dedo el calentador de agua, la jarra, el jabón y la esponja.
Temblando de emoción y de deseo, Luc se le acerca. Cubre de agua el cuerpo de su ama, oprime la esponja sobre las curvas principescas, esparcidas, sobre la tibieza de su carne hostil; modela su cuerpo, su pecho melodioso, lo pule como un escultor vencido por su obra, ya impotente ante ella.


Una vez que Matilde vende la casa en la ciudad, se mudan al campo. Luc ya es un esclavo, que tiene obligación de limpiar, una bestia a la que se le puede ofender porque no tiene dignidad, se le puede pedir que se quite la camisa para ser azotado, se le puede encadenar o suspender de cadenas por el gusto de hacerlo. Luc sólo es hombre cuando escribe, escribe sus sueños llenos de poesía

Ya en este momento, no se le golpea como un castigo, se le azota solo para matar el tiempo. Lina resulta una perra peligrosa, una mujer cruel a la que le gusta mentir para provocar el castigo. Matilde está tan ocupada en su nueva vida social que le traspasa la custodia a Lina, quien lo maltrata sin darle siquiera un aliciente erótico.

Un masoquismo extraño, porque él mismo sabe que sin el amor de Matilda, la sumisión a Lina no tiene ningún sentido, pero aún así "aguanta vara"......y es aquí donde uno se pregunta: ¿Bueno y cómo le va a hacer este cabrón para terminar el libro?

Matilde ve el masoquismo como dignidad de Luc, Lina lo quiere suplicante....lo quiere destruir.

El libro termina. Termina aceptablemente bien y con un argumento psicológicamente creíble.






POST: efectivamente el que no terminó bien la descripción fui yo, no Raynal ni la película de los pequeños demonios.

El libro es bastante interesante, aunque creo que imposible de encontrar;  tal vez haya por allí alguna versión en electrónico.....no se si completa.

Para Matilde, la dignidad con que Luc lleva su esclavitud es de admirarse. Lina quiere destruir incluso aquello que todavía lo identifica como un humano: sus diarios (Los de Luc.....bueno, ya entienden ;) Luc ya no está contento con que Lina sea quien se responsabilice de él sin siquiera darle algo a cambio.

En el desenlace, Lina le propone a Matilde que venda a Luc a una vecina que lo desea. Matilde se siente ofendida por la propuesta, y Lina le explica que ella se siente así porque en el fondo tiene sentimientos por el esclavo.

Luc escucha que lo quieren vender y, aunque aterrorizado, decide que no reaccionará.

Entonces....¿Lo venden a la vecina o Matilde reconocerá que lo ama?

¿Si te digo que el libro contiene ambos finales aún así suena extraño? Bueno, pues los tiene, un final resulta ser un un sueño y otro.......aparentemente también.



Perversógrafo: Sumisión, dominación, esclavitud, bondage, castigos, masoquismo.




A los pies de Omphalos
Henri Raynal
Tusquets, Editores
La Sonrisa Vertical SV 6
España, Mayo 1978
ISBN: 978-84-7223-306-5
178 págs.





lunes, 17 de diciembre de 2012

Waldeck (I Modi) Cuarta parte

En los grabados originales de Marcantonio Raimondi,
Esta era la última posición.
Antes de pasar a los siguientes literotismos, uno de ellos excepcional,  gano algún tiempo dejándoles unos grabados. En posts anteriores les decía que Waldeck me parecía un impostor. Ahora que he tenido tiempo de leer un poco más de él me parece un mercenario soñador que vivió tiempos de cambio, descubrimientos y saqueos. Donde la ciencia estaba tratando de dar una explicación a las glorias pasadas que la arqueología apenas comenzaba a descubrir.

Existe alguna referencia sobre el libro original del Aretino, donde establecía erróneamente la existencia de 20 grabados en el libro de los sonetos lujuriosos. Waldeck retoma ta aseveración y publica sus 20 grabados; bellos y mayormente fieles al original; aunque ya al final, agrega 4 grabados que nunca existieron.

Waldeck, posición 17

Waldeck, Posición 18

Waldeck, Posición 19

Waldeck, posición 20

viernes, 7 de diciembre de 2012

Duraznos contra el estreñimiento

Me encuentro una coincidencia muy curiosa. En 1879, en plena represión Victoriana, se editaba clandestinamente una revista llena de groserías y pornografía desde el mismo Londres: La famosa revista "La perla"

Pierre Louÿs nace en 1870, así que no puede ser autor del siguiente texto en la revista:

NEW INVENTION
A new patent shoe-horn, for the insertions of big pricks into tight bum-holes, is reported to have been invented by a lady member of the Comedie Francaise, who is said to place the half skin of a peach, turned inside out, upon the tip of a lover's penis, before he is allowed to enculer his chere amie, who prefers bum-fucking to the old orthodox plan of coition.


EL ÚLTIMO INVENTO
Informan que existe una nueva patente de calzador para poder meter grandes pollas en apretados ojos de culo; la misma ha sido inventada por una dama que pertenece a la Comedie Française. También nos dicen que el tal invento consiste, según lo practica su inventora, en colocar media piel de un melocotón, vuelta para arriba, sobre el capullo de la picha de su amante, antes de permitirle que le dé por culo a su querida amie, quien prefiere un buen polvo por detrás, que no la ortodoxa y antigua jodienda por delante.
La Perla no. 4, Londres, Oct 1879

Lo que me parece extraño es que uno de los apuntes posteriores de Pierre Louys, en el inconcluso libro  "Manuel de Gomorrhe" es tan similar que supongo que "casi" es una referencia. Cabe suponer que aunque hoy sea relativamente fácil encontrar un ejemplar de la revista, en los tempranos  1900 no debe haber sido tan sencillo. ¿Casualidad?, ¿Leyenda urbana como aquella del coño de las orientales?
No tengo idea.

Le procédé le plus parfait semble être de coiffer le gland avec une peau de pêche retournée, qui favorise le passage du membre dans le sphincter sans laisser après lui aux parois l'enduit trop glissant de la vaseline.

El procedimiento perfecto, parece ser el de encapotar el glande con una piel de durazno vuelta hacia dentro, esto favorece el pasaje del miembro por el esfínter sin ser tan resbaladizo como la vaselina.
Pierre Louÿs ,  Manuel de Gomorrhe



lunes, 3 de diciembre de 2012

El mono y el consolador


¿Quién dice que la literatura erótica no puede ser educativa?

Existen fábulas que pueden ser de gran valor, profunda filosofía y fuente de reflexión (in)moral:

EL MONO Y EL CONSOLADOR
Un cachorro de mono que había visto cómo su dueña llenaba el consolador con crema, esperó hasta que ella hubo acabado de usarlo, pues había recibido una llamada de fuera.
—Bien —dijo el mono—, ahora me despacharé la crema.
Y empezó a chupar el consolador. 
Pero la dama había contraído sífilis y el mono terminó muriendo entre convulsiones.
La moraleja de esta fábula es que habiendo pollas tan hermosas para qué gastar el tiempo chupando consoladores tan apestosos.

De la Revista la Perla VI, anónimo de diciembre 1879.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Duende Nocturno de Arnaud Delacomte

Aquí estamos ante un libro muy singular en varios aspectos: Por un lado, de estilo; se trata de extractos de un diario íntimo de un enfermo de tuberculosis.

No es el diario de un escritor profesional; ni siquiera la edición es tan cuidadosa para darle una continuidad al relato. Habiendo yo mismo escrito un diario durante tantos años, puedo reconocer el estilo de escritura que hace uno para sí mismo.

Por tanto, no es una novela, no es una historia, no es un relato.......es.....una vivencia o una fantasía; es la plática cotidiana de alguien consigo mismo, mezclado con datos irrelevantes.

Por otro lado, lo que hace tan particular este libro es que se trata de una historia de amor. Si bien ello no es raro en la literatura; el amor y las cosas de enamorados no son comunes en la literatura erótica. Pero no hay que confundirse; no se trata de novela rosa ni de romántica-soft-erótica. Aquí hablamos de sexo duro y sin florituras......lo que me indica que es bastante posible que sí sea un diario real.

Un enfermo de tuberculosis convalece en un hospital de reposo en las montañas del sur de Francia, cerca de un pueblo. Aparentemente tiene una cultura y una inteligencia superior, pero está solo y necesita compañía. Tiene una enfermera Noemia, que es fea (y peluda) en el plano físico, pero que tiene una sencillez extraordinaria: ella es una montañesa cuya cultura parece preceder a los celtas y los romanos; una raza en extinción que vive de manera salvaje incontaminado por la civilización.

Ella, como todo su pueblo, ve en los fluidos sexuales una fuente de poder y magia, por lo que cada semana transita por todo el hospital, limpiando a los enfermos y haciéndoles algún favor.


De vez en cuando, entra en una habitación con sus probetas en la mano y anuncia: «Muestra de orina». Entonces te levantas sin comentarios, pasas al cuarto de baño, te quitas ritualmente el pijama y la dejas hacer. Es ella quien efectúa las operaciones, sola. Toda palabra sería considerada una insolencia. Se apodera del interesado, lo hace orinar uno o dos segundos en la taza del wáter, después en el tubo de vidrio y una vez más en la taza, manejando el chorro con habilidad;  espera a que hayas terminado, sacude con suavidad y, después, sin soltarte, te gira hacia el lavabo. Adora el contacto de los órganos masculinos, sabe manipularlos con firme delicadeza, con tan serenas competencia y autoridad que te abandonas desde el principio. Entonces, te la moja y empieza a enjabonártela con la ciencia de la masturbación, con una intuición de la sensibilidad masculina y una adivinación que jamás había conocido. En efecto, cualquier consejo sería inútil. De las diversas tareas del oficio de enfermera, ésta es, según ella, con mucho la más importante, la única revestida de una especie de carácter trascendente. Deposita en ella toda la imaginación y el esmero de los que es capaz. Al principio, la mano derecha manosea con bastante firmeza hasta obtener la consistencia deseada, dedos por encima, dedos por abajo, alisando o enroscando en toda la longitud, primero la base sola, luego el glande, por momentos con las uñas. A su vez, la mano izquierda se desliza entre los muslos, enjabona las bolsitas, palpa las almendras, las sostiene, las separa, las acaricia, las estira, se adentra por las entrepiernas, presiona con suavidad, introduce un dedo, lo mueve, mete otro… Se empieza a no ver claro. El movimiento de ambas manos está tan perfectamente coordinado que la intensidad de las sensaciones crece en vertiginosas oleadas, que ella percibe de inmediato, reduciendo o acelerando, cambiando de mano o de ritmo sin siquiera levantar los ojos, con misteriosa intuición. Sólo algunos favoritos están autorizados a acariciarle durante la acción el lomo o los hombros por encima del vestido. En calidad de Número uno, puedo permitirme levantarle silenciosamente la blusa, colocar una mano sobre la piel y acariciarle la espalda, desde la braga hasta el sostén.

Noemia es un personaje interesante; al grado que uno desearía que ella hubiera escrito el libro, aunque no fuera erótico: delgada y con 35 años, ella misma había sido una enferma de tuberculosis, aún está en recuperación y es extremadamente delgada; y se ve obligada a trabajar en el hospital para recuperar la salud.

Ella es hosca y huraña con todos, pero pronto se enamora del autor. Pronto sabemos que ella ha jurado no tener coito con ningún hombre antes del matrimonio, debido a un juramento a su abuelo. Y ese es el nudo de la historia: dos enamorados; uno casado y enfermo y la otra enferma, pobre y célibe.


Ella era creyente en las cosas del bosque, cosas antiguas, de la montaña y no estaba contaminada por la ciudad o la sociedad; no veía en la sexualidad nada malo, sólo había jurado no tener coito. Arnaud parece aprovecharse de esta situación, y le explica que si ella usa su semen para curarse, lo mejor es tomarlo "directo de la botella", y la entrena en el arte del sexo oral. De un modo asombroso, la salud de él empeora, mientras ella se recupera.

Y allí comienza el idilio, buscando momentos para estar juntos, para dormir un rato abrazados o para escapar del hospital y pasar un fin de semana en el pueblo, en el cuarto de ella; o para irse de día de campo a las montañas. Mientras a Noemia el amor parece hacerla recuperarse, él tiene varias recaídas.

El punto es que, imposibilitados para tener coito vaginal, ellos se ven obligados a ingeniárselas para hacer otras cosas mientras ella consulta a su pueblo si sobre ella recae un juramento inviolable o una promesa de una adolescente a un muerto, por tanto, sin valor.

Ya hacia el final, descubrimos que Noemia tiene una vena masoquista, y pide ser flagelada, para disgusto del narrador. Juntos descubren los juegos anales y aprenden a "jugar en la entrada sin meterlo". Lo asombroso es que, aunque al principio uno piense que él se aprovecha de la ignorancia de ella, junto con la mejoría física, ella deja de ser ese conejillo asustado, esa bestiecilla del campo, y pasa a ser una mujer, inteligente, pensante, con planes y proyectos, que disfruta la sexualidad y tiene ansias de aprender para hacerse una enfermera de verdad.


Pase lo que pase ahora, nunca me quejaré porque en pocos meses habré tenido más de lo que tienen las mujeres en toda una vida. ¿No te parece que, de cuerpo, corazón y espíritu, estoy convirtiéndome en toda una mujer? La trasformación no es completa. Todavía no tengo un hijo ni un verdadero oficio. Pero tal vez tendré pronto todo esto, gracias a ti. Me he hecho mujer por ti, ¡de arriba abajo -y su mirada ríe- y de adelante para atrás!


Todavía el sexo anal es creíble, pero en el último tercio del diario, comienzan practicas que ya se antojan invenciones o al menos exageraciones o fantasías: sesiones de fotografía pornográfica, tríos, lesbianismo, Noemia se dice casada con él y comienza a conseguirle amantes, deja de usar ropa interior para excitar a los otros enfermos....no sé.....alucinaciones de un tuberculoso. Pasa de descripciones de mimos a orgías.


Quito la polla, la refresco dos segundos y vuelvo a deslizarla en el chocho; después , rozo el botón que se hincha enseguida. ¿Todo bien, gatita? Muy bien, querido. No me has hecho ningún daño. Puedes volver a hacerlo, ¡pero no dejes de frotar! Salgo del conejo y vuelvo a abrir el ojete. Esta vez la penetración se hace sin problemas. Impresión de succión. Aumenta el placer. Suculento deslizar. Entro y salgo con facilidad. Perfecta flexibilidad del ojete. Noemia también empieza a gozar; me aprieta la mano y gime. Termino antes que ella, pero sigo entrando y saliendo sin dejar un segundo de frotarla. Goza. Caemos de lado. 

...


Acaricia con un dedo la polla y los huevos, y pone mala cara: Míralos, pobrecitos, ya ni me reconocen. Míralos, enroscaditos. ¿Qué deducir de esto? Que deben estar muertos. Ella levanta el pito por la piel del dorso y da un lengüetazo a los huevos. Nada… Creo que nunca más se recuperarán. Succiona el nódulo: ningún efecto.

Como toda historia de amor que se precie, el final es muy, muy triste. El autor dice ser un industrial de París y su vivencia parece real (aunque aderezada al final).



Mi impresión: la selección del título del libro es pésima; aunque Noemia pensaba que los espíritus del bosque eran sus antepasados, ni vivos ni muertos sino espíritus milenarios de la tierra, ella nunca se consideró a sí misma un duende. Este libro es bien diferente, vale mucho la pena, aunque es difícil de conseguir.






Perversógrafo: Sexo oral, anal, masturbación, azotes, 69, lesbianismo, tríos, exhibicionismo,




Duende nocturno
Arnaud Delacompté
Tusquets Editores,
La Sonrisa Vertical 36
España, Noviembre 1983
ISBN: 978-84-7223-338-6
216 págs.


domingo, 18 de noviembre de 2012

Waldeck (I Modi) Tercera pate

Waldeck, postura 11
Viene de aquí.......

Bueno, aquí unas cuantas más de las posiciones que Waldeck reprodujo allá por mediados del antepasado siglo sobre un libro que hoy está perdido y que supuestamente Waldeck hojeó en México.

El la primera parte de esta serie, yo les comentaba que es de agradecer que no se haya lanza o al saqueo y al pillaje....parece que me adelanté en mis opiniones.

Waldeck, postura 12
Waldeck fue quien robó el códice Tonalamatl-Aubin, una especie de calendario sobre papel de maguey con representaciones de los días del año que se utilizaba para predecir el carácter de los recién nacidos. Lo más indignante es que parece que los monjes del convento de San Francisco habían conservado dicho códice (probablemente tlaxcalteca.........probablemente una reproducción del siglo 16) como una curiosidad, pero Waldeck lo roba para venderlo a un tan Aubin, quien lo "donó" a la biblioteca nacional de París.

Como un mal chiste del destino, en 1982, un mexicano lo robó de París y lo trajo de vuelta a México donde trató de venderlo (en Cancún). Se recuperó la pieza y ahora está bajo resguardo del INAH, aunque los franchutes siguen diciendo que les pertenece porque ellos lo robaron primero.

Waldeck, postura 13
Bueno, muchas vueltas.......¿a dónde voy? ¿Qué quiero decir? que un códice con un valor modesto fué saqueado sin pensarlo por este individuo......no me puedo imaginar lo que hubiera hacho con un libro invariable como el del Aretino.















Waldeck, postura 14

Waldeck, postura 15


Ya enseguida termino con la reproducción de las posiciones que Waldeck inventó (o se robó de algún otro lado)


lunes, 12 de noviembre de 2012

Historia BDSM - Quinta Parte (Y ya)

Del Comic de Guido Crepax

Viene de aquí.

 Bueno, esta historia del BDSM se torna larga. Terminábamos el período Victoriano, donde las madrizas se armaban (en la literatura) sin razón alguna, y casi siempre terminaban con alguien siendo flagelado.

Es a principios del siglo 20, cuando Apollinaire "resucita" los escritos del marqués de Sade; se publican nuevas ediciones de los trabajos de Sade, incluyendo por primera vez "las 120 jornadas de Sodoma";  entre los maestros del Surrealismo, Sade es encumbrado al nivel de Pietro Aretino, quien es obligado a compartir su título de "divino".

Sade es "el divino marqués", las once mil vergas (1907) es publicado en honor a él, así como "la historia del ojo" de Georges Bataille (1928) y otro montón de obras surrealistas que se nutren de las ideas de Sade.

Luego vino la segunda guerra, que hizo que Nietzche tomara vigencia nuevamente. Hubo mucho estudio de Sade en ese momento, desde Pierre Klossowsky, Georges Bataille, y Simone de Beauvoir, quienes querían ver en los escritos sadeanos una vena filosófica y una utopía sexual perfecta (¿!!!!!?).

¿Bueno, pero quién inventó eso de atar al amante y vestir ropa de cuero?

Resulta que allá por finales de los años 40 o inicios de los 50, una mujer en sus treintas llamada Anne Desclos tenía un amante que era editor de libros, pornógrafo y admirador de Sade. Se trataba nada menos que de Jean Paulhan, quien incidentalmente trató de imprimir una colección de los grandes libros eróticos de la historia como ediciones privadas para coleccionistas.

André Pieyre de Mandiargues, quien escribiría "El inglés descrito en el castillo cerrado" explicaba muchos años después que Paulhan pensaba que las mujeres eran incapaces de escribir literatura erótica de la calidad de la sadeana. Para demostrarle que estaba equivocado, Desclos le escribe "La Historia de O" como una serie de cartas con la intención de seducir y excitar a su amante.

Aunque ella ya tenía un renombre (se hacía llamar Dominique Aury), Paulhan imprime el libro bajo otro pesudónimo, "Pauline Reage". Auqnue ella no tenía intención de hacer público su escrito, éste era de tal calidad que en  1954 sale a la luz y es inmediatamente un éxito de librería, desatando tal polémica que es incluso prohibido en algunos países.


Cuando tuvo que ponerse en cuclillas en el pedestal de porcelana, se encontró, enmedio de tantos reflejos, tan en evidencia como cuando, en la biblioteca",unas manos desconocidas la forzaban.
—Espera que entre Pierre y verás.
— ¿Por qué Pierre?
—Cuando venga a encadenarte, quizá te haga ponerte en cuclillas.O palideció.
—Pero, ¿por qué?
—No tendrás más remedio —dijo Jeanne—. Pero eres afortunada.
— ¿Afortunada, por qué?— ¿Es tu amante el que te ha traído aquí?—Sí. 
—Contigo serán mucho más duros.
—No comprendo...
—Pronto lo comprenderás. Llamaré a Pierre. Mañana por la mañana vendremos a buscarte. 
Andrée sonrió al salir y Jeanne, antes de seguirla, acarició la punta de los senos de O, quien se quedó de pie, junto a la cama, desconcertada. Salvo por el collar y los brazaletes de cuero que el agua del baño había endurecido y contraído, estaba desnuda.

—Vaya con la hermosa señora —dijo el criado al entrar. Le tomó las manos y enganchó entre sí las anillas de sus pulseras, obligándola a juntarlas manos, y éstas, en la del collar. Ella se encontró, pues, con las manos juntas a la altura del cuello, como en oración. No quedaba sino encadenarla a la pared con la cadena que caía encima de la cama después de pasar por la anilla. El hombre soltó el gancho que sujetaba el otro extremo y tiró para acortarla. O tuvo que acercarse a la cabecera de la cama, donde él la obligó a tenderse. La cadena tintineaba en la anilla y quedó tan tensa que la mujer sólo podía desplazarse a lo ancho de la cama o ponerse de pie junto a la cabecera. Dado que la cadena tiraba del collar hacia atrás y las manos tendían a hacerlo girar hacia delante, se estableció un cierto equilibrio y las dos manos quedaron apoyadas en el hombro izquierdo hacia el que se inclinó también la cabeza. El criado la cubrió con la manta negra, no sin antes haberle levantado las piernas un momento para examinarle el interior de los muslos. No volvió a tocarla ni a dirigirle la palabra, apagó la luz que proporcionaba un aplique colocado entre las dos puertas y salió. 
Tendida sobre el lado izquierdo, sola en la oscuridad y el silencio, caliente entre las suaves pieles de la cama, en una inmovilidad forzosa, O se preguntaba por qué se mezclaba tanta dulzura al terror que sentía o por qué le parecía tan dulce su terror.

Si un día termino de leer la obra, les haré un literotismo al respecto, pero les puedo decir que se trata del nacimiento de la subcultura del BDSM como se conoce actualmente. Con sus esclavos y su sumisión total.


Era verdad que René nunca la había golpeado y la única diferencia en sus relaciones entre la época de antes de Roissy y el tiempo transcurrido desde que ella volviera de allí era que ahora él se servía de su dorso y de su boca además de su vientre. Ella nunca supo si los latigazos que había recibido en Roissy con los ojos vendados o de flagelantes encapuchados, en alguna ocasión le fueron dados por él, pero le parecía que no. Seguramente, el placer que él obtenía ante el espectáculo de su cuerpo encadenado y entregado, debatiéndose en vano y al oír sus gritos era tan vivo que no consentía en privarse de la menor parte de él prestando sus propias manos, porque su intervención activa le hubiera distraído. Y ahora lo confesaba así, ya que, cariñosa, suavemente, sin moverse de la butaca en la que estaba hundido, con una pierna encima de la otra, le decía lo feliz que se sentía al entregarla, a inducirla a entregarse a las órdenes y a la voluntad de Sir Stephen. Cuando Sir Stephen deseara que pasara la noche, o aunque sólo fuera una hora, en su casa, o que le acompañara a algún restaurante o espectáculo de París o de fuera de París, la llamaría por teléfono y le enviaría el coche, a menos que fuera a buscarla el propio René. En aquel momento, ella tenía la palabra. ¿Consentía? Pero ella no podía hablar. La voluntad que le pedían que expresara era la voluntad de abandonarse, de aceptarpor anticipado cosas a las que ella sin duda deseaba decir que sí, pero a las que su cuerpo se negaba; por lo menos, en lo relativo al látigo.

Desclos nunca se alejó de Paulhan. Tiempo después de su muerte, un final para "La historia de O" sale a la luz: "Rertorno a Roissy", en donde la historia de la sumisa continúa, pero ahora ya no es una esclava sino una simple prostituta. La autora explicaría que con la muerte de su amado, también decidía "matar" a O, la esclava, y enterrarla.

Allí atrás de esas novelas hubo candela.


Reage, Pauline - Historia De O